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domingo, 11 de febrero de 2024

LOS GOYA Y EL FINGIMIENTO

 

Los premios cinematográficos no dejan de ser un espectáculo cuyo principal objetivo es vender una imagen muy concreta de la industria. En los Gaudí se suele apostar por un cine independiente; de ahí que puedan ganar películas como Creatura. En los Goya su mirada desde hace tiempo va encaminada más hacia el cine comercial y dejan los restos y las migajas para otro tipo de cine más personal.

Así que no hubo sorpresa cuando La sociedad de la nieve se llevó casi todos los Goya -menos el de guión, ¡qué casualidad!- y lo que quedó se cedió "generosamente" a ese otro cine que profundiza en emociones, deja poso y permanece en la memoria. 

Porque La sociedad de la nieve, aunque algunos intenten darle una pátina de arte y calidad, no es más que un producto para el gran público y no aporta mucho a la versión de los años noventa, Viven. Si acaso que la lengua es española y los efectos especiales son mejores. Y poco más. Los Óscar se acercan y los Goya le dan el espaldarazo para que se lleve el premio tan deseado.

Bayona es un director a la moda. Hace productos que venden, es un chico que no molesta a nadie, sabe moverse en el mundillo. El gran público le aplaudirá. El paso del tiempo le olvidará. 

Victor Erice, aunque su película Cerrar los ojos fuera irregular, dice mucho más en sus planos que la nueva estrella cinematográfica. Y no digamos las directoras que buscan nuevas perspectivas -la primera película de Estíbaliz Urresola, 2000 especies de abejas, es interesante, pero aún tiene mucho que mejorar-, con propuestas más íntimas e, incluso, como en O corno o Creatura, atrevidas y experimentales. 

Hace mucho que los Goya solo son fuegos de artificio. Ni siquiera la parte reivindicativa es demasiado peligrosa. Almodovar defendiendo las subvenciones al cine frente a los de Vox te recuerda los tiempos del No a la guerra. Sí, se defiende la cultura en Argentina, pero está muy lejos y nadie arriesga mucho, si criticas a Milei. Hubo alguna mención a Gaza o a los agricultores, pero las comparaciones son odiosas; el presente es más acomodaticio y políticamente muy correcto. 

No se nombró a Vermut, aunque muchas de las intervenciones condenaran los abusos; sin embargo, nadie se atrevió, excepto José Sacristán, a decir que vetar las obras de Vermut -RTVE las ha quitado de su página web- es una decisión ridícula. Vermut está condenado antes del juicio y será difícil que pueda volver a rodar. Y sus obras serían quemadas, si eso fuera posible y no fueran demócratas y progresistas los que deciden estos nuevos vetos. Me pregunto si eso no nos hace recordar tiempos en los que otros hacían lo mismo con los libros. Habría que distinguir entre las obras de un autor y al hombre. ¿Deberíamos apartar de las librerías y las bibliotecas la obra de Rimbaud, porque fue un esclavista y un asesino durante la mayor parte de su vida? ¿Despreciamos y enterramos la obra de Heidegger, porque colaboró con los nazis? La derecha quita subvenciones a la cultura, alimenta la pobreza, elimina o aparta lo que pone en riesgo sus intereses económicos. Eso lo sabemos todos. ¿Y la izquierda luchando contra la injusticia -el abuso y la violencia contra las mujeres- no acaba asumiendo un discurso hipócrita, puritano, superficial?

El tiempo pondrá a cada uno en su lugar. A Bayona, a las jóvenes directoras que aún tienen mucho que contar y que tomarán un camino u otro en los próximos años -esperemos que elijan el más combativo y arriesgado-, a Vermut -si consigue volver a rodar- y, por supuesto, a Erice, que es, a pesar de no tener un Goya, uno de los mejores directores de la historia del cine. Sí, aunque sea antiguo y haga películas de otra época. 

El cine sobrevive, incluso, a la mogijatería y a la falsedad de estos tiempos nuestros. 



sábado, 16 de diciembre de 2023

CALETA PALACE Y NOMINADOS A PREMIOS GOYA MEJOR DOCUMENTAL

 

Caleta Palace está nominado a la categoría de mejor documental en los próximos premios Goya. 

Antes de exponer mi opinión sobre ella, daré un repaso a los otros candidatos. No los he podido ver, aunque admito que los temas que tocan -en algunos casos-, me parecen, al menos, interesantes. 

De Iberia, naturaleza infinita, tengo la sensación de que encaja con el típico documental de la 2 a las cinco de la tarde. Seguramente los medios técnicos serán extraordinarios y nos mostrará con todo lujo de detalles la fauna y flora de un ecosistema y todos los peligros a los que está expuesto. Además, servirá para que sintamos, cuando terminemos de verla, la necesidad de proteger la Naturaleza. Luego, olvidaremos esas buenas intenciones, pero, al menos, habremos disfrutado de bellas imágenes.

De Tangana y su Esta ambición desmedida, el favorito en teoría -porque el músico es conocido-, imagino que gustará a los fans de esta estrella mediática. Como no me despierta ningún interés, no puedo decir mucho más. No parece que las críticas le hayan situado a la altura de las películas de los Beatles, ni que rompa moldes, aunque su factura será, estoy seguro, impecable. Dinero tenía a espuertas, así que más le valía...

Me atraen más las otras dos. Aquí y ahora tiene como protagonista a una actriz a la que le acaban de diagnosticar Alzheimer; va a perder su memoria y lo sabe. Y antes de que eso ocurra, se pone delante de una cámara. Solo ese gesto, tan valiente y honrado, me pone de su lado. Y de nuevo, la memoria, tema que me obsesiona... Ignoro si luego los resultados serán tan atractivos como este punto de partida. 

En Contigo, contigo y sin mí la protagonista-directora hace un recorrido por las cuatro relaciones de pareja que ha tenido a lo largo de su vida. La propuesta me parece muy similar a ¿Qué hicimos mal?

La idea es atractiva y también arriesgada, hecho con vídeos personales y escasos medios. La de Tangana es una superproducción; esta es una apuesta personal. No hace falta decir que estoy de su lado, aunque no tenga demasiadas opciones. De humor, por lo menos, no carece...

Y está finalmente Caleta Palace, la única que he visto. El tema de la memoria histórica me interesa mucho -en mi documental aparecía; en el proyecto que tengo en mente también-; así que ya, desde el principio, me tiene ganado. 

Tratar una anécdota de la guerra civil -en apariencia- como fue el periodo entre el golpe de Estado de Franco y la toma de Málaga, desde la mirada objetiva de unos ingleses que lo vivieron in situ es un punto de vista interesante, diferente y se agradece. Puede que esa memoria a algunos les desagrade, pero es indispensable. Hay quien le interesa seguir ocultándola. Y pone trabas. Noventa años después. Por algo será...

Una producción de cinco años. Paciencia y llamar a muchas puertas. Todo eso lo vemos en Caleta Palace. 

Estéticamente encaja con lo que esperamos de un documental histórico, serio y profesional. El director ha decidido que sean actores -como si estuvieran siendo entrevistados- quienes interpreten los testimonios de los intelectuales y periodistas que vivieron esos acontecimientos. Funciona: son creíbles y se hace ameno. No me parece arriesgado -mi apuesta estética sería muy diferente-, pero tiene un valor didáctico muy digno y admirable, combinando esas declaraciones con imágenes de archivo o escenas rodadas en las calles y barrios donde se desarrollaron los hechos. 

En la parte ideológica no dudo de su actitud crítica, pero tal vez se dedica demasiado a la parte de los revolucionarios y sus tropelías. Es evidente que esta fue la mirada que los "tranquilos" ingleses tuvieron de estas barrabasadas, pero, como al final, no vemos por completo -solo se esboza, se insinúan con algunos detalles- la represión de los franquistas, nos queda una sensación de falta de equilibrio. Es ese discurso de: "la guerra es terrible; todos son culpables". Sí y no. La Transición impuso ese discurso falseado. Los revolucionarios hicieron cosas terribles, pero solo durante un periodo muy limitado. Los republicanos moderados no supieron controlarlos y después, huyeron a la menor dificultad, cierto, pero los hubo que intentaron organizar una resistencia digna, ante la falta de medios -que en el documental se refleja, cuando dos periodistas visitan el frente-. Y los revolucionarios no solo cometieron asesinatos; como bien explica el documental, también hubo ilusión y esperanza. Me hubiera gustado que también se hubieran contado esas acciones -inútiles, ilusorias, desorganizadas, pero también liberadoras y constructivas- y que se les hubiera dedicado más tiempo. El anarquismo fue mucho más que "paseos". Habría que evitar una visión estereotipada de un movimiento político muy complejo. 

Además, los franquistas tuvieron cuarenta años y las hicieron mucho mayores. Y si bien es cierto que aparecen los bombardeos, echo de menos ver no solo las ejecuciones tras la entrada de las tropas italianas -aparecen en dos imágenes, un comentario y poco más-, sino la masacre sobre la población civil que huía por la carretera a Almería, la Desbandá. Esta solo se insinúa, pero no se cuenta. 

Es cierto que todo eso necesitaría otra película. Y otros cinco años de trabajo. Tal vez, cuando se haga -y ojalá se haga, porque me parece muy necesario- tengamos una visión más equilibrada. Pero, insisto, lo echo de menos.

Aún así, me parece una interesante aportación a la memoria histórica. Valiente en unos tiempos en los que interesa más un documental sobre Tangana. Tiempos, los nuestros, superficiales, y, aunque no lo parezca, muy oscuros. 


domingo, 12 de febrero de 2023

LOS GOYA Y CARLOS SAURA


Me intrigaron en el mensaje de Méndez Leite, en su discurso oficial, durante la ceremonia de los Goya detalles curiosos. Ligeramente irónicos...

Mencionó -como opuesto a los grandes éxitos de público- la necesidad de un cine experimental; un cine ninguneado y despreciado, en el fondo, por la industria, porque sabe que no es rentable. En los Goya no estaban presentes o lo hacían de manera testimonial -con alguna nominación perdida- y Alcarrás -el que más se acerca a esa intención, la ganadora de Berlín del año pasado- fue un fantasma en la ceremonia, algo incómodo, para qué negarlo, aunque su directora tenga todavía buena prensa...

Dijo, con cierta sorna, que ayer todos eran amigos y se abrazaban y besaban... Lo oficial y conformista se ha acabado imponiendo en los Goya... Como mucho hubo alguna referencia a la sanidad pública; nada que haga demasiado daño al poder establecido, sea socialista o popular. 

Por supuesto, siempre es extraño escuchar que alguien hable de independencia y, en la siguiente frase, pida subvenciones. El cine parece condenado a esas contradicciones... 

Carlos Saura nunca ha sido uno de mis referentes, aunque lo considero, sin duda, uno de los mejores directores que hemos tenido. Al menos, debo reconocer que ha buscado nuevos caminos, cuando otros se enquistaban en los ya transitados. Y eso es algo que le ha permitido estar activo hasta su muerte. 

Es difícil en una filmografía tan extensa -entre cuarenta y cincuenta películas- decidirse por alguna.

Si hay algo que decir de Saura es que supo intuir y mostrar esas zonas oscuras y luminosas de la identidad española. Lo hizo, siempre, buscando al gran público, pero supo adaptarse a él, cuando le convenía. 

Es cierto que La caza ha influido mucho en el cine español y mantiene un pulso narrativo que pocas películas conservan, pasado el tiempo. 

Del realismo que había empezado en Los golfos pasó a una segunda etapa, que él prefería llamar metafórica... Hasta hace unos meses, que volví a ver Cría cuervos, tenía una idea de la película más negativa, porque recordaba la reiteración casi machacona de una canción, la famosa ¿Por qué te vas...? en la trama narrativa. 

Sin embargo, recuperé una película diferente, mucho más compleja de lo que recordaba; la canción encaja perfectamente en lo que pretende contar Saura y nos deja ese mal sabor de boca de la protagonista, cuando la escuchamos en el plano final tras un sueño que no es liberador...

"...cuando me iban a matar, me desperté..." Entran en la madurez, en el colegio, en la institución que les impondrá unas normas, que les prohibirá los sueños de la infancia...

La prima Angélica también logra captar mi interés; esa imposición brutal de cuarenta años la podemos ver en esa presencia triste, cohibida, sometida de Jose Luis López Vázquez, en el niño que es y que fue...

Su tercera etapa tras la separación de Geraldine Chaplin, está marcada por documentales y musicales, fueran con trama o sin ella, "más puros", como dijo él, de una gran calidad estética. Por la opera y adaptaciones teatrales. O por la fotografía. Hay otras historias, más conocidas por el gran público, ¡Ay, Carmela! o ¡Deprisa, deprisa!, El séptimo día -sobre el crimen de Puerto Hurraco- El dorado, Taxi, o Mamá cumple cien años. Es un buen narrador, sin duda, pero ninguna de ellas ha logrado emocionarme como las primeras que he mencionado, aunque reconozca sus experimentaciones formales en los documentales y su apertura a nuevas sensibilidades y a las generaciones más jóvenes en sus obras más industriales.

Ni siquiera Goya en Burdeos, que, en mi opinión, es una interesante aproximación a la estética y a las obsesiones del pintor aragonés. 

Hay, sin embargo, en Saura siempre una intuición sobre los problemas de España, sus conflictos no resueltos, sus pesadillas. Quizá por eso quería hacer otra película sobre la guerra civil, ese fantasma que nos acompaña y acompañará...

Es cierto que Buñuel y Almodóvar lo han eclipsado. Pero no se puede entender el cine español sin Saura. Y, en mi humilde opinión, Saura hizo algo que Almodóvar, a pesar de sus éxitos, nunca ha hecho ni hará: buscar otras soluciones, innovar, cambiar, experimentar... 

Y pocos directores españoles han sido capaces de hacerlo...





jueves, 29 de diciembre de 2022

EL SALVAJISMO Y LA CIVILIZACIÓN

 

Dibujar es trazar ideas, metáforas de la realidad... Civilizar lo que nos aterra...


¿Es casualidad que las favoritas para los Goya y los Óscar del próximo año aporten su granito de arena en esa lucha eterna, en esa reflexión inmemorial desde el comienzo de la filosofía, entre el salvaje y el hombre civilizado, entre el caos y el orden? Quizá nos sentimos atraídos en estos tiempos, antes de que la catástrofe nos avasalle, por un dilema moral sin salida. 

¡Qué mayor grado de civilización que un mundial de fútbol en el que Argentina se ha impuesto en estadios construidos con el "sacrificio" de cientos de obreros muertos y para mayor gloria de una élite de tiranos amparados por los petrodolares y de unos empresas sin conciencia moral alguna, mientras en Perú dan un golpe de estado y matan en las calles a decenas de personas, sin que nos importe en absoluto! ¡Qué civilizado es esta guerra de Ucrania que enriquece a las grandes empresas armamentísticas, mientras las de reconstrucción esperan su momento, cuando ese país que ya no existe, se divida oficialmente en dos! Un nuevo telón de acero, aunque esta vez, sean dos sistemas capitalistas, ansiosos por controlar los recursos, los que se disputan la riqueza y el poder, bajo falsas premisas de democracia y libertad. Pero nos lo merecemos; somos cómplices, cuando los votamos o preferimos el mal menor o disfrutamos del panem et circenses... 

Me viene a la memoria la imagen inicial de la película de Peckinpah, Grupo salvaje.

Somos escorpiones y, rodeados por las llamas, nos clavaremos el aguijón. La Tierra, si sobrevive, estará mejor sin nosotros...


Mientras tanto, hacemos preguntas. El arte se encarga de hacerlas, plantea dudas... Y algunos, -directores o productores-, ganarán premios y dinero. Que el sistema, hasta que se clave el aguijón, se adaptará y sobrevivirá, incluso, a sus críticos o a sus artistas, más o menos amoldados al statu quo, es un hecho.

Me sorprende el tono ingenuo, casi bucólico de Almas en pena de Isherin, y la carga de violencia que aparece de manera puntuada. La sencillez de la trama, la simplicidad de los personajes no oculta el mensaje profundo que recorre toda la película.

Principios del siglo XX. Irlanda.
Al otro lado, en la costa, hay una guerra civil. A este lado, dos hombres, -hasta hace unos días, amigos-, se acabarán odiando. Uno busca dar sentido a su vida, civilizarse; el otro se siente a gusto en su entorno natural, no desea más que el terruño, sus animales y la pinta de cerveza diaria. ¿Por qué debería cambiar?
¿Quién es el salvaje? ¿Quién es el civilizado? La violencia, dicen, nos hace progresar. Sin ella, no habría evolución, nos quedaríamos en el mismo punto. No habría Mozart ni Einstein.
El salvaje pide “amabilidad”; el civilizado, como respuesta, se corta los dedos...

En A bestas, encontramos algo parecido. El civilizado es un francés -¿quién podría serlo, si no? ¿No es allí donde nacieron nuestras normas sociales de comportamiento y la democracia moderna, tras unas cuantas cabezas cortadas en la guillotina y varias revoluciones aplastadas a sangre y fuego?-; quiere llevar solidaridad y revitalizar una zona empobrecida; se esfuerza y trabaja como lo haría un Hesíodo amable y optimista que desea volver a la utópica Edad de oro. Pero los pobres no son buenos salvajes; no quieren seguir trabajando como bestias; prefieren el dinero que les ofrece una multinacional de la energía eólica.
Aquí, el salvaje, quiere civilizarse, conduciendo un taxi, convirtiéndose en un empresario autónomo, un emprendedor, aceptado por el sistema capitalista; rico o pobre, el salvaje 
detesta al nuevo inmigrante, sea elegante, cultivado y educado o nos venga en harapos, tras sobrevivir a una vallas en Melilla, a las palizas de un policía o a las olas del Mediterráneo: fronteras de una Europa en declive. Así que, el civilizado desea volver a nuestras raíces, ecologista de nueva planta, un Rousseau que no busca el beneficio inmediato. Las leyes no protegen la civilización, aunque, al principio de los tiempos, esa fuera su objetivo, como pensaría un Solón o un Voltaire, un Montesquieu o un Tiberio Graco; miran a otro lado o son impotentes.

En Alcarrás, el motivo es similar –una multinacional eólica (¿casual o es una realidad que no aparece en las crónicas oficiales de nuestros regímenes democráticos, preocupados porque el petróleo o el gas sea demasiado caro, despierte al pueblo narcotizado y les obligue a buscar alternativas?) ofrece dinero por las tierras-, pero aquí el documental se impone a la ficción, sin apartarla del todo. El conflicto se transforma en algo más íntimo, familiar: otra guerra civil entre hermanos. Los niños no entienden el lenguaje de los mayores. El mundo rural se transforma, pero no se sabe en qué dirección.

El monstruo en Mantícora o en Tar no es colectivo, sino individual. Ni siquiera él/ella sabe que lo es o no quiere admitirlo. Un hombre amable, tierno, educado/una mujer genial, arrogante, influyente esconden al salvaje que sueña con devorar al inocente niño/a. El monstruo solo puede sobrevivir, si, por un lado, él, el protagonista de Mantícora se convierte en un enfermo, impotente, atendido por una mujer “madre” que se transforma, a su vez, en una devoradora de almas, en una cruel y tierna cuidadora. O por otro, ella, Tar en una desterrada, una exiliada, paria y olvidada por un mundo hipócrita que antes la adoraba y ahora la ha expulsado del paraíso.

¿La película de Spielberg, The Fabelmans, responde a este paradigma? Tal vez no, aunque, si quitamos los conflictos familiares de clase media norteamericana -recurrente en todo el cine de Spielberg- y las pesadillas diarias que vive un adolescente de instituto, ¿no podríamos decir que el cine, en este caso, revela, ilumina los monstruos que nos acosan?

El cine le sirve al protagonista para afrontar sus miedos, deteniéndolos en el tiempo, repitiéndolos una y otra vez; también para descubrir la verdad, la que sus padres prefieren no ver. La sala de montaje se convierte en un lugar donde el mundo, el verdadero, - no el que creemos que es real-, se revela. El arte nos convierte en parias, como al tío materno; nos aleja de los seres queridos, pero nos descubre el horizonte que busca John Ford, interpretado por un gran David Lynch.

Debemos elegir: entre el arte o la vida. Entre ser salvajes o civilizados.

Sabemos que eso es imposible.


Escribir es trazar líneas con tinta para que sobrevivan al tiempo... 





viernes, 14 de febrero de 2014

NO SIEMPRE HAY FELICIDAD NI PERFECCIÓN, LOVERS


Hay obras maestras, películas que dejan una huella intensa y profunda en nosotros; con otras, disfrutamos y nada más. Que está bien, por supuesto.
Me ha ocurrido con dos películas recientes.
Las dos son películas de carretera, al menos, entran en ese género. Las dos ganan premios; las dos reciben el aplauso de los críticos. Las dos están bien... y punto.
Una es Nebraska, una de las favoritas de los Oscares -en mi opinión, debería ser esta la vencedora, pero ya se sabe con los premios-, de Payne. La historia de un padre y su hijo, con un personaje secundario, el de la madre, fantástico.


Otra es la de Trueba, reciente vencedor de los Goya, con Es fácil vivir con los ojos cerrados, la historia de un profesor que quiere conocer a Lennon y se hace un viaje con dos adolescentes. Trueba es un ejemplo de seriedad profesional e inteligencia en un mundo como el nuestro donde siempre tienes la sensación -sobre todo si ves la televisión o lees la prensa- de que hay muchos estúpidos o se lo hacen, cuando les interesa.



La vida no siempre nos proporciona momentos de felicidad; suelen ser pocos y escasos. Algunos, en soledad; otros, compartidos.
Luego vienen los desencuentros, los "yo no sabía que robabas millones de euros, cariño", "no aguanto a tu padre y sus aventuras africanas" o cosas parecidas.
No siempre hay felicidad plena ni perfección, enamorados.

viernes, 7 de febrero de 2014

LOS OLVIDADOS DE LOS GOYA


Los Goya, la gran fiesta del cine español, tiene sus olvidados.
Vamos a recordarlos...

Nos encanta hablar de listas, premiados, no premiados... Los cinéfilos...

Perdona que te interrumpa;  me presento, soy el tocapelotas. O la conciencia, no sé. ¿Cinefilos? Más bien, freakies, si no te molesta. Os quedáis hasta medianoche y son los Oscares y no dormís toda la noche, sólo para saber si ha ganado o no ha ganado tal película. Como ese chico que conocí que le gustaba Eurovisión y se sabía todas las canciones que se presentaban. Sois unos freakies...

Opinión... interesante. Gracias.
Como iba diciendo vamos a empezar por los catalanes y los vascos, por películas habladas en euskera y catalán. Tienen poca difusión y una distribución complicadas...

...¡Cómo no van a tenerla! A ver, ¿quién habla catalán o euskera? Casi nadie. ¿Que pretenden que vayamos a verles en V.O. como si fuéramos a ver chino o japonés? No me jodas. Y luego hacen experimentos, documentales o tratan temas tabú. ¿Qué esperan? Y además, quieren la independencia. ¡Anda ya! Bastante es que no les censuremos del todo y les dejemos vivir.

Gracias, Toca..., en fin, gracias, por tu aportación.
Son pocas, pero siempre hay alguna que deja huella.
Ahí está Emak bakia



Emak Bakia baita, oskar alegriaren film bat. from oskar alegria on Vimeo.


A partir de una película experimental de Man Ray de los años 30,


el director nos abre múltiples perspectivas, jugando con nosotros, haciéndose y haciéndonos preguntas. El cine no es sólo teatro o contar una historia con un chico y una chica de manera convencional. A veces, innova, va más allá. Emak bakia es cine, el futuro del cine.

Pero, recuerda, que no lo ve nadie...

Lo sé, lo sé.
De Asier eta biok, otro documental peculiar ya he hablado hace unos días de ella. Y no digo nada más, porque ya sé lo que me va a decir mi "compañero". Sólo que vale la pena pagar una entrada por verla...

ASIER ETA BIOK

En cuanto a los catalanes apuestan también por mirar desde otras perspectivas más arriesgadas.
Están o La pôr de Jordi Cadena

                                       

¿Por qué no contamos la historia de un maltrato -50 o 60 mujeres cada año muertas- de manera diferente? Eso es La pôr, el miedo.

Otelo desde la ESCAC.

Lo mismo, pero con Shakespeare de guionista...

                                             

Un Otelo diferente, en un teatro con buenos actores y una buena dirección puede dar para mucho...

O Todos queremos lo mejor para ella que ha conseguido un hueco entre las estrellas.

Los catalanes cuando quieren, saben hacer películas para el gran público. Cuando quieren...

También en España

-será desde el resto de España, lapsus linguae...-

Sí, pues eso, desde el Estado Español, bla, bla, bla,  nos llegan aportaciones formales atractivas más irregulares:
El futuro de José Luis López Carrasco.


                                         

con ideas curiosas.
Por otra parte, sobrevalorada por los críticos, Gente en sitios.

Es bueno tener amigos entre los críticos...

                                          

A veces te aburre, a veces te despierta curiosidad, a veces te ríes. Sales del cine...

...mosqueado. ¿De qué va este tipo? ¿Qué coño es esto?

Otras han conseguido huecos en los Goya.
Stockholm es una apuesta arriesgada con dos actores excelentes -ella borda un papel muy complicado- y un Madrid nocturno, triste y nostálgico.

Eres un sentimental, amigo...

Lo sé, lo sé...

                                       

En cuanto a las triunfadoras. Bueno, no ha sido un año malo para quien ha podido estrenar.
El caníbal, la historia de un monstruo que se enamora o La herida, la de una mujer atormentada, tienen al mejor actor y a la mejor actriz, al menos a los más premiados. Ellos sostienen y hacen aún más grandes películas de calidad.

Del resto, La gran familia española, 15 años y un día, Vivir con los ojos cerrados, Todas las mujeres, Alacrán, Las maestras de la República, Minerita... podemos decir que están bien; no cambiarán la historia del cine, pero se dejan ver.

Bueno, bien, bien. Yo me dormí en unas cuantas, pero claro, yo soy yo.

Y luego las películas de Almodóvar y Alex de la Iglesia.

Dos chorradas. Más divertida la segunda, la verdad. La primera, un bodrio. Buscaban la pasta y les ha ido bien. Más a Alex que a Almodóvar, pero bueno.

¿Quién ganará? Ganará El caníbal, pero porque no tiene rivales. Sus rivales o no han estrenado o no han tenido difusión o no están entre los nominados.

Mensaje del futuro: No ganó la mejor; ganó Trueba. Está bien; es un chico majo, un gran profesional con talento e inteligente, y ya era hora que ganará unos cuantos Goyas. Felicidades... Fin del mensaje.

Los premios los repartirán, imagino, para que todo el mundo salga contento...

...después de poner verde a Wert y protestar por el IVA cultural. Estos progres...

Bueno, es lo que tienen los premios; nunca están todos. Sólo los que tienen un buen patrocinador o un buen distribuidor a su lado. A veces los más importantes no están.

No los olvidemos...