viernes, 25 de diciembre de 2015

LA ACADEMIA DE LAS MUSAS DE GUERÍN


Si me quedo con una primera impresión sería esta: quedan cabos sueltos.

Guerín busca eso. 

Su cine documental se construye poco a poco; se organiza de manera autónoma, espontánea, libre… Y no olvida el humor. Nada es posible sin él…

Partimos de una clase; desde la cátedra el profesor imparte una asignatura. 
Tenemos al profesor, varias alumnas y, en casa, a la mujer del profesor. Y aparece un tema: Petrarca y su musa, Beatriz.

Y se abren pétalos, más y más senderos: ideas que se entrelazan. Miramos a través de los espejos. Y sin ellos.


Tenemos la literatura: su papel en la construcción de nuestros sueños y la realidad que nos circunda.

Tenemos la seducción: el juego de espejos y costumbres e ideas preconcebidas que necesitamos para sobrevivir y afrontar el mundo.

Tenemos la relación que se establece entre el profesor y las alumnas. Que podría ser, -¿por qué no?- una historia acerca del poder y el uso descarado y narcisista de este desde una situación de privilegio. Y muchas cosas más también.

Y la palabra. La palabra sin la cual no existiríamos. Sin la cual nada de lo que tenemos, podría existir.

No es Guerín alguien que busque respuestas. Sólo hace preguntas. 

Y deja abiertas todas las interrogantes…




lunes, 7 de diciembre de 2015

PAULINA


Me viene a la mente la famosa definición de Aristóteles. Esa que dice que la tragedia debe provocar piedad y terror para que sea posible la "catarsis" o la exteriorización de las emociones, que libere el alma del peso que nos aplasta, y que nos purifique...

Esta mañana fui a la aseguradora. Mientras la empleada -con un buen catarro- cambiaba unos datos y actualizaba nuestro seguro de decesos, miré por la ventana. Podía ver la calle y me fije que en una mediana había varios ramos de flores, atados con un lazo a una farola. Llevo viendo ramos de flores en ese lugar, durante todo el año, desde enero, desde la muerte de mi madre; siempre pensé que debía ser por un accidente, pero sólo hoy le he preguntado a la chica el porqué de esas flores...

- ¿Qué ocurrió? 

- Fue un tipo en una moto; atropelló a un chico y lo mató. Y lo peor de todo es que ni se detuvo. Luego le atraparon; parece que había atropellado a otro chico media hora antes.

- ¿Cuándo fue eso? 

- Debió ser hace meses, casi un año...

Hice un comentario tópico y típico, ridículo, banal, estúpido: "Espero que esté en la cárcel..."

La historia de Paulina es simple. O eso parece al principio.
Títulos de crédito iniciales. Escuchamos lo que aparenta una discusión entre un padre y su hija. Padre de clase alta, progresista, un juez prestigioso, no entiende que su hija, Paulina, deje una carrera prometedora y baje al lodo, a dar clases de política y filosofía a unos adolescentes de barriada marginal. Su comienzo como profesora no es prometedor; en dos clases no ha conseguido nada. Y, además, esa noche es violada por algunos de sus alumnos.

Y aquí viene la sorpresa. Santiago Mitre, el director, no apuesta por una historia lacrimógena o una venganza. Ni siquiera la investigación, las preguntas que Paulina responde semanas después en el despacho de una jueza, -que sólo es un buen recurso de guion para construir una estructura firme y precisa- es el tema de esta película.

Se alza, en primer lugar, un personaje gigantesco, inmenso. Y su actitud, que choca con lo que esperaríamos en una mujer violada, la convierte en una resistente, en una rebelde ante un sistema injusto. Decide detener la rueda, dice NO a continuar con el giro eterno; porque toda rebelión debe empezar con un NO.

Los personajes alrededor -su novio, su padre, su amiga- no comprenden lo que hace.
Ella no denuncia a sus violadores, aunque sabe quiénes han sido. No busca culpables, busca la verdad.  Se niega a identificarles y miente, cuando los contempla en la rueda de reconocimiento, golpeados, maltratados, con una confesión conseguida a base de torturas. No está dispuesta a justificar un mundo que no lo merece.

La violencia de las torturas o de la violación -mostrada con pocos planos, de manera sobria, sin énfasis de ningún tipo- se difuminan ante los argumentos que expone delante de su padre: firmes, serenos, valientes. Como su mirada...

...mientras escribo estas líneas, una farsa con cuatro personajes despierta la atención de millones de personas. Y ni siquiera es divertida... Eso no es política, diga quien lo diga... No hay verdad allí, sólo imágenes pixeladas en movimiento de títeres que mueven los labios...

...porque SÍ, esta tragedia, Paulina, es una película política, en el sentido más amplio del término, más digno. Nos dice que ya no hay rebelión posible en estructuras huecas que tarde o temprano se caerán a pedazos, en democracias vacías que han olvidado su sentido original. Sólo queda la búsqueda individual y valiente de la verdad. Y la resistencia.

Y, en el último plano, con los títulos de crédito finales, Paulina camina a su puesto de trabajo, una escuela para adolescentes, condenados a la cárcel o a la marginación por un sistema injusto y despiadado: el que tenemos, el que tendremos. Y camina con un hijo en sus entrañas, fruto de la violación, porque ella ha elegido y ha dicho NO y, sobre todo, ha dicho SÍ...

...al salir de la asegurada, me detuve ante los ramos de flores. Me pregunto quién pone esos ramos cada semana o cada mes. ¿Su madre, su novia, sus hermanos? ¿Y el motorista? ¿Por qué lo atropelló, por qué no se detuvo? ¿Dónde estará: en la cárcel, en el metro, en un parque? ¿Pensará en lo que hizo? ¿O ni siquiera se molestará en recordar esa noche?

No, yo tampoco querría culpables, ni víctimas. Me gustaría conocer la verdad. O levantar una verdad que remueva las entrañas o nos golpeé sin piedad.

Una verdad que nos libere a través de la piedad y del terror, que nos purifique y que nos limpie del dolor y de la pérdida...




sábado, 14 de noviembre de 2015

EL DÍA DESPUÉS: 14 DE NOVIEMBRE DE 2015


Contemplo esta fotografía: un padre, una madre, y a su primer hijo, en la esquina inferior derecha.
Mi abuelo, mi abuela, mi tío...


Ayer, a medianoche, había cuarenta muertos en París. Hoy, a las diez de la mañana, son más de ciento veinte.

Palabras, palabras, palabras en la red, en los medios de comunicación:

Niger, Beirut, París, Kobane, Chad, Bagdad, Túnez: nuestros muertos... la respuesta no puede ser restringir libertades ciudadanas... a los refugiados que no han muerto, los acaban de matar en París... paz, derechos, respeto. Matar en nombre de Dios es hacer de Dios un asesino... ha sido una acción de guerra. Venceremos al terrorismo... jamás podrán doblegarnos... no maten más... por Dios... ni por la democracia, ni por la libertad... con toda la gente que sufre en el mundo. Acabemos con el odio, con sus causas y sus efectos...

Yo escribo otras palabras en un documento de word:

Cientos de muertos en París. La guerra llega donde nos sentíamos seguros. Cientos, miles de muertos en el Mediterráneo o en lugares lejanos. Palabras de políticos. Odio y nacionalismo. Represión y bombardeos. Recortes de derechos. Quizá el ser humano esté destinado a destruirse a sí mismo.
            Los franceses que salen del estadio de Saint Dennis cantan la Marsellesa. ¿Votarán al Frente Nacional? ¿Se olvidarán de los refugiados que quieren llegar al mundo “civilizado”?
            Los pobres son cada vez más pobres. Los ricos, más ricos. Hay desesperados y fanáticos que matan; y otros, mueren...

Las palabras no tienen sentido; ninguno.
Las dejo, las aparto...


Contemplo una fotografía: unos jóvenes, posando ayer delante del templo de Debod. 
Están vivos. La vida brilla, deslumbra en sus ojos...
También eran jóvenes los que murieron ayer; también eran jóvenes quienes los mataron.
Era un joven -confiesa un testigo ante las cámaras- serio, tranquilo, frío.
Cumplió la misión que se le encomendó. ¿Por qué un hombre joven muere sin miedo y mata sin compasión?


Termino de leer Agnes de Peter Stamm. Una historia de amor; el juego entre la escritura y la realidad. Empieza con una muerte, la de Agnes y termina con un vacío: la mirada que no aparece, que no se grabó; la imagen borrada, imaginada...


Han estrenado de tapadillo y a escondidas en Madrid -no podía ser de otra manera- la película de Marc Recha, Un día perfecto para volar. 



Mi hermano y yo decidimos ir a verla.

De camino comienzo a leer Los diarios de Emilio Renzi de Ricardo Piglia.

Más palabras. Más palabras...

"...El lenguaje, esa frágil y enloquecida materia sin cuerpo es una hebra delgada que enlaza... las aristas y ángulos de la vida solitaria de los seres humanos... los liga, pero sólo por un instante, antes de que vuelvan a hundirse en las mismas tinieblas en las que estaban sumergidos cuando nacieron y aullaron... lanzarán su último grito antes del fin, sin que su voz llegue, por supuesto, tampoco, a nadie..."

Un grito, un grito sin fin.

"...Y pasamos por alto las cosas que nos rodean y hacemos oídos sordos al grito que no calla..."


Mi madre me enseñó a leer; con ella adquirí el placer de la lectura.

"...la primera lectura es inolvidable, porque es irrepetible y única... el descubrimiento se asocia a la infancia, pero persiste más allá de ella, a cualquier edad..."

Leía a Julio Verne en mi habitación, en la cocina, en el salón, mientras mi madre preparaba la comida. ¿Es una imagen inventada o sucedió realmente?

Mi madre me enseñó a nadar. A nadar en el mar.

"... no es lo mismo nadar en el mar que en una pileta, la misma diferencia que entre vivir y leer..."

Sueño que nado en el mar. Y me gusta. Soy feliz. Me siento libre...


Hemos llegado al cine. En segunda fila; la pantalla es pequeña, asegura mi hermano.
Las luces se apagan.

Un niño. Y una cometa. El cielo, el viento, la tierra y el aire de la comarca del Garraf y medusas y una araña y un conejo blanco con orejas rojas y un gigante y un adulto, perdido entre las cuevas, desconcertado: un fantasma. Y un padre...

"...lo maravilloso de la infancia es que todo es real. El adulto es el que vive una vida de ficción, atrapado por las ilusiones y los sueños que le ayudan a subsistir..."

Las ilusiones, los sueños, las pesadillas pueden matarnos y pueden matar...


El padre, mi abuelo, y la madre, mi abuela, miran a cámara: ficticios, sobreviven.
El niño, mi tío, contempla, asombrado, a su padre.

Un instante. Y después de apretar el disparador, de disparar y detener el tiempo,
¿qué ocurrirá?

Un último grito...







sábado, 24 de octubre de 2015

¡BRINDO POR TI, JOAQUÍN!


Dos espacios, dos instantes…

1.

Me encuentro en una cripta de la calle madrileña de Ferraz, en el número 72. Son las ocho de la noche. 

Una suave noche de otoño.

Es un funeral: recordamos a Joaquín.

Sí, es cierto, los que estamos allí, apreciamos o amamos a Joaquín, pero noto que al ritual católico, -al que tantas veces asistí, cuando era pequeño, y por el que ahora siento indiferencia- le cubre una espesa y negra capa de hollín…
Una ceremonia vacía, un ritual que debo respetar; sin embargo, al fin y al cabo, mi madre también creía en ese ritual…

Es hueco; como algunas despedidas, a la salida del funeral: de personas a las que no veré, con las que no he tenido en los últimos años ni tendré demasiado trato, extrañas, cuyo único lazo en común, en muchos casos, es que Joaquín dejó un poso, una huella, más o menos profunda, en nuestras vidas…

Hay otras despedidas, sin embargo –como con los padres de Joaquín o la hermana de Zita, a los que ni siquiera conocía-, que logran conmoverme, aunque sólo haya entablado con ellos un breve intercambio de frases o palabras…

Me conmueve…

Me conmueve…

…cuando el párroco, amigo personal de Joaquín, menciona que este lugar, la cripta donde celebramos el funeral, fue el sitio donde Zita y él se conocieron, el espacio donde se casaron: un comienzo y un final.

Me conmueve…

…cuando la hija de ambos, una adolescente de 14 años, Itziar, -que en un gesto de rebeldía, se ha teñido el pelo de pelirrojo, hace unos días- se dirige al altar y, con cierta timidez, -que nos despierta ternura- enciende una vela.

Metáforas. La mano de Itziar: el futuro. La vela: Joaquín, su luz…

Me conmueve…

…cuando Zita nos agradece –su voz tiembla- que estemos allí. Itziar y los padres de Joaquín lloran. Nosotros, también…

Me conmueve…

…cuando Zita nos confiesa que al empezar a caminar por un sendero o una calle conocida –gesto cotidiano, el de todos los días-, le recuerda y se le escapan las lágrimas…
                                          

2.

Hace muchos años. Me encuentro en una sidrería, un Lizarrán, el de la plaza de Puerta Cerrada. Son las cinco de la tarde. 

Una fría tarde de invierno.

Es una cálida celebración: un encuentro anual.

Hemos bajado por las escaleras a un sótano. En un espacio reservado, hay una mesa con asientos corridos, sin respaldo. Es un lugar conocido: tenemos por costumbre celebrar comidas allí cada cierto tiempo.
Conmigo se encuentran Joaquín, Jorge, Carlos –cuyo apodo es El comandante-, Zita… Habría más gente, pero sus rostros los he olvidado…

Un amigo de Joaquín acaba de fallecer. Lo recordaban.

Y, entonces, Joaquín –no puedo asegurarlo, pero creo que fue él mismo- levantó un vaso de patxarán o de sidra y dijo:

- ¡Brindemos por él!

Es extraño.
Tuve la sensación de que en ese momento aquel amigo brindaba con nosotros… que estaba allí.


¡Brindo por ti, Joaquín!




martes, 20 de octubre de 2015

UN DÍA DE OTOÑO: Más allá del olvido y Marca de agua





Más allá del olvido de Modiano.

Una pareja, un encuentro fortuito. El escritor recuerda a Jacqueline... 
Sólo fueron cuatro meses de su vida, cuando era joven... 

¿O fueron nueve?

Me encuentro en París: boulevard Sant-Germain, rue de Dante, promenade de la Tournelle, estación de Austerlitz...
O en Barcelona: Avinguda de Gaudí, jardins del Princep de Girona, plaça del Diamant, estación de Sants...


Diez de la mañana. Mi mirada se queda fija en un punto entre las nubes. Te dejan ciego, te nublan la vista. Las cigüeñas vuelan en círculos; buscan un lugar dónde posarse. El reflejo te atrae; no puedes apartar la mirada. Y cuando lo haces, notas que las cuencas de tus ojos se han llenado de luz; debes vaciarlos, adaptarte a la oscuridad de la habitación donde te encuentras...

Jacqueline y el joven escritor roban una maleta con dos fajos de billetes. Huyen a Londres...

Estoy en Londres con ellos: Hyde Park, Notting Hill, el Támesis, estación de Waterloo... 
Estoy en Madrid con ella: templo de Debod, Aranjuez, paseo de Federico García Lorca en Vallecas, estación de Atocha...



Tres de la tarde. Azul en el cielo. Se abren huecos. Las nubes, deshilachadas, pierden su consistencia. El brillo se difumina. La textura cambia; es más suave el roce de la piel. Puedes mirar; el azul no te cegará, sólo te perderás en el infinito, entre la espuma del mar y las olas que rompen en la orilla...

El escritor pierde a Jacqueline. La encuentra quince años después cerca del bosque de Boulougne: siente de nuevo los labios en su cuello y la caricia de su pelo. El tiempo se ha detenido...


Ocho de la tarde. Las gaviotas se cuelgan del lugar más alto: otean el horizonte. Las luces de neón se mezclan con los rescoldos del día. Grises. Pronto, el cielo será una masa negra e informe. Sin luna, no podremos distinguirlo de la tierra...

Tiembla entre mis brazos. La ha perdido; la ha recuperado. La he perdido; la he recuperado. 
Todo ha cambiado. Nada ha cambiado... Un ojo, una lágrima...

Dejo a Modiano; tengo entre mis manos Marca de agua de Joseph Brodsky.

Es de noche.
Estoy en Venecia. Invierno.
Noto la humedad, el frío, la niebla, el olor a algas heladas.
El amor es un reflejo que se aleja de nosotros.
Viajo por el agua. El tiempo me atrapa entre sus garras. Me disuelvo...





viernes, 9 de octubre de 2015

APUNTES (IV): HACE 46 AÑOS/HOY. UN PRIMER VIAJE



1ª etapa:

Brissago. Allí estuvieron mis padres desde abril hasta septiembre del 69.
Me encuentro en el hotel donde trabajaron; ahora, de reformas.

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En Madonna del Sasso. Hace 46 años...


 Y hoy...

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En Locarno, a pocos kilómetros de Brissago, sueño con Regina, mi tía-abuela. Su rostro es el de los años 80, cuando yo era un niño. Está sentada en un porche, delante de una casa que no logro reconocer. Sé que mamá está dentro, aunque no la veo. Me quedo fuera de la casa, hablando con Regina. Escucho la voz de mi madre. Me despierto…

2ª etapa:

Amanece. Estoy vivo. Un día más. En Arosa, donde vivieron mis padres desde diciembre del 68 hasta abril del 69.
El sol entre las montañas. Nubes de terciopelo. Luz suave.


He dormido en el mismo hotel en el que trabajaron mis padres. ¿Y si me hubiera despertado en el 69? Ahora, al bajar a la sala, para desayunar, les vería preparar el té, los croissants, el embutido… Hablaría con ellos, me los encontraría por las calles y les saludaría. ¿Qué les podría decir?
“No vayas a Buenos Aires nunca, mamá”; “Papá, cuídate más; cuando envejezcas, no derroches”; “Disfrutad de vuestra felicidad, mientras dure”.
No, no les diría nada. Sólo les miraría y contemplaría, en silencio, su juventud y sus ganas de vivir…


Como era de esperar, no los encuentro. Sí vuelvo a ver a una pareja de inmigrantes, también jóvenes, como mis padres, de Palermo, que trabajan en el mismo hotel. Mis padres tendrían su misma edad. Una nueva generación en busca de su futuro...
  


                       
       
Me duermo. Sólo recuerdo una imagen. Veo a mis padres juntos y felices. Les estoy presentando a unos amigos. Sonríen como lo hacían de jóvenes. Hablan conmigo con naturalidad. Están conmigo… La luz entra por la ventana. Es de día…



3ª etapa:

Verona. Aquí estuvieron desde septiembre de 1970 hasta mayo de 1971. Duermo en un instituto de formación profesional católico. En la pared de la habitación, un crucifijo y el cuadro del fundador. Jóvenes, niños, adolescentes, profesores. Todo me resulta muy familiar. La entrada a las ocho de la mañana, la salida de las clases, la hora del recreo. Los sueños se han diluido. 

 La dueña de un bar, enfrente de donde vivieron mis padres, una mujer de origen chino, otra inmigrante, hace unas cuantas llamadas: la casa está en venta. La madre murió hace tres años.










Los Bolla: importantes y afamados viticultores. Alguna escapada erótica: los viajeros también tienen derecho a imaginar o a recordar…
Disfruto de Verona. Es la ciudad de Julieta y la ciudad de la Arena, uno de los más importantes anfiteatros del mundo, y la ciudad donde Giotto aprendió y enseñó a pintar...

 De niño, mis padres me contaban tantas cosas de Verona, de Italia... Era un mundo que me permitía soñar, me alejaba de esa ciudad dormitorio que era entonces Móstoles, viajaba, conocía otros lugares, vivía en un mundo diferente, mágico, desconocido... Si ellos no hubieran ido allí, mi pasión por la historia antigua, por el latín o el griego nunca hubiera existido. Gracias a ellos y a la aventura que emprendieron, soy lo que soy...




4ª etapa:

Cortina d`Ampezzo. Allí estuvieron en los inviernos de 1970 y 1971. 



La casa donde vivieron mis padres no ha cambiado. Nada. El guarda es muy amable. Me hace una fotografía desde el mismo balcón donde mi padre se la hizo a mi madre.Tal vez sea el vínculo con los Bolla que buscaba. Le enviaré las fotos de mis padres, como me ha pedido...




A las siete de la tarde ya no hay nadie en la calle. Sólo un restaurante abierto, Las tres torres -una de las montañas más conocidas de la zona recibe ese nombre-. Temporada baja. Somos un grupo de japoneses, alemanes y un servidor. El sitio es agradable con algunos toques rurales: la madera en el techo, un reloj de cuco, muebles antiguos; está restaurado y es moderno sin pretensiones. El trato, amable. La comida, aceptable: unos raviolis con espinacas, un strudel con miel delicioso y una grappa que me sienta muy bien. Paseo por las calles del pueblo antes de ir a dormir. Cuento más de quince tiendas de ropa. No hace falta ir a Milán; aquí están todas las multinacionales a unos precios muy parecidos a los que encontrarías en la llanura lombarda.

Milán.
Tomo el avión. Se acabó. Un año después nací yo...

Y ahora, ¿qué?


Nubes que parecen montañas en el cielo...

viernes, 25 de septiembre de 2015

APUNTES (III): UN LUGAR AL QUE REGRESAR. HEART OF THE DOG/THE LOVE IS A LOSING GAME


Unos días en el festival de cine de San Sebastián.

Domingo.
Mi hermano y yo vamos en autobús: parada en Lerma. A la espalda de la estación de autobuses, un cementerio. La tierra seca, yerma. Colinas suaves. Graneros, polígonos, castillos, torres de paja. El color amarillo, verde grisáceo.
Algunos de mis personajes, los de la distopía que quiero escribir, atravesarán esa tierra en un tiempo en el que estará quemada, abandonada. Intento imaginármela.
Burgos, Álava.
Al entrar en Guipúzcoa, cambio de escenario. El color ahora es un verde brillante, protegido hoy por el azul del cielo. Ni una sola nube.
Dos y media de la tarde. Temperatura agradable. Donosti.
Nos cruzamos con una chica joven. No llegará a los treinta años. La miro de arriba abajo, discretamente, como suelo hacer. Combina el rojo y el negro con sobriedad. Es atractiva. Atraviesa, tranquila, decidida, una calle del barrio de Amara. Sonríe, segura de sí misma. Así me recibe siempre Donosti: con una sonrisa.
Esperamos en la plaza Constitución, comiendo unos pinchos en la terraza. Tres chicas ensayan un número. Música de Duke Ellington: Take the A train.



Sus cuerpos en movimiento. Sin música. Acompañadas por la música. Ensayan. Descansan. Una pareja, dos espontáneos, se lanzan y bailan improvisadamente un minuto: ¡Cuánta vitalidad! Nos saludan. Aplausos. También a C. y a mí nos aplaudían. No lo hacíamos mal, ¿verdad?
Fotografías de C. en Barcelona en la playa. Siento un pinchazo en el estómago. Será un día extraño: brillo en el agua del mar, reflejo de la luz. Melancolía.

Sunset songs: Dirección cuidada, personaje femenino fuerte. Imágenes que se quedan grabadas en la retina. Buena adaptación. Logra emocionarme a ratos.
Pikadero: combina el humor vasco, sobrio e irónico con un estilo a lo Kaurismaki. Los personajes se dejan querer. Sonríes, aunque la historia no deje de ser triste. Sales agradecido y con buen sabor de boca.
Mañana será otro día…

Lunes.
En el Kursal vemos Amama de Altuna: combina con elegancia el simbolismo y un realismo suavizado. Es emotiva cuando se centra en la relación padre e hija. El resto, atractivo, pero no logra despertar pasión. Es muy digna, aunque me gustaba más Bertsolariak.

Aprovechamos el último día sin nubes –se espera lluvia mañana- para hacer una visita turística: una exposición sobre Kieslowski, sobria, muchos datos y fotografías en el Centro Cultural de Okendo y una visita al recién inaugurado edificio de Tabakalera –aún hay muchos huecos, oficinas vacías que se irán llenando en los próximos meses; todavía un cascarón vacío, moderno y bien preparado, con intención de convertirse en un centro cultural de primer orden. Nos recuerda a la Casa Encendida-. Subimos al monte Urgull; nos perdemos por la zona boscosa. Subidas y bajadas. Mar en calma. Mientras nos dirigimos al castillo –dejo a Raúl muy atrás- recuerdo otra subida. La subida a Urgull, la subida al Alcazar de Segovia. Dejó atrás a Raúl, dejo atrás a mi madre hace un año. Se mezclan las dos subidas. Raúl, en silencio, a su ritmo. Mamá: “No vayas tan rápido, me canso, que ya soy viejecita”. Terminamos la subida.
Cielo brillante. Mar en calma. Llanura.
En los cines Principe, en la sala, otra imagen paralela: la puerta de salida de la derecha me trae a la memoria la puerta de otra sala de cine; sí, en Madrid, en la exposición de Alejandro Magno de la fundación Canal, en Plaza de Castilla; era una proyección en 3D de la ciudad de Alejandría. Estoy en Alejandría durante unos segundos…

Anomalisa: la idea genial de Kaufmann –tiene y ha tenido tantas- de que todas las voces sean la misma para el protagonista –y eso resume lo que es su vida- , desarrollada con humor y mucha sensibilidad. No llega al nivel de Olvídate de mí, pero te atrapa. Y el personaje femenino adquiere una entidad mayor de lo que podría esperarse en un principio.

Al salir, las nubes están negras. Se acerca la lluvia.

Tres regalos de mi juventud: el protagonista parece decirnos que hay amores que no se olvidan. No pueden estar juntos, pero se echan de menos. Queda el dolor de lo que nunca podía ser. Deja un poso, una sensación amarga y dulce. ¿Es eso el amor? Sí, it´s a losing game, C. Sens dubte.



Esa noche hago el amor con C., sin ella...

Martes.
Aprovechamos la mañana para visitar el Museo de San Telmo. El claustro es, estos días, un lugar para el encuentro entre productores y distribuidores latinoamericanos. El museo ya lo conocía: muy restaurado y bien organizado. Nos interesa más la exposición sobre Pasolini. Quizá una de las mejores que he visto: completa, variada. Información combinada y todo tipo de procedimientos: paneles, entrevistas, escenas, cartas, mapas, imágenes…
Comemos de menú en un restaurante por doce euros. Hay lista de espera: eso es buena señal. Sopa de pescado y postre a gran altura. El resto, aceptable. Volveremos mañana.

Desde allá: Venezuela. Dos personajes. Un pedófilo con un pasado oscuro y un padre lejano y ajeno al que odia y no se atreve a acercarse. Y un muchacho, un superviviente. Están lejos y se comprenden, pero no hay final feliz. Es concisa, fría, sin añadidos. No logra emocionarme, pero funciona, se deja ver.
Mariposa: Un divertimento. ¿Y si mi vida hubiera sido diferente…? Dos vidas paralelas. Los personajes parecen diferentes, sus vidas lo han sido, pero, al final, acaban haciendo lo mismo y llegando al mismo punto. No hay reflexiones profundas: es un juego de malabares, que se sigue con interés, pero sin pasión.

Lluvia, mientras esperamos. Alguna muestra de desorganización: nos mojamos y nadie nos dice la razón del retraso. Cabreo entre el público.
Aparece antes de la película una frase: "El parlamento Europeo protege los derechos humanos". Risas. Un pensamiento me viene a la mente: sólo protegen los de algunos…

Taxi teherán: es una buena muestra de lo que se puede hacer con pocos medios y con mucha imaginación. La censura está ahí, la que nos imponen y la que aceptamos, pero no debemos rendirnos. Un taxi, un director, tres cámaras, algunos personajes, y mucho humor. Poco más. Y es mucho.

Miércoles.
El rey de la habana: Es redonda. Y no emociona. La vida es dura, cruel. La adaptación recoge el espíritu de las narraciones, pero todo es tan brutal, que no logras sentirte cerca de ninguno de los personajes. Tal vez ese sea su objetivo.

Subimos al monte Igeldo. El paseo por un parque de atracciones de otra época.
Descansamos en la pensión. Mientras espero a mi hermano, que se encuentra en el baño, salgo a la terraza. Niños que acaban de salir del colegio: uno de ellos está enfurruñado. ¿Alguna discusión con su mejor amigo? Una niña se separa de sus amigas y se acerca a un adulto. El padre –imagino que lo es- le da un beso en la frente. Se me ocurre un tema para una novela. Ese debe ser el punto de partida y el punto final. Circular…

El niño y el monstruo: agradable, majos todos los personajes. Dibujos animados manga con gracia.

Cielo nublado con ratos de sol. De repente, sale de entre las nubes. Acaricia; ayer, a la misma hora, lluvia racheada. Las olas rompen con fuerza; fotografiamos el instante, lo congelamos.




El corazón del perro: “Toda historia de amor es una historia de fantasmas”
Experimental, emotiva, reflexiva. Despierta miedos y sensaciones muy intensas, conocidas. La muerte de su madre, de su perrita, su propia muerte; la muerte de mi madre, de mi padre, mi propia muerte… Es compleja y difícil de digerir, pero es la que más me ha removido las entrañas…
“Cuando intentamos explicarnos qué es la vida, miramos hacia atrás. Cuando la vivimos, miramos hacia delante...”

Jueves.
Quedan pendientes: Paulina, High-rise, Truman, Son of Saul, la de Recha
Estación de autobuses de Donosti. La misma que hace diez años. Aún sigue siendo un espacio a la intemperie. La nueva estación, un proyecto eterno.

Estamos en la AP1. El interior de Guipúzcoa. Un verde brillante. Lo echo de menos. Ya lo echo de menos. Siempre quiero volver aquí. Es un lugar al que siempre quiero regresar...

viernes, 11 de septiembre de 2015

APUNTES (II): QUEMA Y ACARICIA... TAMPOCO NADIE MATARÁ A MIS RUISEÑORES



"La vida nos ofrece demasiados tragos amargos y demasiados momentos en los que los malos ganan a los buenos. Demasiado crimen sin castigo y demasiado castigo sin necesidad. No es necesario que nos vayamos quedando sin lo bueno del mundo..."

El hombre que escribió estas palabras, J. , acaba de morir...

El reflejo del sol en el mar. El cielo está quemado.
El tren me muestra una imagen en movimiento, un leve destello de luz...
Lo echaré de menos. Uno siempre echa de menos el mar. Y más, este: el Mediterráneo.
He visitado Barcelona muchas veces en el último año. Y este ha sido una despedida, un adiós.
Ahora todos estos viajes me parecen un puzzle, troceado, descolocado. Desearía recoger, poner las piezas en el lugar correcto, pero no sé ni dónde ni cómo situarlas. Quizás necesite tiempo. Sí, necesito tiempo...
Se mezclan imágenes -de invierno, de primavera, de verano-, ropas diferentes, paisajes variados y, por supuesto, un rostro, una mirada, unas manos, un cuerpo que se repite, el de C., que confiere unidad a lo que no lo tiene en este momento. Y más personajes, testigos, acompañantes, observadores. Olores, sabores, imágenes fijas y en movimiento, inconexas, conectadas, deshilvanadas, ordenadas...



Se pone el sol en Barcelona. Estoy en una terraza, bebiendo un zumo de naranja: un placer, sin duda. La belleza, el equilibrio, la simetría tendrían que convertir este instante en algo único, irrepetible. No lo es; C. se aleja de mí, se ha marchado. Los pensamientos distorsionan el presente que tengo delante mío: un padre abrazando a su hijo...


J. se estaba muriendo en ese momento. La belleza es efímera, se nos escapa de entre los dedos...

Al día siguiente, un whatsapp: J. falleció ayer. Las palabras no tienen sentido, se te queman en las manos...

Un documento oficial: el padrón de 1940. Señalo la firma de mi abuelo, que murió demasiado pronto, muy joven,



y recuerdo a su hija, una niña de 8 años, vestida de primera comunión, mi madre.



Un padre al que pudo conocer tan poco... Pienso también en la hija de J. Hay padres que mueren demasiado pronto...

Vuelves a Madrid.
J. ya no está. C. ya no está. Una tromba de agua: tormenta terrible. La naturaleza juega con nosotros.
Las gotas de lluvia en los cristales de un tren...


"...porque no hay nadie más feliz en el mundo y porque me hacen sentir vivo."

El cielo es azul en Madrid. En el centro de Madrid. Un azul brillante, intenso, tan fugaz como la mirada de la persona a la que amas, tan profundo como el mar infinito...


Conocí a J. Y, aunque hace años que no sabía de él, leía sus palabras: las que escribía en su blog. Las palabras del que sabe que la vida se escapa y hay que tomarla, agarrarla, porque mañana, tal vez, ya no puedas hacerlo...

"...y siempre son buenos recuerdos, porque los malos los he olvidado."

C. y J.
Quiero olvidar los malos. Sólo quiero tener buenos recuerdos de vosotros.

Matar a un ruiseñor. Atticus Finch; un hombre amado y que amó, íntegro. Como J.

Tampoco, J, nadie matará a mis ruiseñores.

El sol de Madrid quema y acaricia...
¿No es eso la vida?

jueves, 3 de septiembre de 2015

LO QUE VEMOS Y LO QUE NO VEMOS


Vemos hasta la saciedad a un niño, muerto, tendido boca abajo, en una playa...
Parece una pose, como si el fotógrafo lo hubiera puesto allí, pero no es una pose. Es el mar quien nos lo ha traído. El mar no miente, no oculta nada. No es como nosotros...
Es ya un símbolo: otro más que nos avergüenza.
Y sin embargo, esta fotografía que he puesto en el encabezamiento no provocó la misma reacción. En el interior de ese camión había setenta y un personas muertas y cuatro de ellas, eran niños... Como el niño de la playa... ¿Será la gallina la que nos hace olvidar quién murió en el interior de esa tumba con ruedas?

Imaginamos a estos refugiados aplastados, ahogados..., pero no los vemos. Y las imágenes en esta sociedad son más importantes que lo que imaginamos. Lo que no vemos, no existe. Lo que vemos, sí. Aunque la saturación de esas imágenes también nos pueda insensibilizar.

La fotografía de un muerto -y más si el cuerpo está descomponiéndose- es brutal. Sé de lo que hablo. Las he hecho. Y quien las ve, no las puede olvidar. ¡Ojalá pudiera olvidarlas!
Los familiares, en el siglo XIX, hacían fotografías a sus muertos, -sobre todo, si eran niños-. Pensaban que así les podrían recordar como seres puros, inocentes, "ángeles" que están en el cielo. Parecían dormidos.


El niño de la playa no tendrá esa suerte.
Los niños del camión, tampoco. Ni los que han muerto en el mar: serán sólo un cadáver que se descompone... y muy rápido.
Habrá fotografías: en un informe policial, en el del forense, en el ordenador de algún periodista que tal vez las guarde para recordar y no olvidarlas...
Tal vez esta fotografía tenga un valor mayor: otras vidas se salvarán, los gobiernos permitirán la entrada de refugiados... hasta que se nos vuelva a olvidar que si vienen, es porque huyen de guerras, hambrunas, que nosotros hemos comenzado, nosotros o los políticos a los que votamos o las empresas que nos dan de comer o a las que compramos sus productos...

No nos gusta ver la muerte, somos hipócritas. En vano.
La muerte está siempre reflejada en nuestros ojos...


miércoles, 2 de septiembre de 2015

APUNTES (I)

Una llamada de teléfono.
Al otro lado del auricular, me hacen una pregunta sencilla.
- ¿Cuál es su nombre...?
Una funcionaria busca mi nombre en el ordenador.
- Sí, está concedida la excedencia... Desde el uno de septiembre...

Hoy, uno de septiembre, también es el cumpleaños de mi madre. Hubieran sido setenta años. No lo fueron...

Estoy en la terraza.
Ayer, de noche, a las dos de la mañana, observo a los pocos transeuntes que pasan por la calle: una mujer de mediana edad, un hombre maduro, dos chicos jóvenes. Todos regresan a su casa. Ningún coche.
Luego, silencio. La luna llena aplasta el cielo...
Han pasado las horas. Unas pocas horas de sueño. Ahora, desde la misma terraza, miro hacia el este. Amanece. El sol sale, como todos los días...
La felicito, aunque ella ya no pueda escucharme...

Paso la mañana en el instituto: los exámenes de septiembre, el encuentro con los compañeros, las vacaciones que ya pasaron, los centros a los que irán, los que se quedan allí, mi proyecto personal...
Todo me parece irreal: ni siquiera hay alumnos. La mayoría, no se ha presentado al examen.

El día se desliza, sin grandes tristezas ni alegrías.
Tengo la sensación de que en todo lo que hago o pienso, está ella. Cuando trabajo en el documental, al escribir las páginas de la novela, mientras respiro o al beber un vaso de agua. Está presente: una sombra o un acicate.

Llega la noche. Calle Mayor de Bardem. Reconozco en la protagonista los sueños e ilusiones de una mujer real. Los descubro por primera vez. La emoción continua, pero algo más ha enriquecido mi visión. Soy yo y también es ella...

Al día siguiente, buscando a Trajano en una biblioteca, encuentro a Modiano.
Para que no te pierdas en el barrio. 

Su estilo fluido, ligero...  los espacios y el tiempo se cruzan; aparecen deshilvanados, confusos en una investigación personal... el pasado que recuperamos... los nombres que nos traen el niño que fuimos, el viaje que nos marcó para siempre.
Lo que hemos perdido, lo que aún tenemos y conservamos.

Se me ocurre una idea: apuntes.
Duración: dos años.
Tema: pensamientos, sueños, reflexiones.
Y de vez en cuando, hacerlas reales: convertirlas en palabras, publicarlas en un blog, anotarlas en una hoja de papel...

Escribo el título: Apuntes.
Un número romano: I.
Y la primera frase: Una llamada de teléfono. Al otro lado del auricular, me hacen una pregunta sencilla...




sábado, 27 de junio de 2015

GRACIAS



La muerte; hay un antes y un después.
Si es la muerte de un padre, una madre o una pareja –sea a los 18 años, a los 40 o a los 60- mucho más. 
La ley de la vida se cumple, porque la muerte es parte de ella.

Hay muchas maneras de recordar a los muertos. Todas las culturas necesitan que los vivos recuperen a sus muertos, a aquellos que se fueron y que, sin embargo, siguen estando con nosotros. Hay muchas maneras: tantas, quizá, como seres humanos. Las misas, los entierros, los rituales… conforman nuestras vidas. Bien lo saben los antropólogos. Cuantos más años, más veces nos acompañan.

“Hoy empieza todo”. 
Todos buscamos una forma de empezar de nuevo. 
Están allí, pero ya no están aquí. 
Los soñamos; sólo podemos ver su sonrisa y sentir sus caricias en los sueños. 
Se nos escapan de entre los dedos, y, sin embargo, no los hemos perdido.

Mi hermano y yo estamos preparando un documental sobre la vida de nuestra madre. Es nuestra manera de recuperarla, de dejarla marchar, de homenajearla. Y cuanto más preparamos el documental, más entendemos que hablar de su vida no es sólo contar la suya: es también la de sus amigos, la de nuestros abuelos, nuestros tíos, nuestros primos, la nuestra…

Ayer una familia, -porque eso es lo que era, una familia, en el sentido más amplio del término- se despidió de un hombre llamado Ángel. Lo hizo con aquellos a los que él quería. Comida, bebida, lágrimas, sonrisas, música, palabras, silencios…
Ángel era un amigo. Y los amigos estaban allí.
Ángel era familiar, cercano. Y los familiares, los más cercanos estaban allí.
Ángel era un padre. Y sus hijos estaban allí.
Ángel era un marido, un compañero. Y ella estaba allí…

No conocí a Ángel. Sólo le vi una vez. Me hubiera gustado conocerle.
Conozco a su hija, quizá una de las mejores alumnas que he tenido y tendré.
Conozco a su pareja. Quizá una de las mejores compañeras que he tenido y tendré.

Les agradezco que me invitaran.

Agradezco la sonrisa de Sofía. Y la fuerza y la valentía de Begoña.

Dicen que los romanos dedicaban -como todas las culturas- un día a sus muertos. Ya fuera porque les temieran o porque les echaran de menos, los convertían en dioses: los Manes.

Ellos pueden ser dioses que nos persiguen; y también dioses que nos protegen en la vida que mañana nos espera.

Porque la vida continúa y continuará. Y ellos estarán con nosotros. 
Y seguirán vivos, mientras nosotros lo estemos.

¡Que la tierra te sea leve, Ángel!


Gracias, Ángel.

viernes, 29 de mayo de 2015

ECHEBARRIATIK ETXEBERRIARA: LO QUE NOS ACERCA


Lo que nos acerca.

Hoy ha sido un día extraño; he tenido la sensación en muchos sentidos de que volvía al pasado...
En lo que concierne a esta entrada empezó con una convocatoria en el congreso vetada por el PP y el PSOE en el que víctimas del GAL o ETA se disponían a mostrar una predisposición al diálogo que otras víctimas más politizadas y cercanas al PP y su entorno y a los medios de comunicación afines se niegan a aceptar, imponiendo su visión del mundo a los demás.
Como si la realidad no fuera compleja, llena de claroscuros y matices.
La reunión en otro local, el de CC.OO., comenzaba a las 11 de la mañana y no pude asistir, como es obvio; a esa hora mis alumnos terminaban de traducir un texto que decía más o menos: "El amor vuela por todas partes... y quien no tiene compañero...es lo más amargo... una cárcel del corazón... "

Una hora después un director de instituto perdía los estribos y cortaba abruptamente un ¿debate? ¿diálogo? cuando una compañera le acusaba en la CCP -reunión de jefes de departamento- de "dirigir" con conversaciones en las clases o en los pasillos a los alumnos hacia determinadas optativas que le favorecen. En realidad han vencido: el próximo año no habrá nadie que se les enfrente; la mayoría, agotados, han conseguido destino en otro lugar.

En ese momento se desarrollaba el diálogo -más real- entre víctimas en Madrid; horas después pocos medios lo publicaban. Lo que no aparece en los medios, no existe...

INFOLIBRE     NAIZ    EL DIARIO.ES

La viuda de Joseba Goikoetxea en una entrevista defendía la posición que ha tenido desde el principio...

ENTREVISTA ROSA RODERO

y aquí está el diálogo que no pude escuchar: cincuenta minutos de palabras y emociones compartidas...

DIÁLOGO

La última clase la dediqué a enseñarles un plano de Delfos y que tradujeran con un diccionario de griego los términos que aparecían en una columna: los nombres de los monumentos. Y una traducción del Pervigilium Veneris: "que ame mañana el que jamás ha amado y el que ha amado, ame mañana"...

Decido comer fuera. En un cine de Madrid ponían de tapadillo -los medios ocultan lo que no interesa mostrar- Asier eta Biok y una novedad, Echebarriatik Etxeberriara, un documental que ofrece por lo menos un punto de vista diferente: reflexiones de los vecinos de un pueblo de la izquierda abertzale, Oiartzun, sobre cinco décadas de violencia. Una sala de 80: más de la mitad del aforo.


ECHEVARRIATIK - ETXEBERRIARA (trailer) from Ander Iriarte on Vimeo.

Y, a continuación, los directores y directora y Asier y una vecina de Oiartzun participaban en un debate, diálogo -de nuevo esa palabra- con nosotros.
Y se habló de la situación procesal de Asier -en libertad condicional y con la espada de Damócles de la justicia politizada-, del sentido de la violencia o de la lucha armada, de comprender el sufrimiento del otro... y contradicciones y reflexiones dubitativas... mirar al futuro, reconocer el daño causado...

Me emocionó en Asier eta biok de nuevo el abrazo de la abuela. La abuela que volvía a ver a su nieto tras ocho años en la cárcel. No importaba lo que dijeran de él: era su nieto... O la madre de Asier diciéndole a su hijo el día de Nochebuena -siento una punzada en el corazón; las Navidades no volverán a ser iguales sin ella, sin mi madre...- diciéndole con claridad a Asier- : "No me gusta la violencia. Ninguna". Y en este documental reconozco que me atrapó una de las vecinas. Hija y esposa de presos de ETA, hablaba de las torturas que sufrió su marido, de los largos viajes que ha tenido que hacer para poder visitar a su padre o a su pareja; comprendió, durante el juicio a su marido, el dolor de una mujer que narraba la muerte de un familiar a manos de ETA y, finalmente, cuando tuvo su primer hijo notó en el hospital la cercanía de otra mujer: fueron madres al mismo tiempo. Esa mujer era familiar del alcalde franquista de Oiartzun, asesinado por ETA en 1975.

"Necesitamos humanidad. ¿Por qué no voy a estar cerca de ella? Es una madre, como yo..."

Por encima de las palabras, está el corazón. O junto a ellas.

Lo que nos acerca...










miércoles, 7 de enero de 2015

DÍAS EXTRAÑOS: SONRISAS Y LÁGRIMAS



Mientras esperamos en Madrid que llegue el cuerpo de mi madre, las mañanas son extrañas: es levantarme y no escuchar su voz. No entiendo porqué no escucho su voz. 
¿Habrá salido a comprar algo? No, simplemente ya no está.

Tomar conciencia de que ella ha muerto es lo primero que te devuelve a la vida cotidiana y te aleja del sueño; después descubres el lugar dónde estas, quién eres…

La noche de vísperas de Reyes en Telemadrid pusieron Sonrisas y lágrimas de Robert Wise. 
Le gustaba esa película.
Para mí fue, era y es la visión edulcorada de una realidad que merecía un tratamiento diferente, más valiente. Ella no pensaba igual, por supuesto. Debió verla por primera vez a los 20 años. 
Se parecía a ella: vitalista, ingenua, romántica.
Me emociona verla este lunes víspera de Reyes, cuando se ha quedado sola en aquella funeraria de Buenos Aires y mi hermano viaja en avión de vuelta a Madrid. Me emociona escuchar esas canciones que ella, estoy seguro, -así lo hacía cada vez que la veía- tarareaba o cómo seguía la trama –comentando una escena o la siguiente con obviedades que acababan teniendo cierta gracia o agotaban tu paciencia, criticando a la rival (una condesa) sin compasión, defendiendo a la protagonista (una monja como lo fueron sus primeras maestras) pobre y de buen corazón (un poquito de lucha de clases, no mucho) y que, -¡oh, casualidad!- se llamaba como mi madre María-. 
Una trama que ella ya conocía de memoria y que olvidaba o fingía olvidar –nunca lo tendré muy claro- volviendo a vivirla como cuando tenía 20 años.
Veo Sonrisas y lágrimas porque ella ya no podrá verla. 



La veo con sus ojos por primera vez…

viernes, 2 de enero de 2015

MI MADRE HA MUERTO. REQUIESCAT IN PACE.


Acabo de cerrar tus ojos y he acariciado tu mejilla.
Estás muerta…
La ambulancia no llega, la ambulancia no llega. La ambulancia nunca llegará…
El gato huele el miedo, la tensión en nuestras miradas. Los gatos saben cuándo la muerte se encuentra con nosotros…


Te veo a través del cristal. Estás tendida con una manta que te cubre de cuerpo entero. Sólo puedo ver tu rostro. Tus ojos están cerrados; antes de que tus músculos se agarrotaran, cerré tu boca: ya no tienes ese último estertor de dolor, de una palabra que quisiste y no pudiste pronunciar. Ahora pareces dormida, tranquila.
Vas perdiendo el calor. La ambulancia no llegaba e ibas perdiendo el calor: los pies y las manos estaban frías; aún notaba el calor en tu pecho, en tu cuello. Pronto estarías completamente fría. Ya lo estás, mamá.
Has muerto en la habitación de un piso de alquiler; con los tuyos, sí, pero lejos de tu casa, de tu tierra. Ha sido tu último viaje y no lo sabías…


El médico llega y certifica tu muerte. Un aparato electrónico demuestra que no hay constantes vitales. La ciencia adelanta… al menos, no la enterrarán viva. Un detalle. Tres cuartos de hora después. Era una ambulancia que no llegaba, porque nunca iba a llegar…
Los policías te ofrecen dos opciones: un proceso muy largo en la morgue judicial y un proceso largo. Una semana esperando que nos den el cuerpo de mi madre para poder enterrarlo; o dos o tres. “Es un favor que le estamos haciendo”. La burocracia no facilita la vida, la entorpece, la ahoga… El negocio de la muerte.
Todas las llamadas hechas; se llevan tu cuerpo. Te colocan en la camilla, tus manos cuelgan sin vida como las de un muñeco. Tapan tu rostro y te atan. Ya no nos puedes ver. Ya no te veo, mamá. ¿Dónde estás?
Es mediodía. Necesitamos respirar aire puro. Damos un paseo por Avd de Mayo, llegamos al Obelisco, teatro Colón, el parque del Retiro. El viernes estaremos por puerto Madero. ¡Cómo te hubiera gustado pasear con nosotros y disfrutar con las personas que más querías! Notamos tu ausencia, ¡nunca sabrás cuánto!Unos niños juegan al fútbol con su padre en el Retiro. ¿Recuerdas a las dos niñas que estaban en el avión cuando tú te morías poco a poco durante el viaje? Yo sí las recuerdo; una de ellas llevaba un forro polar lila; colgaba de su mano derecha un mono de felpa; con la otra mano se agarraba a su hermana mayor. Tú no las viste; mientras tu vida se apagaba, la suya empieza. Mi hermano se ducha; ojalá fuera tan fácil lavar el dolor y la tristeza.


Lo que somos Raúl y yo es gracias a ti. Tus valores están en nosotros, tu amor también se quedará con nosotros.
Ya no estás aquí, mamá. Te echaremos de menos.


Escrito el día de Navidad de 2014