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sábado, 18 de junio de 2022

VIDAS PARALELAS: JONAS TRUEBA Y J. G. PERIOT (TENÉIS QUE VENIR A VERLA Y RETOUR A REIMS)

 

Jonas Trueba:

Me gusta su sencillez, sus deseos de experimentar, de jugar, de observar y contemplar la realidad. Evita juzgar a sus personajes. Los deja libres. 

Me gusta cómo nos muestra un espejo de nosotros mismos, o, al menos, de la generación a la que pertenezco -o de una parte de esa generación, la cultivada y leída-; y lo hace sin pretensiones. Mantiene un diálogo fluido y divertido con el espectador minoritario que encuentra en las salas de cine... 

El trailer o pseudo-trailer es un buen ejemplo de lo dicho hasta ahora...


pero... Sí, hay un pero. 

Querría que Jonás Trueba fuera más lejos. No lo hizo en su anterior experimento, el documental Quien lo impide. No quiere ni le interesa, me temo. Y es una pena, porque tiene mucho talento... 

A veces podemos pensar que hemos apostado por la sencillez, siempre digna de alabanza y poco transitada en general, y no darnos cuenta de que en cualquier momento puede transformarse en conformismo. Si no llevamos el experimento y el juego más allá, hasta el límite, nos traicionamos, nos acomodamos a unas reglas, asumimos precisamente aquello que queríamos evitar. No rompemos la baraja, sólo hacemos la vida más amable. Aunque tal vez ese sea el propósito de Jonás. 

¿O es el de no molestar? ¿O quizá el de tener libertad para hacer lo que quiera, disfrutando de la vida y de sus amigos, sin aspiraciones de gran altura? Pero ese espacio de libertad le puede llevar a la nada. O tal vez, precisamente, es eso lo que busque: la felicidad, la ataraxia, el nirvana... Que, sin duda, puede ser un objetivo muy encomiable y difícil de alcanzar en estos tiempos... 

Me gustan sus actores; sobre todo, Itsaso Arana. Su personaje es el más definido y completo. El resto, no tanto...

Como todo experimento, hallamos fragmentos, esbozos, ideas pergeñadas. Al principio, cuando sostiene cuatro planos de actores que, simplemente, escuchan una composición de jazz no puedes decir otra cosa que: ¡¡¡Bravo!!! Es interesante lo que se insinúa en los silencios y diálogos, más que lo que muestra. El corte final, rompiendo la tercera pared, cierra muy bien la historia. Y sin embargo... 

Sí, es un esbozo de película. Y tal vez por eso tiene su encanto... Pero...

J. G. Periot:

Me gusta de Periot su mirada al pasado como ya hizo en su anterior película Nuestras derrotas. El sí fue más lejos que Trueba en su Quien lo impide; mostró el lado oscuro de la juventud actual, su ignorancia y apoliticismo, el callejón sin salida en el que se encuentran. Trueba ahí, seamos sinceros, se quedó en la superficie... 

https://www.rtve.es/play/videos/dias-de-cine/nuestras-derrotas/5630932/

No es la mirada de Periot sobre el pasado condescendiente ni acrítica; no hay idealización, sino una reflexión, a veces dura y seca, sobre aquello que nos ha traído al presente. Me gusta su visión del documental como algo vivo, que juega con el tiempo y el espacio, con la imagen y los recuerdos, en el que la palabra y la rima visual se convierten en un espejo en el que mirarnos. Pero no basta con contemplar nuestro reflejo; debemos romperlo en mil pedazos. Y Periot lo hace. 

La primera parte es una reflexión sobre nuestros abuelos y padres, condenados a formar parte de los explotados, que fueron obligados a trabajar, a abandonar la educación a edad temprana, a morir jóvenes, a ser humillados. Te emociona y te obliga a pensar sobre lo que significó para esas generaciones el trabajo y la, hoy perdida, conciencia de clase.

La segunda parte quizá sea difícil de asimilar; se nos hace más árida. Me recuerda a un ensayo -no olvidemos que es una adaptación de una obra de Dedier Eribon-. Periot construye un discurso político bastante coherente: una reflexión sobre el auge de la extrema derecha entre los desfavorecidos. Tal vez hubiera necesitado más tiempo para desarrollar todas las ideas que aparecen.

A Periot le gustaría que el epílogo fuera un aldabonazo de esperanza: es posible que la izquierda retome el rumbo y el discurso y a sus votantes, si se hace más radical, si recupera sus raíces. 

Puedes ser escéptico ante esa ingenua reflexión final, -sobre todo, cuando observamos la  fragmentación de luchas y objetivos, tan claramente visible en los planos finales, frente al discurso simple y eficaz de la derecha-, pero eso no disminuye el valor de esta película combativa y radical, en su sentido más digno.

Jonás Trueba y J. G. Periot.

Si hay algo que ambos autores comparten, sin duda, es una mirada particular. Les gusta experimentar, buscan un espacio propio, que saben minoritario, y una libertad que les aleje de los grandes engranajes de poder en la industria.

Investigan en el fragmento y lo caótico la verdad del mundo. Lo construyen con esos fragmentos, conscientes de que ya no podemos confiar ni creer en Verdades absolutas. 

Son sencillos y directos; su discurso es claro y preciso, aunque sus objetivos y estilos difieran. Si Trueba prefiere insinuar, Periot se decanta por el puñetazo en la cara. 

Trueba no deja de ser un burgués, un intelectual de clase media. Y sus historias bucean en los sentimientos de las relaciones de pareja. Nunca profundizará en los grandes dramas colectivos, porque su búsqueda es individual; yo diría, incluso, que íntima, fuera del tiempo... Me gustaría que alguna vez rompiera el espejo... pero no sé si podrá o querrá hacerlo.

Periot, en cambio, es hijo de obreros. Su conciencia es colectiva; su mirada es hegeliana. La Historia familiar es un fragmento de la Historia de un país o de todos los países, de la Humanidad. Seguirá rompiendo espejos. El único riesgo es que pierda el vínculo con las emociones vitales y construya un discurso alejado de ellas. 

Vidas paralelas.

Me pregunto si algún día volverán a contemplarse... 


sábado, 25 de septiembre de 2021

LA ADOLESCENCIA, EL FARSANTE Y EL COMPROMISO: JONAS TRUEBA Y JEAN GABRIEL PERIOT


La adolescencia es un momento complicado. Todo es posible y una sorpresa y un riesgo. Las emociones son difíciles de controlar. La vida gira a tu alrededor y no sabes qué hacer. Si te equivocas, los errores no pesan tanto... Aunque entonces, cuando somos jóvenes, lo parezca...

Jonás Trueba ha presentado su nuevo trabajo en colaboración con un grupo de adolescentes en el festival de Donosti. Más de cinco años compartiendo cambios y perspectivas con ellos. Hace un par de años vi un primer esbozo, aún sin montar ni definir del todo. 

No puedo decir mucho de la versión que ha presentado, Quien lo impide, en el festival de San Sebastián. En primer lugar, porque ha reducido horas de metraje en una hora y media escasa. En segundo lugar, ha añadido los años de la pandemia a esa visión de la adolescencia. 


Sin embargo, no creo que ni el tono ni el planteamiento haya variado, por el trailer, que sí he visto. Y sé lo que me gustó y lo que no me gustó de esa propuesta...

Y para eso, para decir lo que me pareció, me apoyo en otro experimento colaborativo: el de Jean Gabriel Periot, Nos defaites; Nuestras derrotas. 

Periot es un director muy interesante. Se movió al principio en el mundo del video-arte experimental. Lo que nos ofrece es un punto de visto directo, comprometido, político en el sentido más amplio y honrado del término. 

Lo experimental va de la mano con su interés por la historia y el cine o la fotografía en casi toda su obra. Queda claro en este cortometraje de diez minutos sobre Hiroshima.


Si queremos entender el presente, hay que comprender y profundizar en nuestro pasado. Lo demás es mirar a otro lado y justificarnos, mientras lo hacemos. Y son muchos -artistas o no- los que prefieren no comprometerse o no molestar al poder establecido o al fascismo que empieza a sernos familiar en el día a día, aunque oculte su rostro de manera más o menos sutil. 

Esta actitud de Periot es cada más evidente en sus largometrajes documentales o de ficción. El cuarto, Regreso a Reims, aún por estrenar, y que también se puede ver estos días en Donosti, en la sección Tabacalera, recorre la historia de la clase obrera francesa desde los años 50, partiendo de una novela-ensayo de Didier Eribon. 

Aquí, en este enlace, hay algunos clips o escenas del documental. 

Periot, sin abandonar algunas ideas -experimentales y bastante atractivas de sus primeras obras-, toma desde hace unos años un camino contundente o, por decirlo de otra manera, narrativo. 

El punto de partida de Nos defaits es parecido al de Jonás, pero Periot va más allá, en mi opinión. Trueba se queda en la superficie; nos habla, teniendo como referencia ese nuevo género tan de moda hoy en día en el que la ficción y el documental se mezclan, de una realidad compleja y que merece ser tratada desde nuevas perspectivas, sin duda. Son ellos, los chicos, quienes nos cuentan sus experiencias, su visión del mundo, y eso da frescura a lo que vemos, pero Trueba marca un tono general y este es amable, agradable, asumible para un gran público. Y para mí esa decisión es decepcionante.

Periot es más valiente. Va mucho más lejos en todos los sentidos. Primero, porque su apuesta estética es mucho más interesante. Su punto de partida es metalingüístico; propone a un grupo de adolescentes que interpreten escenas de películas políticas y comprometidas de los años sesenta y setenta. Y lo hacen muy bien. La vuelta de tuerca viene a continuación, por supuesto. ¿Qué piensan ellos, como jóvenes, ahora en el siglo XXI, de los conceptos que estaban de moda entre los adolescentes de hace dos generaciones: revolución, rebeldía, comunismo, capitalismo? ¿Son posibles en la actualidad? 

Las respuestas retratan muy bien a una generación con unas expectativas que nada tienen que ver con las de sus abuelos. La decepción, la sensación de que no se puede cambiar nada, la desilusión por lo político, la ignorancia de conceptos claves.


Trueba se queda en el presente; no arriesga. Tal vez porque prefiere el punto de vista del adolescente y desecha el más maduro y crítico. Periot, en cambio, mira al pasado, lo reinterpreta, da sentido a este presente en el que sólo nos caben derrotas. O, si acaso, aunque sepamos que vamos a perder, luchas dignas. 

Trueba no es valiente o, más bien, en Quien lo impide es simplemente un director -aunque venda otra cosa y hable de experimentos; es cierto que comparado con otros documentales españoles ofrece algo diferente- bien asentado en el sistema o que no ha querido complicarse la vida -solo pretendía escuchar a esos jóvenes, sin hacer juicios de valor-. En resumidas cuentas, ha buscado un producto que guste a todos: a sus chicos y al gran público. Es una elección, respetable, sin duda, pero cobarde en el fondo, de un creador, que, sin embargo, en el resto de su filmografía camina por el alambre y en los márgenes de la industria y lo comercial.

Periot da un paso más. El compromiso es eso. Mostrar la realidad, hablar de política, la de verdad, la que nos afecta a todos, aunque no guste lo que digas, aunque resulte incómoda o, precisamente, por eso. Quitar las máscaras a una realidad que no deja de ocultarse bajo eufemismos y buenas intenciones.

Lo demás es farsa. 

Lo siento, Jonás. Aquí has sido un farsante. Como la Holly de Desayuno con diamantes. 

Periot, por el contrario, no. 

Esa es la diferencia entre una representación y el compromiso.