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viernes, 19 de septiembre de 2025

MEMORIAS DE ADRIANO: YOURCENAR Y LLUIS HOMAR


Memorias de Adriano es la versión que Yourcenar construyó alrededor de unos de los emperadores más complejos que gobernaron Roma. Cualquier adaptación tendrá una ventaja y un inconveniente. La ventaja es evidente: la prosa de Yourcenar es avasalladora, sea cual sea la manera de enfocar la historia. El inconveniente: es difícil conservar tal calidad literaria en la propuesta formal que hagas.

El texto de Yourcenar está ahí, sin duda. Una adaptación supone una elección: desechar algunos aspectos; destacar otros. Aquí queda desdibujado, del personaje que modeló Yourcenar, su amor por la cultura, sus intereses artísticos, su afán viajero. Y, sobre todo, me faltan sus reflexiones filosóficas sobre la muerte, la vejez y la crueldad de la guerra, aunque aparezcan a pequeños trazos.

La apuesta camina en otra dirección. Adriano ejemplifica también las contradicciones de un poder absoluto. Y en los actuales poderosos encontraremos -con los micrófonos, las cámaras, la imagen repetida y multiplicada- los símbolos de la autoridad y la propaganda. Esa puesta en escena funciona cuando el discurso oficial, el proyecto político de Adriano -o más bien el de Yourcenar- se expone; un proyecto que destaca lo que desea resaltar y oculta lo que no ha de contarse a los otros o a la posteridad. No va tan bien cuando la voz interior muestra sus contradicciones. En estos últimos iría mejor que el personaje se quedara completamente solo. La música elegida o el juego de luces o las proyecciones de palabras en latín o la intervención de un coro de figurantes en un entorno televisivo (secretario, maquillador, realizador) o la grabación y su aparición en pantallas de televisión y sus declaraciones a la manera de un político del siglo XXI se me hacen superfluas y banales. No tanto por el contenido -el texto es impecable-, sino por el envoltorio que le acompaña. Y no estoy tan seguro de que, como ocurre a veces con las representaciones del Calígula de Camus, el Adriano de Yourcenar represente, sobre todo, la ambición y las consecuencias del poder sin límites. En esta obra -como en toda gran obra- hay muchos más temas.

Y no es casual que el mejor momento de la adaptación sea aquel en que se cuenta la relación con Antinoo. La parafernalia -con todo, bastante sencilla- da paso a un duo simple y minimalista entre Lluis Homar y un joven actor que expresa en su tramo final a través del baile el dolor de una pérdida y, al mismo tiempo, el sacrificio inútil de otro ser. 

En cuanto a Lluis Homar, ¿qué se puede decir? Es un grandísimo actor y sostiene la obra. Siempre me quedará la duda de si -dejando a un lado el baile con ese imaginado Antinoo- un monólogo solitario de principio a fin me hubiera emocionado más.

¡He leído esta obra de Yourcenar tantas veces! A los veinte años, a los treinta, a los cuarenta, a los cincuenta. Y en cada lectura me acerco más al Adriano que concibió la escritora francesa, me acerco más al hombre que envejece, al que se preparará para la muerte. 

domingo, 5 de abril de 2020

EL SILENCIO, LA FELICIDAD


He terminado Memorias de Adriano. 
Es la cuarta vez que lo leo.
La primera, muy joven, me dejó una buena impresión, pero no creo que entendiera la mayor parte; sólo lo atisbé o intuí. Con el paso del tiempo, año tras año, me siento más cerca de este hombre: un viejo, que ha amado, que ha vivido y que se prepara para la muerte.
Cierro el libro. Salgo a la terraza.
Calor tibio de una mañana de primavera.
Cierro los ojos. Caricias de luz. Sólo se escucha el canto acompasado de los pájaros.
Filas, delante del ultramarinos, respetando la distancia de seguridad escrupulosamente. Hombres y mujeres con mascarilla. Parques vacíos; tiendas y bares, cerrados.
Silencio. Extraño, inquietante y, al mismo tiempo, amable.
Serenidad, tranquilidad.
Acepto el mundo que me rodea; incluso, voy más allá y me confundo con él.
Mis deseos, mis preocupaciones -el trabajo, la escritura, el amor no correspondido, la soledad, la muerte- se diluyen. No dejan de existir; simplemente, se mezclan con el fluir de la vida y el paso del tiempo.
Un atisbo de felicidad, tierna y suave. Los males se evaporan; son intrascendentes. Siento, como ella escribió hace una semana, el dulce rumor, la dulce melodía de una rutina que se sintió a gusto a mi lado... 
Solo yo puedo entenderla, a pesar de la distancia.
"...Vendrán las catástrofes y las ruinas; el desorden triunfará, pero también, de tiempo en tiempo, el orden... Las palabras libertad, humanidad y justicia recobrarán aquí y allá el sentido que hemos tratado de darles..."
Me siento bien.
Equilibrado, sereno, feliz.



sábado, 7 de mayo de 2016

A TODOS LOS DIOSES. NUEVE DIÁS EN ROMA. DÍA 6.



I.

24 de abril de 2016.

Es domingo, el día del Señor, el de Júpiter...

Por supuesto, el mejor día para visitar las iglesias es este. Comienzo por la que tengo más cerca del alojamiento.

A dos calles tengo la de Santa Praesede. Destaca un mosaico de época bizantina: Santa Praesede y Pudenciana, mártires, son recibidas en el Cielo. La imagen del cordero sobre el trono es una constante en esta imaginería religiosa: representa el regreso de Cristo en el Juicio Final.

Las muertes de estas dos mártires me resultan familiares. Fueron asesinadas por proporcionar un entierro cristiano a otros. Me viene a la mente un mito griego, el de Antígona, que es condenada por querer enterrar a su hermano, aunque se lo habían prohibido. ¿Casualidad? Desconfío de esa palabra, sobre todo, si hablamos de la capacidad que tuvo el cristianismo de asimilar todas las tradiciones religiosas que le precedieron.

En San Pietro in Vincoli el ábside es mucho más descafeinado. Responde a otra época, el neoclásico. Falta vigor; yo iría más allá, carece de fe.

A su lado, el Moisés de Miguel Ángel se yerge como un titán. 


Tengo un pequeño privilegio: lo contemplo en soledad. Antes de que vengan cientos de grupos con sus guías y cámaras de fotos, puedo disfrutar de esta obra. ¿En qué te fijas? En los músculos de su cuerpo, en el rostro, la mirada terrible, digna. ¿Y qué decir de la barba? Y el manto, colocado sobre la pierna. Esta estatua despierta en quien lo ve un solo sentimiento: respeto.

Llegan cientos de turistas. Huyo.

Hago una excepción por mi ruta religiosa. Me interesa visitar la domus Áurea de Nerón. Tengo suerte; hay plazas para una visita guiada en unos minutos.

La Domus Áurea cubría un espacio inmenso en el centro de Roma.


Nerón quiso construir su villa privada en un lugar privilegiado. Aprovechó las consecuencias del incendio del 64 d.C. para levantar un entramado arquitectónico original y moderno. Tuvo a los mejores diseñadores y arquitectos a su disposición.



Nerón ha sido el gran vilipendiado de la historia. Los cristianos no le perdonaron que los acusara del incendio y las fuentes senatoriales le crucificaron acusándole de todo tipo de crímenes. La culpabilidad por el incendio ha sido puesta en duda desde hace decenios. Y sus crímenes están más ligados a las intrigas por el poder -asesinato de su madre y de sus esposas, conspiración de Pisón- que a una mente enferma o psicótica. No fue un buen gobernante, aunque hay que situarle en su justo término. Amó el arte y la cultura griega y se ganó el favor del pueblo; eso sí, dejando las arcas del Estado vacías.

Su gran obra de arte sería la Domus Áurea. Los emperadores que le siguieron enterraron el recinto. Los Flavios construyendo sobre el estanque el Coliseo. Trajano levantando unas termas y saqueando todo el mármol que pudo. Adriano con su templo de Venus y Roma.

Sin embargo, influyó y mucho en la arquitectura y pintura posterior.
Se piensa que Apolodoro de Damasco, el gran arquitecto de Trajano, pudo ver mucho de la Domus y que lo aprovechara en sus propias obras. 

Hay muchos lugares de la Domus Áurea que te recuerdan a los Mercados de Trajano o al mismo Panteón.

Tras su redescubrimiento, en el siglo XV, las pinturas parietales que se encontraron en las excavaciones influyeron en los artistas del Renacimiento, creando, incluso un nuevo término: grotesco, ya que se podían contemplar en grutas, excavadas en la tierra.

Trajano, que quiso hacerlo desaparecer, con la damnatio memoriae, curiosamente, facilitó su conservación. Enterrado durante siglos, la Domus Áurea ha sido excavada en los últimos años de manera sistemática y los tesoros que alberga son incontables.

                                                   


Notas la magia en el recorrido por esta antigua residencia. La zona que se encuentra bajo el parque de la colina Oppia, debió corresponder a un espacio o pabellón para recibir a autoridades o invitados. Caminas entre salas, salones, pasillos, antiguos pórticos, enterrados bajo metros y metros de tierra.

Sólo puedes intuir, muy de lejos, lo que sus contemporáneos debieron sentir al ver una obra de tal envergadura.

Parece que su conservación está en peligro por un extraño conflicto de intereses. Los árboles del parque con su peso aplastan la estructura.


Una solución sería reducir el espacio del parque, eliminando gran parte del humus acumulado a lo largo de los siglos, pero eso supondría cerrarlo y acometer obras. Y el parque tiene un valor histórico -aquí chocamos con la Administración- y, además, los vecinos perderían un pulmón verde del que disfrutan. A la espera de qué medidas se tomen, cada sábado y domingo se puede visitar en grupos de 25 personas una de las grandes maravillas de la Antiguedad, enterrada durante siglos, y ahora, recuperada, aunque sólo sea pálidamente, para nosotros.

En el salón central que tenía la peculiaridad de moverse y cambiar de posición, afirma Suetonio que Nerón lanzaba pétalos de rosa a sus invitados desde el óculo, ese precursor del Panteón.


Nerón era un artista... incomprendido.

Al salir la luz del sol te ciega. Te acostumbras poco a poco a ella. 

Las paredes y los puentes de Roma te hablan. Graffitis, frases de protesta, corazones enamorados...

                                             

Caminando con tranquilidad llegas hasta el Circo Máximo. Asisto a una procesión laica. Hombres y mujeres, vestidos y vestidas como romanos. Los antiguos Dioses vuelven a las calles de Roma. 

                                                

Al otro lado, en el Vaticano, jóvenes católicos de todo el mundo celebran junto a Francisco I unas jornadas de la Juventud. Hoy es el día de los Dioses, sin duda.

Me refugio en la cercana Basílica de Santa María en Cosmedin. Mientras los turistas se hacen fotografías, poniendo la mano en la antigua tapa de cloaca, imitando a Audrey Hepburn y Gregory Peck, entro en la iglesia. Asisto a una celebración ortodoxa. Escucho los cantos. La música, monocorde me lleva a unos ritos profundos, misteriosos. El espacio se llena de extraños silencios. Te adentras, como ante la contemplación de la Naturaleza, en el interior de ti mismo.

Y así es también en la cercana isla Tiberina, junto al puente Roto. Cierras los ojos y escuchas a tu lado el fluir del río Tíber. Tranquilidad, serenidad. A lo lejos, los ruidos de la ciudad; el tráfico en domingo. El agua cae, fluye. Los ritmos del cuerpo y del mundo se asemejan. La sangre y el agua. Son sólo uno. La melodía de la vida que se desliza por nuestras venas.

Paso al otro lado del Tíber, el Trastévere.

Al llegar a Santa Cecilia llego a tiempo para una misa. Esta vez, católica. El coro canta el Aleluya de Haendel. De nuevo la música, el vehículo para acercarse a la Divinidad o al interior de uno mismo.

En San Crisognono miras hacia arriba, ¡cómo no! El artesonado del techo es una maravilla. Y el baldaquino, a semejanza del de San Pietro del Vaticano, es de Bernini.

Otra vez, Bernini, en San Francesco a Ripa. Y otra mujer, en éxtasis. El cristianismo convirtió el sexo en un tabú, pero el sexo no se puede ocultar; nos acompaña siempre. Bernini demuestra cierta experiencia en esta materia. 


Sus mujeres, en estado de trance, nos recuerdan que el éxtasis religioso y el corporal tal vez tienen demasiadas similitudes...

Es hora de comer. El restaurante de Augusto tiene una larga lista de espera. Me decido por L'Antico Moro, a dos calles. Disfruto de unas vongole y un tiramisú.

Para bajar el vino de la casa, continúo por el Renacimiento y el Barroco. Visito dos espacios en los que Bramante y Borromini brillaron con luz propia.

En San Pietro en Montorio, con ayuda económica de la Academia de España, anexa al edificio, han restaurado el templete de Bramante. Sencillez, perfección sin alardes.

Al otro lado del río, en el Palacio Spada, Borromini, añade un juego de perspectivas. Un gato, asiste, tranquilo, relajado, a las visitas de los turistas.


Cruzo la plaza del Panteón. Un grupo de armenios están celebrando una fiesta. Bailes tradicionales y alguna reivindicación, recordando la masacre de los turcos hace un siglo.

Nunca había entrado en el Castillo de Sant Angelo. Residencia y fortaleza de papas. Mausoleo que acogió las cenizas de Adriano. Las pinturas de las salas que los Papas prepararon y adecentaron, me recuerdan a las que he visto esta mañana en la Domus Áurea. Los artistas bebieron de esas fuentes, aunque fueran paganas.
Y pagano fue el lugar, una tumba para Sabina, el hijo adoptivo de Adriano, Lucio Vero y las cenizas del propio Adriano.

Una rampa helicoidal -imaginamos la procesión que Antonino Pío, su sucesor, celebraría, llevando las cenizas de Adriano-, nos acerca al centro del recinto, el lugar donde se depositaron los restos del emperador.

                                       

Una placa recuerda sus últimos versos...
Animula vagula, blandula, hospes, comesque corporis...

En Santa María del Popolo, Caravaggio brilla, como siempre, entre la mediocridad. Hoy, domingo, hay una larga cola para ver sus cuadros. Prefiero volver otro día.

Termino las visitas con la iglesia de Gesú. Es el Barroco en su estado puro. Te aplasta.


II. 

El periodo de Adriano coincide con un florecimiento de la cultura griega en
todos sus ámbitos. La labor constructiva de Adriano en todo el imperio se apoyó en la fundación de ciudades y su modernización.

En Roma levantó entre otros, el Panteón, un auditorio, su propio Mausoleo, donde reposarían sus restos, los de su esposa y Lucio Vero, su primer hijo adoptivo y, finalmente, el templo de Venus y Roma, sobre algunas de las ruinas de la Domus Áurea neroniana.

En Grecia, concretamente, en Atenas, concluyó el templo de Zeus, abrió auditorios y centros culturales, reformó el foro romano, intensificó y apoyó a escuelas filosóficas y literarias. Construyó bibliotecas, acueductos, termas y teatros.

No olvido la Villa Adriana. Esta no hubiera sido posible sin Antinoo.

Adriano estaba casado con Sabina por obligación, ya que como muchos, los matrimonios políticos eran de conveniencia. Sus relaciones nunca fueron buenas, pero la respetó siempre, aunque según parece, participara, apoyando indirectamente, algún complot contra él.

Conoció a Antinoo en uno de sus viajes, en Bitinia. Tendría unos catorce años. Adriano vio en Antinoo a un efebo: la relación que mantenían un adolescente y un hombre maduro, relación que no era tanto sexual, sino de conocimiento y aprendizaje intelectual en la búsqueda de la perfección y la belleza. Bueno, en teoría. Fueron siete años que terminaron bruscamente con la muerte de Antinoo. Un gran misterio la envuelve. ¿Fue un suicidio ritual, un sacrificio? ¿Un accidente? ¿Un asesinato orquestado por grupos de presión en Roma que veían en peligro su influencia? Nunca lo sabremos.

Sí sabemos lo que hizo después Adriano. Convirtió a Antinoo en un dios. Construyó ciudades en su honor -Antinoopolis-, recreó su figura en estatuas y relieves que podemos encontrar a lo largo de todo el imperio. Templos que lo veneraban, sacerdotes que cuidaran de su culto. Y Villa Adriana.

Villa Adriana recuerda el lugar donde murió Antinoo. Egipto y su cultura, en la que lo griego se mezcla sin solución de continuidad. El último estertor de una época que se acababa...

Los últimos años de Adriano no fueron felices.

El levantamiento judío rompió con ese periodo de paz y concordia que parecía extenderse al resto del Imperio. Ninguno de sus sucesores podría disfrutar de la tranquilidad que tuvo durante su mandato.

Nombrar un heredero adecuado. Lucio Vero fue el primer elegido. Su muerte prematura obligó a Adriano a variar sus preferencias. Acertó. Antonino Pío y, a continuación, Marco Aurelio y el hijo de Lucio Vero.

La enfermedad lo abrumaba. El dolor era intenso. Vivir, un suplicio. El suicidio, una salida.

Recluido en Villa Adriana, despreciando Roma y sus oropeles, consciente de que su vida se acababa, tal vez escribiera entonces una autobiografía, parecida a la que Yourcenar, siglos después, publicó.

No sabremos qué pensamientos tendría Adriano en sus últimos meses. ¿Sentiría orgullo por la obra de su vida? ¿Se arrepentiría de decisiones que según parece tuvo que justificar en la mencionada biografía? ¿Notaría la soledad del poder, esa que acompaña a todo aquel que lo detenta?

Escribió unos versos antes de morir. Son los de un hombre que amó la vida, la cultura y todo lo que nos ofrece y que se despide con cierta melancolía y nostalgía...

Animula vagula, blandula, hospes, comesque corporis, quae nunc abibis in loca pallidula, rigida, nudula nec, ut soles, dabis iocos...

Pequeña alma, errante, suave, huésped y compañera del cuerpo, que irás ahora a un lugar pálido, helado, privado de todo; ya no disfrutarás, como acostumbrabas...



viernes, 6 de mayo de 2016

A TODOS LOS DIOSES DE ROMA. NUEVE DÍAS EN ROMA. DÍAS 4 Y 5.


I

22 de abril de 2016

Noto vibraciones en la habitación. ¿Será la resaca por la borrachera de anoche? ¿La reminiscencia de un sueño erótico nocturno o por una noche loca con una mujer de bandera?

No, no es nada de eso. Ni bebo tanto ni mis sueños son tan interesantes. Y de conquistas, mejor pasemos un tupido velo por el asunto.

No puedo asegurarlo, pero debe ser el metro. Las obras de la línea C se hacen eternas. Sólo hay dos líneas de metro, porque en cuanto las excavadoras levantan un poco de terreno, se encuentran con piedras de incalculable valor arqueológico y todo se paraliza y hay que volver a planificar un nuevo recorrido.

Me ducho y desayuno. En dos paradas estoy frente a las ruinas de las termas de Caracalla. Se alzan como un esqueleto, orgulloso, gallardo. Caracalla quiso pasar a la posteridad levantando un monumento público del que disfrutaron generaciones. Sus termas responden al planteamiento convencional: los baños fríos, templados, calientes. Y espacios para el ocio: bibliotecas, saunas, jardines...

                                                      


Caracalla asesinó a su hermano delante de su madre. Fue brutal y despiadado. Eran tiempos duros, que requerían de mano de hierro para mantenerse en el poder. No le sirvió de mucho; se granjeó poderosos enemigos, incluso, en el ejército. Su asesinato estuvo a la altura de sus crímenes; mientras hacía sus necesidades, -no hay muerte más humillante que la que tuvo- un hombre de su guardia, probablemente pagado por los verdaderos conspiradores, lo apuñaló. A continuación, mataron al asesino con una jabalina, cuando intentaba huir. Una conspiración en toda regla, vamos. Como Kennedy y Lee Harvey Oswald.

Las cornejas, los cuervos levantan el vuelo entre las cúpulas y los arcos que han sobrevivido al paso del tiempo. Las lagartijas encuentran un escondite entre los huecos y las junturas. El ruido del tráfico, a lo lejos, de un viernes por la mañana.

Hoy quiero ir al campo. Y sí, con que camines un rato sales de Roma y retornas a las viejas raíces en las que Roma se fundó. Tal como Cincinato la conoció. O casi...

Salgo del caos circulatorio. Para dirigirte a la Vía Appia Antica debes superar un cruce. Los semáforos ayudan; que la luz verde sólo dure cinco segundos, no tanto. Tras hacerte una buena carrera y demostrarte a ti mismo unas dotes de atleta que desconocías, encaminas tus pasos hacia la puerta de San Sebastián. Dudas en esperar al autobús 118. Tarda demasiado tiempo y aún eres joven y con buena disposición para el esfuerzo físico; tu ánimo ha decidido: ¡Viva el camino!

El día acompaña. El tiempo es primaveral. En sombra, una ligera brisa. Bajo el sol, un picorcillo alegre. A un lado y a otro, fincas o chalets de personajes influyentes. El Mausoleo de los Escipiones como único reclamo turístico.

La puerta de San Sebastián te devuelve a la Via Appia Antica. Hay un grupo numeroso de alumnos, acompañado de cuatro profesores. Parecen dispuestos a caminar.

El primer tramo no es muy alentador. La frecuencia del tráfico es muy alta. Y el espacio para el peatón, escaso. Vamos en fila de a uno. Como mi ritmo es más animado que el de estos muchachos, tengo que estar atento cuando los adelanto a los coches que me vienen de frente. Caminar exige estar con todos los sentidos alerta.

Llegamos al lugar donde Jesús le dijo a Pedro: Quo vadis? Es un cruce de caminos. Probablemente lo fue hace dos mil años. La Vía Appia continúa por la izquierda. La carretera se estrecha; la acera, también. Mi constitución -soy bastante delgado- permite que sobreviva a los carros con motor; el caminante atisba la salvación. Uno no sabe cómo ha llegado a la primera parada del recorrido: las catacumbas de San Calixto.

Lo tienen muy bien organizado. Hay visitas guiadas en italiano, español, alemán, francés. Elijo la de italiano; tengo que practicar. El grupo lo formamos tres amigos de Perugia, un servidor y un grupo de alumnos de Bachillerato de Ciencias de Siena. El recorrido es rápido. Nos detenemos puntualmente en alguna tumba o capilla. La guía se para ante una lápida escrita en latín. Los estudiantes no tienen ni idea de latín. La guía lo intenta.

- Esto es nominativo. Y esto es dativo. Números romanos seguido de annis. Entonces, ¿cómo se traduce?... Bene merenti, que significa...

Silencio. Los chicos italianos de Ciencias no saben latín. Estamos perdidos...

A unos metros están las catacumbas de San Sebastián. Mucho menos interesantes. Destaca un cenotafio subterráneo, construido por un senador para toda su familia, incluidos sus libertos.

La carretera se acabó. Encontraré algún coche que se cuela -dos turistas se hacen una fotografía, subidos a un coche; siempre podrán decir que “caminaron” por la Vía Appia-, pero a partir de este momento, el camino es peatonal. Sólo me cruzaré con ciclistas y parejas de caminantes.



A un lado y a otro vas encontrando lugares en los que detener tu mirada. El circo de Majencio y la tumba que construyó para su hijo Rómulo. La tumba de Cecilia Metella. La tumba de los Veti.

                                                 

Hay zonas más restauradas, con baldosas, colocadas como si no hubiera pasado el tiempo por ellas. Otras torturan tus maltrechos pies.


La Villa Quintili o de Cómodo será la parada final. Cómodo se enamoró de la villa y se la “compró” a sus propietarios. Comprar es una forma sutil de decir que se la quitó. 





Cómodo, sin duda, sabía cómo convencer a la gente. Parece que en verano disfrutaba de las ventajas que le ofrecía vivir lejos de Roma y que allí entrenaba con gladiadores -una de sus grandes pasiones-.

Cuando salgo de la villa, me encuentro con un grupo numeroso de cabras. ¿No querías ir al campo? Pues, aquí lo tienes. 

                                                

Un pastor alemán surge de repente en el horizonte y empieza a perseguirlas; al principio, pienso que es el perro del pastor o pastora que aparecerá de repente con su flauta en la mano, pero no... pronto escucho la voz de su propietario, llamándole insistentemente. El pastor alemán se obsesiona con una cabrita; al final, la deja escapar y obedece la voz de su amo. La cabra se queda quieta, mirándole, mientras se marcha. Las otras se han alejado de la Vía Appia. La cabrita, sola, descolgada, vuelve con sus compañeras.

Vuelvo a verlo más tarde. El propietario, que aprovecha para hacer footing. El pastor alemán abriendo el camino. Y otro perrito, más lanudo, con la lengua fuera, intentando no perderlos de vista.

La vuelta a la ciudad es más cansada. Una siesta y una ducha siempre es de agradecer, después de una ardua caminata.

Promocionan una fiesta de la Naturaleza en Villa Giulia. Hago una escapada. Encuentro tenderetes con comida y bebida vegetariana y un concierto de pop. Todo muy políticamente correcto. Me aburre; así que prefiero pasear por Roma.

Ya es de noche.

En Vía del Corso me cruzo con parejas que han hecho sus compras. Ellas, con las bolsas de tiendas de marca, apoyándose en los brazos de sus compañeros.

Un indigente me dice que quiere enseñarme algo. Se lo agradezco, pero rechazo su oferta. ¿Qué querría mostrarme? Siempre me quedará la duda...

Rastros del pasado. La sede del PCI, Partido Comunista Italiano, ahora pertenece a la coalición de izquierdas que detenta el poder. Gramsci sustituido por Renzi; es la música de nuestros tiempos.



Sólo queda una placa que lo recuerda.

En la antigua Suburra el ambiente nocturno está en su punto álgido. Parece una zona de marcha. Vendedores ambulantes meditan en las escaleras sobre el sentido de la existencia. Un tipo duerme su borrachera, apoyado en la barandilla.

Vuelvo a notar las vibraciones en la habitación. Cierro los ojos...


II.

...Llegamos a la cúpula, el tercer nivel del espacio interior, el elemento que distingue al Panteón.

Se compone de cinco filas de casetones, que decrecen a medida que se acercan al punto más alto, el centro, donde encuentran un óculo de nueve metros de diámetro. Se piensa que estarían forrados de bronce.

En el exterior se arranca desde una sobreelevación del muro con siete anillos superpuestos. El primer anillo debía estar cubierto de mármol; el resto, con bronce, perdido a excepción de la zona del óculo.

¿Cómo se sostiene la cúpula? Hay varios elementos arquitectónicos que lo explican.

En primer lugar, los muros de opera latericia, -hormigón y ladrillos- ocultos en un primer nivel tras los nichos, pero que cumplen una función más importante, la de sostener el peso de la cúpula a través de arcos de descarga, visibles en la parte posterior del edificio en la actualidad.

Por otro lado, los anillos están construídos de manera parcial y sucesiva, sosteniendo cada uno de ellos al otro. Y la abertura de casetones, los nichos, las ventanas e, incluso, el óculo, además de su aparente función decorativa -aunque se hayan perdido con el paso del tiempo los elementos que los integraban- aligeraban el peso de los anillos.

El material utilizado también tiene su importancia. Hormigón, tufo y escoria volcánica. Es un hormigón mezclado con agua y los elementos señalados. Eso permitía más resistencia y más porosidad al ser mezclado con otros materiales. Se disminuyó el espesor utilizando piedra pómez en lugar de la piedra travertina más pesada y, para concluir, se reduce el peso de los materiales de manera progresiva desde la base hasta el óculo.

Son procedimientos que se utilizaban ya en los edificios termales de la época y que los ingenieros romanos habían aprendido tras largos siglos de experiencia constructiva. Es Adriano quien toma la decisión de que se utilicen por primera vez en la construcción de un templo.


III.

Una noche.

El sueño es ligero; no logro que sea continuo y profundo.

Tu respiración es un leve parpadeo, un hilo fino que se rompe, se diluye. Una ligera punzada cerca del corazón. Imágenes que se evaporan. Aire que se escapa. Susurros. Oscuridad intuída a través de la luz.

Amanece. La vida sigue, continúas vivo...


IV.

23 de abril de 2016.

Para llegar a Villa Adriana, has de subir al metro y a un autobús interurbano; me deja a unos diez minutos de la entrada.

Hoy es un día nuboso; amenaza lluvia. Invita a la nostalgia. Muy apropiado, porque las ruinas de la Villa de Adriano son las ruinas de un tiempo perdido, desaparecido, aniquilado...

Adriano eligió bien el lugar, cerca de las montañas, lejos de los conflictos de una Roma que le despreciaba.

Han descubierto recientemente un complejo constituido por templos y pórticos. Parecen ligados a Antinoo y su culto.

El Canopo es el límite. Más allá, se encuentra la zona que Adriano concedió y reservó para su esposa, Sabina. No se puede visitar; es propiedad privada.



A un lado y otro del Canopo, me fijo en una chica que se hace selfies. Y en un chico, que se sienta y reflexiona sobre la caducidad del mundo. O eso parece.

Recorro los espacios que Adriano levantó como homenaje a lo que más amaba y que no pudo ver terminar. Teatro, termas, habitaciones privadas, salones de recepción, bibliotecas... 

                                                 

Una ciudad construida a su medida, aislada de todo y de todos. Le imaginamos caminando por las noches. Un viejo solitario, acercándose a la muerte, asumiéndola con entereza y desesperación.

Unas gotas de lluvia caen al salir de Villa Adriana.

De camino decido visitar Santa Constanza. Como Santa Agnese ambas iglesias están vinculadas a la figura de Constantino y su madre. La iglesia está abierta; coincido con un duelo y una misa en memoria de un fallecido. Ropas negras, rostros serios y meditabundos. Un mosaico brillante que promete la resurreción de los muertos y un juicio final a todos los hombres.

El Museo Nacional Romano es una delicia. No sólo te ofrece escultura -encuentras las mejores aportaciones y copias de época romana-, o mosaico. Además en la planta segunda tienes la mejor pintura parietal que se ha podido conservar.

Por supuesto, entre las esculturas, están Augusto como Pontífice Máximo o una copia del Discóbolo o Níobide moribunda. Prefiero una Musa con el hombro al descubierto o una koré que lleva un peplo muy sugerente.

                                     

De la pintura destacan los de la Villa de Livia. La Naturaleza en su faceta más delicada y elegante.

Que también aparece en una tumba en la zona del Vaticano.

                                                


Más variadad temática observamos en las que se encontraron en la Villa de la Farnesina; son de una riqueza sorprendente. Se piensa que pudo ser una residencia de verano de Augusto y su familia en la zona del Trastevere.


Las dos son reconstrucciones que aprovechan un amplio espacio para acercarnos, aunque sólo sea de manera tímida, lo que pudieron ver los romanos que la visitaron o habitaron.

También podemos admirar una máscara crisoelefantina o la explicación extensa de una historia desconocida por el gran público: la de los barcos del lago Nemi, recuperados en los años 30, del fondo del lago 



-fueron verdaderos palacios flotantes para uso y disfrute del emperador Calígula, de los que se hace eco Suetonio en La vida de Calígula, XXXVII.2- y, lamentablemente, destruidos durante la segunda guerra mundial durante un bombardeo o un incendio provocado.



                        



V.

Llueve al otro lado del cristal. 
En los sueños se cuelan las gotas de lluvia: tal vez sean resquicios de felicidad. 
Las noches primaverales en Roma arrullan tu sueño.