viernes, 3 de marzo de 2017

EL VIAJANTE Y LA CHICA DESCONOCIDA: UN ESPEJO A LA REALIDAD


El viajante de Barghadi y La chica desconocida de los Dardanne. 

Barghadi viene del teatro. Construye personajes poderosos. Y ese es el punto de partida para mostrar la vida cotidiana de una ciudad como Teherán y las contradicciones de una sociedad como la iraní que -se nota- conoce muy bien. 



Para los Dardanne -que siempre han apostado por el formato documental- es el espacio -la zona urbana, obrera e inmigrante de Lieja- el que crea y desarrolla los personajes que intentarán sobrevivir en un mundo acostumbrado a rechazarlos. 


Barghadi utiliza la obra de Miller para mostrar uno de sus temas recurrentes: la ruptura de una pareja.

Los Dardanne se sirven del espacio como un personaje más, indispensable. Crítica social y ética de una sociedad enferma.


¿Y qué hay en El viajante? Humillación y venganza y el descubrimiento de esa parte oscura que emerge cuando menos lo esperamos. No conocemos a la persona que amamos. 

¿Y en La chica desconocida? Es cierto que los Dardenne eligen esta vez a un personaje más cercano al espectador que va a ver sus películas: una doctora. Aunque en realidad la historia gire alrededor de otra mujer:  una prostituta inadaptada, víctima absurda de un mundo injusto. La protagonista sólo quiere saber su nombre. Que no sea olvidada en una fosa común. Vive la culpa, la obsesión, pero no se conforma; toma conciencia, se implica. 

Sea en Teherán o en Lieja, en realidad, contemplamos un reflejo de nosotros mismos. Y no siempre es agradable. 

Mirarse al espejo, antes de llevar a cabo una representación. Tal vez la última. Y se avergüenzan por lo que ven. No hay marcha atrás. Es un final. 

Aunque también puede llevarnos a abrazar a otro ser humano. La vida continúa. 

Hoy empieza todo... otra vez. 





martes, 14 de febrero de 2017

MI BERLINALE


He estado en la Berlinale desde el viernes. Me apetecía ver películas en este festival y disfrutar del ambiente. Escuchar inglés, italiano, español, alemán. Mezclarte con la gente y ver cine. No he podido contemplar muchas de las cientos de películas que se estrenan y se irán proyectando hasta el domingo, pero la vida es limitada y hay que elegir. No he podido ver Estiu 1993, una película catalana de Carla Simón.


Por lo que me ha contado mi hermano, me hubiera gustado. Encaja con lo que hacemos y con las novelas y los cuentos que escribo, aunque el tono, creo, es diferente. Espero que la estrenen pronto por aquí. Y que dure más de una semana. Siendo en catalán, me espero lo peor de las distribuidoras españolas -y no tiene que ver con política, no me interpreten mal, sino con cierta gazmoñería a la hora de presentar fuera de sus espacios lingüísticos el cine en catalán, gallego o euskera-. Con doblajes que además, no sé porqué, suelen ser nefastos.

Hablaré de lo que he visto. Parcial y escaso. Una gota en el mar. La gota de la que puedo hablar...

El viernes, nada más llegar de Praga, vi unos cuantos cortos. Una sesión curiosa. Empezaron con uno argentino Fuera de temporada de Sabrina Campos.


Tuve la sensación de que estaba ante un cortometraje en el que la directora quiere decirnos: "soy capaz de hacer un largo; aquí tenéis un ejemplo de lo que podría ser". Me pregunto si todo lo que queda insinuado con palabras a medias o miradas sutiles no se irá al carajo cuando se convierta en largo. Bueno, espero que lo pueda hacer y que yo lo pueda ver. Es una buena directora; mantiene el interés de la narración.
El resto eran experimentales. Iban del más abstracto, Keep that dream burning -y es literal; sólo había sonidos, ruidos y juegos visuales. ¡¡¡Olé tus huevos!!!- al que jugaba, Martin Pleure, con un personaje hecho digitalmente para contar una historia convencional acompañado de un humor difícil de definir.
Me gustó Avant l`envol. Imágenes fijas de arquitectura occidental en un contexto en el que desentona: la capital de Costa de Marfil. Edificios oficiales y funcionarios. Y visitantes ocasionales, vendedores ambulantes. Nada más. No es tanto lo que dice, -en realidad, nada-, sino lo que insinúa sobre el absurdo de estas construcciones y la vida que fluye entre sus muros y más allá de ellos. Los espacios se revelan en contraste con la vida de las personas que pasan delante de nosotros.
Finalmente Coup de Grâce es un juego de representaciones. Otra vez, imágenes fijas, pero esta vez para contar una historia. Me recordaba a Kaurimaski, pero llevado hasta sus últimas consecuencias.

El sábado por la mañana lo pasé en Postdam. Un frío del carajo. Seis grados bajo cero. Admirado por la obra del gran Federico II de Prusia que llamó a uno de sus palacetes "Sansoussi": -sin preocupaciones- y enamorado del rococó -mucho más vivo y original que el neoclásico que le sucedió- volví a tiempo a Berlín para ver Occidental de Neil Beloufa. Parte de una idea curiosa -mientras en un exterior se desarrolla una manifestación contra el gobierno y sus recortes, en un hotel de París unos personajes se persiguen y se vigilan-. La historia es simbólica y metafórica, pero creo que ni el mismo autor sabe qué es lo quería contar. ¿Una metáfora de Europa como dicen algunos críticos? No me atrevo a tanto. Tiene humor y uno se debate entre la sonrisa y la sensación de pérdida de tiempo. Al menos, hace calor en la sala. En el coloquio como él no sabe hablar inglés, no sabemos lo que dice. Situación absurda. Cuando salgo a la calle, hace ocho grados bajo cero. El coloquio podía haber durado más, con lo que te divertías...

El domingo siguió haciendo mucho frío, pero no bajó de cuatro grados bajo cero por la noche. E incluso llegó a un grado a mediodía. Todo un lujo.

El último retrato es un homenaje a Giacometti. Tenemos la visión de Hollywood del artista. Un hombre excéntrico que sabe vivir -tiene dos mujeres; una es la esposa que todo lo perdona y le limpia la casa -y esto es literal, no un símbolo- y la otra es la prostituta amante- con ramalazos de genio y una relación con el mundo peculiar. Es perfeccionista; por eso, a veces destruye su obra. Muy convencional. Le salvan dos cosas; el humor constante. Y la interpretación del actor. No profundizaremos mucho en el artista Giacometti, pero pasaremos una hora y media agradable.

Cuatreros de Albertina Carri la vi por la noche.


Como es un documental sobre la familia y la memoria y la herencia, mi hermano me recomendó que la viera, por si se me ocurrían ideas para el nuestro. Coincide con la nuestra en que es una voz en off de la autora y en ella cuenta, partiendo de una anécdota, su propia vida durante los siete años de su desarrollo: el nacimiento de su hijo, la relación con su pareja lesbiana, la ruptura, los primeros pensamientos y palabras de su hijo. Está también la memoria, pero la suya es diferente a la mía. Como comentó en el coloquio, utiliza hasta tres o cinco imágenes al mismo tiempo -seleccionadas tras años de investigación en un archivo fílmico de Buenos Aires- para hablar de un delincuente común convertido en mito del pueblo, de su padre y de su hijo. Y lo hace así porque la memoria para ella es compleja, está en movimiento. La mía, en cambio, es fija.
La voz en off y las imágenes -que formaron parte de una instalación, al principio del proyecto- encajan bien. Y es una película redonda. Aunque no lo parezca -el formato haría pensar en una obra experimental- se cuenta una historia con principio, nudo y desenlace.
Tardó siete años... ¿Tardaremos tanto nosotros en hacer el nuestro?

El lunes se abríó el cielo. Un azul difuso. Los grises dieron paso al juego de luces y sombras. Me harté de cine. Por la mañana, Poket y Una mujer fabulosa. Poket de Agniezska Holland es una película de género y como tal funciona. El personaje -que se convierte en una investigadora a su pesar- es excéntrico y se hace querer. Humor amable. Quizás dos horas son demasiadas, pero se pasan rápido. ¿Quién será el asesino?

Una mujer fabulosa de Sebastian Lelio se parece mucho a su anterior película, Gloria. Los mismos aciertos -un personaje impresionante que te emociona y con el que te identificas- y los mismos errores -los personajes secundarios giran alrededor de la protagonista; son estereotipos, tanto los que la ayudan como los que la rechazan.
También me sobra alguna escena tópica de transexual en discoteca, pero en general consigue que derrames unas lágrimas sinceras. Y que, después, te des cuenta que tal vez el director se esté repitiendo. Ella podría ser la ganadora de un Oso de plata a la mejor interpretación femenina, pero ¿el jurado volverá a conceder el mismo galardón que en Gloria? Es factible.

Pieles de Eduardo Casanova se queda a medio camino. Le ha faltado mala leche. Con esos personajes y esa idea inicial podría haber hecho una comedia gamberra, como hace su productor, Alex de la Iglesia, o una tragedia. Al final es sólo un melodrama sentimentaloide que me recuerda mucho a Summers y su Del rosa al amarillo. Eso sí, con una estética post-almodovariana, chic y muy elegante. El director es majete y le gusta dirigir. Se lo pasa bien. Y tiene muchos amigos. Espero que pueda seguir haciéndolo; tendrá sus fans, seguro. Yo no estoy entre ellos.

Una hora después vi Golden exits de Alex Ross Perry.


Nueva York. Dos parejas, una hermana soltera, una joven australiana que llega y lo vuelve todo del revés. Los personajes hablan y hablan de su vida sentimental, sus dudas. Obra coral. ¿Un Woody Allen para la nueva generación? Hay algo más. La elección de los planos es más cuidada. Y el trabajo con las actrices se nota. Sus primerísimos planos en una pantalla de más de diez metros son impresionantes. Hay melancolía y nostalgia por lo que pudo ser y no fue. Y por lo que hemos perdido en el camino. Película para cuarentones. Aunque no sean de Nueva York.

Hoy martes la temperatura llegaba a los dos grados. El sol hasta calentaba. En el avión me encontré a varios productores -hablaban de vídeos, proyectos cinematográficos- y a Antonio Resines y a Fernando Trueba con cara de pocos amigos. No le deben gustar los aviones.

La Berlinale continúa. La vida también. Me gustaría volver el próximo año. Espero que, si puedo volver, el invierno sea más amable.


miércoles, 25 de enero de 2017

LA LA LAND: EL MUSICAL, REFLEJO DE UNA ÉPOCA


No escribo esta entrada para juzgar la calidad de La La Land, la próxima triunfadora de los Óscars. Es un buen musical, digno, con momentos emotivos y de gran altura, que aprovecha todo el talento del que dispone Hollywood -actores, guion, dirección artística, producción-. Da lo que promete y eso está bien.

Prefiero dedicar este espacio a desarrollar dos reflexiones que me vinieron a la cabeza cuando salí de la proyección.

La primera es la necesidad de volver al pasado que veo cada vez más a menudo en películas de todo tipo, sea a través de la historia o apoyándose en géneros cinematográficos, seguros y fiables. 120 años después del nacimiento del cine, Hollywood -no sólo él, aunque sobre todo esta industria- recupera los géneros que supo difundir en nuestro inconsciente colectivo para darles una pátina nueva, más moderna. El cinéfilo podrá ver referencias no sólo a Rebelde sin causa -quizá la más evidente- sino sobre todo a Fred Astaire, Gene Kelly o Vicent Minelli. Podemos llamarlo homenajes o reinterpretaciones en clave actual. Alguien podría pensar y tendría razón: no llegan a su altura. Es cierto y, aún así, se agradece el intento.

Hay otro momento -que podríamos considerar más narrativo- en que dentro de la historia la protagonista vuelve al pasado; es el momento decisivo que cambiará su vida. Y cuando debe aferrarse a algo, recupera a su tía y las historias que le contó cuando era niña. Como si los personajes en un mundo volátil y en el que el dinero lo mueve todo -sobre todo en los Ángeles; incluso la misma protagonista en la película deja tirado a un novio banquero o empresario para irse con el chico. Conclusión: no olvidemos que sin dinero el cine no existe y el de Hollywood es imposible-, encontraran seguridad en los sueños individuales y en la familia -en la que los recuerdos son imprescindibles para mirar al futuro-.

La segunda tiene que ver con los finales. Un musical -hasta los años sesenta- exigía un final feliz. Desde los sesenta -la película francesa de Jacques Demy con Deneuve Los paraguas de Cherburgo es el primer ejemplo europeo de esta nueva sensibilidad y, además, ¡es tan parecido el final al de La la Land!-


Y hago aquí un pequeño comentario. Creo que todo el cine, el comercial y el no comercial, vive no sólo de lo aprendido de los clásicos hasta los años sesenta, sino sobre todo, en mi opinión, de las aportaciones y experimentos visuales y narrativos que unos pocos cineastas en todo el mundo hicieron en los sesenta y que ya no se ha vuelto a hacer con la misma frescura.

Vuelvo a los finales (in)felices. Sin que los felices hayan desaparecido -Amanece en Edimburgo es un buen ejemplo; e incluso aquí otra de las parejas, la secundaria, se separa-, la tendencia es la contraria. Puede haber finales claramente trágicos -Bailar en la oscuridad entraría en este ámbito-


o tristes y nostálgicos -God help the girl, una película desconocida y encantadora que merecería una revisión más concienzuda-


La la land, como no podía ser de otra manera, se decide por el final nostálgico. Es Hollywood, no lo olvidemos. Como en los paraguas de Cherburgo, lo que pudo ser y no fue. Lo que fue y tendremos siempre. Aunque estemos lejos, aunque no nos volvamos a ver, siempre te querré, no te olvidaré. 

Tal vez ocurra que cuando llegamos a los cuarenta somos más conscientes de las oportunidades perdidas y del camino que hemos elegido. Y el cine como creadora de historias interesantes-descarto, por supuesto, los productos para niños y adolescentes o de consumo que copan la cartelera de la mayor parte de los cines del mundo-, parece que se encuentra en este punto de su recorrido.

martes, 17 de enero de 2017

IN MEMORIAM: JUAN JOSÉ HERRERA ALONSO


La memoria.

"...Los muertos no son abandonados. Se mantienen cerca físicamente. Son una presencia. Lo que crees estar mirando en esta larga vía al pasado se halla, en realidad, al lado de donde tú te encuentras... creo que los muertos están entre nosotros”. John Berger.

¿Qué puedes decir a quien acaba de perder a un ser querido? Lo siento, MariCarmen. ¡Ánimo! Pasará.

Las palabras están huecas. No pueden explicar nada. Son inútiles.

Aún así, lo intentaré. En vano.

Ellos no desaparecen, aunque se marchen. Se quedan con nosotros. 

Los volvemos a recuperar, cuando tenemos un objeto en las manos, que fue suyo, cuando vemos una fotografía en la que los reconocemos, al leer una carta o una postal que escribieron de su puño y letra, cuando retornan a nosotros, al recordarlos o en los sueños. 

Están vivos, mientras nosotros lo estemos. 

No desaparecen, porque están, aquí, ahora, entre nosotros...