viernes, 3 de marzo de 2017

EL VIAJANTE Y LA CHICA DESCONOCIDA: UN ESPEJO A LA REALIDAD


El viajante de Barghadi y La chica desconocida de los Dardanne. 

Barghadi viene del teatro. Construye personajes poderosos. Y ese es el punto de partida para mostrar la vida cotidiana de una ciudad como Teherán y las contradicciones de una sociedad como la iraní que -se nota- conoce muy bien. 



Para los Dardanne -que siempre han apostado por el formato documental- es el espacio -la zona urbana, obrera e inmigrante de Lieja- el que crea y desarrolla los personajes que intentarán sobrevivir en un mundo acostumbrado a rechazarlos. 


Barghadi utiliza la obra de Miller para mostrar uno de sus temas recurrentes: la ruptura de una pareja.

Los Dardanne se sirven del espacio como un personaje más, indispensable. Crítica social y ética de una sociedad enferma.


¿Y qué hay en El viajante? Humillación y venganza y el descubrimiento de esa parte oscura que emerge cuando menos lo esperamos. No conocemos a la persona que amamos. 

¿Y en La chica desconocida? Es cierto que los Dardenne eligen esta vez a un personaje más cercano al espectador que va a ver sus películas: una doctora. Aunque en realidad la historia gire alrededor de otra mujer:  una prostituta inadaptada, víctima absurda de un mundo injusto. La protagonista sólo quiere saber su nombre. Que no sea olvidada en una fosa común. Vive la culpa, la obsesión, pero no se conforma; toma conciencia, se implica. 

Sea en Teherán o en Lieja, en realidad, contemplamos un reflejo de nosotros mismos. Y no siempre es agradable. 

Mirarse al espejo, antes de llevar a cabo una representación. Tal vez la última. Y se avergüenzan por lo que ven. No hay marcha atrás. Es un final. 

Aunque también puede llevarnos a abrazar a otro ser humano. La vida continúa. 

Hoy empieza todo... otra vez. 





martes, 14 de febrero de 2017

MI BERLINALE


He estado en la Berlinale desde el viernes. Me apetecía ver películas en este festival y disfrutar del ambiente. Escuchar inglés, italiano, español, alemán. Mezclarte con la gente y ver cine. No he podido contemplar muchas de las cientos de películas que se estrenan y se irán proyectando hasta el domingo, pero la vida es limitada y hay que elegir. No he podido ver Estiu 1993, una película catalana de Carla Simón.


Por lo que me ha contado mi hermano, me hubiera gustado. Encaja con lo que hacemos y con las novelas y los cuentos que escribo, aunque el tono, creo, es diferente. Espero que la estrenen pronto por aquí. Y que dure más de una semana. Siendo en catalán, me espero lo peor de las distribuidoras españolas -y no tiene que ver con política, no me interpreten mal, sino con cierta gazmoñería a la hora de presentar fuera de sus espacios lingüísticos el cine en catalán, gallego o euskera-. Con doblajes que además, no sé porqué, suelen ser nefastos.

Hablaré de lo que he visto. Parcial y escaso. Una gota en el mar. La gota de la que puedo hablar...

El viernes, nada más llegar de Praga, vi unos cuantos cortos. Una sesión curiosa. Empezaron con uno argentino Fuera de temporada de Sabrina Campos.


Tuve la sensación de que estaba ante un cortometraje en el que la directora quiere decirnos: "soy capaz de hacer un largo; aquí tenéis un ejemplo de lo que podría ser". Me pregunto si todo lo que queda insinuado con palabras a medias o miradas sutiles no se irá al carajo cuando se convierta en largo. Bueno, espero que lo pueda hacer y que yo lo pueda ver. Es una buena directora; mantiene el interés de la narración.
El resto eran experimentales. Iban del más abstracto, Keep that dream burning -y es literal; sólo había sonidos, ruidos y juegos visuales. ¡¡¡Olé tus huevos!!!- al que jugaba, Martin Pleure, con un personaje hecho digitalmente para contar una historia convencional acompañado de un humor difícil de definir.
Me gustó Avant l`envol. Imágenes fijas de arquitectura occidental en un contexto en el que desentona: la capital de Costa de Marfil. Edificios oficiales y funcionarios. Y visitantes ocasionales, vendedores ambulantes. Nada más. No es tanto lo que dice, -en realidad, nada-, sino lo que insinúa sobre el absurdo de estas construcciones y la vida que fluye entre sus muros y más allá de ellos. Los espacios se revelan en contraste con la vida de las personas que pasan delante de nosotros.
Finalmente Coup de Grâce es un juego de representaciones. Otra vez, imágenes fijas, pero esta vez para contar una historia. Me recordaba a Kaurimaski, pero llevado hasta sus últimas consecuencias.

El sábado por la mañana lo pasé en Postdam. Un frío del carajo. Seis grados bajo cero. Admirado por la obra del gran Federico II de Prusia que llamó a uno de sus palacetes "Sansoussi": -sin preocupaciones- y enamorado del rococó -mucho más vivo y original que el neoclásico que le sucedió- volví a tiempo a Berlín para ver Occidental de Neil Beloufa. Parte de una idea curiosa -mientras en un exterior se desarrolla una manifestación contra el gobierno y sus recortes, en un hotel de París unos personajes se persiguen y se vigilan-. La historia es simbólica y metafórica, pero creo que ni el mismo autor sabe qué es lo quería contar. ¿Una metáfora de Europa como dicen algunos críticos? No me atrevo a tanto. Tiene humor y uno se debate entre la sonrisa y la sensación de pérdida de tiempo. Al menos, hace calor en la sala. En el coloquio como él no sabe hablar inglés, no sabemos lo que dice. Situación absurda. Cuando salgo a la calle, hace ocho grados bajo cero. El coloquio podía haber durado más, con lo que te divertías...

El domingo siguió haciendo mucho frío, pero no bajó de cuatro grados bajo cero por la noche. E incluso llegó a un grado a mediodía. Todo un lujo.

El último retrato es un homenaje a Giacometti. Tenemos la visión de Hollywood del artista. Un hombre excéntrico que sabe vivir -tiene dos mujeres; una es la esposa que todo lo perdona y le limpia la casa -y esto es literal, no un símbolo- y la otra es la prostituta amante- con ramalazos de genio y una relación con el mundo peculiar. Es perfeccionista; por eso, a veces destruye su obra. Muy convencional. Le salvan dos cosas; el humor constante. Y la interpretación del actor. No profundizaremos mucho en el artista Giacometti, pero pasaremos una hora y media agradable.

Cuatreros de Albertina Carri la vi por la noche.


Como es un documental sobre la familia y la memoria y la herencia, mi hermano me recomendó que la viera, por si se me ocurrían ideas para el nuestro. Coincide con la nuestra en que es una voz en off de la autora y en ella cuenta, partiendo de una anécdota, su propia vida durante los siete años de su desarrollo: el nacimiento de su hijo, la relación con su pareja lesbiana, la ruptura, los primeros pensamientos y palabras de su hijo. Está también la memoria, pero la suya es diferente a la mía. Como comentó en el coloquio, utiliza hasta tres o cinco imágenes al mismo tiempo -seleccionadas tras años de investigación en un archivo fílmico de Buenos Aires- para hablar de un delincuente común convertido en mito del pueblo, de su padre y de su hijo. Y lo hace así porque la memoria para ella es compleja, está en movimiento. La mía, en cambio, es fija.
La voz en off y las imágenes -que formaron parte de una instalación, al principio del proyecto- encajan bien. Y es una película redonda. Aunque no lo parezca -el formato haría pensar en una obra experimental- se cuenta una historia con principio, nudo y desenlace.
Tardó siete años... ¿Tardaremos tanto nosotros en hacer el nuestro?

El lunes se abríó el cielo. Un azul difuso. Los grises dieron paso al juego de luces y sombras. Me harté de cine. Por la mañana, Poket y Una mujer fabulosa. Poket de Agniezska Holland es una película de género y como tal funciona. El personaje -que se convierte en una investigadora a su pesar- es excéntrico y se hace querer. Humor amable. Quizás dos horas son demasiadas, pero se pasan rápido. ¿Quién será el asesino?

Una mujer fabulosa de Sebastian Lelio se parece mucho a su anterior película, Gloria. Los mismos aciertos -un personaje impresionante que te emociona y con el que te identificas- y los mismos errores -los personajes secundarios giran alrededor de la protagonista; son estereotipos, tanto los que la ayudan como los que la rechazan.
También me sobra alguna escena tópica de transexual en discoteca, pero en general consigue que derrames unas lágrimas sinceras. Y que, después, te des cuenta que tal vez el director se esté repitiendo. Ella podría ser la ganadora de un Oso de plata a la mejor interpretación femenina, pero ¿el jurado volverá a conceder el mismo galardón que en Gloria? Es factible.

Pieles de Eduardo Casanova se queda a medio camino. Le ha faltado mala leche. Con esos personajes y esa idea inicial podría haber hecho una comedia gamberra, como hace su productor, Alex de la Iglesia, o una tragedia. Al final es sólo un melodrama sentimentaloide que me recuerda mucho a Summers y su Del rosa al amarillo. Eso sí, con una estética post-almodovariana, chic y muy elegante. El director es majete y le gusta dirigir. Se lo pasa bien. Y tiene muchos amigos. Espero que pueda seguir haciéndolo; tendrá sus fans, seguro. Yo no estoy entre ellos.

Una hora después vi Golden exits de Alex Ross Perry.


Nueva York. Dos parejas, una hermana soltera, una joven australiana que llega y lo vuelve todo del revés. Los personajes hablan y hablan de su vida sentimental, sus dudas. Obra coral. ¿Un Woody Allen para la nueva generación? Hay algo más. La elección de los planos es más cuidada. Y el trabajo con las actrices se nota. Sus primerísimos planos en una pantalla de más de diez metros son impresionantes. Hay melancolía y nostalgia por lo que pudo ser y no fue. Y por lo que hemos perdido en el camino. Película para cuarentones. Aunque no sean de Nueva York.

Hoy martes la temperatura llegaba a los dos grados. El sol hasta calentaba. En el avión me encontré a varios productores -hablaban de vídeos, proyectos cinematográficos- y a Antonio Resines y a Fernando Trueba con cara de pocos amigos. No le deben gustar los aviones.

La Berlinale continúa. La vida también. Me gustaría volver el próximo año. Espero que, si puedo volver, el invierno sea más amable.


miércoles, 25 de enero de 2017

LA LA LAND: EL MUSICAL, REFLEJO DE UNA ÉPOCA


No escribo esta entrada para juzgar la calidad de La La Land, la próxima triunfadora de los Óscars. Es un buen musical, digno, con momentos emotivos y de gran altura, que aprovecha todo el talento del que dispone Hollywood -actores, guion, dirección artística, producción-. Da lo que promete y eso está bien.

Prefiero dedicar este espacio a desarrollar dos reflexiones que me vinieron a la cabeza cuando salí de la proyección.

La primera es la necesidad de volver al pasado que veo cada vez más a menudo en películas de todo tipo, sea a través de la historia o apoyándose en géneros cinematográficos, seguros y fiables. 120 años después del nacimiento del cine, Hollywood -no sólo él, aunque sobre todo esta industria- recupera los géneros que supo difundir en nuestro inconsciente colectivo para darles una pátina nueva, más moderna. El cinéfilo podrá ver referencias no sólo a Rebelde sin causa -quizá la más evidente- sino sobre todo a Fred Astaire, Gene Kelly o Vicent Minelli. Podemos llamarlo homenajes o reinterpretaciones en clave actual. Alguien podría pensar y tendría razón: no llegan a su altura. Es cierto y, aún así, se agradece el intento.

Hay otro momento -que podríamos considerar más narrativo- en que dentro de la historia la protagonista vuelve al pasado; es el momento decisivo que cambiará su vida. Y cuando debe aferrarse a algo, recupera a su tía y las historias que le contó cuando era niña. Como si los personajes en un mundo volátil y en el que el dinero lo mueve todo -sobre todo en los Ángeles; incluso la misma protagonista en la película deja tirado a un novio banquero o empresario para irse con el chico. Conclusión: no olvidemos que sin dinero el cine no existe y el de Hollywood es imposible-, encontraran seguridad en los sueños individuales y en la familia -en la que los recuerdos son imprescindibles para mirar al futuro-.

La segunda tiene que ver con los finales. Un musical -hasta los años sesenta- exigía un final feliz. Desde los sesenta -la película francesa de Jacques Demy con Deneuve Los paraguas de Cherburgo es el primer ejemplo europeo de esta nueva sensibilidad y, además, ¡es tan parecido el final al de La la Land!-


Y hago aquí un pequeño comentario. Creo que todo el cine, el comercial y el no comercial, vive no sólo de lo aprendido de los clásicos hasta los años sesenta, sino sobre todo, en mi opinión, de las aportaciones y experimentos visuales y narrativos que unos pocos cineastas en todo el mundo hicieron en los sesenta y que ya no se ha vuelto a hacer con la misma frescura.

Vuelvo a los finales (in)felices. Sin que los felices hayan desaparecido -Amanece en Edimburgo es un buen ejemplo; e incluso aquí otra de las parejas, la secundaria, se separa-, la tendencia es la contraria. Puede haber finales claramente trágicos -Bailar en la oscuridad entraría en este ámbito-


o tristes y nostálgicos -God help the girl, una película desconocida y encantadora que merecería una revisión más concienzuda-


La la land, como no podía ser de otra manera, se decide por el final nostálgico. Es Hollywood, no lo olvidemos. Como en los paraguas de Cherburgo, lo que pudo ser y no fue. Lo que fue y tendremos siempre. Aunque estemos lejos, aunque no nos volvamos a ver, siempre te querré, no te olvidaré. 

Tal vez ocurra que cuando llegamos a los cuarenta somos más conscientes de las oportunidades perdidas y del camino que hemos elegido. Y el cine como creadora de historias interesantes-descarto, por supuesto, los productos para niños y adolescentes o de consumo que copan la cartelera de la mayor parte de los cines del mundo-, parece que se encuentra en este punto de su recorrido.

martes, 17 de enero de 2017

IN MEMORIAM: JUAN JOSÉ HERRERA ALONSO


La memoria.

"...Los muertos no son abandonados. Se mantienen cerca físicamente. Son una presencia. Lo que crees estar mirando en esta larga vía al pasado se halla, en realidad, al lado de donde tú te encuentras... creo que los muertos están entre nosotros”. John Berger.

¿Qué puedes decir a quien acaba de perder a un ser querido? Lo siento, MariCarmen. ¡Ánimo! Pasará.

Las palabras están huecas. No pueden explicar nada. Son inútiles.

Aún así, lo intentaré. En vano.

Ellos no desaparecen, aunque se marchen. Se quedan con nosotros. 

Los volvemos a recuperar, cuando tenemos un objeto en las manos, que fue suyo, cuando vemos una fotografía en la que los reconocemos, al leer una carta o una postal que escribieron de su puño y letra, cuando retornan a nosotros, al recordarlos o en los sueños. 

Están vivos, mientras nosotros lo estemos. 

No desaparecen, porque están, aquí, ahora, entre nosotros... 





viernes, 30 de diciembre de 2016

LA HISTORIA OFICIAL



La protagonista es una profesora de historia, y no es casual, pero los temas que aparecen en esta película van mucho más allá del momento histórico en que se sitúa: la incipiente democracia argentina tras la brutal dictadura de Videla y la situación concreta: los niños robados y las abuelas de la Plaza de Mayo. Hay una reflexión que en esta escena -clave, más importante de lo que parece en un principio; como se suele decir: aquí está el mensaje- se resume en dos comentarios. Uno, en la frase de un tal Mariano Moreno pronunciada a principios del siglo XIX: "Si no dejan publicar la verdad, va a triunfar la mentira, el embrutecimiento..." Y la segunda, brutal, escupida por uno de sus alumnos: "La historia la escriben los asesinos". 

Es una bofetada, un puñetazo en la cara. 



La protagonista tomará conciencia, dejará de mirar a otro lado, descubrirá la verdad. El final es demoledor.




Y, en realidad, las dos frases podrían servir para cualquier lugar del mundo en cualquier momento de nuestra historia. En el Egipto de Akenatón, en la Roma de los Graco, Augusto o Trajano, en la Grecia de Pericles o Alejandro Magno o en la China de los emperadores. En la Europa medieval o en la América conquistada. En la Francia de Vichy o en la Alemania de Hitler. En la antigua Yugoslavia y los países que nacieron tras su desmembramiento, en la Rusia comunista o en los Estados Unidos del macartismo. Y ahora. En la Siria de Al Asad, en el infierno del ISIS, en la Turquía de Erdogan, en la Rusia de Putin, en los Estados Unidos de Obama o de Trump o... en España...


Siempre, detrás de la historia oficial -la que escriben y escribirán los vencedores o los asesinos- está y estará la verdad, mucho más compleja y contradictoria

Aunque me temo que los seres humanos preferimos o aceptamos muchas veces la historia oficial. La verdad no es agradable; nos refleja en un espejo tal como somos.

domingo, 18 de diciembre de 2016

FRANTZ: UN RETORNO A LOS CLÁSICOS


Frantz, que se estrenará el 30 de diciembre en las salas españolas, parte de una película de los años treinta de Lubitsch, Remordimiento, que adaptó a su vez una obra de Maurice Rostand.

El argumento es sencillo. Estamos en 1919 en un pueblo de Alemania. Una mujer deja unas flores en la tumba de su prometido, que murió en el frente cuando estaba a punto de terminar la guerra. No sólo lo llora ella; también los padres del soldado.

Descubre, al llegar a la tumba, que un francés también ha venido esa misma mañana. Tras muchas dudas, el joven francés se presenta ante la familia del soldado alemán: era amigo suyo, al que conoció antes de la guerra. Por supuesto, recibirá la comprensión tanto de los padres que desean volver a recuperar el recuerdo del Frantz que perdieron, como el de su prometida, que encuentra en este joven francés una esperanza para poder rehacer su vida. Sin embargo, el francés no ha dicho toda la verdad...
Este es la historia de Lubitsch y la primera parte de la de Frantz...

En la película de Lubitsch el punto de vista es el de él. Por las críticas -no he podido ver la película- parece que el actor protagonista no fue bien elegido. En cambio, el padre del chico alemán lo interpreta Lionel Barrymore, uno de los mejores secundarios de la historia del cine. En esta escena hace un alegato pacifista, sentido y sincero.


Remordimiento.Lubitsch.Escena23 por lapuertadebabel

Ozon en su versión no ha cambiado nada, ni una coma del diálogo de esta escena. No era necesario. Es impecable.

En la de Ozon, ya aviso, el punto de vista es otro.

Han pasado más de ochenta años. Es un buen reflejo de cómo ha cambiado el mundo. No sorprende que la mirada esta vez sea la de ella. Y que sea una mujer decidida, con carácter, valiente.

Y aunque aparezca el tema central de la historia original, -el remordimiento, la culpa y la necesidad de volver a agarrar la vida con todas tus fuerzas tras una guerra brutal y despiadada-, ya no es lo mismo.

Sí, es cierto, hay un estilo clásico, elegante que recorre toda la narración.


Se nota en la elección del blanco y negro -aunque haya breves momentos en color para resaltar la poesía y el sueño-. Y me emociona. Pequeños detalles como pasear por las calles de un pueblo en los años veinte, subirse a un tren de los de antes, escribir cartas con papel y pluma. Ya no lo hacemos. Ni lo haremos. Es Historia. Y Ozon nos lo muestra como lo harían los cineastas de los años treinta y cuarenta.

Lo admito. He llorado. Soy un sentimental.

Me emociona el romanticismo en esta película del 2016, que para bien o para mal, hemos perdido. Los amores no son eternos, aunque lo deseemos. Aún así, nos gusta verlos en la pantalla, pensar que son posibles o que podrían llegar a serlo.

No. No es posible. Ozon es consciente de que los tiempos han cambiado.

Hay una primera parte que sigue la narración de Lubitsch, pero, a mitad de metraje, el rumbo gira muy sutilmente. Ella entonces debe hacer un viaje de descubrimiento, porque es ella, aquí y ahora, quien debe abrazar la vida.

Quizá no encuentre lo que busca en un principio, pero sí le servirá para descubrir su propio camino. La mujer como dueña de su destino. Impensable en los años treinta, incluso antes de los sesenta, clave sin la que no se puede entender nuestra sociedad, la del 2016, aunque aún las mujeres encuentren trabas para la igualdad real en el trabajo, en la relación de pareja, en la vida cotidiana.

Vale la pena ver esta película de Ozon.
Volvemos a los clásicos, en lo mejor que contiene esta palabra: elegancia, romanticismo, emoción contenida, sobriedad, sinceridad.

El final no es romántico.

El giro se ha completado.
Estamos en el Louvre ante una mujer independiente que mira un cuadro.
Y, sobre todo, es una mujer que quiere vivir...
Y lo hará...

PATERSON


Paterson.

Un pueblo. Un conductor de autobús.

Lunes. 

Estoy despierto. Miro el reloj. Son las seis de la mañana. 
Un beso a Laura. Su piel... 

Se despierta. Me cuenta un sueño: tenemos gemelos. 
Una caja de cerillas. Nace un poema de amor. 

Martes. 

La poética de lo cotidiano. La belleza de la anécdota. 
Lo extraordinario del detalle. La repetición y el tiempo. 
La cercanía y la amabilidad. 

Miércoles.

Una niña espera y me recita un poema. Un enamorado se desespera. 
Gemelos. 
El camarero del bar juega una partida de ajedrez contra sí mismo. 

Jueves. 

Miradas a través de un cristal. 
Diálogos de dos pasajeros. Desencuentros de dos cuerpos. 
Reflejos en el fondo de un vaso de cerveza. 

Viernes. 

Líneas blancas y negras en un pastel, en la cortina del baño, en el vestido de Laura.
Agua que cae. Una cascada. Lo llaman lluvia. 
Laura toca una melodía en su nueva guitarra. Un payaso arlequín.

Sábado. 

Felicidad de Laura. Una pantalla en blanco y negro...

Trozos de papel. Palabras perdidas, rotas, quebradas. Vacío.

Domingo. 

Un paseo solitario. Un japonés se sienta junto a mí. 
Me regala un cuaderno secreto. Otro. 
Abro el cuaderno. Una hoja en blanco.
Las palabras vuelven. Y se repiten... 

Lunes.

Estoy despierto. Miro el reloj. Son las seis de la mañana. 
Un beso a Laura. Su piel... 


Paterson ha escrito un poema. O Jarmusch...

miércoles, 30 de noviembre de 2016

ALOYS Y MADRE SOLO HAY UNA


El lunes y el martes pude ver dos pre estrenos.
Creo, en mi humilde opinión, que son dos películas fallidas. Aún así, cualquiera de las dos es más interesante que muchos de los bodrios que estrenarán este viernes. Por tanto, voy a comentarlas.

Aloys es un intento muy valiente de mostrar el punto de vista de un adulto con síndrome de Asperger y la relación que establece tras la muerte de su padre con una mujer muy inteligente, atrevida, desorientada, depresiva y al borde de la locura.

El síndrome de Asperger ha sido tratado en el cine con desigual fortuna.

SINDROME DE ASPERGER EN EL CINE

Con estos personajes sólo cabía un drama y, sí, lo es, bajo una capa de profundización psicológica con planos vacíos o espejos que separan a los personajes de la realidad casi desde el primer momento. La puesta de escena es muy atrevida y dura. Ponerse en la piel y en los ojos de una persona con Asperger es complicado y hay momentos en que el director consigue que sintamos y pensemos como él.



El misterio en el que se nos presenta el personaje femenino, Vera, que, al principio, parece un juego para hacer reaccionar al protagonista deriva hacia una relación en la que ambos eligen una realidad ficticia para escapar de sus propios fantasmas. Separados por el espacio -ella se encuentra en un psiquiátrico; él, en su casa que es otra cárcel, en el fondo- consiguen estar juntos a través de su imaginación.

La parte central y algunas de esas creaciones compartidas -sobre todo, la fiesta, demasiado larga y repetitiva- no cuajan del todo. Sin embargo, el final, cuando ella apuesta por la realidad y él debe decidir si prefiere el mundo alternativo que ha construido o aceptar una relación difícil, tal vez imposible o irrealizable, pero verdadera, está muy bien contada.


Madre sólo hay una es más convencional, pero la historia de partida es muy interesante.

El Estado brasileño descubre que dos niños fueron robados. Y se los devuelven a sus padres biológicos. La madre adoptiva, responsable del robo, acaba en la cárcel.

La opción lacrimógena queda descartada. Se agradece. El punto de vista es el de un adolescente de diecisiete años, al que le gusta vestirse de mujer y disfruta de experiencias sexuales con hombres y mujeres. En menos de dos semanas pierde a su madre que acaba en la cárcel, a su hermana que acaba con otra pareja y debe aceptar a sus nuevos padres y a su nuevo hermano.



La sensación que uno tiene es que la película de verdad empieza cuando quedan quince minutos para que termine. Que hay muchos temas. Demasiados.
Un adolescente en busca de su identidad sexual. La frialdad del Estado que no prepara a ninguno de ellos para todo lo que se les viene encima. La actitud de los nuevos padres, demasiado protectora e ingenua, que no comprenden la bomba de relojería que tienen en casa.

A la madre adoptiva se le dedica un último plano a los treinta minutos en la cárcel. Y se olvidan de ella. No se explica nada. ¿Por qué robó a los niños? ¿Hubo razones sociales? ¿O políticas? Esa parte queda soslayada y me parece un error. ¿Y el protagonista? ¿No intenta ver a su madre y que le de explicaciones? Lo piensa y eso es lo que parece que va a hacer, pero... en otra película. En esta sólo hay amagos...

La hermana desaparece también. Un personaje que, como demuestra el plano final, podría ser muy interesante. Y el del nuevo hermano, esbozado sólo cuando quedan ¡¡¡cinco minutos!!!

Prefieren centrarse en la nueva madre y el nuevo padre, cuando en realidad, son los que menos interés despiertan en el espectador.

El final es sencillo. Nuestro protagonista, vestido de mujer y en la cama, está buscando a su hermana por internet. El nuevo hermano entra en la habitación y se tiende junto al protagonista. Apoya su cabeza en el hombro de nuestro chico. Y él lo acepta. Probablemente buscarán juntos a la hermana.

El problema es que ese no es el final de la historia sino su comienzo. Lo que no se ha contado, lo que no se cuenta es mucho más interesante que lo que hemos visto.

Una lección que todos debemos aprender.