La gradiva, bajorrelieve antiguo, una mujer que camina, una diosa que avanza, del rocío, apoyándose en la punta de los dedos, alzando ligeramente su vestido, al tiempo que el talón se eleva verticalmente, el movimiento se realza con los pliegues de la túnica, sobrevivió al desastre de Pompeya, ese fue el punto de partida de una novela de Jenssen, un arqueólogo se obsesiona con su figura, la escultura se introduce en sus sueños, acaba transformándose, paseando por la ciudad dormida, en una mujer de carne y hueso, Freud dedicó un libro a esta novela corta para hablar del subconsciente, y aquí nos tropezamos con una película, éxito en Francia, con el mismo título, La gradiva, el subconsciente que nos tortura, lágrimas perdidas,
tenemos un grupo de adolescentes franceses en una visita a Nápoles, antes de que concluyan su Bachillerato, cuatro personajes principales, un guaperas, que no se toma en serio nada, o, al menos, eso aparenta, tiene éxito con las chicas, mantiene relaciones superficiales, un homosexual que ha recreado una versión edulcorada del pasado de su abuela, la madre, enferma, inestable, enamorado del amigo, por otro lado, una joven, tímida, inteligente, poco agraciada, dibuja en su cuaderno, aspira a entrar en una escuela de Artes, lee un libro, extraño espécimen, enamorada también del guaperas, lo detesta, representa todo lo que odia, y una profesora de Latín, cuarentona, agotada, sola, es decir, cuatro seres desorientados en un entorno que revela y potencia sus carencias, hay más, claro, me ha hecho gracia una escena, quizá hay una reflexión generacional, política, las revueltas en Francia, las protestas en Madrid, un debate sobre la educación pública en el que uno de los compañeros utiliza los mismos argumentos que Ayuso y Zarzalejo, mientras el resto comprende las huelgas de los docentes, nuestros padres trabajaron para que llegáramos aquí, sea en francés o en español, igualdad o desigualdad de oportunidades, el discurso es el mismo, vemos la bofetada del fascismo, del capitalismo, brutal, sus insultos cotidianos, la màscara ho és sempre d`una altra més fosca, suben al Vesuvio, el volcán estalló, les cuentan que arrasó con una ciudad, Pompeya, en octubre del 79 d.C., hombres y mujeres y niños, desesperados, en el terremoto del 80, no pueden escapar, caminan entre escombros, una escena mucho más importante es otra en la que la profesora propone una clase, o tendríamos que decir que es, más bien, la tentativa de explicar una pintura pompeyana y un poema de Propercio, la de los Misterios, nocte una quivis vel deus esse potest, en el mismo sitio donde se ha conservado, cualquiera en una noche puede convertirse en un dios, los conflictos estallan, de manera natural, el magma se desborda del cráter, los sueños revelan sus deseos, más tarde en la visita al museo Arqueológico de Nápoles las esculturas les hablan, la belleza del cuerpo, formas que llegan más allá y una mujer en yeso, conservada en el preciso instante de su muerte, contemplada por estos jóvenes, futuro eterno, els ulls que reflecteixen el demà sense veure'l, mortal, allí y entonces, aquí y ahora, el passat ens espera al demà, va sempre més de pressa que nosaltres, pero llega el descubrimiento, la realidad es sucia, el abuelo violó a su abuela, no la amó, los sueños se desmoronan, la frustración y el rechazo preparan el camino para la tragedia, que llega en una barca, como Virginia Woolf, creo que voy a enloquecer de nuevo, ya no puedo seguir peleando, se hunde en el agua, has sido totalmente paciente conmigo, e increíblemente bueno, en el mar, bajo la mirada del Vesuvio, si alguien pudiera salvarme solo podrías haber sido tú, todo se ha marchado, salvo la certeza de tu bondad, no hay vuelta atrás, ahogada, ara només importa la bondat, la resta son qüestions d'un món inhòspit, su cuerpo aparecerá muerto en una playa, ahogado, el autobús con los estudiantes, conmocionados, se aleja, precedido de un coche de la policía, un último plano con la voz en off de la joven artista, lectora, narradora, escritora, cerrando el relato, vemos un jardín de naranjos, hermoso, el plano es fijo, se equivocaba, concluye ella, no todo es sucio,
en Hangar rojo todo es sucio, no hay duda, durante el golpe de Estado de Pinochet los primeros días se tortura, se asesina, la vida no tiene valor, un hombre, un capitán, paracaidista del Ejército chileno, respetuoso con la legalidad, intenta sobrevivir, debe tomar una decisión, colaborar con los asesinos o negarse a hacerlo, aunque eso le cueste, como así sucedió, el personaje existió, tortura, cárcel, exilio, igual que en El hijo de Saúl o en La zona de interés, la cámara en mano penetra en los pensamientos del protagonista, no vemos la crueldad, solo la intuimos, la escuchamos, el fuera de campo, como bien sabía Jacques Tourneur, es más aterrador,
la honradez, la ética es el único camino que le queda a este hombre, y el amor por su mujer, para enfrentarse al mal absoluto, la dignidad, se gana el respeto, el valor se demuestra con gestos sencillos, colaboro o me niego, ¿qué sentía cuando saltaba a mil metros?, decisiones firmes, me sentía libre, no se manchará con sangre inocente, es una acción necesaria, si queremos mantener nuestra humanidad, si no queremos acabar mirando el abismo, ser salvat és just això, escribió Joan Margarit, aferrar-se a les roques, no complaure`s a mirar vers a l`abism, i el que hem perdut és el que ens pot salvar en el desconegut record dels altres.






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