sábado, 26 de septiembre de 2026

EL DESENCANTO Y LORD JIM

 


La escuela es una institución penal que nos obliga a olvidar la infancia, en la infancia vivimos, después, sobrevivimos, Los Panero, Lord Jim, uno de los nuestros, ¿en verdad, es uno de los nuestros?, ¿son de los nuestros?, como dice el capitán Marlow, payasos, nos devuelven el reflejo, melancolía de una raza que se extingue, un héroe solitario, apartado del mundo, condenado, en la locura no son las palabras, o en la sinrazón o en la desviación de la norma, sino los gestos lo que cuentan, Lord Jim lo sabía, abandona un barco y debe pagar por ello, cobardía, el honor, más que el honor, el mal que se oculta entre las palabras y los ideales, es un romántico, eso dice Stein, o un loco, como Kurtz, cumple fielmente el papel que le corresponde, el horror, sí, el horror, 

el del capitalismo, lo vemos todos los días, muertos, quemados por el fuego de las bombas, muertos, ahogados en el mar, muertos, huesos devorados por la tierra, desahuciados, cenizas, olvidados, el horror, sí, el horror, el del colonialismo, mentiras que nos contaron nuestros padres, el dinero, la voracidad, la explotación, la especulación, los recursos esquilmados, la gloria, la patria, el honor, el valor y, por supuesto, la mezquindad, la cobardía, la diaria, enraizados en la tierra, ¿qué ocurre cuando esa tierra se quema?, ¿dónde encontraremos el espíritu de la tierra que nos vio crecer o nacer?, ¿y si te quitan la tierra, el agua, el aire? envenenada por cientos de generaciones, por la sangre de los muertos, nos rodean, nos pesan, y los fracasos, y los edificios en ruinas, ¿y, señores, cuándo la existencia es absolutamente necesaria para otra persona?, amamos, odiamos, la felicidad se escapa de entre los dedos, una niña juega y ríe y llora, sueña, esperanza disparada hacia el futuro, el tiempo cumple su tarea, un gato mira al infinito, un perro ladra, golpeado, aterrorizado, y llega nuestra última palabra, entre balbuceos y temblores, si alguien logra entenderla, que puedas explicar con palabras un objetivo duradero, entre estertores, si no te duermen, había alcanzado la grandeza, ¿fui un buen padre?, ¿fui un buen hijo?, parece que me estoy convirtiendo en un dios, ¡qué gran artista muere conmigo!, la llamada de su mundo de sombras, el silencio, inevitable, y ese mundo de sombras que los devora, nos devora, los fantasmas, esos espíritus evocados por nuestros miedos e inquietudes, las máscaras, personas, personajes en busca de autor, más allá de los límites que la sociedad marca, hay que matar al padre, porque él, el gran Panero, no supo hacerlo, Lord Jim asume el sacrificio, he venido dispuesto y desarmado, las palabras ordenan el mundo, nos salvan, o eso dicen, el silencio nos devuelve al caos, mirándole directamente a los ojos, nos mentimos a nosotros mismos, la memoria, la vanidad le pone trampas al recuerdo, necesitamos de cierto fingimiento para poder vivir, cae, una mirada imperturbable y repleta de orgullo, el fracaso más absoluto es la más resplandeciente victoria, la única salida, eso dice el loco, es la escritura, la poesía.

sábado, 12 de septiembre de 2026

¿Y SI ESTA NOVELA LA HUBIERA ESCRITO LILA?


Al final de las más de dos mil páginas de Dos amigas de Elena Ferrante el personaje de la escritora, Lenú, se obsesiona con publicar un libro que nunca existió, el que habría escrito su amiga Lila. Duda si toda su obra, la que le ha dado fama y dinero y una posición acomodada, ha sido, no solo inspirada, sino, incluso, escrita por su amiga. Sabe que a pesar de su empeño y constancia, aunque haya ascendido en la escala social desde los arrabales de Nápoles, nunca ha tenido ni tendrá el talento de Lila; dentro de cien años nadie la recordará. 

¿Y si el punto de vista no hubiera sido el de Lenú, sino el de Lila? ¿Y si esta novela la hubiera escrito Lila? Hubiera sido mucho mejor. No hubiera alcanzado premios, ni se hubiera vendido tanto, ni habrían rodado una serie de televisión, pero hubiéramos encontrado más talento; el personaje de Lila nos hubiera regalado caos, profundidad, locura. Su imagen del mundo no hubiera sido ordenada, sino inestable, fragmentada, demencial. ¿Y si, en el fondo, toda esta obra no es más que un guiño, un deje irónico y socarrón de la propia Ferrante? 

Ferrante es una buena escritora y, como su personaje Lenú, sabe construir personajes creíbles, que podemos identificar en nuestra vida cotidiana -conocemos, hemos visto en el trabajo o en la familia o en la calle a tipos como Michele, Enzo, Marcello, Adela, Alfonso, Pinuccia, Antonio, Pasquale, Nadia, Donato, Carmen, Gigliola, Stefano, Rino, Elisa, Nino, Pietro, la propia Lenú-, los hace evolucionar de manera inteligente, recrea ambientes políticos y sociales, sin que estos acaben aplastando la narración, y añade el toque de color justo y necesario para contentar tanto a los que buscan alta literatura o crítica social como a los que prefieren el folletín, que, sin duda, Ferrante domina con maestría. La historia de Italia en los últimos setenta años -desde la posguerra, pasando por las Brigadas Rojas hasta llegar al hundimiento de los partidos tradicionales- y la ciudad de Nápoles, violenta y bella, sucia y atractiva, arrabalera y corrupta, son marcos o escenarios solo para que los personajes se desenvuelvan entre descripciones precisas, diálogos vivos. Nada que objetar. Y, sin embargo, ¿por qué tengo la sensación de que muchas de las ideas que aparecen en esta obra, sobre todo, en el cuarto y último tomo, podrían haber rebasado el límite que se les ha impuesto? Como Lenú, Ferrante venderá muchos libros, ganará dinero, pero tal vez, como teme su personaje, nadie la recordará dentro de cien años. Ferrante y su anonimato me hacen pensar que detrás de esta escritora, la verdadera, sea quien sea, hay una Lila, el personaje central de la obra, el único que no podemos vislumbrar al salir a la calle o en el trabajo, el que se sale de todas las normas, una Lila que no se atreve a expresarse o tal vez Ferrante, como Lenú, desearía ser, insatisfecha, impotente, esa Lila.

Uno de los momentos clave de la obra es el terremoto. Lila entra en un estado que llama "desbordamiento". Un experto lo llamaría ataque de ansiedad o angustia existencial, pero Ferrante es inteligente, añade detalles que nos trasladan a un concepto muy diferente, difícil de definir. Lo describe de una manera surrealista, hipnótica, donde el sueño y la realidad se confunden; es como si el mundo le mostrara su rostro verdadero: nada es firme, los ángulos no son rectos, no hay sólidos, sino fluidos que se mezclan, vivimos en el caos y no nos damos cuenta. Otra revelación para la narradora y para nosotros, como lectores, nos llega cuando Lila le explica que en Nápoles debajo de sus monasterios, iglesias y bibliotecas hubo en otra época sangre, detritus, fosas comunes, asesinatos; el mal se oculta bajo los monumentos que visitan los turistas, se cubre con tierra, incienso, libros, alta cultura, se revela entre edificios que se derrumban y se reconstruyen, salpicado de corrupción y fealdad, y, da igual lo que hagamos, nos devorará.

A diferencia de Ferrante, Cartarescu, Gabriel García Márquez o Juan Rulfo lograron dar ese paso. Muestran el mal, el delirio de una mente enferma o de una sociedad escindida, parten de la realidad, sea en Macondo, en un pueblo fantasmal o en una Bucarest apocalíptica, para ir más allá; su imaginación rompe las barreras, las hace saltar en pedazos. Ellos sí liberaron a la Lila que llevaban dentro. 

viernes, 11 de septiembre de 2026

ENSEÑAR A PENSAR ES UN ACTO POLÍTICO

 


Estábamos sentados a la mesa de un bar moderno de Carabanchel, a unos metros de la calle Inmaculada Concepción, allí, a mano derecha, está el recorrido que hacíamos muchos domingos para visitar a mi abuela, comer con ella, recuerdo su bondad, su discreción, una mujer de otros tiempos, sometida, aquí, en el barrio de moda de los artistas, los precios suben como la espuma, lejos quedan esa época en que me bajaba en el metro de Marqués de Vadillo, los cines, al otro lado de la calle, donde vi la primera película de Torrente, antes de que los cerraran, te cruzabas con los vecinos que habían trabajado toda su vida para sacar a sus hijos adelante, para que tuvieran más oportunidades de las que tuvieron ellos, ¿dónde están?, muertos, las generaciones se suceden, pasan, sus hijos ahora viven en barrios periféricos, mis tíos, mis primos, en adosados, en fincas, sí, tuvieron más oportunidades, perdieron batallas, las perdimos, doblegados por la realidad, siempre se pierden, allí estábamos, habíamos escuchado a Jonás Trueba, nos había hecho reflexionar sobre su cine, la industria, la libertad creativa, sí, me siento extraño, ahora tenía a Jonás Trueba a mi derecha, le veía comer una tostada, beber una cerveza, me hubiera gustado hablar con él de cine, pero no fue posible, conversaciones posibles, hipotéticas, realidades paralelas, había más de cuatro profesores alrededor de esa mesa, nos atrae hablar de lo nuestro como a las polillas la luz, era inevitable que saliera el informe Pisa, el debate fue interesante, no dije ni una palabra, no por discreción, sino por timidez, la vanidad me salía por los poros, pero no me atrevía a darle salida, se trataron muchos temas, las nuevas tecnologías, el planteamiento educativo tradicional, el cine como motor de cambio, el esfuerzo de los docentes, nos despedimos, horas después pensé, no hablamos de política, la clave, si muchos de nuestros alumnos no saben leer o escribir o no reflexionan, aunque se deba a muchos factores, tantos, nos aplastan, el más importante, sí, es una decisión política, quien no piensa, quien no tiene criterios propios, capacidad de juicio, interés por el conocimiento puede ser manipulado y dirigido por el poder.

No nos engañemos, en las aulas vivimos muchas derrotas, aunque tengamos a veces unas pocas victorias. Todo sistema educativo prepara al alumno para integrarse en sociedad. Si este sistema con sus leyes, preocupadas por aspectos superficiales y técnicos, palabras vacías, ajenas a la realidad social, eso nos dicen, y esclavas de presiones e intereses variados, miedos y mezquindades, si ha creado alumnos de este tipo es tal vez porque interesa que así sea. Solo quienes estamos dentro intentamos protegerlo como foco de cultura, de conocimiento, un refugio frente a la ignorancia, más recursos, más inversión, desprecio de los poderosos, la Formula 1, el circo se lleva todo el dinero.

El sistema educativo nos obliga a poner notas, esas notas servirán para promocionar y situar al alumno en la rampa de salida de su futuro laboral, resultados, eficacia, éxito, dinero, nos repiten, vanidad, soberbia, y, sí, de vez en cuando interés por conocer, a veces lo descubres en un gesto, una mirada, una pregunta, un comentario, escribir una carta, hoy mismo, por ejemplo, es difícil el Latín, pero interesante, la lectura de un libro, un poema, escrito en una noche de insomnio, una reflexión, la curiosidad, hay alumnos y alumnas, sobre todo, que nos salvan y se salvan, pocos, pocas, muchas derrotas, escasas victorias, la política lo impregna todo, porque la polis es el centro de nuestras decisiones, bien lo sabían los griegos, aunque nos quieran lejos, para que no molestemos.

Sí, enseñar a leer, a escribir, a pensar siempre será un acto político, rebelde, valiente. 

Es lo único que nos queda, sembrar semillas para el futuro.