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viernes, 8 de abril de 2022

DOCUMENTALES: LA VACA, APUNTES PARA UNA ORESTIADA Y EL PROFESOR BACHMANN Y SU CLASE


Estoy convencido que, con dignas y honrosas excepciones, el cine más interesante y renovador viene en estos momentos del documental. No tengo ninguna duda...

Os contaré una historia. Nuestra protagonista femenina ha tenido dos hijos; se los han quitado nada más nacer, porque se considera que no debe ni puede cuidarlos. Nunca más volverá a verlos, pero siempre los echará de menos. Mientras tanto, es explotada por una empresa que trabaja bajo un sistema de producción en cadena. Cuando envejece y enferma, no se la considera útil y es apartada del trabajo. Finalmente... es ejecutada.

Si no fuera por el final -que nos haría pensar, más bien, en una distopía- pensaríamos, sin duda, que nos encontramos ante una película de ficción con personajes humanos. Pues no, la protagonista es una vaca, el último año de vida de una vaca.


Andrea Arnold ha aprovechado el formato de documental para hablarnos de otras cosas: de la libertad, de la explotación de un sistema económico -que afecta a los animales, pero no sólo a ellos-, del sentimiento de pérdida, de la maternidad...


Sí, también de cómo los seres humanos, aunque sea con mano de seda, apartamos los sentimientos u olvidamos lo que hacemos o se hace con los animales. Lo consigue con el montaje y un guion preciso y cuidado que pocas veces he visto en películas de ficción. 


Si queremos ver cómo se puede aprovechar la vida de un animal para hacer una reflexión más profunda tenemos Al azar de Balthasar de Robert Bresson. Aquí tenemos la inocencia del animal, un burro, que es testigo de la crueldad y la estupidez de la naturaleza humana; no sólo la sufre él mismo, sino también, como en un reflejo, su primera compañera de juegos. La maldad se impone, porque es activa y egoísta; la bondad es pasiva e indecisa. Ninguna película es más terrible y tierna; ningún final me he afectado tanto como éste. 

Una visión más experimental la encontramos en Gunda de Kossakovski. 


El profesor Bachmann y su clase es un documental de tres horas. Se nos cuentan las experiencias de un profesor peculiar en el trato con unos quince alumnos, recién llegados de países del Este, y que deben incorporarse, tarde o temprano, al sistema educativo alemán. No pretende ser un documental deslumbrado por la personalidad de su protagonista; tampoco lo hace desde una perspectiva negativa o destructiva. Reconoces al profesor que con métodos diferentes intenta atraer al estudio a ese alumnado con dificultades de todo tipo. Y al profesor agotado, que, a veces, se pregunta si vale la pena lo que está haciendo. Invita a la reflexión sobre los modelos educativos y si estos serán capaces de transformarnos o, al faltar medios, tiempo, apoyo desde las instituciones estarán condenados a fracasar. 


¿Cuando estos alumnos se integren en el sistema no se sentirán decepcionados al comprobar que estos métodos son la excepción? ¿No acabarán siendo parte de ese alumnado, carne de cañón, ejemplo de fracaso escolar? ¿Es posible una buena educación mientras no cambien aspectos esenciales y fundamentales de la enseñanza reglada que no tienen en cuenta las circunstancias de gran parte de un alumnado, olvidado, despreciado, ninguneado frente a otros que con más medios económicos a su disposición siempre tendrán más posibilidades? 

Apuntes para una Orestíada pertenece a otra época, pero dice mucho sobre Pasolini. 



Y sobre un cine arriesgado y valiente. Es un documental con ideas muy interesantes. Partiendo de la trilogía de Esquilo, Pasolini busca un paralelismo de este mito griego, trasplantándolo a la África de los años setenta. Formalmente utiliza una amplia variedad de posibilidades; desde imágenes de archivo, combinadas con otras, rodados por él en varias visitas a países africanos; asistimos a una entrevista hecha en una sala de cine a algunos representantes, escogidos de entre los jóvenes universitarios que formarán parte de la élite de sus países; llega a atreverse a preparar una escena, donde se mezclan la música operística con el jazz, esbozando un encuentro entre dos culturas opuestas: la occidental y la africana. 

Son los años 70. Todavía es posible la democracia y la revolución en el continente negro. O aún se sueña con ella, con una nueva forma de concebir el mundo que no olvide la tradición y una cultura milenaria. 

En unos años se impondrá la pesadilla. Se intuye en algunas imágenes -con cadáveres abandonados en los caminos polvorientos de un país en guerra- o en las reflexiones que aparecen de cuando en cuando; uno de los jóvenes entrevistados contradice el final optimista de Esquilo y que Pasolini desearía: "las Euménides y las Erinias conviven al mismo tiempo; no pueden existir unas sin las otras". 

Si un buen documental es el que hace muchas preguntas al espectador y además le obliga a plantearse otras nuevas, este, sin duda, es uno de ellos.

domingo, 7 de marzo de 2021

UN CONDENADO A MUERTE SE HA ESCAPADO


Bresson en Un condenado a muerte nos dice desde el principio qué es lo que busca. No hay engaños. 

Va a contarnos con sobriedad, sin detalles innecesarios o superfluos cómo un hombre ha escapado de la cárcel. El primer plano nos deja claro con un letrero que allí siete mil personas murieron durante la ocupación nazi. No hay elección: estamos con el protagonista y desde el principio deseamos que lo consiga. 


En la primera escena lo intenta, mientras lo llevan en coche a la cárcel. Es su punto de vista el elegido: el manillar de la puerta, el cambio de marchas, el compañero que no hace nada y le deja hacer. Fracasa, pero en esa primera escena está todo; los detalles y la construcción obsesiva de un personaje con un único objetivo: la libertad. 

En la cárcel aparece, a los cinco minutos de trama, su voz en off. Y va a ser él quién nos va a acompañar en esta extraordinaria aventura interior; de la celda de castigo a la 102. Las conversaciones con los compañeros; el prisionero, anciano, desesperado que encuentra una esperanza en el esfuerzo por escapar de nuestro protagonista; el que lo intenta antes que él y fracasa, aunque, como bien dice uno de ellos: "él ha muerto para que tú puedas conseguirlo". 

Y, al final, no puede hacerlo solo. Un muchacho, que podría haberse convertido en un Lacombe Lucien, colaboracionista, un joven que aún no sabía lo que quería, le ayudará en el último tramo. Ambos escaparán y se "salvarán"; en el caso de Bresson en ambos sentidos, no sólo física, sino espiritualmente. 

El muchacho, cuando pisan la calle, le dice: "Si me viera mi madre...".  

Aquí tenéis la película completa. 


Último plano. Suena la música religiosa de Mozart. Y los dos escapan, protegidos por la niebla. Y nos emocionamos.

Son libres... Nosotros, también. 



miércoles, 17 de febrero de 2021

PICKPOCKET

 


¿Por qué una película en apariencia tan fría, tan sobria, siempre me acaba emocionando en esta escena final?


Tal vez porque Bresson nos prepara con miradas, gestos sutiles durante setenta minutos para que, al final, dos cuerpos, separados por una reja, nos lo cuenten todo; le den sentido a nuestra existencia...