sábado, 23 de febrero de 2019

LOS OSCAR: REFLEJO DE ESTOS TIEMPOS AMBIGUOS Y CONVULSOS


A un par de días de la ceremonia parece que en Venezuela se prepara una invasión militar de Estados Unidos apoyado por la ultraderecha latinoamericana y una parte de esta nuestra Europa frágil y desnortada que necesita del petróleo a precios más baratos. Cuando nos llegue el oro negro y el dinero manchado de sangre, miraremos a otro lado, votaremos a los de siempre y compraremos en los centros comerciales.
Sanders encabezará una apuesta liberal y socialista; ¿llegará a calar en una sociedad como la americana, conservadora y reaccionaria? La socialdemocracia en Europa o la derecha liberal, alimenta el miedo al coco, a la ultraderecha o a los nacionalismos periféricos -que no dejan de ser un reflejo de la insatisfacción de millones de personas-; engordando sus propios nacionalismos -Estados en perpetua crisis y descomposición- para mantener un modelo económico injusto y que no han querido ni quieren cambiar. El objetivo es que todo siga igual. Los medios y los que mueven los hilos se encargarán de enviarnos esos mensajes, los que calarán en nuestro subconsciente en las próximas elecciones. Seguramente a corto plazo lo conseguirán aquí y en otros lugares.
Pero la gente sale a la calle; ¿se rebelará? Feminismo, crisis humanitarias, inmigrantes que caminan miles de kilómetros, que mueren en el mar, crisis ecológicas, cambio climáticos, desinterés y desconfianza hacia los modelos tradicionales.
La historia vuelve; los nietos y bisnietos heredan o asumen el legado de sus mayores. Hace ochenta años hubo gente que murió por la libertad. Se equivoca quien piense que en tres generaciones la gente se olvida; sobre todo, si los muertos no están bien enterrados.
El pasado vuelve; no es idéntico. Lo volvemos a interpretar, lo transformamos, lo manipulamos, lo adaptamos a nuestra realidad. Así es la memoria: nos miente, nos permite sobrevivir. Preferimos escondernos y ocultarnos a afrontarla cara a cara; pero esta sale, como un escupitajo, a su manera, por donde menos lo esperamos: un dolor de espalda, una muela picada, un pinzamiento, una crisis de angustia. Los fantasmas no desaparecen, aunque les demos la espalda.

Las películas americanas, las que compiten en los Óscares no son ajenas a este mundo en perpetua crisis.
Es difícil saber quién será la ganadora en unos días.
Hay bastante variedad y de gran calidad. Ya se sabe que tienen muchos recursos y capacidad para demostrarnos que asimilan con rapidez los cambios y aportaciones formales y temáticas que nacen en Europa, Latinoamérica o Asia.

Veo en Vice, una pseudobiografía de Dick Cheney, cierto paralelismo con nuestra El rey, con dos cualidades de las que la española carecía: humor y mezcla de ficción y documental.
No nos creemos una ficción -en Vice se ironiza con esto en alguna de las escenas, como la del falso final- ni un documental que nos hable desde el púlpito con un discurso "liberal". Parece que lo único que nos quedara en un mundo en el que cuatro personas deciden la vida de millones es el humor, muchas veces, sangrante y doloroso.

Roma, aunque también refleja una época de conflicto, como es el México de los años sesenta, y la situación de las mujeres inmigrantes, indefensas y sometidas, es más nostálgica. El punto de vista se suaviza, porque es el del director, un niño de clase media-alta que elige ponerse en la piel de una mujer pobre, una criada. Estéticamente es la mejor, a la altura de Cold War -que también muestra el ambiente de los años sesenta, aunque esta vez del otro lado del telón de acero-, pero se adapta mucho mejor a lo que se espera de una película para un gran público.

La favorita es más sutil. Película de época, -se desarrolla en el siglo XVIII-, sí, pero habla de corrupción, de lucha por el poder, de la manipulación en los entresijos de un gobierno, ajeno a la mayor parte de la gente. Su cáscara formal, impecable, oculta un mensaje subliminal mucho más profundo, que no sé si muchos espectadores captarán.

La cuota para la comunidad negra la tenemos con Spike Lee en su Infiltrados en el Ku Klux Kan -la ultraderecha ha llegado para quedarse; es más, está ya en el poder o decide los temas a tratar y cómo se deben tratar- o Black Panther. Incluso en la amable The green book; aquí tenemos un recorrido por el sur americano en los años sesenta -de nuevo esa época clave para entender dónde nos encontramos en estos momentos-, un road movie con dos personajes opuestos que acaban siendo amigos.
¿Podrás perdonarme algún día? es también agradable, aunque el tema del engaño -al amigo o a uno mismo- y la escritura se mezclen como una parte indispensable de la sociedad en la que nos movemos.

Es posible que el sistema no se pueda cambiar. Quizá estemos condenados a desaparecer como especie, tarde o temprano. Quizá nos lo merezcamos.
Mientras tanto, es posible que sólo nos quede seguir lanzando botellas al mar.
Y en el futuro, tal vez, alguien lea los mensajes desesperados que estamos enviando.

domingo, 3 de febrero de 2019

NUBES DISPERSAS




Todo cinéfilo en Occidente conoce a Mizoguchi, a Kurosawa o a Ozu. Sin embargo, hay un cuarto nombre que casi nadie menciona: Mikio Naruse. Quizá porque siempre se ha pensado que un autor de melodramas no estaba a la altura de los otros tres. Es un error. Es también uno de los grandes.
Muchos, al ver sus películas, pensarán en otro gran director de melodramas, Douglas Sirk. Es comparable, sin duda, en muchos aspectos, aunque no se puede olvidar la procedencia de ambos. Sirk es americano de adopción, aunque de origen europeo; pertenece a la industria de Hollywood, con sus luces y sus sombras y a Occidente. Naruse era japònés y su cultura está ahí, presente en cada una de las decisiones que toman sus personajes.

10 essential films
                                                                                                                           


En su última película, Scattered clouds, Nubes dispersas, la historia no podría ser más sencilla.
Una mujer pierde a su marido en un accidente de tráfico. El hombre que lo ha matado, sintiéndose culpable, intenta ayudarla económicamente, pero ella no le perdona. Acaban coincidiendo en el mismo lugar, intentando rehacer sus vidas. No pueden evitar enamorarse, pero el pasado está ahí; no son capaces de olvidarlo. El suyo será un amor imposible...

Hay pocos que sepan narrar como Naruse, que consigan que comprendamos a los personajes, los sintamos cerca. Y Naruse nos lleva hasta el final, aunque sepamos que, como mucho, sólo les quedará el recuerdo de lo que pudo ser.

Ella, a mitad de película, recuerda momentos, instantes de felicidad, vividos con su marido en el lago.

Otros surgen, más tarde, en ese mismo lago, entre ella y el hombre del que se ha enamorado.

Cuando los dos se separan -seguramente, para siempre-, nuestros protagonistas en los últimos planos de la película se quedan solos. Él mira por la ventanilla de un tren; ella, camina al borde del lago.

Sabemos que ambos recordarán esos pocos momentos que han vivido juntos, en los que dos personas se han comprendido y se han amado.

Vuelvo a Dostoievski.

"Creo en la vida eterna en este mundo; hay momentos en que el tiempo se detiene de repente para dar lugar a la eternidad".