lunes, 31 de agosto de 2026
EL SER QUERIDO DE SOROGOYEN
domingo, 30 de agosto de 2026
WALTER TEVIS: ADAPTACIONES AL CINE
Walter Tevis es un escritor afortunado. Ha conseguido interesar a autores diversos y de sus seis novelas, al menos, cuatro han sido adaptadas al cine o la televisión. Si lees sus obras, te atrapan, te llevan de la mano hasta la conclusión del relato. No es un autor que te transforme, pero sí interesa lo que te cuenta.
Tres de sus novelas se sitúan en un presente más o menos cercano. Responden a un modelo muy simple: el personaje principal con un gran talento, sea en el billar o el ajedrez, desequilibrado, confuso, y que busca en el alcohol o en las drogas una válvula de escape, sufre una gran derrota en un duelo épico contra un rival a su altura; hundido o hundida, debe afrontar sus fantasmas y alcanzar la redención y la libertad.
Gambito de dama, serie de Netflix, es una adaptación convencional, casi literal. Incluso lo que serían aportaciones propias o diferencias con la novela se nos aparecen como trucos de guionista avezado: la voz en off es sustituida por diálogos con otros personajes o intervenciones de periodistas o narradores externos; el tablero mental de la protagonista, si nos centramos en la novela solo cierra los ojos, se transforma aquí en una imagen en 3D proyectada en el techo; se busca dar más peso a personajes secundarios, las dos madres, la amiga, y quiere explicar, a veces de manera innecesaria u obvia, el porqué de las paranoias de la protagonista en detrimento de los pensamientos y contradicciones, huecos mentales que Tevis con gran acierto se limita a insinuar. Como la construcción literaria de Tevis te atrapa, pero deja ese regusto de "sí, bien hecho, es un artefacto riguroso, un mecanismo eficaz, pero, ¡ay!, podría haber sido más atrevido".
El buscavidas de Rossen es uno de los clásicos del cine con derecho propio. Rossen opta por otra forma de contar la misma historia. En este caso, es un jugador de billar. La voz interior del personaje no necesita de artificios; basta con la planificación medida, precisa del director e interpretaciones soberbias; la de Paul Newman es impresionante. Es fiel al original literario, pero Rossen, con simplicidad, va mucho más allá. Si lo comparamos con la serie descubrimos, por si lo habíamos olvidado, que el cine tiene muchos recursos visuales y sonoros para mostrar el mundo interior de un personaje o su pasión, que no se aprovechan en el panorama actual. Al ver la película aparece un tema que la serie no desarrolla plenamente; no solo es la historia de un personaje al borde del precipicio, quebrado emocionalmente; es también la de una artista, un creador que encuentra en el billar, aquí, en la serie, el ajedrez, una manera de sobrevivir en un mundo, un entorno donde el dinero u otros intereses lo ensucia y corrompe todo. En realidad, no nos sorprende que Rossen, un comunista perseguido por la caza de brujas, nos haya colado una reflexión sobre el capitalismo; así, de manera sutil y elegante, tenemos una película política en el sentido más amplio del término. En la serie de Netflix ni se les pasó por la cabeza atreverse a dar ese paso, no vaya a ser que se nos escapen potenciales espectadores.
Hubo una continuación en El color del dinero dirigida por Scorsese. Es una adaptación más libre. Pierde, precisamente, en el camino a la gran pantalla, esa reflexión política, quedándose solo con la tensión narrativa, los conflictos de los personajes y algunos fuegos de artificio. Un gran Paul Newman y una dirección profesional de Scorsese no logra darle una película, en la que Tom Cruise se nos hace insoportable desde el principio hasta el final, mayor enjundia.
Las otras tres novelas de Tevis entrarían en el género de la ciencia ficción. Solo una, El hombre que cayó a la Tierra, ha sido adaptada; otra, más reciente, en formato serie; ver el trailer te basta para saber cuál va a ser el tono de dicha adaptación, aunque, sin duda, será aceptable y fiel al original.
La más antigua es toda una rareza. Volveré a mencionarla.
Sinsonte y Las huellas del sol, como sucede con toda la obra de Tevis, sin aportar nada excepcional, contienen ideas curiosas. En Sinsonte o el pájaro burlón un hombre y una mujer descubren los libros, la escritura y la lectura en una humanidad adormecida con drogas bajo la mirada consciente y dolorida de un robot que no puede suicidarse; en Las huellas del sol China ha conseguido la supremacía económica, la Tierra no tiene futuro, y un millonario norteamericano decide realizar un viaje interestelar para escapar del desastre, idea central en El hombre que cayó a la Tierra. Las distopías, ya se sabe, hablan de nuestro presente, de manera más clarificadora que cientos y miles de horas de informativos y tertulias.
El hombre que cayó a la Tierra, la primera adaptación, está protagonizada por David Bowie. En esta historia tenemos a un extraterrestre que busca en la Tierra el agua que le permitiría salvar a su familia, gana un montón de dinero para poder construir una nave espacial y regresar a su planeta, pero fracasará, cuando los humanos le internan en un centro médico; le dejan ciego y acaba alcohólico, solo y, eso sí, inmensamente rico. El capitalismo es generoso, a su manera.
Es una rareza, sí, por muchas otras razones.
sábado, 29 de agosto de 2026
ANOCHE CONQUISTÉ TEBAS
Acaban de estrenar Anoche conquisté Tebas. Se verá en pocos cines; tal vez se mantenga en cartel un par de semanas. Estamos ante un cine diferente. Y no solo porque en la mitad del metraje los personajes hablen en un latín fluido y creíble y en la otra parte escuchemos portugués y gallego. Hay mucho más.
No sé si podría añadir algo a las palabras de Marta Medina del Valle que en este artículo menciona los temas e ideas fundamentales. Lo intentaré.
Podría hablar de un cine que busca algo muy alejado, lejísimos está, sí, de las grandes producciones o de las que, sin serlo, aspiran al gran público, las que el cine español, para ser industria fiable, ha acabado por rodar desde hace décadas, productos uniformes, homogéneos, nos ofrecen, así, el mismo cine de siempre, cada vez más conservador y previsible. Como ocurre con el mundo y sus conflictos, mediocridades privadas y publicas, cotidianas, egoístas, entre soldados y policías, fascistas y titiriteros, incompetentes y cobardes, estúpidos e ignorantes, nos encontramos, aunque haya quien aporte alguna reflexión inteligente, así es, ante una batalla perdida. Y como todas las batallas perdidas es la única por la que merece la pena luchar.
Hay algunos francotiradores, radicales, que pretenden, ¡qué osadía!, atrapar el ritmo del tiempo, el misterio de un lugar. No es casualidad que esta película, con largos planos secuencia, cuidando el sonido, la fotografía, se desarrolle, sobre todo, en unas aguas termales y que unas historias sencillas, la amistad de dos jóvenes, una, actual, la otra, en el siglo I, el dolor de una distancia, de una ausencia, confluyan y se solapen, se mezclen, aquí, sí, los sentidos se confunden, el sueño y la realidad, mundos paralelos y entrelazados, las sombras adquieren consistencia y se diluyen, el agua penetra en los poros, aquí, la llama de un candil, allí, la linterna de un móvil, los cuerpos se escuchan, los susurros hipnotizan. Sí, es un cine que exige atención, transforma nuestra mirada.
Aún quedan guerrilleros que pelean por estas batallas perdidas.
domingo, 23 de agosto de 2026
A COMPLETE UNKNOWN
"Realiza plenamente y a conciencia la labor de toda gran literatura: aceptar las convenciones que el pasado le transmite y que forman sus señas de identidad para abolirlas e incorporarlas en una nueva totalidad estética que satisfaga las aspiraciones de su época"
Introducción a la Eneida de Virgilio de José Carlos Fernández Corte.
A complete unknown se abre con un Bob Dylan que llega a Nueva York para visitar en el hospital a Woody Guthrie. Y se cierra con una última visita, un homenaje al maestro, al que ya ha dejado atrás. Queda claro, entonces, no lo es tanto a lo largo del metraje, y nos confunde, que el tema central es este: cómo Bob Dylan, partiendo de las convenciones del pasado -folk, country, blues- las borra y las incorpora a una forma diferente de entender la música.
¿Consigue su objetivo? A medias. Y el intento es digno; no estamos ante un biografía al uso en el que el personaje es santificado; sería inútil, porque Bob Dylan no encajaría.
Se esboza este aspecto en diálogos fallidos, algunos, con las protagonistas femeninas, episodios troceados de la relación que mantuvo con Sylvie Russo o Joan Baez, todos inventan su pasado, recuerdan lo que quieren y olvidan el resto... tus canciones son como un cuadro en el consultorio del dentista... yo escribo la música que ellos nunca podrán componer, insinúan caminos que no se atreven a hollar.
Hubiera sido otra película. Como la que intentó Todd Haynes en I´m not there.
Seis actores y una actriz lo interpretan en un extraño semi-documental, más interesante que A complete unknown.
Volvamos otra vez a la pregunta. ¿Quién fue Bob Dylan? Parece que esta película se rinde desde el principio; es imposible responder. Por tanto, nos decepciona.
Hay algún intento, incomprensible para el que desconozca los datos, el guionista fracasa, en explicar cómo estas dos mujeres influyeron en Bob Dylan, que sus letras fueran más políticas, en el aspecto melódico, o cómo buscó otros caminos al incorporar la guitarra eléctrica.
La música y sus letras se imponen; no deja espacio al desarrollo psicológico de un personaje complejo, convertido aquí solo en un tipo egoísta, que vive para su única pasión: la música, es decir, que va a lo suyo.
Volvamos al tema central, el que interesa remarcar en esta película. Bob Dylan se nos presenta como el futuro de la música; los demás solo ven pasar la estela de un cometa que los ciega.
Si ese era el objetivo, la película se dispersa en canciones que nos avasallan, en detalles innecesarios, en miradas de admiración e incomprensión del resto de personajes, no logra profundizar en esta propuesta, centrarse en ella. Se diluye como un azucarillo.
Bob Dylan sí supo, como Virgilio, profetas ambos, recoger la tradición para voltearla. Esta película, no. No se lo tengamos en cuenta. La genialidad, como el futuro, es un animal extraño e inquietante, difícil de interpretar o explicar. Pocos tienen ese talento.
martes, 11 de agosto de 2026
OTRAS ODISEAS: NOSTOS Y LA MIRADA DE ULISES
además, en toda la película encontramos la presencia constante de elementos de la Naturaleza, el sol, el mar, la luna, inquietantes, terribles, una tormenta es más temible que Caribdis y Escila, oníricos, transforman a Odiseo, lo devoran, lo torturan, los sonidos, sus recuerdos, después del naufragio, se convierten en una pesadilla de la que no puede escapar, estamos, sobre todo, ante un viaje interior, eso es la Odisea, ¡qué lejos está Penélope!, una sombra que teje, una mujer que espera, al otro lado, en una profunda estancia, así la contempla Odiseo en un último plano, y no recuerdo que ninguna adaptación haya sido capaz de revelárnoslo con tanta claridad.
La mirada de Ulises de Angelopoulos es una mirada al origen del cine, el viaje también es introspectivo, el tiempo lineal, el de la Historia, se quiebra, las bobinas perdidas de una película antiquísima, los inmigrantes de las guerras presentes, pasadas y futuras y los elementos permanentes: el río o el mar, siempre el agua. El sueño de un tiempo cíclico, las brumas del tiempo.
Hay quien dice que la mejor versión de un clásico debe traicionarlo para poder recuperar el espíritu fundacional, la idea primigenia, sí, es posible, cada lenguaje, el cine, la literatura, la pintura debe encontrar caminos propios, la Odisea hace tres mil años abrió un camino que no dejamos de desbrozar.



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