lunes, 9 de junio de 2014

TIEMPO DE CAMBIOS


Reflexiones sobre la actual situación política:

Algo está cambiando. Esperanza e ilusión.
En el País Vasco -con el lema Gure Esku dago, "Está en nuestras manos"- y en Cataluña la gente sale a la calle y pide votar. Quiere decidir su futuro y hacerlo en libertad y pacífícamente. En España también.
Y no sólo sobre la Monarquía o la República. La gente quiere participar, desea una nueva transición, no la que nos vendieron hace cuarenta años desde arriba. La gente quiere construir desde abajo.
Las inercias existen: medios de comunicación que trasladan la propaganda de un modelo democrático que se descompone; un PSOE, perdido, a la deriva, que acabará desapareciendo del panorama político -y eso es bueno para la democracia; aunque sea triste para muchos de sus militantes- un PP que aguantará el embite, aunque ya no podrá disponer de mayorías absolutas que le permitan hacer lo que quiera, y un discurso del miedo o de la "sensatez" que todavía escuchamos en personas tan inteligentes como David Trueba.
Las inercias existen, pero el cadáver se está descomponiendo más rápidamente de lo que se pensaba. La crisis económica, la corrupción, el agotamiento del sistema ha acelerado el proceso.



La opción de cambiar algo para que todo siga igual es la de aquellos que han dirigido nuestras vidas desde los últimos 40 años. Creo que ya no cuela. O habrá cambios de verdad o no los habrá.


Ayer en la Sexta preguntaban cómo será España en los próximos cinco años. Las tendencias parecen conducirnos a algo parecido a esto:
En cinco años, PSOE será un partido minoritario, desaparecido. Poco quedará de él. En una última encuesta Podemos tiene 54 escaños y el PSOE 84. En dos años puede ser aún peor, porque el PSOE ha demostrado estos días su incapacidad para dar un giro a su política de componendas. O cambia de verdad o les ocurrirá como en Grecia.
Las fuerzas de izquierda como Podemos, Equo o IU habrán ocupado su espacio, aunque no sé si en una gran coalición o reforzando a alguno de ellos más que a otros. IU debería liberarse de las trabas de su propia estructura, si quiere crecer y recibir el apoyo de sus votantes. Hay gente preparada y joven -pienso en Alberto Garzón- y otros que llevan demasiado tiempo con las ideas de siempre. Podemos tiene aire fresco y una gran capacidad mediática. Su único riesgo es que pierda esa frescura. Su modelo es Syriza como en Grecia.
El PP habrá aguantado, pero habrá perdido algo de su electorado en formaciones como UPyD o Ciutadans.
Los nacionalistas de izquierda como Bildu o ERC se reforzarán y el PNV -aunque su capacidad de adaptación es mayor- y CIU estarán más debilitados. En el caso vasco, el factor Otegi -cuando salga de la cárcel- es un misterio. Despierta una emoción difícil de calcular. Y las emociones mueven montañas.




La gente quiere hechos, pero también necesitan ilusión y esperanza. Nunca hay que olvidarlo.


Los catalanes y los vascos decidirán si quieren quedarse con nosotros o quieren marcharse. Eso es inevitable, sea dentro de unos meses o unos años. Y nosotros deberemos ofrecerles una alternativa más interesante que la actual. Si no, se irán.
Por otro lado, los españoles decidirán qué quieren: si Monarquía o República, si una constitución participativa o una cárcel que no permita otra cosa que la obediencia a una ley o leyes que se alejan de la realidad... Pueden ofrecernos también como en el 78 un paquete en el que nos digan: o esto o nada. Pueden intentarlo los de siempre, pero no creo que esta vez funcione.

Muchos no han entendido nada o no quieren entenderlo o lo ocultan, porque se preparan para estos nuevos tiempos. Tertulianos, voceros, "cortesanos", políticos tradicionales, reyes jóvenes o viejos... Saben que algo está cambiando. Algunos se adaptarán antes; otros se hundirán y desaparecerán. Ellos no nos representan, porque ya no nos ilusionan.

No hay miedo, ni dos frentes, aunque se intenta y se intentará alimentar ese discurso.
Hay un cambio. Y la gente decidirá esos cambios. Lo hará en la calle, lo hará en las municipales y autonómicas del próximo año -no olvidemos que la II República llegó tras unas elecciones- , lo hará en las generales del 2016. Y cerca estarán los bancos, las estructuras macroeconómicas que esperarán su momento para intervenir y apostar o controlar y dirigir al caballo ganador.

Sin duda, es tiempo de cambios.
Gure esku dago. Está en nuestras manos.

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