sábado, 24 de octubre de 2015

¡BRINDO POR TI, JOAQUÍN!


Dos espacios, dos instantes…

1.

Me encuentro en una cripta de la calle madrileña de Ferraz, en el número 72. Son las ocho de la noche. 

Una suave noche de otoño.

Es un funeral: recordamos a Joaquín.

Sí, es cierto, los que estamos allí, apreciamos o amamos a Joaquín, pero noto que al ritual católico, -al que tantas veces asistí, cuando era pequeño, y por el que ahora siento indiferencia- le cubre una espesa y negra capa de hollín…
Una ceremonia vacía, un ritual que debo respetar; sin embargo, al fin y al cabo, mi madre también creía en ese ritual…

Es hueco; como algunas despedidas, a la salida del funeral: de personas a las que no veré, con las que no he tenido en los últimos años ni tendré demasiado trato, extrañas, cuyo único lazo en común, en muchos casos, es que Joaquín dejó un poso, una huella, más o menos profunda, en nuestras vidas…

Hay otras despedidas, sin embargo –como con los padres de Joaquín o la hermana de Zita, a los que ni siquiera conocía-, que logran conmoverme, aunque sólo haya entablado con ellos un breve intercambio de frases o palabras…

Me conmueve…

Me conmueve…

…cuando el párroco, amigo personal de Joaquín, menciona que este lugar, la cripta donde celebramos el funeral, fue el sitio donde Zita y él se conocieron, el espacio donde se casaron: un comienzo y un final.

Me conmueve…

…cuando la hija de ambos, una adolescente de 14 años, Itziar, -que en un gesto de rebeldía, se ha teñido el pelo de pelirrojo, hace unos días- se dirige al altar y, con cierta timidez, -que nos despierta ternura- enciende una vela.

Metáforas. La mano de Itziar: el futuro. La vela: Joaquín, su luz…

Me conmueve…

…cuando Zita nos agradece –su voz tiembla- que estemos allí. Itziar y los padres de Joaquín lloran. Nosotros, también…

Me conmueve…

…cuando Zita nos confiesa que al empezar a caminar por un sendero o una calle conocida –gesto cotidiano, el de todos los días-, le recuerda y se le escapan las lágrimas…
                                          

2.

Hace muchos años. Me encuentro en una sidrería, un Lizarrán, el de la plaza de Puerta Cerrada. Son las cinco de la tarde. 

Una fría tarde de invierno.

Es una cálida celebración: un encuentro anual.

Hemos bajado por las escaleras a un sótano. En un espacio reservado, hay una mesa con asientos corridos, sin respaldo. Es un lugar conocido: tenemos por costumbre celebrar comidas allí cada cierto tiempo.
Conmigo se encuentran Joaquín, Jorge, Carlos –cuyo apodo es El comandante-, Zita… Habría más gente, pero sus rostros los he olvidado…

Un amigo de Joaquín acaba de fallecer. Lo recordaban.

Y, entonces, Joaquín –no puedo asegurarlo, pero creo que fue él mismo- levantó un vaso de patxarán o de sidra y dijo:

- ¡Brindemos por él!

Es extraño.
Tuve la sensación de que en ese momento aquel amigo brindaba con nosotros… que estaba allí.


¡Brindo por ti, Joaquín!




martes, 20 de octubre de 2015

UN DÍA DE OTOÑO: Más allá del olvido y Marca de agua





Más allá del olvido de Modiano.

Una pareja, un encuentro fortuito. El escritor recuerda a Jacqueline... 
Sólo fueron cuatro meses de su vida, cuando era joven... 

¿O fueron nueve?

Me encuentro en París: boulevard Sant-Germain, rue de Dante, promenade de la Tournelle, estación de Austerlitz...
O en Barcelona: Avinguda de Gaudí, jardins del Princep de Girona, plaça del Diamant, estación de Sants...


Diez de la mañana. Mi mirada se queda fija en un punto entre las nubes. Te dejan ciego, te nublan la vista. Las cigüeñas vuelan en círculos; buscan un lugar dónde posarse. El reflejo te atrae; no puedes apartar la mirada. Y cuando lo haces, notas que las cuencas de tus ojos se han llenado de luz; debes vaciarlos, adaptarte a la oscuridad de la habitación donde te encuentras...

Jacqueline y el joven escritor roban una maleta con dos fajos de billetes. Huyen a Londres...

Estoy en Londres con ellos: Hyde Park, Notting Hill, el Támesis, estación de Waterloo... 
Estoy en Madrid con ella: templo de Debod, Aranjuez, paseo de Federico García Lorca en Vallecas, estación de Atocha...



Tres de la tarde. Azul en el cielo. Se abren huecos. Las nubes, deshilachadas, pierden su consistencia. El brillo se difumina. La textura cambia; es más suave el roce de la piel. Puedes mirar; el azul no te cegará, sólo te perderás en el infinito, entre la espuma del mar y las olas que rompen en la orilla...

El escritor pierde a Jacqueline. La encuentra quince años después cerca del bosque de Boulougne: siente de nuevo los labios en su cuello y la caricia de su pelo. El tiempo se ha detenido...


Ocho de la tarde. Las gaviotas se cuelgan del lugar más alto: otean el horizonte. Las luces de neón se mezclan con los rescoldos del día. Grises. Pronto, el cielo será una masa negra e informe. Sin luna, no podremos distinguirlo de la tierra...

Tiembla entre mis brazos. La ha perdido; la ha recuperado. La he perdido; la he recuperado. 
Todo ha cambiado. Nada ha cambiado... Un ojo, una lágrima...

Dejo a Modiano; tengo entre mis manos Marca de agua de Joseph Brodsky.

Es de noche.
Estoy en Venecia. Invierno.
Noto la humedad, el frío, la niebla, el olor a algas heladas.
El amor es un reflejo que se aleja de nosotros.
Viajo por el agua. El tiempo me atrapa entre sus garras. Me disuelvo...





viernes, 9 de octubre de 2015

APUNTES (IV): HACE 46 AÑOS/HOY. UN PRIMER VIAJE



1ª etapa:

Brissago. Allí estuvieron mis padres desde abril hasta septiembre del 69.
Me encuentro en el hotel donde trabajaron; ahora, de reformas.



En Madonna del Sasso. Hace 46 años...


 Y hoy...


En Locarno, a pocos kilómetros de Brissago, sueño con Regina, mi tía-abuela. Su rostro es el de los años 80, cuando yo era un niño. Está sentada en un porche, delante de una casa que no logro reconocer. Sé que mamá está dentro, aunque no la veo. Me quedo fuera de la casa, hablando con Regina. Escucho la voz de mi madre. Me despierto…

2ª etapa:

Amanece. Estoy vivo. Un día más. En Arosa, donde vivieron mis padres desde diciembre del 68 hasta abril del 69.
El sol entre las montañas. Nubes de terciopelo. Luz suave.


He dormido en el mismo hotel en el que trabajaron mis padres. ¿Y si me hubiera despertado en el 69? Ahora, al bajar a la sala, para desayunar, les vería preparar el té, los croissants, el embutido… Hablaría con ellos, me los encontraría por las calles y les saludaría. ¿Qué les podría decir?
“No vayas a Buenos Aires nunca, mamá”; “Papá, cuídate más; cuando envejezcas, no derroches”; “Disfrutad de vuestra felicidad, mientras dure”.
No, no les diría nada. Sólo les miraría y contemplaría, en silencio, su juventud y sus ganas de vivir…


Como era de esperar, no los encuentro. Sí vuelvo a ver a una pareja de inmigrantes, también jóvenes, como mis padres, de Palermo, que trabajan en el mismo hotel. Mis padres tendrían su misma edad. Una nueva generación en busca de su futuro...
  


                       
       
Me duermo. Sólo recuerdo una imagen. Veo a mis padres juntos y felices. Les estoy presentando a unos amigos. Sonríen como lo hacían de jóvenes. Hablan conmigo con naturalidad. Están conmigo… La luz entra por la ventana. Es de día…



3ª etapa:

Verona. Aquí estuvieron desde septiembre de 1970 hasta mayo de 1971. Duermo en un instituto de formación profesional católico. En la pared de la habitación, un crucifijo y el cuadro del fundador. Jóvenes, niños, adolescentes, profesores. Todo me resulta muy familiar. La entrada a las ocho de la mañana, la salida de las clases, la hora del recreo. Los sueños se han diluido. 

 La dueña de un bar, enfrente de donde vivieron mis padres, una mujer de origen chino, otra inmigrante, hace unas cuantas llamadas: la casa está en venta. La madre murió hace tres años.










Los Bolla: importantes y afamados viticultores. Alguna escapada erótica: los viajeros también tienen derecho a imaginar o a recordar…
Disfruto de Verona. Es la ciudad de Julieta y la ciudad de la Arena, uno de los más importantes anfiteatros del mundo, y la ciudad donde Giotto aprendió y enseñó a pintar...

 De niño, mis padres me contaban tantas cosas de Verona, de Italia... Era un mundo que me permitía soñar, me alejaba de esa ciudad dormitorio que era entonces Móstoles, viajaba, conocía otros lugares, vivía en un mundo diferente, mágico, desconocido... Si ellos no hubieran ido allí, mi pasión por la historia antigua, por el latín o el griego nunca hubiera existido. Gracias a ellos y a la aventura que emprendieron, soy lo que soy...




4ª etapa:

Cortina d`Ampezzo. Allí estuvieron en los inviernos de 1970 y 1971. 



La casa donde vivieron mis padres no ha cambiado. Nada. El guarda es muy amable. Me hace una fotografía desde el mismo balcón donde mi padre se la hizo a mi madre.Tal vez sea el vínculo con los Bolla que buscaba. Le enviaré las fotos de mis padres, como me ha pedido...




A las siete de la tarde ya no hay nadie en la calle. Sólo un restaurante abierto, Las tres torres -una de las montañas más conocidas de la zona recibe ese nombre-. Temporada baja. Somos un grupo de japoneses, alemanes y un servidor. El sitio es agradable con algunos toques rurales: la madera en el techo, un reloj de cuco, muebles antiguos; está restaurado y es moderno sin pretensiones. El trato, amable. La comida, aceptable: unos raviolis con espinacas, un strudel con miel delicioso y una grappa que me sienta muy bien. Paseo por las calles del pueblo antes de ir a dormir. Cuento más de quince tiendas de ropa. No hace falta ir a Milán; aquí están todas las multinacionales a unos precios muy parecidos a los que encontrarías en la llanura lombarda.

Milán.
Tomo el avión. Se acabó. Un año después nací yo...

Y ahora, ¿qué?


Nubes que parecen montañas en el cielo...