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domingo, 6 de agosto de 2023

APUNTES PARA UN VIAJE (III): LLEIDA Y TÁRREGA


Lleida a principios de agosto es irreconocible. Muy pocos turistas.
¿Dónde están los leridanos de pura cepa? Uno imagina que en el mar o en la montaña, en el pueblo de sus padres y abuelos. Algunos, los que no han podido escaparse, sea por trabajo o por falta de dinero, se pasean por la calle Mayor, haciendo compras en las tiendas y, si se tercia, tomando su cervecita en los bares. 

La gran mayoría de los que viven por Lleida en estas fechas son inmigrantes. Hay dos zonas donde la concentración es más numerosa: entre la calle Mayor y la Seu Vella, en la parte alta del casco histórico, y en las calles aledañas a la estación de tren. Alquileres baratos, escasa infraestructura, un sutil abandono. Nos encontramos, sin duda, en Black Town: la mayoría son subsaharianos. Algunos, pocos, marroquíes.

Latinoamericanos, más escasos. Y los chinos que regentan algunos bares y que no paran de trabajar.

Así que tenemos a la clase media leridana paseando por la calle Mayor, como en los viejos tiempos. 

De vez en cuando, a los pies de las tiendas, encuentras en un letrero, que asemeja una baldosa dorada, un nombre, dos apellidos, una fecha y lugar de nacimiento -"aquí nació" y de muerte; está última, en un campo de concentración nazi. Nadie se fija en ella. 

Y, por otro lado, a unos metros, al este y al norte de la calle Mayor de Lleida, decenas de inmigrantes, en grupos o solos, matando el tiempo. O al sur, en la rambla, tomando un café, o bajo los árboles de un parque, al otro lado del río Segre. Ahora no hacen nada; consumen poco. Algunos son recogidos por furgonetas a primera hora de la mañana; les dejan de vuelta por la tarde: otros van y vienen en el tren regional o el bus, pero la gran mayoría espera a septiembre, para cuando les llamen para trabajar en el campo como temporeros.

La presencia de marroquíes era mayor en Tárrega; la plaza del pueblo era el lugar de encuentro de grupos más reducidos. 

Tárrega tiene sus edificios antiguos, pero, en general, ha perdido mucho de su encanto. 

Como en tantos pueblos, las casas viejas no se cuidan, se abandonan y, cuando llega el momento, se venden para tirarlas abajo y construir otras nuevas y deplorables. Aún así, en Tárrega aún hay calles que recuerdan su pasado medieval o algún palacete modernista. Nada que ver con Tarancón, por ejemplo, que ha acabado con casi todas. El que tenga estación de tren le da cierta vidilla a esta ciudad leridana: en media hora te plantas en Lleida y en una hora en Barcelona. 

Los judíos tenían su barrio. Y como en otras partes fueron el chivo expiatorio, cuando las cosas iban mal dadas. En 1247, en medio de guerras, impuestos y hambrunas, fueron asesinados en una noche, más de 300 judíos en Tarrega. Hace una década se realizaron excavaciones, al otro lado del río Ondara, donde los expertos situaban un cementerio judío. Allí se descubrieron los cuerpos de niños y mujeres, algunas de las víctimas de esa matanza. Años después en Lleida y otras ciudades del reino de Aragon se repetirían las persecuciones. 

Tuvieron, a principios del siglo XX, una fábrica de harina, que, incluso, poseía una estación propia, a unos metros de la oficial. Otra fábrica se ocupaba de producir materiales y maquinaria agrícola; era un terreno bastante amplio a las afueras.

Fue por aquí, por donde pasaron, en agosto del 36, Críspula y sus hijas. Por eso, estoy aquí, grabando unos planos. Ya veremos si salen o no el documental.

Según parece un beato fue asesinado por un grupo de la CNT en esas mismas fechas. Tenían previsto recordarle este 13 de agosto, con una misa y una caminata al cementerio. Es la única lápida de una víctima de esta guerra con nombre y apellidos que he podido encontrar en este camposanto. Allí, como pude comprobar, no hay ningún monumento a los enterrados en fosas comunes, sea por bombardeos o fusilamientos de la otra parte. Y los restos siguen allí, bajo tierra, sin nombres, en dos fosas comunes.

Cuando llegaron a Tárrega a Críspula y sus hijas las interceptaron en uno de esos controles que la CNT hacía a la entrada de los pueblos por la carretera, como en Tarancón. Allí, en la población meseteña, si mal no recuerdo, retuvieron a varios ministros anarquistas, que huían de la Madrid asediada, de camino a Valencia, amenazándoles con ejecutarles, sin juicio ni nada, como traidores y cobardes. Se salvaron y los dejaron en libertad... En el fondo, los anarquistas no eran tan duros. 

También les ocurrió a Críspula y sus hijas. Según me dijeron las metieron en un camión junto a otras mujeres y niños para llevárselas quién sabe dónde; lograron escapar. Es posible que los anarquistas cambiaran de opinión o que las mujeres aprovecharan un descuido. 

En Lleida hay un museo local bastante moderno y aceptable para el baremo actual. Las explicaciones son claras y sencillas y cualquier profesor podría traer a sus alumnos y proporcionarles una mañana instructiva para así sacarles de la monotonía de sus clases. Quizá el único pero es que hay poco conservado de la propia ciudad. De Roma, por ejemplo, no hay ninguna excavación que hayan mantenido -lo habitual es destrozarlas- y la única que les permitiría montar un museo, la de unas termas, a unos metros de la estación de tren, lleva más de veinte años, cubierta por la hierba, sin que se decidan a invertir unos cuantos milloncejos. 

También, además de la desidia o los intereses urbanísticos, algunas obras se han perdido por una destrucción intencionada o el saqueo. En 1711 las tropas de Felipe V arrasaron con Lleida. Los franquistas en 1938 hicieron lo mismo. También le ocurrió a esta Virgen con José y el niño, la que abre esta entrada. 

¿Dónde está San José y la cara rechoncha del niño? Los de la CNT quemaron la otra parte en el 36, de camino al frente de Aragón. Sin embargo, es difícil no sentir asombro, cuando contemplas la mitad del rostro y el pelo de esta virgen. Como sucede con muchas obras que han superado el paso del tiempo, te preguntas cómo es posible que algo tan hermoso haya sobrevivido y el resto, no. ¿En el último momento un tipo duro, un anarquista con cierta sensibilidad, se arrepintió y la salvó de la quema? ¿El azar? ¡Quién sabe!

A unos metros, detrás del museo, casi por casualidad descubrí una joya desconocida del último románico y el primer gótico: la iglesia de San Lorenzo. A oscuras pude intuir en dos retablos sus imágenes, a medio camino hacia la plena expresividad del Renacimiento. 

Volviendo al museo, hay una pared, en la parte medieval, dedicada a todos los presos políticos de este país. Los mantendrán, hasta que vengan todos los exiliados y liberen a sus presos.

Me gusta la idea. Es parcial, pero no está mal que los museos reflejen la realidad política. 

Eso sí, reconozco que en una hora y media recorrí el museo yo solo -los bedeles, aburridos, se paseaban de vez en cuando y me saludaban, por si se me ocurría tocar algún cristal o llevarme algún sílex, una madona o una terra sigilata-; así que muy frecuentado, no es, la verdad. Como ya dije, turistas no había muchos en estas fechas. 

Los bares, no sé si lo he comentado antes, estaban llenos. Así que, si quieres reflexionar sobre el sentido de la vida, es mejor pasarse por aquí. Los museos, ya se sabe, son lugares tranquilos y silenciosos. 

Prometen tirar lo que parece una antigua fábrica cerrada y abandonada -un edificio que merecería, al menos, por su fachada, que se conservara- y convertirlo en la nueva estación de autobuses. No dudo que merezcan una estación mejor -en Bilbao, Iruña y Donosti las consiguieron tras décadas en las que los buses paraban en garajes de mala muerte, oscuros y asfixiantes, como aquí, o sin techo, al albur de la variable meteorología-, pero ¡qué manía de echarlo todo abajo! 

O de cerrar centros ocupados. ¿Para qué? ¿Propiedad de un banco? 

Un poco más de imaginación no les vendría mal. Y menos obsesión por la ganancia rápida. 

¡Ay, el capital!


Un hombre, de unos treinta años, -aunque aparenta más-, drogadicto, recorre, se arrastra por todas las terrazas de la Rambla y la calle Mayor, caminando a un lado y a otro, entre las dos estaciones, la del tren y la de bus. Nadie le da dinero, ni los catalanes de pura cepa ni los inmigrantes.

Es un cadáver que anda. 


viernes, 31 de marzo de 2023

APUNTES PARA UN VIAJE (II): TORRELAVEGA

 

El muro del cementerio grita. Se extiende, fluye la sangre de los muertos. Palabras como cuchillos que preceden a los disparos.

 Una mujer y dos niñas, protegidas por la oscuridad, huyen. A lo lejos, gritos, disparos, silencio.

 Un comienzo.


I

La llanura, los sauces llorones y los ávidos riachuelos: antesala de valles, colinas suaves o ríos colmados. 

Charlie, -lo conocí en el tren- se denomina a sí mismo como "el hombre más peligroso del Sur". Intuímos drogas y noches insomnes en las arrugas de su rostro. Las palabras, en cambio, son las de un bufón. Intenta ligar con una joven latinoamericana; ella se divierte, juega con él. Charlie, despistado, debe bajarse en Torrelavega; el tren se va a poner en marcha. 

"No mires atrás", le dice ella, con sorna, al despedirse. 


Torrelavega: el origen mítico de una odisea. Pretendo versificar una historia épica. La realidad, hoy, un viernes por la tarde, es prosaica, más banal: los adolescentes en la plaza "Roja" -las baldosas del suelo han perdido su color primigenio- se hacen selfies o escuchan música; otros, con más poder adquisitivo, toman un café o beben su cerveza bajo la terraza del Carpe Diem

Al día siguiente el cielo recupera un tono azul y brillante, el de la infancia olvidada que mitificamos. 

Al bajar del monte Dobra, volviendo a Torrelavega, comparto un trecho del camino con dos jóvenes de Viernoles y Tano. Atravesamos bosques de eucaliptos. Los temas de conversación fluyen: la cantera, la corrupción en la que están implicados una constructora, Rucecan, y el político de turno... El lobo es un asunto delicado. Los ganaderos pierden ovejas; cuando cobran por las que mueren, prefieren alimentar con ese dinero a sus mastines: monstruos cuyos cuellos, erizados de pinchos, nos amenazan. 


"Una cosa es apostar en juegos y otra hacerlo en la vida real". 

Me cruzo, a unos pasos de un Ayuntamiento en obras, con dos compañeros de parranda que acaban de comenzar su recorrido por los bares del pueblo. El que va detrás ha pronunciado estas palabras. El otro, al escuchar a su amigo, ha suspirado... 

Entre las dos iglesias principales de Torrelavega sobrevive un espacio hueco, zona sin edificar; tal vez, en otro tiempo, aquí hubiera una casa antigua, abandonada y que se terminó de caer a pedazos; ahora, en vez de levantar un edificio sin personalidad, alguien, aprovechando el vacío, lo ha transformado en un refugio al aire libre. Se comparten libros; tras un cristal, abierto al paseante, ese mecenas nos ha dejado mundos desconocidos, universos alternativos para quien quiera llevárselos. A su alrededor, mesas y sillas de piedra, plantas y un pequeño huerto. 

Una adolescente, que debería a estas horas recibir las lecciones de sus esforzados profesores y aprender, disfrutando de metodologías activas, ha decidido, en cambio, saltarse las clases. Se sienta en uno de los bancos, sin dirigirme la palabra; quiere estar sola. Necesita pensar qué va a hacer con su futuro; así que... cierra los ojos.

Entro a la iglesia mayor del pueblo, cuando las temperaturas refrescan. Están interpretando varias obras corales del renacimiento español. Mi sangre despierta, mis músculos se tensan, mis ojos brillan y tiemblan, en cuanto suena Tenebrae factae sunt de Tomas Luis de Victoria. Sus pausas y silencios atrapan el tiempo. 

Esa noche, las paredes hablan: una pareja hace el amor en una habitación de hotel. 

"Así, así...". La maestra repite la lección a su discípulo. No afirma con un "sí, sí...", ni aspira a alcanzar la iluminación divina, "Dios, Dios..."; se conforma con marcar el camino. Satisfecha con el alumno, tras el orgasmo compartido, se mezclan risas y juegos, cosquillas y susurros.

"No seas... hijoputa". "No seas malo" hubiera sido más apropiado o elegante para una mujer enamorada, pero ella se crió en un barrio de gitanos. Las palabras nos traicionan; delatan de dónde venimos...


II

Los domingos, a primera hora, todos duermen. Duermen los borrachos, duermen los amantes, duermen los ancianos, duermen los solitarios insomnes. La ciudad está vacía. 

En los anaqueles de un bar de estación descansan, sin que nadie se atreva a leerlos, los cuentos de Poe o el Retrato de un artista adolescente de Joyce. 

Los capiteles del claustro de la Colegiata de Santillana del Mar me asombran. Un contador de historias nos habla, saltándose nueve siglos. ¿Quién sería este artista? Aquí aparece un ángel; allá, un hombre y una mujer, cogiéndose de la mano; detrás, una serpiente se enrosca alrededor de una columna; cerca de esta última, un caballero atraviesa con su lanza a enemigos inermes. 

Otros, monstruos de la Antigüedad, interpretados por la imaginación delirante de artistas medievales, renacen de sus cenizas. 

En sus calles sobrevive un fotógrafo caminero, Adolfo. 


Ya no va por los caminos; deja frente a la Colegiata su cámara -siempre con el miedo de que el viento se la tire-, esa que compró su padre en los años cuarenta; la coloca sobre un trípode y espera a los clientes. Aprieta el disparador, y, allí mismo, revela la fotografía, la amplia, limpia los líquidos que han quedado en el papel fotográfico con el agua del lavadero y se la ofrece, como un regalo, a los hombres del presente: la imagen es fiel reflejo de un pasado perdido, fidedigna materia de los sueños, verdad recuperada de memorias olvidadas.

"Si le das el dinero a un hombre para que se lo de a otra mujer o para que se lo gaste en juegos, eres poca mujer, eres una mierda de mujer".

Después de enviar este mensaje de voz, la venezolana, tal vez una inmigrante que limpia las fincas de algunos cántabros de buena posición, cambia el tono y la melodía con su hija, que, ajena al complejo mundo de los adultos, se mueve, nerviosa, en el carrito de bebé. Ahora su voz es diferente: la crueldad y la firmeza han desaparecido; las caricias y la ternura abrazan, en su lugar, a la niña. 


III

¿Por qué el abuelo de Fernando, un montador al que he conocido en Torrelavega, a los meses de empezar la guerra civil huyó a Francia? ¿Algún trapicheo económico? Los misterios familiares aumentan de grosor con el paso del tiempo; la memoria los deforma. 


Aún resisten casas de otros tiempos; 

las voces de sus fantasmas no encuentran el camino entre los hierbajos, las malezas y las grietas. 

Esa chimenea, cenizas y rescoldos de una Torrelavega obrera, se vislumbra más allá de un inesperado arco iris. 


"Sobre tu pelo recogido se enrosca un rayo de luz. Las despedidas nos hacen envejecer..."







domingo, 26 de febrero de 2023

APUNTES PARA UN VIAJE: TARANCÓN (I)


Volver al principio. 

Un círculo o una elipsis: la perfección imperfecta. 

De un sistema solar, de una sociedad, de un ser vivo, de ti o de mí...

Perales de Tajuña. Irregular. En sus colores: desvaídos, dispersos; en sus estructuras: fincas de urbanitas con pasado rural, ermitas -aisladas durante siglos, ahora, sitiadas por casas nuevas-, fábricas, talleres, polígonos de escasa entidad, mataderos, vaquerías, casas tradicionales de una sola planta; en su material: piedra, yeso encalado, ladrillo rojo de los institutos y colegios, como los de mi infancia y adolescencia... Terrazas de arcilla, campos arados, monte bajo, arbustos. Grises y ocres. 

Una mujer y dos niñas ocultándose de los soldados en oquedades de las montañas; tal vez, las de la sierra de Ayllón; en los pajares; dormían de día, caminaban de noche; riachuelos, senderos, campos sembrados... 

Las gruyas vuelven al Norte; llega el buen tiempo. El frío aún no se ha ido...

En Tarancón, este sábado del Carnaval, lucen sus disfraces por las calles: es la fiesta de los sesenta. Música que no moleste; pantalones campana, pañuelos de hippie, chaquetas rockeras, minifaldas de chica ye-ye. Melifluo, inocuo, más bien. No problem; nada de crítica social, asimilable por los señores de la muerte...

Uclés; hospital donde los heridos se curaban y donde morían hombres hambrientos de justicia. Cárcel franquista: donde los presos, hombres y algunas mujeres, morían de hambre y eran ejecutados; enterrados en fosas comunes sin nombre. Familias sin cuerpo al que llorar. Se fusilaba a las afueras, donde dos caminos se cruzaban. La sangre de los muertos llegaba hasta un riachuelo seco. 

Los señores han dejado el hueco; se han llevado el agua. La sangre sigue debajo de las piedras. 

Comemos en un restaurante de Saelices. Me fijo en paragüero antiguo, a la entrada, en un descansillo; tiene en la parte superior una inscripción; me recuerda a una serpiente enroscada: objeto que tenía mi madre, perdido hace tiempo, en esa casa a la que no volvimos. El sol puede dejarte ciego; sus flechas pueden matarte. Hay algunas fotografías de Segóbriga ampliadas; más de treinta años han pasado desde que se hicieron: los espacios cambian.

¿Por qué no inventar un recorrido posible? ¿Por qué no recorrerlo noventa años después? Un mito familiar contado a un niño. Conversaciones al calor de un fuego o en la sobremesa. Ellas hablaban y recordaban. Las historias nos llegan a retazos, deshilachadas... ¿Qué hacer con los restos de un naufragio? ¿O con las ruinas de una ciudad bombardeada? ¿O con un pueblo abandonado? Ya no son suyos; tampoco son nuestros... Nos llevamos las piedras para construir otras casas que nos refugiarán del desastre. Los mitos adoptan formas extrañas, nuevas, irreconocibles, cuando son heredadas por otras generaciones.

Las huellas quedan; ellos estuvieron aquí. Hay que saber leerlas... pero, primero, tienes que querer leerlas. Después, has de transformarlas...

El esparto y el yeso; una vía romana hecha para el comercio. Minas de lapis specularis; tierras explotadas por terratenientes desde hace miles de años. Un camino empedrado desde Carthago Nova a Complutum pasando por Segóbriga. Crecen agujeros donde se hunden las ruedas. 

Villa Paz y Castillejo; el coto de caza de una élite, hospital militar, psiquiátrico durante la guerra. Edificios en derrumbados; otros, restaurados sin gracia, impolutos, sin la mugre del tiempo, sin el musgo que ennoblece. 

A la salida de Segóbriga, de camino a Pozorrubio de Santiago, en una encrucijada entre dos carreteras comarcales, se encuentra un abedul solitario. Es elegante, joven, recién plantado. Allí -dicen los que conocen su historia-, fue violada y asesinada una joven, hace unos años. Sus padres han levantado una cruz y, junto al árbol. celebran todos los años una misa. Nada se sabe de sus asesinos... 

Hay que limpiar la sangre de los inocentes; hay que calmar el dolor de los olvidados muertos... 

Se me aparece un personaje secundario: la condesa de Retamoso. La misma que alentó y protegió al guardia civil y torturador de los inocentes del crimen de Cuenca; la misma que participó en el golpe de julio del 36 en la provincia; la misma que, al fracasar, fue fusilada por milicianos de la CNT; la misma para la que trabajó como doncella, en los años veinte del siglo pasado, esa mujer a la que no conocí, que con sus dos niñas camina por los campos, se oculta en los montes, se esconde para que la sangre de los muertos no envenene a sus hijas, no se las lleve lejos.

"También a nosotros nos deslumbra el poder y el dinero... nos hace olvidar que en el gueto estamos todos, que gueto es recinto vallado, que fuera de lo cercado, viven los señores de la muerte y que, no muy lejos, espera el tren".

Invento historias o, tal vez, solo las recojo... 

No quiero morir del todo. 



viernes, 9 de octubre de 2015

APUNTES (IV): HACE 46 AÑOS/HOY. UN PRIMER VIAJE



1ª etapa:

Brissago. Allí estuvieron mis padres desde abril hasta septiembre del 69.
Me encuentro en el hotel donde trabajaron; ahora, de reformas.



En Madonna del Sasso. Hace 46 años...


 Y hoy...


En Locarno, a pocos kilómetros de Brissago, sueño con Regina, mi tía-abuela. Su rostro es el de los años 80, cuando yo era un niño. Está sentada en un porche, delante de una casa que no logro reconocer. Sé que mamá está dentro, aunque no la veo. Me quedo fuera de la casa, hablando con Regina. Escucho la voz de mi madre. Me despierto…

2ª etapa:

Amanece. Estoy vivo. Un día más. En Arosa, donde vivieron mis padres desde diciembre del 68 hasta abril del 69.
El sol entre las montañas. Nubes de terciopelo. Luz suave.


He dormido en el mismo hotel en el que trabajaron mis padres. ¿Y si me hubiera despertado en el 69? Ahora, al bajar a la sala, para desayunar, les vería preparar el té, los croissants, el embutido… Hablaría con ellos, me los encontraría por las calles y les saludaría. ¿Qué les podría decir?
“No vayas a Buenos Aires nunca, mamá”; “Papá, cuídate más; cuando envejezcas, no derroches”; “Disfrutad de vuestra felicidad, mientras dure”.
No, no les diría nada. Sólo les miraría y contemplaría, en silencio, su juventud y sus ganas de vivir…


Como era de esperar, no los encuentro. Sí vuelvo a ver a una pareja de inmigrantes, también jóvenes, como mis padres, de Palermo, que trabajan en el mismo hotel. Mis padres tendrían su misma edad. Una nueva generación en busca de su futuro...
  


                       
       
Me duermo. Sólo recuerdo una imagen. Veo a mis padres juntos y felices. Les estoy presentando a unos amigos. Sonríen como lo hacían de jóvenes. Hablan conmigo con naturalidad. Están conmigo… La luz entra por la ventana. Es de día…



3ª etapa:

Verona. Aquí estuvieron desde septiembre de 1970 hasta mayo de 1971. Duermo en un instituto de formación profesional católico. En la pared de la habitación, un crucifijo y el cuadro del fundador. Jóvenes, niños, adolescentes, profesores. Todo me resulta muy familiar. La entrada a las ocho de la mañana, la salida de las clases, la hora del recreo. Los sueños se han diluido. 

 La dueña de un bar, enfrente de donde vivieron mis padres, una mujer de origen chino, otra inmigrante, hace unas cuantas llamadas: la casa está en venta. La madre murió hace tres años.










Los Bolla: importantes y afamados viticultores. Alguna escapada erótica: los viajeros también tienen derecho a imaginar o a recordar…
Disfruto de Verona. Es la ciudad de Julieta y la ciudad de la Arena, uno de los más importantes anfiteatros del mundo, y la ciudad donde Giotto aprendió y enseñó a pintar...

 De niño, mis padres me contaban tantas cosas de Verona, de Italia... Era un mundo que me permitía soñar, me alejaba de esa ciudad dormitorio que era entonces Móstoles, viajaba, conocía otros lugares, vivía en un mundo diferente, mágico, desconocido... Si ellos no hubieran ido allí, mi pasión por la historia antigua, por el latín o el griego nunca hubiera existido. Gracias a ellos y a la aventura que emprendieron, soy lo que soy...




4ª etapa:

Cortina d`Ampezzo. Allí estuvieron en los inviernos de 1970 y 1971. 



La casa donde vivieron mis padres no ha cambiado. Nada. El guarda es muy amable. Me hace una fotografía desde el mismo balcón donde mi padre se la hizo a mi madre.Tal vez sea el vínculo con los Bolla que buscaba. Le enviaré las fotos de mis padres, como me ha pedido...




A las siete de la tarde ya no hay nadie en la calle. Sólo un restaurante abierto, Las tres torres -una de las montañas más conocidas de la zona recibe ese nombre-. Temporada baja. Somos un grupo de japoneses, alemanes y un servidor. El sitio es agradable con algunos toques rurales: la madera en el techo, un reloj de cuco, muebles antiguos; está restaurado y es moderno sin pretensiones. El trato, amable. La comida, aceptable: unos raviolis con espinacas, un strudel con miel delicioso y una grappa que me sienta muy bien. Paseo por las calles del pueblo antes de ir a dormir. Cuento más de quince tiendas de ropa. No hace falta ir a Milán; aquí están todas las multinacionales a unos precios muy parecidos a los que encontrarías en la llanura lombarda.

Milán.
Tomo el avión. Se acabó. Un año después nací yo...

Y ahora, ¿qué?


Nubes que parecen montañas en el cielo...

viernes, 25 de septiembre de 2015

APUNTES (III): UN LUGAR AL QUE REGRESAR. HEART OF THE DOG/THE LOVE IS A LOSING GAME


Unos días en el festival de cine de San Sebastián.

Domingo.
Mi hermano y yo vamos en autobús: parada en Lerma. A la espalda de la estación de autobuses, un cementerio. La tierra seca, yerma. Colinas suaves. Graneros, polígonos, castillos, torres de paja. El color amarillo, verde grisáceo.
Algunos de mis personajes, los de la distopía que quiero escribir, atravesarán esa tierra en un tiempo en el que estará quemada, abandonada. Intento imaginármela.
Burgos, Álava.
Al entrar en Guipúzcoa, cambio de escenario. El color ahora es un verde brillante, protegido hoy por el azul del cielo. Ni una sola nube.
Dos y media de la tarde. Temperatura agradable. Donosti.
Nos cruzamos con una chica joven. No llegará a los treinta años. La miro de arriba abajo, discretamente, como suelo hacer. Combina el rojo y el negro con sobriedad. Es atractiva. Atraviesa, tranquila, decidida, una calle del barrio de Amara. Sonríe, segura de sí misma. Así me recibe siempre Donosti: con una sonrisa.
Esperamos en la plaza Constitución, comiendo unos pinchos en la terraza. Tres chicas ensayan un número. Música de Duke Ellington: Take the A train.



Sus cuerpos en movimiento. Sin música. Acompañadas por la música. Ensayan. Descansan. Una pareja, dos espontáneos, se lanzan y bailan improvisadamente un minuto: ¡Cuánta vitalidad! Nos saludan. Aplausos. También a C. y a mí nos aplaudían. No lo hacíamos mal, ¿verdad?
Fotografías de C. en Barcelona en la playa. Siento un pinchazo en el estómago. Será un día extraño: brillo en el agua del mar, reflejo de la luz. Melancolía.

Sunset songs: Dirección cuidada, personaje femenino fuerte. Imágenes que se quedan grabadas en la retina. Buena adaptación. Logra emocionarme a ratos.
Pikadero: combina el humor vasco, sobrio e irónico con un estilo a lo Kaurismaki. Los personajes se dejan querer. Sonríes, aunque la historia no deje de ser triste. Sales agradecido y con buen sabor de boca.
Mañana será otro día…

Lunes.
En el Kursal vemos Amama de Altuna: combina con elegancia el simbolismo y un realismo suavizado. Es emotiva cuando se centra en la relación padre e hija. El resto, atractivo, pero no logra despertar pasión. Es muy digna, aunque me gustaba más Bertsolariak.

Aprovechamos el último día sin nubes –se espera lluvia mañana- para hacer una visita turística: una exposición sobre Kieslowski, sobria, muchos datos y fotografías en el Centro Cultural de Okendo y una visita al recién inaugurado edificio de Tabakalera –aún hay muchos huecos, oficinas vacías que se irán llenando en los próximos meses; todavía un cascarón vacío, moderno y bien preparado, con intención de convertirse en un centro cultural de primer orden. Nos recuerda a la Casa Encendida-. Subimos al monte Urgull; nos perdemos por la zona boscosa. Subidas y bajadas. Mar en calma. Mientras nos dirigimos al castillo –dejo a Raúl muy atrás- recuerdo otra subida. La subida a Urgull, la subida al Alcazar de Segovia. Dejó atrás a Raúl, dejo atrás a mi madre hace un año. Se mezclan las dos subidas. Raúl, en silencio, a su ritmo. Mamá: “No vayas tan rápido, me canso, que ya soy viejecita”. Terminamos la subida.
Cielo brillante. Mar en calma. Llanura.
En los cines Principe, en la sala, otra imagen paralela: la puerta de salida de la derecha me trae a la memoria la puerta de otra sala de cine; sí, en Madrid, en la exposición de Alejandro Magno de la fundación Canal, en Plaza de Castilla; era una proyección en 3D de la ciudad de Alejandría. Estoy en Alejandría durante unos segundos…

Anomalisa: la idea genial de Kaufmann –tiene y ha tenido tantas- de que todas las voces sean la misma para el protagonista –y eso resume lo que es su vida- , desarrollada con humor y mucha sensibilidad. No llega al nivel de Olvídate de mí, pero te atrapa. Y el personaje femenino adquiere una entidad mayor de lo que podría esperarse en un principio.

Al salir, las nubes están negras. Se acerca la lluvia.

Tres regalos de mi juventud: el protagonista parece decirnos que hay amores que no se olvidan. No pueden estar juntos, pero se echan de menos. Queda el dolor de lo que nunca podía ser. Deja un poso, una sensación amarga y dulce. ¿Es eso el amor? Sí, it´s a losing game, C. Sens dubte.



Esa noche hago el amor con C., sin ella...

Martes.
Aprovechamos la mañana para visitar el Museo de San Telmo. El claustro es, estos días, un lugar para el encuentro entre productores y distribuidores latinoamericanos. El museo ya lo conocía: muy restaurado y bien organizado. Nos interesa más la exposición sobre Pasolini. Quizá una de las mejores que he visto: completa, variada. Información combinada y todo tipo de procedimientos: paneles, entrevistas, escenas, cartas, mapas, imágenes…
Comemos de menú en un restaurante por doce euros. Hay lista de espera: eso es buena señal. Sopa de pescado y postre a gran altura. El resto, aceptable. Volveremos mañana.

Desde allá: Venezuela. Dos personajes. Un pedófilo con un pasado oscuro y un padre lejano y ajeno al que odia y no se atreve a acercarse. Y un muchacho, un superviviente. Están lejos y se comprenden, pero no hay final feliz. Es concisa, fría, sin añadidos. No logra emocionarme, pero funciona, se deja ver.
Mariposa: Un divertimento. ¿Y si mi vida hubiera sido diferente…? Dos vidas paralelas. Los personajes parecen diferentes, sus vidas lo han sido, pero, al final, acaban haciendo lo mismo y llegando al mismo punto. No hay reflexiones profundas: es un juego de malabares, que se sigue con interés, pero sin pasión.

Lluvia, mientras esperamos. Alguna muestra de desorganización: nos mojamos y nadie nos dice la razón del retraso. Cabreo entre el público.
Aparece antes de la película una frase: "El parlamento Europeo protege los derechos humanos". Risas. Un pensamiento me viene a la mente: sólo protegen los de algunos…

Taxi teherán: es una buena muestra de lo que se puede hacer con pocos medios y con mucha imaginación. La censura está ahí, la que nos imponen y la que aceptamos, pero no debemos rendirnos. Un taxi, un director, tres cámaras, algunos personajes, y mucho humor. Poco más. Y es mucho.

Miércoles.
El rey de la habana: Es redonda. Y no emociona. La vida es dura, cruel. La adaptación recoge el espíritu de las narraciones, pero todo es tan brutal, que no logras sentirte cerca de ninguno de los personajes. Tal vez ese sea su objetivo.

Subimos al monte Igeldo. El paseo por un parque de atracciones de otra época.
Descansamos en la pensión. Mientras espero a mi hermano, que se encuentra en el baño, salgo a la terraza. Niños que acaban de salir del colegio: uno de ellos está enfurruñado. ¿Alguna discusión con su mejor amigo? Una niña se separa de sus amigas y se acerca a un adulto. El padre –imagino que lo es- le da un beso en la frente. Se me ocurre un tema para una novela. Ese debe ser el punto de partida y el punto final. Circular…

El niño y el monstruo: agradable, majos todos los personajes. Dibujos animados manga con gracia.

Cielo nublado con ratos de sol. De repente, sale de entre las nubes. Acaricia; ayer, a la misma hora, lluvia racheada. Las olas rompen con fuerza; fotografiamos el instante, lo congelamos.



El corazón del perro: “Toda historia de amor es una historia de fantasmas”
Experimental, emotiva, reflexiva. Despierta miedos y sensaciones muy intensas, conocidas. La muerte de su madre, de su perrita, su propia muerte; la muerte de mi madre, de mi padre, mi propia muerte… Es compleja y difícil de digerir, pero es la que más me ha removido las entrañas…
“Cuando intentamos explicarnos qué es la vida, miramos hacia atrás. Cuando la vivimos, miramos hacia delante...”

Jueves.
Quedan pendientes: Paulina, High-rise, Truman, Son of Saul, la de Recha
Estación de autobuses de Donosti. La misma que hace diez años. Aún sigue siendo un espacio a la intemperie. La nueva estación, un proyecto eterno.

Estamos en la AP1. El interior de Guipúzcoa. Un verde brillante. Lo echo de menos. Ya lo echo de menos. Siempre quiero volver aquí. Es un lugar al que siempre quiero regresar...

viernes, 11 de septiembre de 2015

APUNTES (II): QUEMA Y ACARICIA... TAMPOCO NADIE MATARÁ A MIS RUISEÑORES



"La vida nos ofrece demasiados tragos amargos y demasiados momentos en los que los malos ganan a los buenos. Demasiado crimen sin castigo y demasiado castigo sin necesidad. No es necesario que nos vayamos quedando sin lo bueno del mundo..."

El hombre que escribió estas palabras, J. , acaba de morir...

El reflejo del sol en el mar. El cielo está quemado.
El tren me muestra una imagen en movimiento, un leve destello de luz...
Lo echaré de menos. Uno siempre echa de menos el mar. Y más, este: el Mediterráneo.
He visitado Barcelona muchas veces en el último año. Y este ha sido una despedida, un adiós.
Ahora todos estos viajes me parecen un puzzle, troceado, descolocado. Desearía recoger, poner las piezas en el lugar correcto, pero no sé ni dónde ni cómo situarlas. Quizás necesite tiempo. Sí, necesito tiempo...
Se mezclan imágenes -de invierno, de primavera, de verano-, ropas diferentes, paisajes variados y, por supuesto, un rostro, una mirada, unas manos, un cuerpo que se repite, el de C., que confiere unidad a lo que no lo tiene en este momento. Y más personajes, testigos, acompañantes, observadores. Olores, sabores, imágenes fijas y en movimiento, inconexas, conectadas, deshilvanadas, ordenadas...



Se pone el sol en Barcelona. Estoy en una terraza, bebiendo un zumo de naranja: un placer, sin duda. La belleza, el equilibrio, la simetría tendrían que convertir este instante en algo único, irrepetible. No lo es; C. se aleja de mí, se ha marchado. Los pensamientos distorsionan el presente que tengo delante mío: un padre abrazando a su hijo...


J. se estaba muriendo en ese momento. La belleza es efímera, se nos escapa de entre los dedos...

Al día siguiente, un whatsapp: J. falleció ayer. Las palabras no tienen sentido, se te queman en las manos...

Un documento oficial: el padrón de 1940. Señalo la firma de mi abuelo, que murió demasiado pronto, muy joven,



y recuerdo a su hija, una niña de 8 años, vestida de primera comunión, mi madre.



Un padre al que pudo conocer tan poco... Pienso también en la hija de J. Hay padres que mueren demasiado pronto...

Vuelves a Madrid.
J. ya no está. C. ya no está. Una tromba de agua: tormenta terrible. La naturaleza juega con nosotros.
Las gotas de lluvia en los cristales de un tren...


"...porque no hay nadie más feliz en el mundo y porque me hacen sentir vivo."

El cielo es azul en Madrid. En el centro de Madrid. Un azul brillante, intenso, tan fugaz como la mirada de la persona a la que amas, tan profundo como el mar infinito...


Conocí a J. Y, aunque hace años que no sabía de él, leía sus palabras: las que escribía en su blog. Las palabras del que sabe que la vida se escapa y hay que tomarla, agarrarla, porque mañana, tal vez, ya no puedas hacerlo...

"...y siempre son buenos recuerdos, porque los malos los he olvidado."

C. y J.
Quiero olvidar los malos. Sólo quiero tener buenos recuerdos de vosotros.

Matar a un ruiseñor. Atticus Finch; un hombre amado y que amó, íntegro. Como J.

Tampoco, J, nadie matará a mis ruiseñores.

El sol de Madrid quema y acaricia...
¿No es eso la vida?

miércoles, 2 de septiembre de 2015

APUNTES (I)

Una llamada de teléfono.
Al otro lado del auricular, me hacen una pregunta sencilla.
- ¿Cuál es su nombre...?
Una funcionaria busca mi nombre en el ordenador.
- Sí, está concedida la excedencia... Desde el uno de septiembre...

Hoy, uno de septiembre, también es el cumpleaños de mi madre. Hubieran sido setenta años. No lo fueron...

Estoy en la terraza.
Ayer, de noche, a las dos de la mañana, observo a los pocos transeuntes que pasan por la calle: una mujer de mediana edad, un hombre maduro, dos chicos jóvenes. Todos regresan a su casa. Ningún coche.
Luego, silencio. La luna llena aplasta el cielo...
Han pasado las horas. Unas pocas horas de sueño. Ahora, desde la misma terraza, miro hacia el este. Amanece. El sol sale, como todos los días...
La felicito, aunque ella ya no pueda escucharme...

Paso la mañana en el instituto: los exámenes de septiembre, el encuentro con los compañeros, las vacaciones que ya pasaron, los centros a los que irán, los que se quedan allí, mi proyecto personal...
Todo me parece irreal: ni siquiera hay alumnos. La mayoría, no se ha presentado al examen.

El día se desliza, sin grandes tristezas ni alegrías.
Tengo la sensación de que en todo lo que hago o pienso, está ella. Cuando trabajo en el documental, al escribir las páginas de la novela, mientras respiro o al beber un vaso de agua. Está presente: una sombra o un acicate.

Llega la noche. Calle Mayor de Bardem. Reconozco en la protagonista los sueños e ilusiones de una mujer real. Los descubro por primera vez. La emoción continua, pero algo más ha enriquecido mi visión. Soy yo y también es ella...

Al día siguiente, buscando a Trajano en una biblioteca, encuentro a Modiano.
Para que no te pierdas en el barrio. 

Su estilo fluido, ligero...  los espacios y el tiempo se cruzan; aparecen deshilvanados, confusos en una investigación personal... el pasado que recuperamos... los nombres que nos traen el niño que fuimos, el viaje que nos marcó para siempre.
Lo que hemos perdido, lo que aún tenemos y conservamos.

Se me ocurre una idea: apuntes.
Duración: dos años.
Tema: pensamientos, sueños, reflexiones.
Y de vez en cuando, hacerlas reales: convertirlas en palabras, publicarlas en un blog, anotarlas en una hoja de papel...

Escribo el título: Apuntes.
Un número romano: I.
Y la primera frase: Una llamada de teléfono. Al otro lado del auricular, me hacen una pregunta sencilla...