sábado, 7 de noviembre de 2026

HANGAR ROJO Y LA GRADIVA: LA ÉTICA Y EL ABISMO

 

La gradiva, bajorrelieve antiguo, una mujer que camina, una diosa que avanza, del rocío, apoyándose en la punta de los dedos, alzando ligeramente su vestido, al tiempo que el talón se eleva verticalmente, el movimiento se realza con los pliegues de la túnica, sobrevivió al desastre de Pompeya, ese fue el punto de partida de una novela de Jenssen, un arqueólogo se obsesiona con su figura, la escultura se introduce en sus sueños, acaba transformándose, paseando por la ciudad dormida, en una mujer de carne y hueso, Freud dedicó un libro a esta novela corta para hablar del subconsciente, y aquí nos tropezamos con una película, éxito en Francia, con el mismo título, La gradiva, el subconsciente que nos tortura, lágrimas perdidas,

tenemos un grupo de adolescentes franceses en una visita a Nápoles, antes de que concluyan su Bachillerato, cuatro personajes principales, un guaperas, que no se toma en serio nada, o, al menos, eso aparenta, tiene éxito con las chicas, mantiene relaciones superficiales, un homosexual que ha recreado una versión edulcorada del pasado de su abuela, la madre, enferma, inestable, enamorado del amigo, por otro lado, una joven, tímida, inteligente, poco agraciada, dibuja en su cuaderno, aspira a entrar en una escuela de Artes, lee un libro, extraño espécimen, enamorada también del guaperas, lo detesta, representa todo lo que odia, y una profesora de Latín, cuarentona, agotada, sola, es decir, cuatro seres desorientados en un entorno que revela y potencia sus carencias, hay más, claro, me ha hecho gracia una escena, quizá hay una reflexión generacional, política, las revueltas en Francia, las protestas en Madrid, un debate sobre la educación pública en el que uno de los compañeros utiliza los mismos argumentos que Ayuso y Zarzalejo, mientras el resto comprende las huelgas de los docentes, nuestros padres trabajaron para que llegáramos aquí, sea en francés o en español, igualdad o desigualdad de oportunidades, el discurso es el mismo, vemos la bofetada del fascismo, del capitalismo, brutal, sus insultos cotidianos, la màscara ho és sempre d`una altra més fosca, suben al Vesuvio, el volcán estalló, les cuentan que arrasó con una ciudad, Pompeya, en octubre del 79 d.C., hombres y mujeres y niños, desesperados, en el terremoto del 80, no pueden escapar, caminan entre escombros, una escena mucho más importante es otra en la que la profesora propone una clase, o tendríamos que decir que es, más bien, la tentativa de explicar una pintura pompeyana y un poema de Propercio, la de los Misterios, nocte una quivis vel deus esse potest, en el mismo sitio donde se ha conservado, cualquiera en una noche puede convertirse en un dios, los conflictos estallan, de manera natural, el magma se desborda del cráter, los sueños revelan sus deseos, más tarde en la visita al museo Arqueológico de Nápoles las esculturas les hablan, la belleza del cuerpo, formas que llegan más allá y una mujer en yeso, conservada en el preciso instante de su muerte, contemplada por estos jóvenes, futuro eterno, els ulls que reflecteixen el demà sense veure'l, mortal, allí y entonces, aquí y ahora, el passat ens espera al demà, va sempre més de pressa que nosaltres, pero llega el descubrimiento, la realidad es sucia, el abuelo violó a su abuela, no la amó, los sueños se desmoronan, la frustración y el rechazo preparan el camino para la tragedia, que llega en una barca, como Virginia Woolf, creo que voy a enloquecer de nuevo, ya no puedo seguir peleando, se hunde en el agua, has sido totalmente paciente conmigo, e increíblemente bueno, en el mar, bajo la mirada del Vesuvio, si alguien pudiera salvarme solo podrías haber sido tú, todo se ha marchado, salvo la certeza de tu bondad, no hay vuelta atrás, ahogada, ara només importa la bondat, la resta son qüestions d'un món inhòspit, su cuerpo aparecerá muerto en una playa, ahogado, el autobús con los estudiantes, conmocionados, se aleja, precedido de un coche de la policía, un último plano con la voz en off de la joven artista, lectora, narradora, escritora, cerrando el relato, vemos un jardín de naranjos, hermoso, el plano es fijo, se equivocaba, concluye ella, no todo es sucio, 

en Hangar rojo todo es sucio, no hay duda, durante el golpe de Estado de Pinochet los primeros días se tortura, se asesina, la vida no tiene valor, un hombre, un capitán, paracaidista del Ejército chileno, respetuoso con la legalidad, intenta sobrevivir, debe tomar una decisión, colaborar con los asesinos o negarse a hacerlo, aunque eso le cueste, como así sucedió, el personaje existió, tortura, cárcel, exilio, igual que en El hijo de Saúl o en La zona de interés, la cámara en mano penetra en los pensamientos del protagonista, no vemos la crueldad, solo la intuimos, la escuchamos, el fuera de campo, como bien sabía Jacques Tourneur, es más aterrador,

la honradez, la ética es el único camino que le queda a este hombre, y el amor por su mujer, para enfrentarse al mal absoluto, la dignidad, se gana el respeto, el valor se demuestra con gestos sencillos, colaboro o me niego, ¿qué sentía cuando saltaba a mil metros?, decisiones firmes, me sentía libre, no se manchará con sangre inocente, es una acción necesaria, si queremos mantener nuestra humanidad, si no queremos acabar mirando el abismo, ser salvat és just això, escribió Joan Margarit, aferrar-se a les roques, no complaure`s a mirar vers a l`abism, i el que hem perdut és el que ens pot salvar en el desconegut record dels altres.

sábado, 10 de octubre de 2026

LA CAJA DE RESISTENCIA

 

Las máquinas sueñan humo, las máquinas sueñan hombres, y el hombre que las construyó, la mujer que las imaginó, son soñados por otras máquinas, y estas maquinas son imaginadas por otros hombres, son soñadas por otras mujeres, que son soñados por otras máquinas, contra los que nos roban el tiempo, contra los que nos roban el espacio, 

si las democracias sirvieran para algo, dicen, no nos dejarían votar, miles de refugiados, y los demás, marionetas, bailan sombras en la pared, excavan en la tierra, necesitan encontrar la luz, o una melodía que cante, o una llama que brille, proyectos que no fueron, imaginados, que no pudieron ser, mineros en huelga, sus mujeres los esperan y gritan, esta tierra es nuestra, los puños se alzan, compañeros, compañeras, es tu verdad, sí, a nadie le interesa tu verdad, nadie la recuerda, dicen ellos, 

memorias desenterradas, nombres olvidados, alzados, erguidos, se escucha el estruendo de las olas, mueren en la playa, hace miles de años, ahora mismo, puedes escucharlas, el mar vinoso, dijo Homero, refleja la luz y la melodía del mundo, un río, el Guadalquivir, cualquier río, fluye entre olivos centenarios, el viento agita sus ramas, luchar, susurra, los que roban el tiempo dictan las leyes, siempre, la ley es la ley, dicen ellos, es suya, es suyo, el dinero, eligen las palabras, las corrompen, aplastan el futuro, falta coherencia, nunca la habrá, las derrotas de hoy serán los gritos desesperados de mañana, aquí, allí, contra los que nos roban el espacio, luchar, luchar, contra los que nos roban el tiempo.

sábado, 26 de septiembre de 2026

EL DESENCANTO Y LORD JIM

 


La escuela es una institución penal que nos obliga a olvidar la infancia, en la infancia vivimos, después, sobrevivimos, Los Panero, Lord Jim, uno de los nuestros, ¿en verdad, es uno de los nuestros?, ¿son de los nuestros?, como dice el capitán Marlow, payasos, nos devuelven el reflejo, melancolía de una raza que se extingue, un héroe solitario, apartado del mundo, condenado, en la locura no son las palabras, o en la sinrazón o en la desviación de la norma, sino los gestos lo que cuentan, Lord Jim lo sabía, abandona un barco y debe pagar por ello, cobardía, el honor, más que el honor, el mal que se oculta entre las palabras y los ideales, es un romántico, eso dice Stein, o un loco, como Kurtz, cumple fielmente el papel que le corresponde, el horror, sí, el horror, 

el del capitalismo, lo vemos todos los días, muertos, quemados por el fuego de las bombas, muertos, ahogados en el mar, muertos, huesos devorados por la tierra, desahuciados, cenizas, olvidados, el horror, sí, el horror, el del colonialismo, mentiras que nos contaron nuestros padres, el dinero, la voracidad, la explotación, la especulación, los recursos esquilmados, la gloria, la patria, el honor, el valor y, por supuesto, la mezquindad, la cobardía, la diaria, enraizados en la tierra, ¿qué ocurre cuando esa tierra se quema?, ¿dónde encontraremos el espíritu de la tierra que nos vio crecer o nacer?, ¿y si te quitan la tierra, el agua, el aire? envenenada por cientos de generaciones, por la sangre de los muertos, nos rodean, nos pesan, y los fracasos, y los edificios en ruinas, ¿y, señores, cuándo la existencia es absolutamente necesaria para otra persona?, amamos, odiamos, la felicidad se escapa de entre los dedos, una niña juega y ríe y llora, sueña, esperanza disparada hacia el futuro, el tiempo cumple su tarea, un gato mira al infinito, un perro ladra, golpeado, aterrorizado, y llega nuestra última palabra, entre balbuceos y temblores, si alguien logra entenderla, que puedas explicar con palabras un objetivo duradero, entre estertores, si no te duermen, había alcanzado la grandeza, ¿fui un buen padre?, ¿fui un buen hijo?, parece que me estoy convirtiendo en un dios, ¡qué gran artista muere conmigo!, la llamada de su mundo de sombras, el silencio, inevitable, y ese mundo de sombras que los devora, nos devora, los fantasmas, esos espíritus evocados por nuestros miedos e inquietudes, las máscaras, personas, personajes en busca de autor, más allá de los límites que la sociedad marca, hay que matar al padre, porque él, el gran Panero, no supo hacerlo, Lord Jim asume el sacrificio, he venido dispuesto y desarmado, las palabras ordenan el mundo, nos salvan, o eso dicen, el silencio nos devuelve al caos, mirándole directamente a los ojos, nos mentimos a nosotros mismos, la memoria, la vanidad le pone trampas al recuerdo, necesitamos de cierto fingimiento para poder vivir, cae, una mirada imperturbable y repleta de orgullo, el fracaso más absoluto es la más resplandeciente victoria, la única salida, eso dice el loco, es la escritura, la poesía.

sábado, 12 de septiembre de 2026

¿Y SI ESTA NOVELA LA HUBIERA ESCRITO LILA?


Al final de las más de dos mil páginas de Dos amigas de Elena Ferrante el personaje de la escritora, Lenú, se obsesiona con publicar un libro que nunca existió, el que habría escrito su amiga Lila. Duda si toda su obra, la que le ha dado fama y dinero y una posición acomodada, ha sido, no solo inspirada, sino, incluso, escrita por su amiga. Sabe que a pesar de su empeño y constancia, aunque haya ascendido en la escala social desde los arrabales de Nápoles, nunca ha tenido ni tendrá el talento de Lila; dentro de cien años nadie la recordará. 

¿Y si el punto de vista no hubiera sido el de Lenú, sino el de Lila? ¿Y si esta novela la hubiera escrito Lila? Hubiera sido mucho mejor. No hubiera alcanzado premios, ni se hubiera vendido tanto, ni habrían rodado una serie de televisión, pero hubiéramos encontrado más talento; el personaje de Lila nos hubiera regalado caos, profundidad, locura. Su imagen del mundo no hubiera sido ordenada, sino inestable, fragmentada, demencial. ¿Y si, en el fondo, toda esta obra no es más que un guiño, un deje irónico y socarrón de la propia Ferrante? 

Ferrante es una buena escritora y, como su personaje Lenú, sabe construir personajes creíbles, que podemos identificar en nuestra vida cotidiana -conocemos, hemos visto en el trabajo o en la familia o en la calle a tipos como Michele, Enzo, Marcello, Adela, Alfonso, Pinuccia, Antonio, Pasquale, Nadia, Donato, Carmen, Gigliola, Stefano, Rino, Elisa, Nino, Pietro, la propia Lenú-, los hace evolucionar de manera inteligente, recrea ambientes políticos y sociales, sin que estos acaben aplastando la narración, y añade el toque de color justo y necesario para contentar tanto a los que buscan alta literatura o crítica social como a los que prefieren el folletín, que, sin duda, Ferrante domina con maestría. La historia de Italia en los últimos setenta años -desde la posguerra, pasando por las Brigadas Rojas hasta llegar al hundimiento de los partidos tradicionales- y la ciudad de Nápoles, violenta y bella, sucia y atractiva, arrabalera y corrupta, son marcos o escenarios solo para que los personajes se desenvuelvan entre descripciones precisas, diálogos vivos. Nada que objetar. Y, sin embargo, ¿por qué tengo la sensación de que muchas de las ideas que aparecen en esta obra, sobre todo, en el cuarto y último tomo, podrían haber rebasado el límite que se les ha impuesto? Como Lenú, Ferrante venderá muchos libros, ganará dinero, pero tal vez, como teme su personaje, nadie la recordará dentro de cien años. Ferrante y su anonimato me hacen pensar que detrás de esta escritora, la verdadera, sea quien sea, hay una Lila, el personaje central de la obra, el único que no podemos vislumbrar al salir a la calle o en el trabajo, el que se sale de todas las normas, una Lila que no se atreve a expresarse o tal vez Ferrante, como Lenú, desearía ser, insatisfecha, impotente, esa Lila.

Uno de los momentos clave de la obra es el terremoto. Lila entra en un estado que llama "desbordamiento". Un experto lo llamaría ataque de ansiedad o angustia existencial, pero Ferrante es inteligente, añade detalles que nos trasladan a un concepto muy diferente, difícil de definir. Lo describe de una manera surrealista, hipnótica, donde el sueño y la realidad se confunden; es como si el mundo le mostrara su rostro verdadero: nada es firme, los ángulos no son rectos, no hay sólidos, sino fluidos que se mezclan, vivimos en el caos y no nos damos cuenta. Otra revelación para la narradora y para nosotros, como lectores, nos llega cuando Lila le explica que en Nápoles debajo de sus monasterios, iglesias y bibliotecas hubo en otra época sangre, detritus, fosas comunes, asesinatos; el mal se oculta bajo los monumentos que visitan los turistas, se cubre con tierra, incienso, libros, alta cultura, se revela entre edificios que se derrumban y se reconstruyen, salpicado de corrupción y fealdad, y, da igual lo que hagamos, nos devorará.

A diferencia de Ferrante, Cartarescu, Gabriel García Márquez o Juan Rulfo lograron dar ese paso. Muestran el mal, el delirio de una mente enferma o de una sociedad escindida, parten de la realidad, sea en Macondo, en un pueblo fantasmal o en una Bucarest apocalíptica, para ir más allá; su imaginación rompe las barreras, las hace saltar en pedazos. Ellos sí liberaron a la Lila que llevaban dentro. 

viernes, 11 de septiembre de 2026

ENSEÑAR A PENSAR ES UN ACTO POLÍTICO

 


Estábamos sentados a la mesa de un bar moderno de Carabanchel, a unos metros de la calle Inmaculada Concepción, allí, a mano derecha, está el recorrido que hacíamos muchos domingos para visitar a mi abuela, comer con ella, recuerdo su bondad, su discreción, una mujer de otros tiempos, sometida, aquí, en el barrio de moda de los artistas, los precios suben como la espuma, lejos quedan esa época en que me bajaba en el metro de Marqués de Vadillo, los cines, al otro lado de la calle, donde vi la primera película de Torrente, antes de que los cerraran, te cruzabas con los vecinos que habían trabajado toda su vida para sacar a sus hijos adelante, para que tuvieran más oportunidades de las que tuvieron ellos, ¿dónde están?, muertos, las generaciones se suceden, pasan, sus hijos ahora viven en barrios periféricos, mis tíos, mis primos, en adosados, en fincas, sí, tuvieron más oportunidades, perdieron batallas, las perdimos, doblegados por la realidad, siempre se pierden, allí estábamos, habíamos escuchado a Jonás Trueba, nos había hecho reflexionar sobre su cine, la industria, la libertad creativa, sí, me siento extraño, ahora tenía a Jonás Trueba a mi derecha, le veía comer una tostada, beber una cerveza, me hubiera gustado hablar con él de cine, pero no fue posible, conversaciones posibles, hipotéticas, realidades paralelas, había más de cuatro profesores alrededor de esa mesa, nos atrae hablar de lo nuestro como a las polillas la luz, era inevitable que saliera el informe Pisa, el debate fue interesante, no dije ni una palabra, no por discreción, sino por timidez, la vanidad me salía por los poros, pero no me atrevía a darle salida, se trataron muchos temas, las nuevas tecnologías, el planteamiento educativo tradicional, el cine como motor de cambio, el esfuerzo de los docentes, nos despedimos, horas después pensé, no hablamos de política, la clave, si muchos de nuestros alumnos no saben leer o escribir o no reflexionan, aunque se deba a muchos factores, tantos, nos aplastan, el más importante, sí, es una decisión política, quien no piensa, quien no tiene criterios propios, capacidad de juicio, interés por el conocimiento puede ser manipulado y dirigido por el poder.

No nos engañemos, en las aulas vivimos muchas derrotas, aunque tengamos a veces unas pocas victorias. Todo sistema educativo prepara al alumno para integrarse en sociedad. Si este sistema con sus leyes, preocupadas por aspectos superficiales y técnicos, palabras vacías, ajenas a la realidad social, eso nos dicen, y esclavas de presiones e intereses variados, miedos y mezquindades, si ha creado alumnos de este tipo es tal vez porque interesa que así sea. Solo quienes estamos dentro intentamos protegerlo como foco de cultura, de conocimiento, un refugio frente a la ignorancia, más recursos, más inversión, desprecio de los poderosos, la Formula 1, el circo se lleva todo el dinero.

El sistema educativo nos obliga a poner notas, esas notas servirán para promocionar y situar al alumno en la rampa de salida de su futuro laboral, resultados, eficacia, éxito, dinero, nos repiten, vanidad, soberbia, y, sí, de vez en cuando interés por conocer, a veces lo descubres en un gesto, una mirada, una pregunta, un comentario, escribir una carta, hoy mismo, por ejemplo, es difícil el Latín, pero interesante, la lectura de un libro, un poema, escrito en una noche de insomnio, una reflexión, la curiosidad, hay alumnos y alumnas, sobre todo, que nos salvan y se salvan, pocos, pocas, muchas derrotas, escasas victorias, la política lo impregna todo, porque la polis es el centro de nuestras decisiones, bien lo sabían los griegos, aunque nos quieran lejos, para que no molestemos.

Sí, enseñar a leer, a escribir, a pensar siempre será un acto político, rebelde, valiente. 

Es lo único que nos queda, sembrar semillas para el futuro. 


lunes, 31 de agosto de 2026

EL SER QUERIDO DE SOROGOYEN


Aquí tenemos por fin la gran película de la temporada, la mejor interpretación de Bardem, el cine español y su industria la elogian y la ensalzan. ¿Es así? Hagamos un análisis detallado de los pros y los contra de El ser querido de Sorogoyen. 


Por un lado, pongamos los peros. No lo es que una película estrenada el año pasado, Valor sentimental, sea la misma historia en líneas generales. 


No se puede hablar de plagio; entre otras cosas, porque el planteamiento es diferente, aunque los dos planteen referencias metalingüísticas. En primer lugar, los espacios, simbólicos. Sorogoyen elige el desierto, un espacio infinito; el noruego, una casa, un lugar privado, cerrado, claustrofóbico. Por otra parte, Trier nos cuenta todo lo que sucede antes del rodaje; y eso permite que los personajes puedan encontrar un punto en común y resuelvan, al menos, el conflicto principal. El papel de la hermana, generosa e inteligente, sirve de engarce entre dos posiciones, los del padre y la hija, que parecen irreconciliables. No hay tal personaje en la película española o, por lo menos, no logra entrar con consistencia en la trama. Sorogoyen decide que durante el rodaje estalle el conflicto y la relación entre padre e hija, al final del metraje, no se ha solucionado, más allá de una toma de conciencia por parte de los dos del profundo dolor que comparten. Eso sí, sin duda, las dos películas, las que se ruedan en El ser querido y la que se grabará en Valor sentimental, serán películas de calidad o, al menos, eso nos dan a entender ambos directores. No es casualidad que esas películas imaginadas parezcan hablar de ausencias o pérdidas, sean familiares, la madre del personaje principal en Trier, o colectivas, un territorio, el Sáhara, y sentimentales, la descomposición de una pareja, en Sorogoyen. 

Pasemos a los planteamientos formales. Sorogoyen inserta planos en blanco y negro. ¿Enfatiza? Sí. ¿Funciona? Me temo que no. Hay otras elecciones de formato que no se notan tanto, más integradas, pero esta no se entiende desde el principio, si has decidido contar una historia de manera tradicional y con una narrativa convencional. No estamos ante una película experimental y esos ramalazos estéticos desentonan. ¿Para qué? Pues, eso.

La interpretación de Bardem es excelente. Sin duda, pero, a veces está al borde del ridículo, del precipicio. Sorogoyen lo contiene. Es un riesgo que logra salvar y, aún así, no sé si era necesario llegar tan lejos. ¡Este Bardem, monstruo de la naturaleza! ¿Encasillamiento? Tal vez, pero, mientras funcione y gane premios y aplausos de la crítica y el público nada habrá que objetar y él ganará dinero y prestigio.

El director admite que tuvo que quitar una escena en la que se entendía mejor la decisión que toma la directora de fotografía: abandonar el trabajo, en pleno rodaje. Es un elemento de guion importante, mal explicado. Quizá lo grave es que la decisión se tomó porque por razones de montaje había que eliminar una escena y se eligió esta. La industria tiene sus limitaciones y sus reglas son draconianas.

La película tiene virtudes. Los primeros minutos funcionan como un prólogo: dos personajes, una hija y su padre; hace años que no se ven. Él, director de prestigio, le propone ser su actriz principal en su próxima película. Sabemos que ella va a aceptar, pero la tensión seguirá, el problema no se resuelve, porque necesita de un tiempo que ninguno de los dos está dispuesto a darse. Es un cara a cara rodado en tiempo real; el montaje hace el milagro. Cumple su función y es un buen comienzo -aunque no llego a la exageración de algunos críticos que lo colocan en la maestría; no es para tanto-. 

Si olvido algunos momentos de Bardem, pocos y contenidos por el director, los dos interpretes -una gran Vicky Luengo- mantienen un duelo interpretativo soberbio. El resto de los personajes queda desdibujado, pero tampoco es un gran defecto. ¿O tal vez sí? La productora ejecutiva, la interpreta una actriz francesa, Marina Foïs, tal vez sea una excepción. En esas tres escenas donde aparece junto a Bardem, intuimos muchas más cosas de las que aparecen en el guion. Al contrario que Trier, que sí desarrolla el de la hermana de la protagonista, esta no logra influir ni cambiar el rumbo de la historia. Y es una pena. Del resto, poco más. Escenas que demuestran que conoce los entresijos del rodaje y del día a día de los actores y el equipo técnico; sirven de transición y ya está. Se admite; al fin y al cabo, la historia es esa, ¿no?

Hay partes que funcionan con un montaje sonoro y visual total. Escojo una en la que el personaje que interpreta Bardem, mientras escucha la banda sonora de su futura película con los cascos puestos, sigue el recorrido que hace su hija por el restaurante del hotel, y, cuando deja de mirarla, es ella la que lo descubre junto a sus otros hijos en un ambiente familiar que ella nunca tuvo con su propio padre. Incluso en la escena en el que Bardem se comporta como un tirano en medio del rodaje, en su parte final, dos pequeños detalles, uno de dirección -sonido y planificación- y otro de interpretación -contención de Bardem- transforman la escena, nos descubren otra realidad. Sorogoyen sabe hacerlo muy bien. 


Sorprende que en el fondo tanto Trier como Sorogoyen propongan, casi como una nota a pie de página en Sorogoyen, que por debajo de este enfrentamiento padre e hija, el tema más importante no sea este. No se engañen, aunque lo parezca, lo importante es otra cosa. Ambos artistas, directores, tiranos emocionales, encuentran en el arte, en su actividad creativa la única manera de expresar sus emociones; es, en el fondo, una carta de amor con un único destinatario. Ambos se preguntan, -con más claridad el personaje de Trier, un anciano-, si es demasiado tarde para que esa carta sea leída. Por eso Trier da una oportunidad a sus personajes para que en la vida real puedan encontrarse. Sorogoyen, en cambio, los separa, tal vez, definitivamente. 

Admito que me gusta más la elección de Trier, porque Sorogoyen no se atreve a llegar hasta el fondo, hasta la clave principal de esta historia: ¿qué dejaremos a nuestros hijos, cómo podemos hacernos perdonar por los errores que hemos cometido con ellos, antes de que muramos? La muerte, sí, la muerte, es el gran tema. Y la vida como su reverso. No hay más, aunque siempre nos estemos engañando.



domingo, 30 de agosto de 2026

WALTER TEVIS: ADAPTACIONES AL CINE

 

Walter Tevis es un escritor afortunado. Ha conseguido interesar a autores diversos y de sus seis novelas, al menos, cuatro han sido adaptadas al cine o la televisión. Si lees sus obras, te atrapan, te llevan de la mano hasta la conclusión del relato. No es un autor que te transforme, pero sí interesa lo que te cuenta. 

Tres de sus novelas se sitúan en un presente más o menos cercano. Responden a un modelo muy simple: el personaje principal con un gran talento, sea en el billar o el ajedrez, desequilibrado,  confuso, y que busca en el alcohol o en las drogas una válvula de escape, sufre una gran derrota en un duelo épico contra un rival a su altura; hundido o hundida, debe afrontar sus fantasmas y alcanzar la redención y la libertad. 

Gambito de dama, serie de Netflix, es una adaptación convencional, casi literal. Incluso lo que serían  aportaciones propias o diferencias con la novela se nos aparecen como trucos de guionista avezado: la voz en off es sustituida por diálogos con otros personajes o intervenciones de periodistas o narradores externos; el tablero mental de la protagonista, si nos centramos en la novela solo cierra los ojos, se transforma aquí en una imagen en 3D proyectada en el techo; se busca dar más peso a personajes secundarios, las dos madres, la amiga, y quiere explicar, a veces de manera innecesaria u obvia, el porqué de las paranoias de la protagonista en detrimento de los pensamientos y contradicciones, huecos mentales que Tevis con gran acierto se limita a insinuar. Como la construcción literaria de Tevis te atrapa, pero deja ese regusto de "sí, bien hecho, es un artefacto riguroso, un mecanismo eficaz, pero, ¡ay!, podría haber sido más atrevido".

El buscavidas de Rossen es uno de los clásicos del cine con derecho propio. Rossen opta por otra forma de contar la misma historia. En este caso, es un jugador de billar. La voz interior del personaje no necesita de artificios; basta con la planificación medida, precisa del director e interpretaciones soberbias; la de Paul Newman es impresionante. Es fiel al original literario, pero Rossen, con simplicidad, va mucho más allá. Si lo comparamos con la serie descubrimos, por si lo habíamos olvidado, que el cine tiene muchos recursos visuales y sonoros para mostrar el mundo interior de un personaje o su pasión, que no se aprovechan en el panorama actual. Al ver la película aparece un tema que la serie no desarrolla plenamente; no solo es la historia de un personaje al borde del precipicio, quebrado emocionalmente; es también la de una artista, un creador que encuentra en el billar, aquí, en la serie, el ajedrez, una manera de sobrevivir en un mundo, un entorno donde el dinero u otros intereses lo ensucia y corrompe todo. En realidad, no nos sorprende que Rossen, un comunista perseguido por la caza de brujas, nos haya colado una reflexión sobre el capitalismo; así, de manera sutil y elegante, tenemos una película política en el sentido más amplio del término. En la serie de Netflix ni se les pasó por la cabeza atreverse a dar ese paso, no vaya a ser que se nos escapen potenciales espectadores.

Hubo una continuación en El color del dinero dirigida por Scorsese. Es una adaptación más libre. Pierde, precisamente, en el camino a la gran pantalla, esa reflexión política, quedándose solo con la tensión narrativa, los conflictos de los personajes y algunos fuegos de artificio. Un gran Paul Newman y una dirección profesional de Scorsese no logra darle una película, en la que Tom Cruise se nos hace insoportable desde el principio hasta el final, mayor enjundia.

Las otras tres novelas de Tevis entrarían en el género de la ciencia ficción. Solo una, El hombre que cayó a la Tierra, ha sido adaptada; otra, más reciente, en formato serie; ver el trailer te basta para saber cuál va a ser el tono de dicha adaptación, aunque, sin duda, será aceptable y fiel al original. 

La más antigua es toda una rareza. Volveré a mencionarla.

Sinsonte y Las huellas del sol, como sucede con toda la obra de Tevis, sin aportar nada excepcional, contienen ideas curiosas. En Sinsonte o el pájaro burlón un hombre y una mujer descubren los libros, la escritura y la lectura en una humanidad adormecida con drogas bajo la mirada consciente y dolorida de un robot que no puede suicidarse; en Las huellas del sol China ha conseguido la supremacía económica, la Tierra no tiene futuro, y un millonario norteamericano decide realizar un viaje interestelar para escapar del desastre, idea central en El hombre que cayó a la Tierra. Las distopías, ya se sabe, hablan de nuestro presente, de manera más clarificadora que cientos y miles de horas de informativos y tertulias.

El hombre que cayó a la Tierra, la primera adaptación, está protagonizada por David Bowie. En esta historia tenemos a un extraterrestre que busca en la Tierra el agua que le permitiría salvar a su familia, gana un montón de dinero para poder construir una nave espacial y regresar a su planeta, pero fracasará, cuando los humanos le internan en un centro médico; le dejan ciego y acaba alcohólico, solo y, eso sí, inmensamente rico. El capitalismo es generoso, a su manera. 

Es una rareza, sí, por muchas otras razones. 


David Bowie logra transmitir en su interpretación ese no encajar que caracteriza a su personaje; vemos a un tipo melancólico y desquiciado en un mundo que no es el suyo. El cuerpo de Bowie, muy sexualizado, acapara la pantalla; una de las diferencias con el original es que se mantiene joven, sin cambios, mientras los demás envejecen. Tiene, por otra parte, esa textura del cine de los setenta que nos devuelven, como todo lo retro, a un tiempo en el que las películas, -al contrario que ahora, tiempos homogéneos e impolutos-, no poseían ese acabado tan perfecto e irreprochable; a cambio, disfrutas de montajes delirantes y surrealistas. La imperfección es un don escasamente valorado en el mundo de hoy, el de la inteligencia artificial.

Termino con la adaptación de Rossen. El discurso final de Paul Newman no está en la novela; en realidad, sí lo está, pero solo es un esbozo en forma de diálogo que Tevis no desarrolla, lo deja ahí, para quien quiera tomarlo. Rossen sabe captar su esencia y lo convierte en un alegato poderoso por la libertad, aunque este acto le supondrá exilio y destierro: la marginación social. Es evidente que Rossen lo vivió en carne propia.


Una buena adaptación sí puede, partiendo de un buen original, impactarnos, conmovernos, perturbarnos, cambiarnos y atreverse a decirnos lo que otros nunca sabrán ni querrán contarnos.

Me agradan los finales en las novelas de Tevis. Un bedel negro baja las persianas, un camarero limpia los vasos, un anciano ruso propone una partida de ajedrez en un parque. Personajes anónimos, observadores. La vida fluye, se extiende más allá de los dramas de sus protagonistas. Finales abiertos en los que lo cotidiano adquiere una presencia real e intensa.

sábado, 29 de agosto de 2026

ANOCHE CONQUISTÉ TEBAS

 


Acaban de estrenar Anoche conquisté Tebas. Se verá en pocos cines; tal vez se mantenga en cartel un par de semanas. Estamos ante un cine diferente. Y no solo porque en la mitad del metraje los personajes hablen en un latín fluido y creíble y en la otra parte escuchemos portugués y gallego. Hay mucho más. 


No sé si podría añadir algo a las palabras de Marta Medina del Valle que en este artículo menciona los temas e ideas fundamentales. Lo intentaré.

Podría hablar de un cine que busca algo muy alejado, lejísimos está, sí, de las grandes producciones o de las que, sin serlo, aspiran al gran público, las que el cine español, para ser industria fiable, ha acabado por rodar desde hace décadas, productos uniformes, homogéneos, nos ofrecen, así, el mismo cine de siempre, cada vez más conservador y previsible. Como ocurre con el mundo y sus conflictos, mediocridades privadas y publicas, cotidianas, egoístas, entre soldados y policías, fascistas y titiriteros, incompetentes y cobardes, estúpidos e ignorantes, nos encontramos, aunque haya quien aporte alguna reflexión inteligente, así es, ante una batalla perdida. Y como todas las batallas perdidas es la única por la que merece la pena luchar.

Hay algunos francotiradores, radicales, que pretenden, ¡qué osadía!, atrapar el ritmo del tiempo, el misterio de un lugar. No es casualidad que esta película, con largos planos secuencia, cuidando el sonido, la fotografía, se desarrolle, sobre todo, en unas aguas termales y que unas historias sencillas, la amistad de dos jóvenes, una, actual, la otra, en el siglo I, el dolor de una distancia, de una ausencia, confluyan y se solapen, se mezclen, aquí, sí, los sentidos se confunden, el sueño y la realidad, mundos paralelos y entrelazados, las sombras adquieren consistencia y se diluyen, el agua penetra en los poros, aquí, la llama de un candil, allí, la linterna de un móvil, los cuerpos se escuchan, los susurros hipnotizan. Sí, es un cine que exige atención, transforma nuestra mirada. 

Aún quedan guerrilleros que pelean por estas batallas perdidas.