sábado, 27 de julio de 2024
NUNCA PASA NADA
lunes, 25 de diciembre de 2023
FINALES DE CINE (IV) VERDADES Y MENTIRAS: EL HOMBRE QUE MATÓ A LIBERTY VALANCE DE JOHN FORD
La mentira y la verdad son conceptos, a veces, muy difíciles de distinguir. ¿Nos mentimos a nosotros mismos o a los demás? ¿Dónde están la verdad y la mentira?, nos preguntamos desde Tales o, incluso, desde Homero. ¿Dónde están la verdad y la mentira?, nos preguntamos, cuando vemos a Netayanhu, a Putin, a Zelenski o a Biden hablar de democracia y de libertad.
A los veinte años descubrí en el cine Un lugar en el mundo de Adolfo Aristaráin. No sé si he encontrado mi lugar en el mundo... Como le ocurre al protagonista, tal vez no lo encuentre nunca. Sí, al menos, sé lo que es justo y lo que no lo es. Y como los personajes de esta historia me gustaría algún día luchar por lo que merece la pena y estar a la altura de mis convicciones.
El final de Lone Star de John Sayles cierra dos tramas: la de los dos hermanos que se amaban, sin saber que lo eran;
y la de historia de Texas, construida con mitos y leyendas en las que no todos caben, en las que la verdad no siempre es bien recibida. No hay respuestas delante de un muro -y no es simbólico, como todos sabemos- para las preguntas que los protagonistas se hacen: solo seguir viviendo y cambiar estereotipos y prejuicios raciales...
Escuchar a Trump o a Biden en la precampaña, con sus juegos de poder e influencias, demuestra que Lone Star nos hablaba a nosotros, que esos conflictos no se han resuelto ni se resolverán...
En El apartamento de Billy Wilder, en cambio, ser un hombre, ein Mensch -o una mujer, seamos modernos-, significa decir no a hipocresías sociales, negarse a aceptar el juego en el que el capitalismo nos obliga a participar, negarse a vivir mentiras que no conducen a ningún sitio. Cuando ambos personajes han hecho ese gesto liberador, solo entonces un futuro diferente, aunque sea complejo, es posible.
Mankiewicz construyó toda su filmografía con esa reflexión entre la verdad y la mentira. La ambigüedad de las respuestas no contenta a nadie. Cada uno tiene una percepción diferente de lo que sucedió. Tal vez la única posibilidad es reírse, cuando lo has perdido todo... porque, cuando nos miramos a un espejo, como en Eva al desnudo, ¡quién sabe lo que está reflejando de nosotros mismos!
En Sed de mal de Orson Welles el personaje que interpreta una Marlene Dietrich madura y espléndida contempla el cadáver de un policía corrupto que la amó.
"¿Qué importa lo que se diga de la gente?"
La verdad es poliédrica, podría añadir... Marlene se aleja de nosotros.
En Calle Mayor de Bardem las mentiras y una broma cruel de unos cantamañanas destruyen las ilusiones de una solterona. Solo le queda llorar detrás de una ventana... Una sociedad, la franquista, a la altura del betún...
En El Padrino de Coppola, en su segunda parte, Michael Corleone recuerda una familia unida. Alcanzar el poder y todo lo que supone tiene también sus consecuencias: la soledad.
¿Y las mentiras que un ex-boxeador se cuenta a sí mismo delante de un espejo? Toro salvaje de Scorsese.
De todos es conocido el final de The searchers.
Hemos seguido durante todo el metraje -excepto, al principio, cuando visitó a la mujer a la que amó, casada con su hermano- a un personaje racista, violento, vengativo. Al final, acaba redimiéndose; sin embargo, está condenado a no tener familia. Siempre será un vaquero solitario. O como decir con un único plano, sin palabras, todo.
Menos conocen el de Siete mujeres, la última película de Ford; ¡impresionante el personaje que encarna Anne Bancroft y su desesperación!
El hombre que mató a Liberty Valance es la historia de un abogado, interpretado por James Stewart, que llega al salvaje Oeste para civilizarlo. Todos piensan que él mató a un asesino, Liberty Valance, y gracias a eso construyó su carrera política. No es cierto; quien lo hizo fue un vaquero, interpretado, ¡cómo no!, por John Wayne. No solo eso; también se quedó con la mujer a la que amaba. Conocidos son la escena en que Wayne le dice a Valance: "Ese es mi filete" con la mano en el arma. O el del asesinato de Valance, visto desde dos puntos de vista.
El final -los últimos ocho minutos- con ese conocido "En el Oeste se imprime la leyenda" se completa con un cactus -los regalos de amor que Wayne le traía a ella- y un último plano de la pareja.
Su relación se ha basado en una mentira y es como una lámina de hielo que se quedará con ellos, hagan lo que hagan.
John Ford no solo hacía westerns. Llegaba hasta el fondo más oscuro de la naturaleza humana.
viernes, 8 de julio de 2022
BARDEM: CALLE MAYOR Y MUERTE DE UN CICLISTA
Volviendo a ver las dos películas de Bardem, sólo separadas por un año, es fácil descubrir que estamos ante dos hermanos gemelos, dos miradas críticas a la sociedad de su tiempo y perspectivas paralelas.
Admito mi preferencia por Calle Mayor.
Como ejemplo, pongo la secuencia previa al final. El personaje, Isabel Osorio, feliz, ingenuo hasta ese momento, descubre la verdad -se han reído de ella, una solterona, mientras se enamoraba, aferrándose desesperadamente a su última oportunidad, de un pobre tipo compinchado con los bromistas, que nunca la ha querido-. El dolor es terrible. ¡Y cuánta dignidad! Me sigue emocionando, aunque ya la haya visto decenas de veces.
Es cierto que en ambas, como ya hemos visto en la escena anterior y apreciaremos en la siguiente, encontramos una planificación cuidada, exquisita: profundidad de campo, juego de luces y sombras y un montaje hilado a la perfección.
Aquí tenemos, como rima, el comienzo de Muerte de un ciclista; funciona como un mecanismo de relojería, sobrio y sin elementos accesorios. No necesitamos más para saber por qué actúan así los personajes.
En las dos, también es cierto que el discurso moral -la moraleja de la historia- chirría, resulta superflua con el paso de los años; pero no se nota tanto en Calle Mayor. Tal vez porque el personaje que interpreta Betsy Blair -una gran actriz y muy desconocida, con una historia personal de compromiso político que la obligó a dejar Hollywood- nos atrapa y emociona desde el primer momento.
En Muerte de un ciclista -no dejo de pensar que estamos ante una película de cine negro; está el héroe, Alberto Closas, que desea purificarse; la mujer malvada y egoísta, interpretada magistralmente por Lucía Bosé, que le lleva a la perdición- la crítica va dirigida a la élite franquista y su hipocresía social;
en Calle Mayor los dardos van dirigidos a la vida provinciana, a su hastío y aburrimiento. Sin embargo, el tema de la primera podría ser también la toma de conciencia, la asunción de responsabilidades. En Calle Mayor es, sobre todo, en mi opinión, la crueldad. Y el papel de la mujer en una sociedad que no la permite más libertad que la que encaje con el modelo imperante.
De los defectos que no podemos evitar como seres humanos tal vez el que me parece más detestable es este, el de la crueldad. Y todavía más, si es innecesaria. Pongo dos ejemplos.
En una guardia de recreo en la que estuve hace un mes, unos cuantos adolescentes -los típicos "malotes"-, aburridos, empezaron a molestar a sus compañeros. Al final -como les "reprimía" sus intentos de "montarla"-, acabaron imitándome, haciendo los mismos gestos que yo. Ningún problema: un parte a uno de ellos y al día siguiente, no les pasé ni una. Me fije en uno espigado, el más retorcido, el que marcaba el ritmo del grupo. Una semana más tarde, antes de entrar al cine a ver la película de Jonás Trueba, hablé con una compañera, S. de él. Me dijo que, al menos, si lo comparaba con el que había recibido el parte, este tenía un espíritu rebelde. El otro no era más que un "armario". Sin embargo, en el "rebelde" hubo algo que no podía soportar; detrás de esa careta de provocación a la autoridad, lo que encontrabas era solo crueldad.
La misma que en esa historia, al principio de la guerra de Ucrania, en la que dos viejecitos, pensando que llegan las tropas rusas, los reciben con una bandera comunista. Los militares, en realidad, son ucranianos; los graban con un móvil, se ríen de ellos y, finalmente, los humillan. Tal vez con esa grabación -difundida por ellos mismos- pensaban que ridiculizaban al enemigo; sin embargo, lo que hicieron fue mostrar una crueldad prescindible que luego intentaron ocultar con propaganda y entrevistas a la protagonista, controladas -no olvidemos que en una guerra nada es inocente-, respondiendo a la rusa, que ya la había convertido en un símbolo interesado. Es curioso que de todas las crueldades de esta guerra, las que se han visto y las que nunca conoceremos, esta me parezca la peor, la más despreciable.
¿Por qué me sigue emocionando una y otra vez Calle Mayor?
El débil siempre me merecerá más respeto y afecto, más cercanía. Suele ser así, si no convertimos al otro en un "enemigo" o un títere que merezca ser humillado. Eso también forma parte de la naturaleza humana.
Blanche, la protagonista de Un tranvia llamado deseo, como Isabel, un personaje frágil, necesitado de afecto y de un mundo ilusorio, despreciaba también la crueldad sin motivo. Y siempre agradecía, como dice al final, quebrada psicológicamente para siempre, "la amabilidad de un desconocido".
Al final preferiré siempre esa ingenuidad al sarcasmo. Uno también tiene sus defectos y no los puede evitar.
miércoles, 2 de septiembre de 2015
APUNTES (I)
Al otro lado del auricular, me hacen una pregunta sencilla.
- ¿Cuál es su nombre...?
Una funcionaria busca mi nombre en el ordenador.
- Sí, está concedida la excedencia... Desde el uno de septiembre...
Hoy, uno de septiembre, también es el cumpleaños de mi madre. Hubieran sido setenta años. No lo fueron...
Estoy en la terraza.
Ayer, de noche, a las dos de la mañana, observo a los pocos transeuntes que pasan por la calle: una mujer de mediana edad, un hombre maduro, dos chicos jóvenes. Todos regresan a su casa. Ningún coche.
Luego, silencio. La luna llena aplasta el cielo...
Han pasado las horas. Unas pocas horas de sueño. Ahora, desde la misma terraza, miro hacia el este. Amanece. El sol sale, como todos los días...
La felicito, aunque ella ya no pueda escucharme...
Paso la mañana en el instituto: los exámenes de septiembre, el encuentro con los compañeros, las vacaciones que ya pasaron, los centros a los que irán, los que se quedan allí, mi proyecto personal...
Todo me parece irreal: ni siquiera hay alumnos. La mayoría, no se ha presentado al examen.
El día se desliza, sin grandes tristezas ni alegrías.
Tengo la sensación de que en todo lo que hago o pienso, está ella. Cuando trabajo en el documental, al escribir las páginas de la novela, mientras respiro o al beber un vaso de agua. Está presente: una sombra o un acicate.
Llega la noche. Calle Mayor de Bardem. Reconozco en la protagonista los sueños e ilusiones de una mujer real. Los descubro por primera vez. La emoción continua, pero algo más ha enriquecido mi visión. Soy yo y también es ella...
Al día siguiente, buscando a Trajano en una biblioteca, encuentro a Modiano.
Para que no te pierdas en el barrio.
Lo que hemos perdido, lo que aún tenemos y conservamos.
Se me ocurre una idea: apuntes.
Duración: dos años.
Tema: pensamientos, sueños, reflexiones.
Y de vez en cuando, hacerlas reales: convertirlas en palabras, publicarlas en un blog, anotarlas en una hoja de papel...
Escribo el título: Apuntes.
Un número romano: I.
Y la primera frase: Una llamada de teléfono. Al otro lado del auricular, me hacen una pregunta sencilla...



