jueves, 2 de abril de 2026

LILLIAN HELLMAN Y LA CALUMNIA

 


Lillian Hellman, dramaturga y guionista cinematográfica, comunista, pareja de Dashiell Hammett, entró en la famosa lista negra de Hollywood al no denunciar a sus compañeros de profesión. Sus obras más conocidas son The little fox, adaptado al cine como La loba, el guión de La jauría humana y su primer éxito en Broadway, The children`s hour, a la que debemos añadir sus dos adaptaciones cinematográficas, These three, en los años treinta, y otra en los sesenta, sin censura, arrumbado el código Hays. 

Muchos se han interesado por este primer gran éxito. Y la razón es evidente: se trataba por primera vez el conflicto que provoca una posible relación lésbica en una sociedad puritana. Sin embargo, no es ese el tema central de la obra y queda patente tanto en el original teatral como en las dos versiones cinematográficas.

Hollywood quiso enseguida, aprovechando el éxito en los escenarios, adaptarlo al cine. Hellmann aceptó, siendo consciente de que el código Hays nunca admitiría una adaptación que incluyera ni siquiera de tapadillo el lesbianismo, así que se decidió por cambiar los sentimientos del personaje de Martha; no está enamorada de Karen, sino del novio de Karen. Introdujo un comienzo que establece un aspecto interesante de la obra -el origen proletario de Martha- y da más entidad al personaje masculino -interpretado en esta primera versión por un encantador Joel McCrea-. El final feliz, en el que Martha es castigada, separándola de Karen, y reúne en Viena a la pareja, debilita esta versión, aunque tenga cierto tono Lubitsch. A Hellmann, en realidad, le interesaba resaltar otro aspecto de la obra: cómo la mentira de una niña puede destruir vidas humanas, cómo una sociedad hipócrita no es capaz de aceptar las diferencias y somete a sus integrantes a un modelo unívoco, a una violencia sutil a la que no pueden escapar. 


Es de destacar la interpretación de la niña, que William Wyler cuidó con mimo, tanto que esta recibió una nominación. Los cambios no alteran la calidad de la obra, pero, es cierto, que difuminan su fuerza e intensidad. 

En los sesenta el código Hays cayó. William Wyler y Hellman entendieron que era necesaria una versión que no ocultará el conflicto principal. Eligieron a dos grandes actrices, Audrey Hepburn y Shirley MacLaine. El actor masculino no está al nivel de Joel McCrea. como tampoco la actriz infantil, muy lejos del que alcanzó su compañera en la primera versión. Es de destacar que la actriz que interpreta a la abuela de la niña, la verdadera responsable de que se difunda la calumnia, consigue un personaje mucho más redondo que en la primera versión con detalles sencillos -la mirada final que dirige a la niña, los movimientos del cuerpo, inseguros, cayéndose o a punto de tropezar, al tomar conciencia de que se ha equivocado-, un reflejo, una metáfora corporal de su derrumbamiento moral. 

Hay diferencias menores con la obra teatral. En esta, Martha se suicida con un disparo; en la adaptación, se ahorca. El final en el original es el diálogo entre la abuela y Karen, bajo la atenta mirada de la niña, que no siente ningún tipo de remordimiento. En el cine, tras el suicidio, Karen entierra a Martha y toma una decisión que Hellman también podría haber escrito: no volverá con su novio; decide caminar sola.

En las posteriores adaptaciones que se han hecho en el teatro, encuentras a menudo la confesión de Martha a Karen. Tanta es la fama de este fragmento que incluso hay una versión paródica con los personajes de Barrio Sésamo en la que Epi y Blas interpretan a las dos protagonistas bajo el título de Ernest and Bertram. 
La escena es desoladora. Son cinco minutos de una sinceridad dolorida, atormentada, que Shirley MacLaine interpreta aquí a carne viva.


En la obra teatral Karen no logra asimilar la sinceridad de Martha; se queda sola, perdida, sin referencias; al contrario, en la versión de Hepburn y MacLaine, la dulzura y cercanía que Audrey incorpora al personaje de Karen acentúa aún más la fragilidad del de Martha, que se despide de la vida en uno de los planos, tal vez, más conmovedores que yo haya visto en el cine -minuto 21-


En la obra teatral no hay esperanza; la soledad de Karen es abismal y, además, aunque la razón esté de su parte y reciba las disculpas de la abuela, que las últimas palabras sean pronunciadas por la niña, que ha mentido y no ha sufrido, en cambio, ningun castigo, fortalece una única idea: que la honradez es vilipendiada y la mentira siempre sale indemne. Hellman no deja ninguna puerta abierta, ninguna salida.

¿Podríamos hablar de un final feliz en esta versión de los años sesenta después del suicidio de Martha? 

Sí, en la versión cinematográfica hay un final feliz, pero de una manera diferente a la de los años treinta. La soledad de Karen no es forzada, sino deseada -podría haber buscado consuelo en el chico, pero no lo hace-. Y eso transforma la tragedia y abre un camino nuevo para la protagonista.
La mentira no ha vencido del todo; Karen será libre e independiente. Martha, de alguna manera, la ha transformado. Se enfrenta, valiente, a una sociedad hipócrita, a la que ha desenmascarado; puede ahora romper los lazos que la hubieran amarrado a una existencia convencional y ficticia. La vida y la dignidad brillan en la última mirada de Audrey Hepburn.

domingo, 29 de marzo de 2026

LAS COMAS MIENTEN

 

Una imagen especular: un barrendero y su escoba, fuera; una señora de la limpieza y su fregona, dentro; los reflejos en el agua, en los lagos, en los ríos, en el mar, te ciegan, llueve y llueve y llueve, el mar se encrespa, piedras lanzadas al infinito, observación, contemplación filosófica de un gato anónimo en una playa desierta, πολύ λίγο, λίγο πολύ, es parecido, no es lo mismo, muy poco, más o menos, las palabras mienten, las comas mienten

waiting, las salas de espera, agua con limón, una alarma del banco en la esquina de esta plaza de la Canea, misiles, aviones supersónicos que cruzan el cielo hacia el Este, muertos y vivos, el petróleo alcanza el número dos, ενα, δυο, τρια..., un adolescente francés, rubio, ojos azules, ridiculiza a otro gay, moreno, confuso, para conseguir la sonrisa de una chica, sexo para hoy, hambre para mañana, colegios concertados, bien educados, día festivo en Creta, rebelión contra los Otomanos, la verdadera justicia es la revolución, dice un grafito, ¡abajo Napoleón, abajo la OTAN!, soldados marcan el paso, el pope les lanzará agua sagrada, las armas serán bendecidas, Christine es una asesina, en un TAC verás en 3 D tu dentadura, huesos que cicatrizan, heridas que se resquebrajan, memento mori, viento y agua que bloquea carreteras, yo tengo psicología, los griegos ponen su mano en el corazón, καρδία, los gestos mienten, mienten los dedos temblorosos

Las habitaciones rojas obsesionan a una modelo, la locura es no estar loco en un mundo donde estar loco es lo sensato, Netanyahu y Trump bailan, nadie sabe qué canción, una cáscara de plátano en la parte trasera de un coche de alquiler, un limón, carpe, el olor de limón en Pollirymno, tumbas junto a una ermita, las piedras protegen una iglesia ortodoxa, huelen las velas, dentro, cera que se derrite, puertas cerradas, viento que devora las piedras, fuera, Black dog, perros abandonados, perdidos, animales atropellados, cadáveres pudriéndose en la carretera cortada a Balos, no nos entendíamos, ¿a la derecha? ¿a la izquierda?, sopa de pescado, ensaladas de feta, ouzo, mousaka, postres dulces, gatos que se acercan, caricias, comida, palabras inventadas, fourogato, etimologías imaginadas, el hueco de un gato, mienten los dos puntos ¿y los signos de interrogación? 

las nuevas generaciones quieren ganar dinero, mucho dinero, se acerca el Apocalipsis, las cartas de San Pablo en griego moderno, se mezclan melodías, los rituales nos liberan de la vida, el día del teatro lees a Zeami, dos mujeres enamoradas, fantasmas que no pueden liberarse de una ausencia, bailan, cantan, melancolía del final de un viaje, los placeres del cuerpo, respiras, silencio, si contemplas una obra de arte, el estrés, abortos, vidas truncadas, vino, vermú bajo la lluvia, viene, se va, viene, se va, el cuerpo se calienta junto a una estufa, los jóvenes, cuerpos de jóvenes, bailan, giran, giran, giran, cogidos de la mano, cogidos de los hombros, Kazantzakis, Zorba nos enseña a vivir, Bernhard es un profeta, Gaddis un mártir, 

las comas mienten, siempre, el punto final, nunca.

lunes, 9 de febrero de 2026

DOS PELÍCULAS DIGNAS Y STRANY RIU

 


Los domingos de Alauda Ruiz de Azúa y Un simple accidente de Panahi han conseguido muchos y merecidos premios. Nada que objetar. Son películas bien hechas y que cuentan con corrección la historia que quieren narrar. 

Pondría peros, claro. La primera intenta situarse, al principio, en una posición equidistante: todos tienen sus razones, diríamos. Sin embargo, es fácil darse cuenta de cuál es la posición que prefiere la directora. En las escenas finales la frialdad no solo de determinados personajes, sino de la propia joven nos aleja de una intransigencia y una manipulación disfrazada de fe y respeto. 

Nos sentimos más cerca de otro personaje, la tía, humana, incluso, en sus contradicciones. Hay sutileza y se agradece, pero también Alauda busca contentar a todo el mundo y cosechar premios y ampliar su público.

Panahi tiene un discurso claro y no esconde sus cartas. 

Para mí es una adaptación libre de La muerte y la doncella.

El tema es el mismo: una persona reconoce a su torturador por la voz. ¿Qué hacer con él? ¿Matarlo, vengarse? ¿Estás seguro de que es la misma persona? Todo esto le sirve a Panahi para hablar de un entorno, el de Irán, mucho más complejo del que aparece en los medios de comunicación y lo hace de manera digna y sencilla acompañado de un ligero sentido del humor.

Strany riu merece una reflexión aparte. 

Es una obra extraña y sorprendente para ser la de un autor novel. Arriesgada y experimental. Tiene la apariencia de una narrativa convencional, pero es solo eso: apariencia. Hay mucho más. Es capaz de construir escenas donde intuimos lo imaginado por los personajes y, entonces, asistimos a dos tiempos, a dos mundos paralelos: el que otros perciben y el interior, el del protagonista. Este esfuerzo por recrear esa otra realidad que creamos en nuestra mente, también aparecía en su cortometraje: La nostra habitació. Y si transformar nuestra percepción es y debería ser el objetivo del arte, este nuevo autor, Jaume Claret ha dado un primer paso muy interesante. 


jueves, 29 de enero de 2026

HAMNET

 


Hamnet es una película que conmueve, mientras la estás viendo, y decepciona, cuando te alejas de ella y empiezas a comprender el diseño, el cálculo, la cuidadosa manipulación que se ha levantado para conseguir que te emociones. Tela de araña, si estás delante de la pantalla: te atrapa. Se diluye y se deshace, al recordarla. 

El personaje central no deja de ser una creación, más o menos convencional, muy al gusto de nuestros tiempos, de una mujer feminista, independiente y libre a finales del siglo XVI. Solo el talento de una actriz impresionante, Óscar asegurado a la mejor interpretación femenina, Jessy Buckley, salva una primera parte que, cuando empiezas a escarbar, no es más que una sucesión de tópicos y metáforas bucólicos y panteístas -mujeres conectadas intensamente con una Naturaleza benefactora, oscura e inquietante, el vuelo de un halcón que nos libera del dolor y la muerte- y románticos -el amor correspondido de dos almas libres y rebeldes, padre violento, madrastra distante-, bien engarzados para conseguir enganchar al espectador. Los personajes secundarios que acompañan emocionalmente a los protagonistas -el hermano de ella; la madre de él- no logran cuajar ni desarrollarse plenamente. Los niños son estereotipos, imágenes, patrones, elementos necesarios para alcanzar el objetivo principal. No tienen entidad propia; ni siquiera el niño: Hamnet.

La muerte del hijo quiebra la relación de la pareja; solo cuando sales del cine y reflexionas sobre las bases de esta relación, adviertes que, mientras todo iba bien, ella no echaba en falta al marido, el gran William Shakespeare; solo tras la tragedia el personaje femenino decide lanzar todas sus invectivas sobre el que poco antes era un maravilloso padre y excelente marido. Podemos admitir estas contradicciones -¿quién no es injusto a veces en estas circunstancias?-, pero el tratamiento y la narración de estos acontecimientos te hace sospechar que te están manejando, engañando, removiendo tus emociones como harían con un títere y, sí, haces bien en desconfiar. 

El final -insinuada con más sutileza y brillantez en la obra de O´Farrell- que levanta un decorado y transforma Hamlet en un espacio donde los personajes puedan redimirse y recuperar al hijo perdido a través del arte, se recrea en gestos teatrales, mal teatro, no el bueno, alguien los llamaría pretenciosos, y reiterativos: la imagen del niño que se aleja entre las sombras sonriendo, las manos de los espectadores buscando la del actor que interpreta a Hamlet, las miradas cómplices de los dos protagonistas, muchas, demasiadas, se alargan eternamente, y el uso, ¡cómo no!, de la música como elemento invasivo; y, sí, nos arrastran. Así que, si no has sabido mantener la distancia, acaba, como bien supo hacer su productor, Spielberg, en algunas de sus creaciones más reconocidas, por emocionarte, pero sin que, pasado el tiempo, las horas, los días, quede mucho más que una cáscara vacía.

¿Hay verdad en esta película? 

Hay momentos que sí permanecen. Uno en especial. 

El niño ha muerto. Ella lo sostiene entre los brazos. Pronuncia unas palabras. Sobre todo, grita. Grita, salvajemente, grita. Es un grito, un aullido, un alarido terrible, brutal. 

En esta película tan dirigida, tan artificiosa en la mayor parte del metraje, esto es lo único real: el grito impotente y desesperado de una madre. 

El resto es ruido; no es silencio.

sábado, 24 de enero de 2026

VALOR SENTIMENTAL

 


Sentimental value o cómo explicar las carencias de una relación paterno-filial 

o cómo el arte, el teatro, el cine, puede ayudar a intentar explicar el mundo o cómo curar heridas familiares y personales o cómo envejecemos y nos rebelamos inútilmente, de que estamos al borde de la locura y sorprende que todos no hayamos caído ya al fondo del precipicio, es también Persona de Bergman y la historia de una casa, metáfora sencilla para contar la historia de una familia 

y, sí, también habla de la soledad. Trier es un cineasta que sabe situar a un personaje en un plano y, esté donde esté, sentimos su aislamiento. No es fácil conseguirlo: en un archivo, en una fiesta, en un jardín, la soledad nos aplasta. 

Me gustan las actrices, las dos hermanas, actriz desquiciada y equilibrada profesora de historia, y el actor, el padre, director de prestigio, manipulador y envejecido, me gusta la manera de conseguir atraernos al nudo de la película, los planos vacíos de la casa, sin que nos demos cuenta, me disgusta la música, innecesaria, un gesto a la galería, al gran público, sentimentalismo, un poco de patetismo, falta, entonces, la sobriedad, la sequedad, la firmeza del contenido, ¿por qué añadir elementos superfluos que dañan el conjunto? 

El final de la película podría ser un buen ejemplo de los valores y defectos, escasos, pero evidentes, de esta película.


Los silencios, los silencios, los silencios. 


¿Dónde están los silencios en el cine, en el teatro, en la escritura, en la vida?


domingo, 18 de enero de 2026

COMIDA Y TEATRO CON AMIGOS

 


Los huesos crujen. Ha llegado el momento. Cuesta sostener el stilum entre los dedos agarrotados por el frío y los años, escribe letras, las acaricia...

La Zaranda, los ángeles caídos, el dolor, bofetadas en la cara, Caronte y Shakespeare, nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto, nada de sentimentalismo pequeño burgués, La buena estrella, Ricardo Franco, Joaquin Jorda, a la mierda las cursiladas para el gran público, desaparecen en las sombras, nos dan la espalda, perdónanos, señor, desprecian los aplausos, no les gusta a la salida a los pequeño burgueses, lejos del teatro el sabor se intensifica, es más consistente, La distancia, el padre en la Tierra, la hija en Marte, queremos borrar los recuerdos de lo que hicisteis con el fuego, hemos carbonizado el mundo, hemos llevado el planeta al infierno, hemos alimentado nuestra propia destrucción, padre e hija comparten una melodía, los dedos se mueven en su cadencia, rítmicamente, 

una cena en Roma, Viestad, Sofía Loren, adolescente, cuelga la ropa en el tendedero y hace pizza, un napolitano en mangas de camisa les busca un aperol en las esquinas, los jóvenes se besan y abrazan a la sombra del Vesuvio y el mar, en Sevilla también llueve, los hermafroditas no tenían futuro, roer una chuleta de cordero, quitarle la cáscara al langostino, tocar los alimentos, manipularlos, recuperar la relación que tenemos con ellos desde que los cocinamos, lavamos, cortamos, ponemos en la sartén, cocemos, separamos, mezclamos sabores y olores, comida mexicana, comida italiana, raviolis con calabaza, quiches de pollo, empanada, interminable, a la milanesa, cervezas, vermú, agua, picantes, la pimienta, despierta nuestras papilas gustativas, el sabor se multiplica, se expande, la curiosidad de algo diferente, aunque nos cueste la vida, no bebas agua tras tomar chile, leche y vino, si quieres contarlo, filosofía mundana, Madrid, interior, Madrid, exterior, exterior del susurro del tiempo, Aro berria, nunca hemos estado en Grecia, ciento diez entre seis, calculadora, dieciocho, me pasa, por favor, los platos, los cubiertos, los vasos...

No queda tiempo, a oscuras se levanta, este hombre, un anciano, Marco Tulio Tirón, las sombras ocupan todo el tablinium, solo un hueco de luz, alrededor de la mesa de mármol, el pergamino desenrollado, qué hay al otro lado, más allá de las letras que bailan y sobreviven al paso del tiempo...

Almodóvar y Trueba y el joven hijo de Trueba van al teatro, minoría selecta, mayoría silenciosa e iletrada, compraré plantas, ¿y si se las comen los gatos?, puedes aprender unos pasos de baile, toca la banda de música, si no os movéis no vais a ningún sitio, y sin embargo, se mueven, ¿tienes frío?, si estuvieras en León, ya verías lo que es el frío, un eclipse solar en agosto, las estrellas se mueven, giran, se abrazan, se besan, recuerdos, pensamientos, sensaciones, mescolanza de ideas, emociones, caóticas, irregulares, el orden de las palabras no cabe, ¿es esa una biografía? ¿su biografía?, imágenes, olores, sabores, sonidos, atonales, arrítmicos, ¿cómo explicar la vida de este anciano de manos temblorosas?, Bach nos salvará, se escucha un preludio y una fuga del Clave bien temperado, matemáticas, números, equilibrio pitagórico, exactos, si cierras los ojos, Krasnorharkai, La melancolía de la resistencia, notarás el sabor del chile más intenso, el caos desaparece, las lágrimas de la hija y del padre, de las prostitutas, del chulo, del convicto, del profeta fluyen, las de Eszter y Valuska, las de Bela Tarr, 

la muerte se acerca, mientras los pensamientos se atropellan y vas al teatro y cenas en un restaurante y, sí, escuchas a Bach y ahora, solo ahora, aunque no lo creas... estás salvado. 

miércoles, 7 de enero de 2026

TARANTELA

 

Un implante baila la tarantela en mi boca: derecha, izquierda, arriba y abajo. Una motocicleta me avisa de su presencia; y otra y otra y otra. Cientos, miles encuentran su espacio, se escabullen, son las amas, señoras, diosas de Nápoles, más flexibles que los gatos, saben encontrar el sitio perfecto por donde han de pasar. Nadie les pone límites; ¿quién se atrevería? Los dioses paganos se imponen al cristiano: Totó, San Genaro, Maradona... Solo Totó era napolitano. El Vesuvio es otra divinidad; lo sería, si los cristianos no hubieran impuesto el suyo hace dos mil años. Los dioses castigan, castigan los excesos, ahí está Caravaggio, talento inmenso, ladrón, asesino, acabó sus días en Nápoles, una reyerta, herida mal curada, infección, muere Caravaggio, en las faldas del Vesuvio terminó su vida. Si estás delante de un cuadro suyo, estás perdido; todo lo que veas después será mediocre, mediano, innecesario, redundante, banal, si acaso se salve Artemisa y solo como digna compañera. ¿Y las iglesias barrocas bombardeadas por los americanos? ¿Y la pizza? ¿Y los belenes napolitanos, recargados de detalles, minucias, vida cotidiana? Aquí, el borracho, allá, la prostituta, acá, el viejo, en la mano el bacín, ¿dónde la tiro?, cae sobre un vecino, grita, las calles, las cabezas cubiertas de orín y excrementos, Juvenal vuelve a la vida, la ciudad es una tortura, no puedo dormir, la tarantela en mi boca, ruido de las carretas, de los coches, de las motos. Cientos, cientos, miles de turistas y napolitanos e inmigrantes comen, beben, compran, venden, gritan, hablan, aúllan, se desesperan. El implante baila, salta más rápido, uno, dos, tres, cuatro, unodos, trescuatro... Otra motocicleta que anuncia su existencia con habitual discreción; ¡son tan elegantes en su movimiento pélvico! y otra más y otra y otra. Los turistas visitan catatumbas, los restos de Parthenope, Neapoli, los bizantinos, los borbones, los muertos ya no están, ni siquiera San Genaro, bien enterrados sus huesos bajo la cúpula del Duomo, bien guardados en un frasco su sangre, la que protege a la ciudad hasta el fin de los tiempos. Los turistas recorren ciudades sepultadas por el lodo, el fango, las cenizas, el flujo de gases, Pompeya, Herculano, villas y gatos, sí, y gatos que esperan, pacientes, acechan ¿qué aguardan? Las pinturas se descortezan, las columnas se cuartean, se desprenden los paneles, el tiempo es implacable, obreros intentan, subidos en sus andamios, retenerlo, apresarlo: ese escriba con un pergamino en las manos, esos amantes desnudos, esos dioses escépticos, esos pájaros volando en el vacío, esas flores, creciendo en el muro. ¡Qué carajo de frío hace en Madrid! Secuestran a Maduro, Trump baila la tarantela con Putin y Xi Jinping, uno, dos, tres, cuatro, unodos, trescuatro... Arriba, abajo, izquierda, derecha. Petroleo por aquí, gas por allá, hace cincuenta años mataron a Pasolini, ¿quién lo recuerda? ¡Profeta Pasolini, va a llegar, sí, tenías razón, pronto llegará! En Nápoles el aire del mar suaviza, suaviza la crueldad y la herida, profunda. Cuatro jóvenes titiriteros hacen acrobacias en la plaza bicentenaria: una vuelta y dos y tres y cuatro, caen de pie, perfecto, gatos sonrientes, brazos en alto, drones volando, aviones bombardeando. 

Me siento, descanso, agotado, en el paseo marítimo. Una pareja de jóvenes se besa al borde de la baranda; cierro los ojos. Vuelvo a abrirlos: hay otra y otra y otra, ¿de dónde salieron?, decenas de parejas enamoradas se besan y abrazan a la orilla del mar: el amor crece sin medida, ¡disfrutad de su crecimiento!, el amor morirá, llegarán las facturas, las hipotecas, las riñas, el silencio, el desprecio, el odio, la distancia, el recuerdo de su piel, pero, mientras tanto... Che cazzo fai, dice la ragazzina, ti faccio l'amore, te diría, ragazza, si fuera joven, si te tuviera entre mis brazos, si... Unodostrescuatro... Unodostrescuatro...

Se delinea al fondo, oscuro, inflexible, indiferente el Vesuvio, volcán dormido. Despertarás, lo sé. Es inevitable, pero, te lo pido, ¡deja que los jóvenes amantes se besen, se abracen, bailen, dios cruel! ¡Espera, divinidad napolitana! Llegará tu momento. Y, entonces, quitarás la vida que diste, generosa. Ahora, mientras tanto, permite, por favor, te lo ruego, que te adoren, que se besen y abracen y bailen la tarantela estas decenas y cientos y miles de jóvenes amantes. 


miércoles, 31 de diciembre de 2025

UNA MIRADA, UNA SONRISA


Solo sobrevive este trozo de cierta entidad; pertenece a una gran pintura mural de Cnosos. El resto son más pequeños y no permiten reconocer nada a simple vista, a no ser que seas un experto en la materia. Evans la llamó "La parisiense". Llamarla "retrato de mujer elegante" o "sacerdotisa desconocida" hubiera sido más apropiado, pero Evans sabía que, si quería conseguir financiación para sus excavaciones, debía interesar al gran público y en los años veinte del siglo pasado París era el centro del mundo.

¿Quién es esta mujer cretense? ¿Dónde está? ¿A quién mira? ¿A quién sonríe? Los arqueólogos con los escasos restos disponibles proponen sus hipótesis: o es una sacerdotisa durante una procesión o tal vez sea una cena ritual y, como más tarde harían los etruscos, está sentada en un trono o un sitial y observa y escucha embelesada a su compañera o compañero, mientras le entrega un vaso ritual. 

Nunca lo sabremos con certeza.

De camino a la Canea una sucesión de picos conforman la silueta de un rostro de gigante, mirando al cielo. Reconozco la barbilla, la boca, la nariz, el mentón. ¿Será Talos? Hay quien afirma que aquí fue donde se transformó en piedra. También aquí fue criado Zeus, ocultándolo en una cueva para que Cronos no supiera de su existencia; más tarde, dueño y señor del Olimpo, vencidos los Gigantes, viola a Europa. Y ya sabemos qué pasó después. 

Cada pico tendrá su nombre. No hay lugar que el ser humano no haya hecho suyo, dándole un nombre, marcándolo, fijando la frontera entre lo que existe y lo que no existe. 

Curvas, curvas, curvas por una carretera al costado del mar. Farallones, cabos, acantilados, barcos pequeños faenando, casas que aprovechan las colinas al borde del precipicio, incumpliendo normativas, raíces de olivos, reflejos del sol en el agua. Pinos, carrascal, encinas, alcornoques se aferran al trozo de tierra que les ha tocado. Moles que se alzan desde el mar hasta el cielo.

Extraña sincronía del tiempo. Hace frío por la mañana y por la noche, calor a mediodía. Chaparrón de repente, un poco de sol. En un mismo día los extremos se tocan.

Si avanzamos al interior, entramos en una amplia llanura, algunos cultivos, rodeados por infinitas plantaciones de olivos, poblaciones arracimadas, diseminadas.

En Rethimno las zonas residenciales se adueñan del litoral, casi todas tienen en el tejado sus dos placas solares. Verás lo mismo en cientos y cientos y miles de ciudades costeras durante el invierno: hoteles, chiringuitos y restaurantes cerrados, apartamentos con las persianas bajadas, dormidos, pistas de tenis y piscinas abandonadas.

Una cumbre destaca solitaria, nevada, el Lefkatri, más de dos mil metros de altura. Aparece la bahía perfecta, protegida de las corrientes, defendible de ataques exteriores, piratas o civilizaciones enemigas. 

En la Canea entre carteles reivindicativos de AKK, antifascistas y revolucionarios, gatos negros, anarquistas por naturaleza, que buscan refugio en sillas de paja, viviendas que se apoyan sobre murallas bizantinas, calles y muros y fachadas encaladas del barrio de Splantzia, descubres a una niña; decora el escaparate de un restaurante: sus rotuladores dibujan piruletas, molinillos de viento, escriben καλή Χρονια. Me mira: se excusa con una sonrisa; ella es una artista y tiene privilegios. ¿Quién lo duda? Concentrada, seria, sabe perfectamente lo que crea. Su mente concibe una idea; la pone en práctica, pero, ¡ay!, una familia inglesa va a sentarse a la mesa contigua; el padre de la artista, uno de los propietarios, le llama la atención: tendrás que dejarlo para después. La niña de rizos rubios, orgullosa, se retira. ¿Qué sabrá mi padre de la inspiración?, piensa. Esta niña ya ha descubierto la regla número uno de la creadora: el arte es secundario; el negocio siempre es lo primero. Quien paga, manda. 

En Heracleion nacieron el Greco y Kazantzakis. Ambos murieron lejos. Al menos, el escritor fue enterrado junto a sus murallas. "Nada quiero, nada espero, soy libre".

Las murallas son de origen veneciano. Creta fue el centro de sus rutas comerciales por el Mediterráneo: cuatro siglos que solo dejaron estas murallas, los arsenales, tres fuentes y un edificio que administraba las operaciones comerciales, la Loggia. Muros que resistieron un asedio de ventiun años. Los turcos vencieron la defensa que Mocenigo dispuso alrededor de la ciudad; sin apoyos, tuvo que rendirse. 

Un nuevo nombre para olvidar el antiguo: Kastra por Candia, los turcos explotaron a sus habitantes, echaron de menos a los venecianos. Ενωσις η Θανατος. "Unión con Grecia o muerte" . Recuperamos el antiguo nombre de Heracleion. Independencia. O casi. Los nuevos amos hacen sus cuentas en Berlin, Londres o Nueva York.  Mientras podamos comprar, gastar, abrir los negocios, bien estará, dicen los griegos. ¿Crisis? Lejos quedan los recuerdos de la anterior, de un hombre desesperado que se quemó, de una izquierda derrotada otra vez. ¿Vendrá otra crisis? ¡Que venga! Todos sabemos que solo existe el presente...

Murales de camino al faro en los murallones: el rapto de Europa, con ella empezó todo, sirenas y ninfas, flechas cretenses, delfines y sacerdotisas minoicas, grifos. El motor de un avión que vuela a Atenas, la sirena de un barco de pasajeros. Sentencias reflexivas a la manera de acertijos heracliteos, pintadas en griego, siempre quedan bien en el idioma que inventó la filosofía: εμπειρία μου ζεμαθε τον κόσμο, η αστραπή η ζωή μας μα προλαβαίνουμε, η αλήθεια έναντι θάνατον δίδεται. "mi experiencia calienta el mundo; el trueno: ponemos al día nuestra vida; la verdad se entrega contra la muerte".

Las sacerdotisas cabalgan sobre grifos, tres animales son llevados al altar del sacrificio en las pinturas de una tumba de Hagia Triada. El Cancerbero nos mira; descansa a los pies de Proserpina-Isis y Plutón-Serapis. Sincretismo, dicen. Al perro de tres cabezas, sin bridas, perdidas por el camino del tiempo, no hay quien lo sujete. 

Damaskinos conoció al Greco. Como él fue a Venecia. Aprendió de Tintoretto. El Greco buscó fortuna en Toledo; Damaskinos regresó a su tierra. Y pinta maravillas. Seis de ellas cuentan decenas de historias. En su Resurrección vemos en segundo plano un ángel sentado sobre la tumba vacía, como si fuera el sillón de su casa. María Magdalena gira su cuerpo, las piernas se le doblan, el terror y la sorpresa la dejan temblorosa, desfallecida. Y en primer plano dos miradas. María Magdalena fija sus ojos en Jesucristo, esperanzada, sorprendida. El cuerpo de Jesucristo es hieratico, frío, el que corresponde a un dios, pero, ¡ay! su mirada le delata, es tierna, cálida, comprensiva, solo un ser humano miraría así a otro ser humano. 

¿Jesucristo y la Parisina, mientras los observamos, nos miran a nosotros? Es posible. Las miradas suelen ser compartidas. Y suelen ser también el comienzo de una historia, de cualquier historia. 

Χρονιά πολλά, καλή χρονιά!