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sábado, 30 de diciembre de 2023

FINALES DE CINE (IX) RUSIA: CUANDO PASAN LAS CIGÜEÑAS DE KALATÓZOV

 


El cine ruso o, más bien, el soviético es uno de los grandes desconocidos. Siempre lo fue, ya desde la guerra fría. Pero de allí surgió un Eisenstein durante el periodo mudo.

Solo con el final de La huelga -y tiene también Octubre y El acorazado Potemkim- entraría en la Historia del cine. 


Después hubo nombres que destacaron, sin duda. Tarkovsky salió de allí y huyó a Occidente, pero no pudo negar que aprendió y mucho de sus compañeros, aunque estos se quedaran en Rusia. 

Quizá el final que más me gusta de sus películas es el de Stalker. Obra de ciencia ficción que, como en toda su filmografía, acaba teniendo implicaciones filosóficas más profundas.


No me alejo mucho, si menciono La ascensión. No es el final, pero para mí, el epílogo que viene después, es un añadido innecesario de una directora rusa escasamente conocida, Larisa Shepitko. Es una ejecución de unos inocentes -del 1:33:00 a una 1:38:00- por parte de los nazis para atemorizar a las gentes de un pueblo ucraniano invadido. Toda la planificación te pone los pelos de punta. 


Sin alejarnos mucho -Suecia está al lado- podemos pensar en Bergman. Tiene otras obras más conocidas, pero el final de El manantial de la doncella, por su sencillez, me emociona. 

La hora del lobo, también...


Cuando pasan las cigüeñas sorprende, porque una historia de amor se transforma en un canto colectivo a la lucha contra el nazismo de todo un pueblo. Se alcanza el paroxismo estético hasta el imposible. Conocida es esta escena: una grúa, que ni en los mejores sueños húmedos de Spielberg -por cierto, un director que no sabe hacer un buen final, a pesar de su talento; siempre le salen sentimentales o ñoños-. 


El final de esta película tendría que ser trágico. El chico ha muerto; ella se ha quedado sin el hombre al que amaba, pero, no, los rusos han vencido. Los nazis perderán. Y todo el pueblo saluda a sus héroes. 

                

La tristeza individual no tiene importancia, cuando todos unidos hemos conseguido librarnos de la tiranía y el fascismo. 

¡A ver si aprendemos!

sábado, 16 de abril de 2022

RECUERDOS EN MOVIMIENTO (XI): DESEANDO AMAR Y TARKOVSKI


Antiguamente si alguien tenía un secreto que no quería compartir, ¿sabes lo que hacía? Subía a una montaña, buscaba un árbol, le hacía un agujero y susurraba el secreto. Luego lo cubría de barro. Y dejaba el secreto ahí para siempre...


Un día M... me enseñó unas obras que acababa de hacer. Creo que eran máscaras o dibujos preparatorios; tal vez, alguna pintura. Me pareció que por primera vez me mostraba, sin velos, una parte muy oscura de sí misma. Si hubiera caminado por esa senda, hubiera llegado a lugares extraños e inquietantes. Decidió no hacerlo; prefirió sublimar, embellecer, ocultar... Como siempre había hecho. Cada uno toma las decisiones y el camino que cree mejor. Y ha de asumir su responsabilidad. Aunque se equivoque. O tal vez, no. 

En una ocasión me contó un secreto. Era oscuro y doloroso; no quería que nadie lo supiera. Buscó un árbol en Internet y allí lo guardó. Pensé, soberbio, que ese secreto merecía algo más; quise utilizarlo en una de mis historias. No le pedí permiso. Mi vanidad pudo más que el respeto que debía a una amiga. 

Traicioné su confianza. La amistad se rompió. 


A M... le gustaba Tarkovski. No recuerdo si vimos juntos alguna de sus películas en la Filmoteca. Veinte años de amistad dan para miles de historias y conversaciones. En muchas de ellas no compartíamos el mismo punto de vista, pero en lo esencial nos entendíamos. 

Recuerdo una escena que le atraía de La infancia de Iván...

Nuestros miedos y deseos más profundos. Hay violencia y poesía. Podemos elegir una u otra, pero nunca tendremos Eumenides sin Erinias. Ambas están dentro de nosotros...

Vimos juntos alguna película de Wong Kar Wei. No recuerdo exactamente cuál fue. Tal vez Deseando amar. 

Mis recuerdos con ella, pasados los años, son borrosos y vagos. ¿Qué películas fuimos a ver a una sala de cine? 

Un baile de dos cuerpos, de miradas y roces sutiles. Deseo sublimado por el recuerdo. La realidad siempre nos decepcionará. Imperfectos, estamos hechos de barro, aunque aspiremos a ser polvo de estrellas.


Él recuerda aquellos años como si mirara a través de un cristal cubierto de polvo. 

El pasado es algo que podemos recordar, pero no tocar. 

Y todo lo que se recuerda es borroso y vago...