sábado, 14 de noviembre de 2015

EL DÍA DESPUÉS: 14 DE NOVIEMBRE DE 2015


Contemplo esta fotografía: un padre, una madre, y a su primer hijo, en la esquina inferior derecha.
Mi abuelo, mi abuela, mi tío...


Ayer, a medianoche, había cuarenta muertos en París. Hoy, a las diez de la mañana, son más de ciento veinte.

Palabras, palabras, palabras en la red, en los medios de comunicación:

Niger, Beirut, París, Kobane, Chad, Bagdad, Túnez: nuestros muertos... la respuesta no puede ser restringir libertades ciudadanas... a los refugiados que no han muerto, los acaban de matar en París... paz, derechos, respeto. Matar en nombre de Dios es hacer de Dios un asesino... ha sido una acción de guerra. Venceremos al terrorismo... jamás podrán doblegarnos... no maten más... por Dios... ni por la democracia, ni por la libertad... con toda la gente que sufre en el mundo. Acabemos con el odio, con sus causas y sus efectos...

Yo escribo otras palabras en un documento de word:

Cientos de muertos en París. La guerra llega donde nos sentíamos seguros. Cientos, miles de muertos en el Mediterráneo o en lugares lejanos. Palabras de políticos. Odio y nacionalismo. Represión y bombardeos. Recortes de derechos. Quizá el ser humano esté destinado a destruirse a sí mismo.
            Los franceses que salen del estadio de Saint Dennis cantan la Marsellesa. ¿Votarán al Frente Nacional? ¿Se olvidarán de los refugiados que quieren llegar al mundo “civilizado”?
            Los pobres son cada vez más pobres. Los ricos, más ricos. Hay desesperados y fanáticos que matan; y otros, mueren...

Las palabras no tienen sentido; ninguno.
Las dejo, las aparto...


Contemplo una fotografía: unos jóvenes, posando ayer delante del templo de Debod. 
Están vivos. La vida brilla, deslumbra en sus ojos...
También eran jóvenes los que murieron ayer; también eran jóvenes quienes los mataron.
Era un joven -confiesa un testigo ante las cámaras- serio, tranquilo, frío.
Cumplió la misión que se le encomendó. ¿Por qué un hombre joven muere sin miedo y mata sin compasión?


Termino de leer Agnes de Peter Stamm. Una historia de amor; el juego entre la escritura y la realidad. Empieza con una muerte, la de Agnes y termina con un vacío: la mirada que no aparece, que no se grabó; la imagen borrada, imaginada...


Han estrenado de tapadillo y a escondidas en Madrid -no podía ser de otra manera- la película de Marc Recha, Un día perfecto para volar. 



Mi hermano y yo decidimos ir a verla.

De camino comienzo a leer Los diarios de Emilio Renzi de Ricardo Piglia.

Más palabras. Más palabras...

"...El lenguaje, esa frágil y enloquecida materia sin cuerpo es una hebra delgada que enlaza... las aristas y ángulos de la vida solitaria de los seres humanos... los liga, pero sólo por un instante, antes de que vuelvan a hundirse en las mismas tinieblas en las que estaban sumergidos cuando nacieron y aullaron... lanzarán su último grito antes del fin, sin que su voz llegue, por supuesto, tampoco, a nadie..."

Un grito, un grito sin fin.

"...Y pasamos por alto las cosas que nos rodean y hacemos oídos sordos al grito que no calla..."


Mi madre me enseñó a leer; con ella adquirí el placer de la lectura.

"...la primera lectura es inolvidable, porque es irrepetible y única... el descubrimiento se asocia a la infancia, pero persiste más allá de ella, a cualquier edad..."

Leía a Julio Verne en mi habitación, en la cocina, en el salón, mientras mi madre preparaba la comida. ¿Es una imagen inventada o sucedió realmente?

Mi madre me enseñó a nadar. A nadar en el mar.

"... no es lo mismo nadar en el mar que en una pileta, la misma diferencia que entre vivir y leer..."

Sueño que nado en el mar. Y me gusta. Soy feliz. Me siento libre...


Hemos llegado al cine. En segunda fila; la pantalla es pequeña, asegura mi hermano.
Las luces se apagan.

Un niño. Y una cometa. El cielo, el viento, la tierra y el aire de la comarca del Garraf y medusas y una araña y un conejo blanco con orejas rojas y un gigante y un adulto, perdido entre las cuevas, desconcertado: un fantasma. Y un padre...

"...lo maravilloso de la infancia es que todo es real. El adulto es el que vive una vida de ficción, atrapado por las ilusiones y los sueños que le ayudan a subsistir..."

Las ilusiones, los sueños, las pesadillas pueden matarnos y pueden matar...


El padre, mi abuelo, y la madre, mi abuela, miran a cámara: ficticios, sobreviven.
El niño, mi tío, contempla, asombrado, a su padre.

Un instante. Y después de apretar el disparador, de disparar y detener el tiempo,
¿qué ocurrirá?

Un último grito...