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sábado, 26 de septiembre de 2026

EL DESENCANTO Y LORD JIM

 


La escuela es una institución penal que nos obliga a olvidar la infancia, en la infancia vivimos, después, sobrevivimos, Los Panero, Lord Jim, uno de los nuestros, ¿en verdad, es uno de los nuestros?, ¿son de los nuestros?, como dice el capitán Marlow, payasos, nos devuelven el reflejo, melancolía de una raza que se extingue, un héroe solitario, apartado del mundo, condenado, en la locura no son las palabras, o en la sinrazón o en la desviación de la norma, sino los gestos lo que cuentan, Lord Jim lo sabía, abandona un barco y debe pagar por ello, cobardía, el honor, más que el honor, el mal que se oculta entre las palabras y los ideales, es un romántico, eso dice Stein, o un loco, como Kurtz, cumple fielmente el papel que le corresponde, el horror, sí, el horror, 

el del capitalismo, lo vemos todos los días, muertos, quemados por el fuego de las bombas, muertos, ahogados en el mar, muertos, huesos devorados por la tierra, desahuciados, cenizas, olvidados, el horror, sí, el horror, el del colonialismo, mentiras que nos contaron nuestros padres, el dinero, la voracidad, la explotación, la especulación, los recursos esquilmados, la gloria, la patria, el honor, el valor y, por supuesto, la mezquindad, la cobardía, la diaria, enraizados en la tierra, ¿qué ocurre cuando esa tierra se quema?, ¿dónde encontraremos el espíritu de la tierra que nos vio crecer o nacer?, ¿y si te quitan la tierra, el agua, el aire? envenenada por cientos de generaciones, por la sangre de los muertos, nos rodean, nos pesan, y los fracasos, y los edificios en ruinas, ¿y, señores, cuándo la existencia es absolutamente necesaria para otra persona?, amamos, odiamos, la felicidad se escapa de entre los dedos, una niña juega y ríe y llora, sueña, esperanza disparada hacia el futuro, el tiempo cumple su tarea, un gato mira al infinito, un perro ladra, golpeado, aterrorizado, y llega nuestra última palabra, entre balbuceos y temblores, si alguien logra entenderla, que puedas explicar con palabras un objetivo duradero, entre estertores, si no te duermen, había alcanzado la grandeza, ¿fui un buen padre?, ¿fui un buen hijo?, parece que me estoy convirtiendo en un dios, ¡qué gran artista muere conmigo!, la llamada de su mundo de sombras, el silencio, inevitable, y ese mundo de sombras que los devora, nos devora, los fantasmas, esos espíritus evocados por nuestros miedos e inquietudes, las máscaras, personas, personajes en busca de autor, más allá de los límites que la sociedad marca, hay que matar al padre, porque él, el gran Panero, no supo hacerlo, Lord Jim asume el sacrificio, he venido dispuesto y desarmado, las palabras ordenan el mundo, nos salvan, o eso dicen, el silencio nos devuelve al caos, mirándole directamente a los ojos, nos mentimos a nosotros mismos, la memoria, la vanidad le pone trampas al recuerdo, necesitamos de cierto fingimiento para poder vivir, cae, una mirada imperturbable y repleta de orgullo, el fracaso más absoluto es la más resplandeciente victoria, la única salida, eso dice el loco, es la escritura, la poesía.

viernes, 11 de septiembre de 2026

ENSEÑAR A PENSAR ES UN ACTO POLÍTICO

 


Estábamos sentados a la mesa de un bar moderno de Carabanchel, a unos metros de la calle Inmaculada Concepción, allí, a mano derecha, está el recorrido que hacíamos muchos domingos para visitar a mi abuela, comer con ella, recuerdo su bondad, su discreción, una mujer de otros tiempos, sometida, aquí, en el barrio de moda de los artistas, los precios suben como la espuma, lejos quedan esa época en que me bajaba en el metro de Marqués de Vadillo, los cines, al otro lado de la calle, donde vi la primera película de Torrente, antes de que los cerraran, te cruzabas con los vecinos que habían trabajado toda su vida para sacar a sus hijos adelante, para que tuvieran más oportunidades de las que tuvieron ellos, ¿dónde están?, muertos, las generaciones se suceden, pasan, sus hijos ahora viven en barrios periféricos, mis tíos, mis primos, en adosados, en fincas, sí, tuvieron más oportunidades, perdieron batallas, las perdimos, doblegados por la realidad, siempre se pierden, allí estábamos, habíamos escuchado a Jonás Trueba, nos había hecho reflexionar sobre su cine, la industria, la libertad creativa, sí, me siento extraño, ahora tenía a Jonás Trueba a mi derecha, le veía comer una tostada, beber una cerveza, me hubiera gustado hablar con él de cine, pero no fue posible, conversaciones posibles, hipotéticas, realidades paralelas, había más de cuatro profesores alrededor de esa mesa, nos atrae hablar de lo nuestro como a las polillas la luz, era inevitable que saliera el informe Pisa, el debate fue interesante, no dije ni una palabra, no por discreción, sino por timidez, la vanidad me salía por los poros, pero no me atrevía a darle salida, se trataron muchos temas, las nuevas tecnologías, el planteamiento educativo tradicional, el cine como motor de cambio, el esfuerzo de los docentes, nos despedimos, horas después pensé, no hablamos de política, la clave, si muchos de nuestros alumnos no saben leer o escribir o no reflexionan, aunque se deba a muchos factores, tantos, nos aplastan, el más importante, sí, es una decisión política, quien no piensa, quien no tiene criterios propios, capacidad de juicio, interés por el conocimiento puede ser manipulado y dirigido por el poder.

No nos engañemos, en las aulas vivimos muchas derrotas, aunque tengamos a veces unas pocas victorias. Todo sistema educativo prepara al alumno para integrarse en sociedad. Si este sistema con sus leyes, preocupadas por aspectos superficiales y técnicos, palabras vacías, ajenas a la realidad social, eso nos dicen, y esclavas de presiones e intereses variados, miedos y mezquindades, si ha creado alumnos de este tipo es tal vez porque interesa que así sea. Solo quienes estamos dentro intentamos protegerlo como foco de cultura, de conocimiento, un refugio frente a la ignorancia, más recursos, más inversión, desprecio de los poderosos, la Formula 1, el circo se lleva todo el dinero.

El sistema educativo nos obliga a poner notas, esas notas servirán para promocionar y situar al alumno en la rampa de salida de su futuro laboral, resultados, eficacia, éxito, dinero, nos repiten, vanidad, soberbia, y, sí, de vez en cuando interés por conocer, a veces lo descubres en un gesto, una mirada, una pregunta, un comentario, escribir una carta, hoy mismo, por ejemplo, es difícil el Latín, pero interesante, la lectura de un libro, un poema, escrito en una noche de insomnio, una reflexión, la curiosidad, hay alumnos y alumnas, sobre todo, que nos salvan y se salvan, pocos, pocas, muchas derrotas, escasas victorias, la política lo impregna todo, porque la polis es el centro de nuestras decisiones, bien lo sabían los griegos, aunque nos quieran lejos, para que no molestemos.

Sí, enseñar a leer, a escribir, a pensar siempre será un acto político, rebelde, valiente. 

Es lo único que nos queda, sembrar semillas para el futuro. 


lunes, 31 de agosto de 2026

EL SER QUERIDO DE SOROGOYEN


Aquí tenemos por fin la gran película de la temporada, la mejor interpretación de Bardem, el cine español y su industria la elogian y la ensalzan. ¿Es así? Hagamos un análisis detallado de los pros y los contra de El ser querido de Sorogoyen. 


Por un lado, pongamos los peros. No lo es que una película estrenada el año pasado, Valor sentimental, sea la misma historia en líneas generales. 


No se puede hablar de plagio; entre otras cosas, porque el planteamiento es diferente, aunque los dos planteen referencias metalingüísticas. En primer lugar, los espacios, simbólicos. Sorogoyen elige el desierto, un espacio infinito; el noruego, una casa, un lugar privado, cerrado, claustrofóbico. Por otra parte, Trier nos cuenta todo lo que sucede antes del rodaje; y eso permite que los personajes puedan encontrar un punto en común y resuelvan, al menos, el conflicto principal. El papel de la hermana, generosa e inteligente, sirve de engarce entre dos posiciones, los del padre y la hija, que parecen irreconciliables. No hay tal personaje en la película española o, por lo menos, no logra entrar con consistencia en la trama. Sorogoyen decide que durante el rodaje estalle el conflicto y la relación entre padre e hija, al final del metraje, no se ha solucionado, más allá de una toma de conciencia por parte de los dos del profundo dolor que comparten. Eso sí, sin duda, las dos películas, las que se ruedan en El ser querido y la que se grabará en Valor sentimental, serán películas de calidad o, al menos, eso nos dan a entender ambos directores. No es casualidad que esas películas imaginadas parezcan hablar de ausencias o pérdidas, sean familiares, la madre del personaje principal en Trier, o colectivas, un territorio, el Sáhara, y sentimentales, la descomposición de una pareja, en Sorogoyen. 

Pasemos a los planteamientos formales. Sorogoyen inserta planos en blanco y negro. ¿Enfatiza? Sí. ¿Funciona? Me temo que no. Hay otras elecciones de formato que no se notan tanto, más integradas, pero esta no se entiende desde el principio, si has decidido contar una historia de manera tradicional y con una narrativa convencional. No estamos ante una película experimental y esos ramalazos estéticos desentonan. ¿Para qué? Pues, eso.

La interpretación de Bardem es excelente. Sin duda, pero, a veces está al borde del ridículo, del precipicio. Sorogoyen lo contiene. Es un riesgo que logra salvar y, aún así, no sé si era necesario llegar tan lejos. ¡Este Bardem, monstruo de la naturaleza! ¿Encasillamiento? Tal vez, pero, mientras funcione y gane premios y aplausos de la crítica y el público nada habrá que objetar y él ganará dinero y prestigio.

El director admite que tuvo que quitar una escena en la que se entendía mejor la decisión que toma la directora de fotografía: abandonar el trabajo, en pleno rodaje. Es un elemento de guion importante, mal explicado. Quizá lo grave es que la decisión se tomó porque por razones de montaje había que eliminar una escena y se eligió esta. La industria tiene sus limitaciones y sus reglas son draconianas.

La película tiene virtudes. Los primeros minutos funcionan como un prólogo: dos personajes, una hija y su padre; hace años que no se ven. Él, director de prestigio, le propone ser su actriz principal en su próxima película. Sabemos que ella va a aceptar, pero la tensión seguirá, el problema no se resuelve, porque necesita de un tiempo que ninguno de los dos está dispuesto a darse. Es un cara a cara rodado en tiempo real; el montaje hace el milagro. Cumple su función y es un buen comienzo -aunque no llego a la exageración de algunos críticos que lo colocan en la maestría; no es para tanto-. 

Si olvido algunos momentos de Bardem, pocos y contenidos por el director, los dos interpretes -una gran Vicky Luengo- mantienen un duelo interpretativo soberbio. El resto de los personajes queda desdibujado, pero tampoco es un gran defecto. ¿O tal vez sí? La productora ejecutiva, la interpreta una actriz francesa, Marina Foïs, tal vez sea una excepción. En esas tres escenas donde aparece junto a Bardem, intuimos muchas más cosas de las que aparecen en el guion. Al contrario que Trier, que sí desarrolla el de la hermana de la protagonista, esta no logra influir ni cambiar el rumbo de la historia. Y es una pena. Del resto, poco más. Escenas que demuestran que conoce los entresijos del rodaje y del día a día de los actores y el equipo técnico; sirven de transición y ya está. Se admite; al fin y al cabo, la historia es esa, ¿no?

Hay partes que funcionan con un montaje sonoro y visual total. Escojo una en la que el personaje que interpreta Bardem, mientras escucha la banda sonora de su futura película con los cascos puestos, sigue el recorrido que hace su hija por el restaurante del hotel, y, cuando deja de mirarla, es ella la que lo descubre junto a sus otros hijos en un ambiente familiar que ella nunca tuvo con su propio padre. Incluso en la escena en el que Bardem se comporta como un tirano en medio del rodaje, en su parte final, dos pequeños detalles, uno de dirección -sonido y planificación- y otro de interpretación -contención de Bardem- transforman la escena, nos descubren otra realidad. Sorogoyen sabe hacerlo muy bien. 


Sorprende que en el fondo tanto Trier como Sorogoyen propongan, casi como una nota a pie de página en Sorogoyen, que por debajo de este enfrentamiento padre e hija, el tema más importante no sea este. No se engañen, aunque lo parezca, lo importante es otra cosa. Ambos artistas, directores, tiranos emocionales, encuentran en el arte, en su actividad creativa la única manera de expresar sus emociones; es, en el fondo, una carta de amor con un único destinatario. Ambos se preguntan, -con más claridad el personaje de Trier, un anciano-, si es demasiado tarde para que esa carta sea leída. Por eso Trier da una oportunidad a sus personajes para que en la vida real puedan encontrarse. Sorogoyen, en cambio, los separa, tal vez, definitivamente. 

Admito que me gusta más la elección de Trier, porque Sorogoyen no se atreve a llegar hasta el fondo, hasta la clave principal de esta historia: ¿qué dejaremos a nuestros hijos, cómo podemos hacernos perdonar por los errores que hemos cometido con ellos, antes de que muramos? La muerte, sí, la muerte, es el gran tema. Y la vida como su reverso. No hay más, aunque siempre nos estemos engañando.



domingo, 30 de agosto de 2026

WALTER TEVIS: ADAPTACIONES AL CINE

 

Walter Tevis es un escritor afortunado. Ha conseguido interesar a autores diversos y de sus seis novelas, al menos, cuatro han sido adaptadas al cine o la televisión. Si lees sus obras, te atrapan, te llevan de la mano hasta la conclusión del relato. No es un autor que te transforme, pero sí interesa lo que te cuenta. 

Tres de sus novelas se sitúan en un presente más o menos cercano. Responden a un modelo muy simple: el personaje principal con un gran talento, sea en el billar o el ajedrez, desequilibrado,  confuso, y que busca en el alcohol o en las drogas una válvula de escape, sufre una gran derrota en un duelo épico contra un rival a su altura; hundido o hundida, debe afrontar sus fantasmas y alcanzar la redención y la libertad. 

Gambito de dama, serie de Netflix, es una adaptación convencional, casi literal. Incluso lo que serían  aportaciones propias o diferencias con la novela se nos aparecen como trucos de guionista avezado: la voz en off es sustituida por diálogos con otros personajes o intervenciones de periodistas o narradores externos; el tablero mental de la protagonista, si nos centramos en la novela solo cierra los ojos, se transforma aquí en una imagen en 3D proyectada en el techo; se busca dar más peso a personajes secundarios, las dos madres, la amiga, y quiere explicar, a veces de manera innecesaria u obvia, el porqué de las paranoias de la protagonista en detrimento de los pensamientos y contradicciones, huecos mentales que Tevis con gran acierto se limita a insinuar. Como la construcción literaria de Tevis te atrapa, pero deja ese regusto de "sí, bien hecho, es un artefacto riguroso, un mecanismo eficaz, pero, ¡ay!, podría haber sido más atrevido".

El buscavidas de Rossen es uno de los clásicos del cine con derecho propio. Rossen opta por otra forma de contar la misma historia. En este caso, es un jugador de billar. La voz interior del personaje no necesita de artificios; basta con la planificación medida, precisa del director e interpretaciones soberbias; la de Paul Newman es impresionante. Es fiel al original literario, pero Rossen, con simplicidad, va mucho más allá. Si lo comparamos con la serie descubrimos, por si lo habíamos olvidado, que el cine tiene muchos recursos visuales y sonoros para mostrar el mundo interior de un personaje o su pasión, que no se aprovechan en el panorama actual. Al ver la película aparece un tema que la serie no desarrolla plenamente; no solo es la historia de un personaje al borde del precipicio, quebrado emocionalmente; es también la de una artista, un creador que encuentra en el billar, aquí, en la serie, el ajedrez, una manera de sobrevivir en un mundo, un entorno donde el dinero u otros intereses lo ensucia y corrompe todo. En realidad, no nos sorprende que Rossen, un comunista perseguido por la caza de brujas, nos haya colado una reflexión sobre el capitalismo; así, de manera sutil y elegante, tenemos una película política en el sentido más amplio del término. En la serie de Netflix ni se les pasó por la cabeza atreverse a dar ese paso, no vaya a ser que se nos escapen potenciales espectadores.

Hubo una continuación en El color del dinero dirigida por Scorsese. Es una adaptación más libre. Pierde, precisamente, en el camino a la gran pantalla, esa reflexión política, quedándose solo con la tensión narrativa, los conflictos de los personajes y algunos fuegos de artificio. Un gran Paul Newman y una dirección profesional de Scorsese no logra darle una película, en la que Tom Cruise se nos hace insoportable desde el principio hasta el final, mayor enjundia.

Las otras tres novelas de Tevis entrarían en el género de la ciencia ficción. Solo una, El hombre que cayó a la Tierra, ha sido adaptada; otra, más reciente, en formato serie; ver el trailer te basta para saber cuál va a ser el tono de dicha adaptación, aunque, sin duda, será aceptable y fiel al original. 

La más antigua es toda una rareza. Volveré a mencionarla.

Sinsonte y Las huellas del sol, como sucede con toda la obra de Tevis, sin aportar nada excepcional, contienen ideas curiosas. En Sinsonte o el pájaro burlón un hombre y una mujer descubren los libros, la escritura y la lectura en una humanidad adormecida con drogas bajo la mirada consciente y dolorida de un robot que no puede suicidarse; en Las huellas del sol China ha conseguido la supremacía económica, la Tierra no tiene futuro, y un millonario norteamericano decide realizar un viaje interestelar para escapar del desastre, idea central en El hombre que cayó a la Tierra. Las distopías, ya se sabe, hablan de nuestro presente, de manera más clarificadora que cientos y miles de horas de informativos y tertulias.

El hombre que cayó a la Tierra, la primera adaptación, está protagonizada por David Bowie. En esta historia tenemos a un extraterrestre que busca en la Tierra el agua que le permitiría salvar a su familia, gana un montón de dinero para poder construir una nave espacial y regresar a su planeta, pero fracasará, cuando los humanos le internan en un centro médico; le dejan ciego y acaba alcohólico, solo y, eso sí, inmensamente rico. El capitalismo es generoso, a su manera. 

Es una rareza, sí, por muchas otras razones. 


David Bowie logra transmitir en su interpretación ese no encajar que caracteriza a su personaje; vemos a un tipo melancólico y desquiciado en un mundo que no es el suyo. El cuerpo de Bowie, muy sexualizado, acapara la pantalla; una de las diferencias con el original es que se mantiene joven, sin cambios, mientras los demás envejecen. Tiene, por otra parte, esa textura del cine de los setenta que nos devuelven, como todo lo retro, a un tiempo en el que las películas, -al contrario que ahora, tiempos homogéneos e impolutos-, no poseían ese acabado tan perfecto e irreprochable; a cambio, disfrutas de montajes delirantes y surrealistas. La imperfección es un don escasamente valorado en el mundo de hoy, el de la inteligencia artificial.

Termino con la adaptación de Rossen. El discurso final de Paul Newman no está en la novela; en realidad, sí lo está, pero solo es un esbozo en forma de diálogo que Tevis no desarrolla, lo deja ahí, para quien quiera tomarlo. Rossen sabe captar su esencia y lo convierte en un alegato poderoso por la libertad, aunque este acto le supondrá exilio y destierro: la marginación social. Es evidente que Rossen lo vivió en carne propia.


Una buena adaptación sí puede, partiendo de un buen original, impactarnos, conmovernos, perturbarnos, cambiarnos y atreverse a decirnos lo que otros nunca sabrán ni querrán contarnos.

Me agradan los finales en las novelas de Tevis. Un bedel negro baja las persianas, un camarero limpia los vasos, un anciano ruso propone una partida de ajedrez en un parque. Personajes anónimos, observadores. La vida fluye, se extiende más allá de los dramas de sus protagonistas. Finales abiertos en los que lo cotidiano adquiere una presencia real e intensa.

sábado, 29 de agosto de 2026

ANOCHE CONQUISTÉ TEBAS

 


Acaban de estrenar Anoche conquisté Tebas. Se verá en pocos cines; tal vez se mantenga en cartel un par de semanas. Estamos ante un cine diferente. Y no solo porque en la mitad del metraje los personajes hablen en un latín fluido y creíble y en la otra parte escuchemos portugués y gallego. Hay mucho más. 


No sé si podría añadir algo a las palabras de Marta Medina del Valle que en este artículo menciona los temas e ideas fundamentales. Lo intentaré.

Podría hablar de un cine que busca algo muy alejado, lejísimos está, sí, de las grandes producciones o de las que, sin serlo, aspiran al gran público, las que el cine español, para ser industria fiable, ha acabado por rodar desde hace décadas, productos uniformes, homogéneos, nos ofrecen, así, el mismo cine de siempre, cada vez más conservador y previsible. Como ocurre con el mundo y sus conflictos, mediocridades privadas y publicas, cotidianas, egoístas, entre soldados y policías, fascistas y titiriteros, incompetentes y cobardes, estúpidos e ignorantes, nos encontramos, aunque haya quien aporte alguna reflexión inteligente, así es, ante una batalla perdida. Y como todas las batallas perdidas es la única por la que merece la pena luchar.

Hay algunos francotiradores, radicales, que pretenden, ¡qué osadía!, atrapar el ritmo del tiempo, el misterio de un lugar. No es casualidad que esta película, con largos planos secuencia, cuidando el sonido, la fotografía, se desarrolle, sobre todo, en unas aguas termales y que unas historias sencillas, la amistad de dos jóvenes, una, actual, la otra, en el siglo I, el dolor de una distancia, de una ausencia, confluyan y se solapen, se mezclen, aquí, sí, los sentidos se confunden, el sueño y la realidad, mundos paralelos y entrelazados, las sombras adquieren consistencia y se diluyen, el agua penetra en los poros, aquí, la llama de un candil, allí, la linterna de un móvil, los cuerpos se escuchan, los susurros hipnotizan. Sí, es un cine que exige atención, transforma nuestra mirada. 

Aún quedan guerrilleros que pelean por estas batallas perdidas. 


domingo, 23 de agosto de 2026

A COMPLETE UNKNOWN

 


"Realiza plenamente y a conciencia la labor de toda gran literatura: aceptar las convenciones que el pasado le transmite y que forman sus señas de identidad para abolirlas e incorporarlas en una nueva totalidad estética que satisfaga las aspiraciones de su época"

Introducción a la Eneida de Virgilio de José Carlos Fernández Corte.


A complete unknown se abre con un Bob Dylan que llega a Nueva York para visitar en el hospital a Woody Guthrie. Y se cierra con una última visita, un homenaje al maestro, al que ya ha dejado atrás. Queda claro, entonces, no lo es tanto a lo largo del metraje, y nos confunde, que el tema central es este: cómo Bob Dylan, partiendo de las convenciones del pasado -folk, country, blues- las borra y las incorpora a una forma diferente de entender la música. 

¿Consigue su objetivo? A medias. Y el intento es digno; no estamos ante un biografía al uso en el que el personaje es santificado; sería inútil, porque Bob Dylan no encajaría. 

Se esboza este aspecto en diálogos fallidos, algunos, con las protagonistas femeninas, episodios troceados de la relación que mantuvo con Sylvie Russo o Joan Baez, todos inventan su pasado, recuerdan lo que quieren y olvidan el resto... tus canciones son como un cuadro en el consultorio del dentista... yo escribo la música que ellos nunca podrán componer, insinúan caminos que no se atreven a hollar. 

Hubiera sido otra película. Como la que intentó Todd Haynes en I´m not there. 


Seis actores y una actriz lo interpretan en un extraño semi-documental, más interesante que A complete unknown.

Volvamos otra vez a la pregunta. ¿Quién fue Bob Dylan? Parece que esta película se rinde desde el principio; es imposible responder. Por tanto, nos decepciona. 

Hay algún intento, incomprensible para el que desconozca los datos, el guionista fracasa, en explicar cómo estas dos mujeres influyeron en Bob Dylan, que sus letras fueran más políticas, en el aspecto melódico, o cómo buscó otros caminos al incorporar la guitarra eléctrica. 

La música y sus letras se imponen; no deja espacio al desarrollo psicológico de un personaje complejo, convertido aquí solo en un tipo egoísta, que vive para su única pasión: la música, es decir, que va a lo suyo. 

Volvamos al tema central, el que interesa remarcar en esta película. Bob Dylan se nos presenta como el futuro de la música; los demás solo ven pasar la estela de un cometa que los ciega. 

Si ese era el objetivo, la película se dispersa en canciones que nos avasallan, en detalles innecesarios, en miradas de admiración e incomprensión del resto de personajes, no logra profundizar en esta propuesta, centrarse en ella. Se diluye como un azucarillo.

Bob Dylan sí supo, como Virgilio, profetas ambos, recoger la tradición para voltearla. Esta película, no. No se lo tengamos en cuenta. La genialidad, como el futuro, es un animal extraño e inquietante, difícil de interpretar o explicar. Pocos tienen ese talento.

martes, 11 de agosto de 2026

OTRAS ODISEAS: NOSTOS Y LA MIRADA DE ULISES


Nostos, el regreso, de Franco Piavoli reinterpreta la obra de Homero, experimento visual y sonoro, transmite su espíritu con mayor fidelidad que otras versiones, más comerciales, expresividad intensa y poderosa, no lo convierte en un mero vehículo narrativo, por eso, las palabras pertenecen a lenguas reconocibles, latín, griego, italiano, y, sin embargo, no podemos entender a los personajes, el director inventa una lengua para que lo racional no tenga cabida, estamos acostumbrados a otro tipo de cine, Nostos llega más lejos, no solo es el viaje geográfico, símbolo, metáfora, idea fundacional de la literatura occidental, es decir, el recorrido por innumerables lugares, unas ruinas, traslación del infierno, corre, huye, aterrado, las voces de las Sirenas, intuidas tras los reflejos de la luz del sol en el agua del Mediterráneo, el encuentro con Calipso en un entorno que recuerda al paraíso, sensualidad de dos cuerpos, un ojo, miradas, el agua de una cascada, fluye, cae, la humedad de una piedra, el pie la roza, el tacto de una flor, la gota de rocío, cuando desea abandonar a Calipso, solo necesitamos, al despertar de un sueño recurrente, un campo de trigo, un niño, jugando con un aro, que Odiseo mire al mar, nada más, un hombre, solo, el horizonte infinito, desde el acantilado Calipso le deja partir,

además, en toda la película encontramos la presencia constante de elementos de la Naturaleza, el sol, el mar, la luna, inquietantes, terribles, una tormenta es más temible que Caribdis y Escila, oníricos, transforman a Odiseo, lo devoran, lo torturan, los sonidos, sus recuerdos, después del naufragio, se convierten en una pesadilla de la que no puede escapar, estamos, sobre todo, ante un viaje interior, eso es la Odisea, ¡qué lejos está Penélope!, una sombra que teje, una mujer que espera, al otro lado, en una profunda estancia, así la contempla Odiseo en un último plano, y no recuerdo que ninguna adaptación haya sido capaz de revelárnoslo con tanta claridad.

La mirada de Ulises de Angelopoulos es una mirada al origen del cine, el viaje también es introspectivo, el tiempo lineal, el de la Historia, se quiebra, las bobinas perdidas de una película antiquísima, los inmigrantes de las guerras presentes, pasadas y futuras y los elementos permanentes: el río o el mar, siempre el agua. El sueño de un tiempo cíclico, las brumas del tiempo. 

Hay quien dice que la mejor versión de un clásico debe traicionarlo para poder recuperar el espíritu fundacional, la idea primigenia, sí, es posible, cada lenguaje, el cine, la literatura, la pintura debe encontrar caminos propios, la Odisea hace tres mil años abrió un camino que no dejamos de desbrozar.

viernes, 31 de julio de 2026

UNA IGLESIA ROMÁNICA


El calor asfixiante, atronador, dantesco aplastaba las hojas de los árboles, caídas, en el asfalto, una iglesia románica se alzaba sobre una colina arrasada por el fuego, el río Duero lamía el valle, lentamente se desperezaba la luz del sol, así que, el destino, inevitable letanía que no se apaga, me obligó a dar el paso, acaricié la piedra, alisada, trabajada por los canteros, aún sobreviven sus señales, mis manos se quemaron, vislumbré un resquicio, un hueco en la mampostería, entre guijarros molidos, sin esperanza, entré a la oscuridad, la luz de las velas iluminaban la nave central, el frío de la piedra, helada, me penetró hasta los huesos, y allí, lo vi, sí, vi en la cúpula líneas infinitas, matemáticas trenzadas por las formas simétricas del cielo, signos trazados por árabes, mozárabes, cristianos, ateos, la luz se reflejaba en los espejos de marfil, vi, sí, vi en los altares ángeles alanceando a los demonios, santos descabezados por soldados, vírgenes torturadas por sádicos, lo vi, sí, vi sobre las columnas, hojas de acanto, árboles centenarios, animales y monstruos, sí, los vi, vi cientos, miles de ahogados en el mar, sus cuerpos se pudrían, el olor a salitre, insoportable, cientos, miles atravesando fronteras, líneas deformes, ¡nos invaden!, gritaba un hombre, y los muertos se levantaban de sus tumbas, lo vi, sí, vi en los capiteles a un hijo matar a su madre y a una madre procrear con el demonio, orgasmos infinitos, castigos eternos y a Adán y Eva, desnudos, por primera vez se reconocían, vi, sí, lo vi, vi en unas pinturas de hace mil años cómo los bosques nos rodeaban y, al girar la cabeza, el olor a pino se difuminaba, el cielo se transformaba en un infierno de fuego y ceniza, animales quemados, evaporados, gritaban los árboles, bramaban, vi, sí, lo vi, vi a Satán, devoraba las almas de los pecadores y allí mismo, sí, lo vi, se alzaban hasta el cielo palmeras y desiertos de lava por donde transitaban elefantes, rinocerontes, dromedarios, sí, lo vi, vi en el altar mayor a pájaros elevándose, contemplando la tierra quemada y el mar rojo, ensangrentado, cientos, miles de cuerpos, sí, se descomponían a la vista de todos, y escuchaba aplausos indiferentes a la luz de la luna llena, sí, vi a Quimeras y sus ojos atravesando muros y de entre sus ruinas salían monstruos, portaban fuego, expulsaban llamas de su boca, sí, vi a serpientes y sus bocas mordiendo brazos y piernas, el dolor era insoportable, y no pude más, y salí de la iglesia, me encontraba sin aliento, respiré hondo, profundo y allí, fuera, lejos, a miles de años de distancia, rocas y murallas calizas, identifiqué signos de hombres y mujeres, vivieron en cuevas, labraron en la piedra mensajes que nunca descifraremos, que ya conocemos, siempre contamos las mismas historias, escuché el eco de sus pisadas, las piedras reverberaban el sonido milenario de nuestras voces, notaba cerca el agua del río Lobos, encajonado, fluía, bajaba al valle, un torrente precipitándose, desbocado, las ramas de una encina se movieron, en la tierra su sombra lo acompañó y, lo vi, sí, vi que el viento dejó de soplar, hubo un silencio, extraño, el tiempo no existía, el espacio no existía, las líneas se quebraron, vi un punto exacto, el círculo se cerró, y ya está, nada más puedo contar, eso es lo que vi, así que regresé a la plaza del pueblo, llevando sobre mis espaldas un conocimiento de milenios, acaricié la piedra, otra vez, la herida se había curado, adolescentes, jóvenes, todos, sin excepción, llamados al unísono por la música de un bar, bebían, reían, charlaban, un gato negro se refugiaba del sol bajo un coche, el río Duero se deslizaba por el valle, las sombras, alargadas, deformaban los cuerpos y sonaba una y otra vez una canción de Bob Dylan: Knockin` on Heaven`s Door.



lunes, 20 de julio de 2026

ODISEA DE NOLAN

 

Ningún hombre, valiente o cobarde, puede eludir su destino. 


El destino se ha cumplido. Era inevitable. 

Son las dos de la mañana. Escucho un último ¡Viva España! Es el mismo vecino que ponía a Manolo Escobar en su terraza durante la pandemia para contrarrestar y replicar a otro vecino, un anarquista, que leía con la ayuda de un altavoz poemas de Miguel Hernández y Antonio Machado. Sí, no son los mismos ¡Viva España! que gritaban las tropas nacionales cuando entraban en las ciudades republicanas, conquistadas y bombardeadas hace noventa años, y son los mismos; es la misma bandera rojigualda que colgaban en los ayuntamientos, antes de ejercer una represión brutal y despiadada y, al mismo tiempo, no es la misma. Escucho de fondo el pasodoble que bailan el padre y su hija en El sur de Víctor Erice. 

Este vecino no sabrá quién es Erice. El resto de la música que pone a todo trapo ni siquiera merece ser mencionada. No comparto esta alegría colectiva. Yo y mis rarezas. 

Imagino que a alguno se le ocurrirá poner en el examen de Lengua de la próxima EVAU un texto en el que aparezca el triunfo en el Mundial. No será muy original. Muchos se escribirán en los próximos dias. Habrá quien hable de la unidad de España frente a los rifirrafes políticos, que volverán en cuanto se apague el fervor inicial; otros destacarán el papel del fútbol como aglutinador y, al mismo tiempo, evasión, bien controlada y asimilada por el poder; alguno se atreverá a criticarlo como negocio que mueve millones y denunciará sus intereses. Que de esos textos se ocupen los futuros correctores. Me ha llegado demasiado tarde. Y me entristece, pero así ha de ser. Nadie puede eludir su destino.

En su lugar, escribiré sobre la Odisea.


Nolan sabe mucho; no es un tipo que haya decidido adaptar la Odisea, sin haber hecho una búsqueda exhaustiva de material. Y es listo. Por eso, tenemos una Odisea espectáculo. Es menos reflexiva que otras versiones, como la última de Uberto Pasolini; 

menos divertida que la de Camerini y Kirk Douglas, 

y, a pesar de todo, recoge lo mejor de ambas o, al menos, lo intenta. Busca entretener y lo consigue. No aburre y se agradece. Tampoco oculta los terrores del final de una época, los de esos pueblos del Norte, que nunca aparecen, mencionados constantemente a lo largo del metraje. El mundo micénico se derrumba, tras haber destruido Troya, y Odiseo es, al mismo tiempo, el final de un mundo, salvaje, que ha quebrantado sus propias normas -la ley de Zeus, como se repite hasta la saciedad-, y el comienzo de otro, incierto y oscuro. 

Tiene defectos esta película. Muchos, inevitables, diría yo, ya que una superproducción los tendrá, aunque ni siquiera tome conciencia de ellos, ni le interese demasiado divulgarlos. Si no tenemos en cuenta a Telémaco u Odiseo, los personajes masculinos responden a prototipos. Antinoo, el pretendiente, decepciona; en el guion no deja de ser un cobarde al que podamos, en el tramo final, despreciar. Menelao es un asesino violento y esa violencia, después de Troya, la ejerce, sobre todo, con Helena, una mujer negra sometida a su poder -el color de Helena y su hermana Clitemnestra no me molesta; cada tiempo tiene sus obsesiones, sus modas y ha de reflejarlas-; el pastor Eumeo es el fiel sirviente. Agamenón es casi un semidios, cubierto por una armadura que recuerda más a una película futurista que al mundo de los guerreros griegos.

Uno tiene la sensación de que el final se precipita. Y la matanza de los pretendientes hubiera merecido un espacio más amplio. No sé si me convence que Odiseo y Penélope marchen a Occidente y dejen a Telémaco como rey en el último plano; es el final feliz que una superproducción promete, pero podría haberse hecho de otra manera. Hay que saber cerrar una historia; en el fondo, estamos delante de un final fallido. Que desaparezcan los feacios y el personaje de Nausicaa es aceptable, cuando decides que sea junto a Calipso donde Odiseo recupere la memoria; tampoco me desagrada que la flor del loto sea lo que le ha permitido mantenerlo en su isla esos largos siete años. Nolan introduce la Telemaquia -no recuerdo otra versión en que aparezca- y encaja bien. El resto de aventuras, como era de esperar, superan con creces lo que se espera. Con medios, todo es posible. La historia de Polifemo es terrorífica; los lestrigones, implacables. El silencio, cuando aparecen las Sirenas, se convierte, tras superarlas, en una atronador grito de dolor. Caribdis y Escila me recuerdan a las películas de aventuras de los años sesenta. ¡Ah, sí, siempre me emociona la muerte de Argos, el perro más fiel!

Circe, como sucede con Tiresias, es la implacable testigo de un destino que ha de cumplirse. Los dioses están ahí: Zeus con su trueno, Neptuno junto a sus tormentas y, sobre todo, Atenea, la más fiel compañera, la conciencia del héroe. La bajada a los infiernos estremece; tiemblas y así tiene que ser. Penélope no reconoce a su marido por el recuerdo que ambos comparten: la cama que fabricó con sus manos en un roble, sino por un sencillo broche. En cine las metáforas deben ser simples.

Digamos que, si esperas una radiografía de un héroe ambiguo, encontrarás desperdigadas referencias, aunque Nolan no profundice demasiado. Si acaso, un no a la guerra -el propio Odiseo comprende y así se lo confiesa a Penélope, que las razones de la guerra no fueron Helena y Paris, sino el control de las rutas marítimas; ¡Ay, Nolan no ha podido evitar decirnos que es muy listo a través de su protagonista!-, una asunción de los errores cometidos, la obligación de empezar a construir otro mundo. 

La versión de Nolan es aceptable e intenta atrapar la estructura temporal del original, pero la obra de Homero es compleja y ninguna, si lo pretendiera, podría conseguir la perfección. Toda versión está condenada a mostrar solo trazas del talento de un autor, ya por sí mismo, mítico. Me quedo con la vitalidad y el amor a la vida de Camerini -que sigue siendo mi preferida-, el espectáculo bien condimentado de Nolan, la profundidad psicológica en la de Uberto Pasolini o la dignidad, algo envarada, de la serie para televisión de los años noventa. 

Para eso, para captar toda su grandeza, lo mejor es leer directamente la Odisea. 

Empecemos a hacerlo. Una y otra vez. 

"Háblame, Musa, de aquel varón ingenioso que anduvo errante largo tiempo, después de haber destruido la sagrada ciudad de Troya; que vio los pueblos y conoció las costumbres de muchos hombres, y sufrió en su corazón muchas penas, sobre el mar, luchando por su vida y la vuelta de sus compañeros. Y no pudo salvarlos a pesar de...

sábado, 18 de julio de 2026

EQUIDISTANCIA, MODERNIZACIÓN, MEDIOCRIDAD, EXCELENCIA

 


Al escribir esto tengo la sensación de pertenecer a otra época. Nada más lejos que asumir el papel de viejo cascarrabias que entona el ¡O tempora, o mores! y quisiera recuperar antiguas costumbres. Hubo tiempos peores, sin duda, pero dudo de que fueran más mediocres. 

Mediodía. Vagón de Cercanías. No censuro que todos o casi todos tengan un móvil en la mano y decidan establecer un vínculo intenso con él, mientras dure su viaje, -esa batalla está perdida-, pero, al menos, se agradecería no escuchar, incluso estando a cinco metros, la última chorrada de Tik Tok, el comentario afilado de un bloguero de moda o una melodía alejada de tus gustos musicales. Creo que existe un artilugio denominado "cascos" que permite no compartir con el vecino tus preferencias, sobre todo si este vecino quisiera atesorar y gozar en su interior, por el contrario, de un respetuoso silencio que le permitiera practicar una reflexión filosófica profunda o disfrutar de una lectura sosegada. 

Noche. Historia de nuestro cine. Aprovechando que esta noche hace noventa años hubo un golpe militar que acabó con la segunda república y que fue el comienzo de una sangrienta guerra civil, tras la película de Chávarri, Las bicicletas son para el verano, -obra teatral de Fernando Fernán Gómez-, se abrió un debate que pretendía ser cinematográfico, pero, sin quererlo, se convirtió en un reflejo deprimente de nuestra mentalidad. Me sorprendió la equidistancia de algunos de los comentarios. Sí, sí, todos estamos en contra de todas las violencias, como mantra es perfecto, pero hay diferencias, antes, ahora y siempre entre levantar un puño y el saludo fascista: el primero buscaba, con sus aciertos y errores, la justicia social y la libertad; el segundo deseaba y consigue, porque ha triunfado, ¡para qué vamos a engañarnos!, la desigualdad y el autoritarismo. Imagino que es la misma equidistancia que permite que en todo el mundo la ultraderecha llegue al poder con su discurso xenófobo e intolerante. La equidistancia, si se asume como ideología, nos lleva a estos lodos. 

Al mismo tiempo en otra cadena proyectaban La España dividida en color, un documental que, en líneas generales, ofrece datos serios y contrastados. Es digno de verse. Uno de ellos me pareció interesante; sin contar la posguerra, la cifra de asesinados civiles en "paseos" o ejecuciones en el bando republicano fue de unos 50.000 y se debió al descontrol interno en los primeros meses; en el bando nacional fue de unos 100.000, sistemático y controlado y dirigido desde el poder. No se suele mencionar este dato generalmente, no sea que el discurso de la equidistancia no nos encaje. 

Y nada hubiera dicho sobre este particular, si en los comentarios posteriores de los historiadores no dedicaran los primeros minutos a justificar porqué se han coloreado las imágenes: hay que acercarlas a las nuevas generaciones repetían una y otra vez. Imagino que en mis clases tal vez debería ponerles las películas dobladas, colorear las películas en blanco y negro o, mejor, no ponerlas, y llenarlas de actividades divertidas para que no parezcan antiguas o tradicionales, una didáctica nueva y enriquecedora que acerque a los alumnos lenguas muertas adaptándose a sus intereses. Lo llaman modernizar. Uno debe encontrar los límites, que existen, o las diferencias entre dos conceptos que confundimos: empobrecer o adaptar los contenidos. Bajo la falacia del segundo, llegamos, sin darnos cuenta, muchas veces, al primero. 

Sinónimos de mediocridad: vulgaridad, medianía, adocenamiento, ramplonería. 

Nada mediocre ni ramplón me parecieron los últimos documentales de una directora gallega, Margarita Ledo. Prefiro condenarme o Nación son propuestas diferentes, ignoradas por la gran mayoría; merecerían más atención. 


Se habla de lucha sindical y feminista -el trabajo, la independencia, el derecho al divorcio, la violencia institucional-; la poesía -incluso un texto de la Antígona de Sófocles- baila con imágenes de archivo; las actrices que interpretan episodios de sus vidas se confunden con personas y vidas reales. Formal y temáticamente son experimentales y atrevidas. 

Antónimos de mediocridad: excelencia, brillantez, genialidad. 

Posdata: en el documental Nación y en la obra de Fernando Fernán Gómez aparece una frase digna de enmarcar: no se trabaja gratis, nunca trabajes gratis. Para quien quiera entender, que entienda. 


viernes, 15 de mayo de 2026

BANDA SONORA PARA UN GOLPE DE ESTADO

 


Última fotografía de Lumumba antes de ser asesinado.

"Lumumba y dos ministros de su recién formada gobierno independiente (que también habían sido torturados), Maurice Mpolo y Joseph Okito, fueron alineados contra un árbol y los dispararon uno por uno. Se cree que la ejecución ocurrió el 17 de enero de 1961, entre las 21:40 y las 21:43 (según el informe belga). Los belgas y sus contrapartes, los estadounidenses, querían deshacerse de los cuerpos, y lo hicieron desenterrándolos y descuartizándolos, para luego disolverlos en ácido sulfúrico mientras los huesos se trituraban y se esparcían..."

Maya Angelou, Abbey Lincoln gritan, 

llevamos en las manos la sangre de miles de muertos, manos ensangrentadas, cuando enviamos un wasap, manos cómplices, cuando respondemos la llamada de un amigo, la sangre de niños, de mujeres violadas, de hombres torturados, suenan melodías de jazz, los jugadores de tenis quieren más dinero, propaganda, Trump y Xi Jinping se dan la mano, libertad, hablamos de otros cuando no están, la responsable de un restaurante humillaba a una camarera a unos metros de la plaza de Tiananmen, ¿a dónde va nuestra riqueza?, historias de hombres y mujeres pobres, olvidados, despreciados, apartados, la angustia la deja sin palabras, vacía, hueca, Ucrania y el Congo vendidas a las grandes empresas chinas, europeas, norteamericanas, tenemos diamantes, oro, estaño, cobre, coltán, palestinos muertos, setenta y dos mil setecientos cuatro, todos miran a otro lado, desesperada, negocios eurovisivos, ¿a dónde va nuestra riqueza?

Nos miramos en los ojos de los muertos, escuchamos sus voces, hacemos oídos sordos.

Maya Angelou y Abbey Lincoln gritan:

 asesinos, asesinos,


los demás bailamos, cantamos sobre sus tumbas, libres. 


Estuvo llena de lágrimas, fuego y sangre... ¿Quién podrá olvidar los tiroteos que mataron a tantos de nuestros hermanos, o las celdas en las que eran arrojados sin piedad aquellos que no estaban dispuestos a someterse por más tiempo al régimen de injusticia, opresión y explotación usado por los colonialistas como herramienta de su dominación?... 

30 de junio de 1960. Discurso de Lumumba el día de la independencia del Congo.

domingo, 3 de mayo de 2026

GOLPES DE RAQUETA

 


Ancor oggi credo che non si dia vera letteratura rivoluzionaria se non fantastica, satirica o utopistica, revés a dos manos, se repite este ruido, irritante, un videojuego, otra vez ese ruido, desagradable, golpe profundo, en los vagones de metro se nos imponen los sonidos de otros, pensamientos, palabras, no te sabotees a ti misma, te quiero mucho, una dejada fallida, las emociones te arrastran, el vértigo, la cabeza gira, el corazón late muy deprisa, remate, acaba en la red, llueve sobre la tierra batida, la sombra de un caballo blanco, este sitio es para la criada, dormirá sentada, l´autobiografia e la descrizione dell´animo umano tendono all´informe, all´infinita approssimazione, al magma interior de ogni essere humano, a quien no vi es al hombre bajito, no la va a saludar, ¡vámonos!, subida a la red, pisitos económicos, son ficciones, líneas de fuga en el cielo, líneas difusas en la tierra, extraño, sin duda, es el mecanismo de la memoria, me gustaría tenerte cerca, tenerla cerca, la sombra de una nube, el techo retráctil quiebra el cielo, el bocadillo de tortilla te devuelve al pasado de tus padres, de los viajes en tartanas, de las vomitonas en bolsas de plástico, lejos quedan, a tu alrededor comida rápida, fritanga, pizza, bebidas isotónicas, banderas españolas y ucranianas, cuando gane no saludará a Andreeva, mercadeo, ropa de marca, dinero, fachas e hipócritas, turistas del tenis, las rusas no merecen su cortesía, selfies para colgar en Instagram, un espejo roto y un galgo que corre, se abrazan el abuelo y el nieto, la Cañada queda atrás, yo también te quiero mucho, una ciudad sin sueños, una vida por delante, el grifo del agua corriente, out, punto de campeonato, día de mayo en la Caja Mágica, día de primavera. 

jueves, 2 de abril de 2026

LILLIAN HELLMAN Y LA CALUMNIA

 


Lillian Hellman, dramaturga y guionista cinematográfica, comunista, pareja de Dashiell Hammett, entró en la famosa lista negra de Hollywood al no denunciar a sus compañeros de profesión. Sus obras más conocidas son The little fox, adaptado al cine como La loba, el guión de La jauría humana y su primer éxito en Broadway, The children`s hour, a la que debemos añadir sus dos adaptaciones cinematográficas, These three, en los años treinta, y otra en los sesenta, sin censura, arrumbado el código Hays. 

Muchos se han interesado por este primer gran éxito. Y la razón es evidente: se trataba por primera vez el conflicto que provoca una posible relación lésbica en una sociedad puritana. Sin embargo, no es ese el tema central de la obra y queda patente tanto en el original teatral como en las dos versiones cinematográficas.

Hollywood quiso enseguida, aprovechando el éxito en los escenarios, adaptarlo al cine. Hellmann aceptó, siendo consciente de que el código Hays nunca admitiría una adaptación que incluyera ni siquiera de tapadillo el lesbianismo, así que se decidió por cambiar los sentimientos del personaje de Martha; no está enamorada de Karen, sino del novio de Karen. Introdujo un comienzo que establece un aspecto interesante de la obra -el origen proletario de Martha- y da más entidad al personaje masculino -interpretado en esta primera versión por un encantador Joel McCrea-. El final feliz, en el que Martha es castigada, separándola de Karen, y reúne en Viena a la pareja, debilita esta versión, aunque tenga cierto tono Lubitsch. A Hellmann, en realidad, le interesaba resaltar otro aspecto de la obra: cómo la mentira de una niña puede destruir vidas humanas, cómo una sociedad hipócrita no es capaz de aceptar las diferencias y somete a sus integrantes a un modelo unívoco, a una violencia sutil a la que no pueden escapar. 


Es de destacar la interpretación de la niña, que William Wyler cuidó con mimo, tanto que esta recibió una nominación. Los cambios no alteran la calidad de la obra, pero, es cierto, que difuminan su fuerza e intensidad. 

En los sesenta el código Hays cayó. William Wyler y Hellman entendieron que era necesaria una versión que no ocultará el conflicto principal. Eligieron a dos grandes actrices, Audrey Hepburn y Shirley MacLaine. El actor masculino no está al nivel de Joel McCrea. como tampoco la actriz infantil, muy lejos del que alcanzó su compañera en la primera versión. Es de destacar que la actriz que interpreta a la abuela de la niña, la verdadera responsable de que se difunda la calumnia, consigue un personaje mucho más redondo que en la primera versión con detalles sencillos -la mirada final que dirige a la niña, los movimientos del cuerpo, inseguros, cayéndose o a punto de tropezar, al tomar conciencia de que se ha equivocado-, un reflejo, una metáfora corporal de su derrumbamiento moral. 

Hay diferencias menores con la obra teatral. En esta, Martha se suicida con un disparo; en la adaptación, se ahorca. El final en el original es el diálogo entre la abuela y Karen, bajo la atenta mirada de la niña, que no siente ningún tipo de remordimiento. En el cine, tras el suicidio, Karen entierra a Martha y toma una decisión que Hellman también podría haber escrito: no volverá con su novio; decide caminar sola.

En las posteriores adaptaciones que se han hecho en el teatro, encuentras a menudo la confesión de Martha a Karen. Tanta es la fama de este fragmento que incluso hay una versión paródica con los personajes de Barrio Sésamo en la que Epi y Blas interpretan a las dos protagonistas bajo el título de Ernest and Bertram. 
La escena es desoladora. Son cinco minutos de una sinceridad dolorida, atormentada, que Shirley MacLaine interpreta aquí a carne viva.


En la obra teatral Karen no logra asimilar la sinceridad de Martha; se queda sola, perdida, sin referencias; al contrario, en la versión de Hepburn y MacLaine, la dulzura y cercanía que Audrey incorpora al personaje de Karen acentúa aún más la fragilidad del de Martha, que se despide de la vida en uno de los planos, tal vez, más conmovedores que yo haya visto en el cine -minuto 21-


En la obra teatral no hay esperanza; la soledad de Karen es abismal y, además, aunque la razón esté de su parte y reciba las disculpas de la abuela, que las últimas palabras sean pronunciadas por la niña, que ha mentido y no ha sufrido, en cambio, ningun castigo, fortalece una única idea: que la honradez es vilipendiada y la mentira siempre sale indemne. Hellman no deja ninguna puerta abierta, ninguna salida.

¿Podríamos hablar de un final feliz en esta versión de los años sesenta después del suicidio de Martha? 

Sí, en la versión cinematográfica hay un final feliz, pero de una manera diferente a la de los años treinta. La soledad de Karen no es forzada, sino deseada -podría haber buscado consuelo en el chico, pero no lo hace-. Y eso transforma la tragedia y abre un camino nuevo para la protagonista.
La mentira no ha vencido del todo; Karen será libre e independiente. Martha, de alguna manera, la ha transformado. Se enfrenta, valiente, a una sociedad hipócrita, a la que ha desenmascarado; puede ahora romper los lazos que la hubieran amarrado a una existencia convencional y ficticia. La vida y la dignidad brillan en la última mirada de Audrey Hepburn.

lunes, 9 de febrero de 2026

DOS PELÍCULAS DIGNAS Y STRANY RIU

 


Los domingos de Alauda Ruiz de Azúa y Un simple accidente de Panahi han conseguido muchos y merecidos premios. Nada que objetar. Son películas bien hechas y que cuentan con corrección la historia que quieren narrar. 

Pondría peros, claro. La primera intenta situarse, al principio, en una posición equidistante: todos tienen sus razones, diríamos. Sin embargo, es fácil darse cuenta de cuál es la posición que prefiere la directora. En las escenas finales la frialdad no solo de determinados personajes, sino de la propia joven nos aleja de una intransigencia y una manipulación disfrazada de fe y respeto. 

Nos sentimos más cerca de otro personaje, la tía, humana, incluso, en sus contradicciones. Hay sutileza y se agradece, pero también Alauda busca contentar a todo el mundo y cosechar premios y ampliar su público.

Panahi tiene un discurso claro y no esconde sus cartas. 

Para mí es una adaptación libre de La muerte y la doncella.

El tema es el mismo: una persona reconoce a su torturador por la voz. ¿Qué hacer con él? ¿Matarlo, vengarse? ¿Estás seguro de que es la misma persona? Todo esto le sirve a Panahi para hablar de un entorno, el de Irán, mucho más complejo del que aparece en los medios de comunicación y lo hace de manera digna y sencilla acompañado de un ligero sentido del humor.

Strany riu merece una reflexión aparte. 

Es una obra extraña y sorprendente para ser la de un autor novel. Arriesgada y experimental. Tiene la apariencia de una narrativa convencional, pero es solo eso: apariencia. Hay mucho más. Es capaz de construir escenas donde intuimos lo imaginado por los personajes y, entonces, asistimos a dos tiempos, a dos mundos paralelos: el que otros perciben y el interior, el del protagonista. Este esfuerzo por recrear esa otra realidad que creamos en nuestra mente, también aparecía en su cortometraje: La nostra habitació. Y si transformar nuestra percepción es y debería ser el objetivo del arte, este nuevo autor, Jaume Claret ha dado un primer paso muy interesante. 


jueves, 29 de enero de 2026

HAMNET

 


Hamnet es una película que conmueve, mientras la estás viendo, y decepciona, cuando te alejas de ella y empiezas a comprender el diseño, el cálculo, la cuidadosa manipulación que se ha levantado para conseguir que te emociones. Tela de araña, si estás delante de la pantalla: te atrapa. Se diluye y se deshace, al recordarla. 

El personaje central no deja de ser una creación, más o menos convencional, muy al gusto de nuestros tiempos, de una mujer feminista, independiente y libre a finales del siglo XVI. Solo el talento de una actriz impresionante, Óscar asegurado a la mejor interpretación femenina, Jessy Buckley, salva una primera parte que, cuando empiezas a escarbar, no es más que una sucesión de tópicos y metáforas bucólicos y panteístas -mujeres conectadas intensamente con una Naturaleza benefactora, oscura e inquietante, el vuelo de un halcón que nos libera del dolor y la muerte- y románticos -el amor correspondido de dos almas libres y rebeldes, padre violento, madrastra distante-, bien engarzados para conseguir enganchar al espectador. Los personajes secundarios que acompañan emocionalmente a los protagonistas -el hermano de ella; la madre de él- no logran cuajar ni desarrollarse plenamente. Los niños son estereotipos, imágenes, patrones, elementos necesarios para alcanzar el objetivo principal. No tienen entidad propia; ni siquiera el niño: Hamnet.

La muerte del hijo quiebra la relación de la pareja; solo cuando sales del cine y reflexionas sobre las bases de esta relación, adviertes que, mientras todo iba bien, ella no echaba en falta al marido, el gran William Shakespeare; solo tras la tragedia el personaje femenino decide lanzar todas sus invectivas sobre el que poco antes era un maravilloso padre y excelente marido. Podemos admitir estas contradicciones -¿quién no es injusto a veces en estas circunstancias?-, pero el tratamiento y la narración de estos acontecimientos te hace sospechar que te están manejando, engañando, removiendo tus emociones como harían con un títere y, sí, haces bien en desconfiar. 

El final -insinuada con más sutileza y brillantez en la obra de O´Farrell- que levanta un decorado y transforma Hamlet en un espacio donde los personajes puedan redimirse y recuperar al hijo perdido a través del arte, se recrea en gestos teatrales, mal teatro, no el bueno, alguien los llamaría pretenciosos, y reiterativos: la imagen del niño que se aleja entre las sombras sonriendo, las manos de los espectadores buscando la del actor que interpreta a Hamlet, las miradas cómplices de los dos protagonistas, muchas, demasiadas, se alargan eternamente, y el uso, ¡cómo no!, de la música como elemento invasivo; y, sí, nos arrastran. Así que, si no has sabido mantener la distancia, acaba, como bien supo hacer su productor, Spielberg, en algunas de sus creaciones más reconocidas, por emocionarte, pero sin que, pasado el tiempo, las horas, los días, quede mucho más que una cáscara vacía.

¿Hay verdad en esta película? 

Hay momentos que sí permanecen. Uno en especial. 

El niño ha muerto. Ella lo sostiene entre los brazos. Pronuncia unas palabras. Sobre todo, grita. Grita, salvajemente, grita. Es un grito, un aullido, un alarido terrible, brutal. 

En esta película tan dirigida, tan artificiosa en la mayor parte del metraje, esto es lo único real: el grito impotente y desesperado de una madre. 

El resto es ruido; no es silencio.

sábado, 24 de enero de 2026

VALOR SENTIMENTAL

 


Sentimental value o cómo explicar las carencias de una relación paterno-filial 

o cómo el arte, el teatro, el cine, puede ayudar a intentar explicar el mundo o cómo curar heridas familiares y personales o cómo envejecemos y nos rebelamos inútilmente, de que estamos al borde de la locura y sorprende que todos no hayamos caído ya al fondo del precipicio, es también Persona de Bergman y la historia de una casa, metáfora sencilla para contar la historia de una familia 

y, sí, también habla de la soledad. Trier es un cineasta que sabe situar a un personaje en un plano y, esté donde esté, sentimos su aislamiento. No es fácil conseguirlo: en un archivo, en una fiesta, en un jardín, la soledad nos aplasta. 

Me gustan las actrices, las dos hermanas, actriz desquiciada y equilibrada profesora de historia, y el actor, el padre, director de prestigio, manipulador y envejecido, me gusta la manera de conseguir atraernos al nudo de la película, los planos vacíos de la casa, sin que nos demos cuenta, me disgusta la música, innecesaria, un gesto a la galería, al gran público, sentimentalismo, un poco de patetismo, falta, entonces, la sobriedad, la sequedad, la firmeza del contenido, ¿por qué añadir elementos superfluos que dañan el conjunto? 

El final de la película podría ser un buen ejemplo de los valores y defectos, escasos, pero evidentes, de esta película.


Los silencios, los silencios, los silencios. 


¿Dónde están los silencios en el cine, en el teatro, en la escritura, en la vida?


domingo, 18 de enero de 2026

COMIDA Y TEATRO CON AMIGOS

 


Los huesos crujen. Ha llegado el momento. Cuesta sostener el stilum entre los dedos agarrotados por el frío y los años, escribe letras, las acaricia...

La Zaranda, los ángeles caídos, el dolor, bofetadas en la cara, Caronte y Shakespeare, nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto, nada de sentimentalismo pequeño burgués, La buena estrella, Ricardo Franco, Joaquin Jorda, a la mierda las cursiladas para el gran público, desaparecen en las sombras, nos dan la espalda, perdónanos, señor, desprecian los aplausos, no les gusta a la salida a los pequeño burgueses, lejos del teatro el sabor se intensifica, es más consistente, La distancia, el padre en la Tierra, la hija en Marte, queremos borrar los recuerdos de lo que hicisteis con el fuego, hemos carbonizado el mundo, hemos llevado el planeta al infierno, hemos alimentado nuestra propia destrucción, padre e hija comparten una melodía, los dedos se mueven en su cadencia, rítmicamente, 

una cena en Roma, Viestad, Sofía Loren, adolescente, cuelga la ropa en el tendedero y hace pizza, un napolitano en mangas de camisa les busca un aperol en las esquinas, los jóvenes se besan y abrazan a la sombra del Vesuvio y el mar, en Sevilla también llueve, los hermafroditas no tenían futuro, roer una chuleta de cordero, quitarle la cáscara al langostino, tocar los alimentos, manipularlos, recuperar la relación que tenemos con ellos desde que los cocinamos, lavamos, cortamos, ponemos en la sartén, cocemos, separamos, mezclamos sabores y olores, comida mexicana, comida italiana, raviolis con calabaza, quiches de pollo, empanada, interminable, a la milanesa, cervezas, vermú, agua, picantes, la pimienta, despierta nuestras papilas gustativas, el sabor se multiplica, se expande, la curiosidad de algo diferente, aunque nos cueste la vida, no bebas agua tras tomar chile, leche y vino, si quieres contarlo, filosofía mundana, Madrid, interior, Madrid, exterior, exterior del susurro del tiempo, Aro berria, nunca hemos estado en Grecia, ciento diez entre seis, calculadora, dieciocho, me pasa, por favor, los platos, los cubiertos, los vasos...

No queda tiempo, a oscuras se levanta, este hombre, un anciano, Marco Tulio Tirón, las sombras ocupan todo el tablinium, solo un hueco de luz, alrededor de la mesa de mármol, el pergamino desenrollado, qué hay al otro lado, más allá de las letras que bailan y sobreviven al paso del tiempo...

Almodóvar y Trueba y el joven hijo de Trueba van al teatro, minoría selecta, mayoría silenciosa e iletrada, compraré plantas, ¿y si se las comen los gatos?, puedes aprender unos pasos de baile, toca la banda de música, si no os movéis no vais a ningún sitio, y sin embargo, se mueven, ¿tienes frío?, si estuvieras en León, ya verías lo que es el frío, un eclipse solar en agosto, las estrellas se mueven, giran, se abrazan, se besan, recuerdos, pensamientos, sensaciones, mescolanza de ideas, emociones, caóticas, irregulares, el orden de las palabras no cabe, ¿es esa una biografía? ¿su biografía?, imágenes, olores, sabores, sonidos, atonales, arrítmicos, ¿cómo explicar la vida de este anciano de manos temblorosas?, Bach nos salvará, se escucha un preludio y una fuga del Clave bien temperado, matemáticas, números, equilibrio pitagórico, exactos, si cierras los ojos, Krasnorharkai, La melancolía de la resistencia, notarás el sabor del chile más intenso, el caos desaparece, las lágrimas de la hija y del padre, de las prostitutas, del chulo, del convicto, del profeta fluyen, las de Eszter y Valuska, las de Bela Tarr, 

la muerte se acerca, mientras los pensamientos se atropellan y vas al teatro y cenas en un restaurante y, sí, escuchas a Bach y ahora, solo ahora, aunque no lo creas... estás salvado. 

lunes, 29 de diciembre de 2025

LABERINTOS

 


El 28 de diciembre de 1895, hace ciento treinta años, se celebró la primera sesión del cinematógrafo, ese nuevo invento de los hermanos Lumière. George Meliès asistió a la proyección. Tal vez solo él fue consciente de lo que los Lumière tenían entre manos.

Hace más de tres mil años, nos cuenta un mito, Pasifae se unió con un toro. Nace el Minotauro y con él su laberinto.


En invierno Cnosos es una ciudad desierta. Echa de menos tiempos mejores: el calor asfixiante, hordas de turistas; en cambio, ahora, los hoteles, las tiendas de regalos, los restaurantes están cerrados. Tres turistas despistados nos bajamos del bus que nos ha traído de Heraclion; un par de coches en el aparcamiento; a unos pocos más, que contrataron una agencia de viajes, les espera un conductor relajado: consulta mensajes en el móvil, sonríe, responde.
Una fila de olivos, uno detrás de otro, en lo alto de una colina, esperando su turno. Hay más olivos que turistas en el llano, frente a la taquilla. Un picacho imponente, observador imparcial durante milenios. Y gatos y pavos reales. 

¿Por qué aquí estos pavos reales? ¿Habrá cerca un templo de Hera que los proteja? Los gatos parecen aceptar de manera displicente esta forzada convivencia. Y estos gatos cretenses te buscan, se acercan a ti, sin que tengas que llamarles. En Atenas, huyen. Aquí maullan, comunicativos, exigen tu atención y esperan el premio a sus desvelos. ¿Será que se han adaptado al carácter de los humanos con los que conviven o es una forma autóctona de supervivencia, transmitida de generación en generación a lo largo de milenios?

¿Qué ocurriría si los humanos dejaran de alimentarlos? Si hicieran este experimento no quedarían de estas aves ni las plumas. Mientras tanto, los gatos esperan pacientemente que llegue su momento. 

Cnosos es, en gran parte, una invención de Evans, su descubridor. No le bastaban las ruinas, los trozos de pinturas o columnas; necesitaba completarlas, darles vida. La imaginación, ya se sabe, lo quiere todo; es un amante insatisfecho. Una posible cisterna no era suficiente: necesitaba que fuera una sala donde se realizaran rituales de purificación. Quería la habitación de un rey, de una reina y de un príncipe. Quería un gran patio donde jóvenes de ambos sexos lucharan contra un toro. Quería a una gran sacerdotisa, adorada por su pueblo, diosa y reina. ¿Podemos recriminárselo? Los arqueólogos profesionales, que deben seguir métodos científicos, pueden hacerlo; nosotros, que no lo somos, le agradecemos que nos hiciera creer de nuevo en un mundo que había desaparecido por completo a finales del segundo milenio antes de Cristo. 

No importa que ese mundo, cuando entró en crisis, cometiera sacrificios abominables: esclavos y niños para calmar la ira de los dioses. ¿Podemos juzgarles? 

Quien desee la realidad áspera puede visitar Festos. Se pueden contar con los dedos de la mano sus visitantes en un lunes invernal. Los gatos se aburren. Su persecución es perseverante. Solitarios acompañando a un solitario. Del mar llegaban las riquezas de Egipto, al sur, y hacia el resto del mundo conocido los minoicos enviaban las suyas: su vino, su aceite, su cerámica, sus brillantes sellos dorados, sus joyas de amatista. 

La carretera que te lleva de Heraclion a Matala es el ruido de fondo. A cada kilómetro, a un lado del arcén, capillas en miniatura: hermas protectoras de los viajeros. 

Me recoge, mientras regreso a pie desde Hagia Triada, una amable mujer de unos sesenta años. En el corto trayecto en coche a Meiras, hablamos en un griego muy básico del tiempo: κρύο πρωί και νύχτα, μεσημέρι δεν. Nos deseamos, al despedirnos, un καλή χρονιά, χρόνια πολλά. 

El olivo es el rey incontestable, cientos, miles. Algunas vides espaciadas, algún naranjo y limonero puntean el paisaje. La zona montañosa, entre barrancos, escalonada por altozanos. 

Y algunos de ellos, como Festos, sirvieron para levantar palacios minoicos, residencias reales, zonas sagradas donde se celebraban rituales que solo intuimos por las pinturas, esculturas o joyas conservadas en los museos; depositos en los que se encontraron los enormes pithoi, esos que guardaban en su interior la tríada mediterránea: aceite, vino, trigo y que enriqueció a esta primera civilización y de la que no podemos saber cómo pensaban, porque su lenguaje, oculto en las tablillas de lineal A o en el extraño disco de Festo nos es desconocido. ¿Qué ocurrió alrededor de 1450 A. C? ¿Fueron terremotos o un gran maremoto, revueltas internas, la invasión de los micénicos? Los incendios de estos palacios protegieron esas tablillas de barro, petrificaron esos apuntes de escribas, cuadernos en sucio de funcionarios, transformados en eternas memorias, incomprensibles para nosotros. 

A un día soleado, primavera adelantada, le sigue otro nublado, ventoso. La mar rizada en miles de bucles; despeinada, lleva mal la resaca de la noche anterior. 

En las calles principales tiendas, restaurantes a rebosar: luces y canciones de Navidad: capitalismo triunfante. Los aviones despegan y aterrizan pasando cerca del fuerte veneciano, las murallas bizantinas, los templos ortodoxos. En un palacete abandonado ondea la bandera anarquista. Dos gatos, uno, joven, otro, más maduro, vigilan la entrada; nuevos barqueros, portadores de almas. Debes pagar el peaje, si quieres atravesar el Aqueronte. 

Las adolescentes de aquí se parecen a las de allí: risas incontrolables; el móvil, aparato imprescindible para informarse o divertirse; gustos musicales a la moda. No hay distancia entre ellas. Una mujer de mediana edad se persigna, al pasar delante de un monasterio. 

Los Lumière hicieron del cine un espejo con el que mostrar el mundo tal cómo era o como pensaban que debía ser. Meliès comprendió que la imaginación ha de ser capaz de crear mundos alternativos. Hace ciento treinta años nacieron las dos únicas formas de interpretar y entender el cine. 

Louis Lumière, recogiendo una palabra inventada por un creador frustrado, Leon Bouly, decidió llamar a este nuevo aparato cinematógrafo : "el que escribe el movimiento". 

Acostumbrados a esas imágenes en perpetuo movimiento, tiempo que se nos escurre entre las manos, atrapados en nuestros laberintos, redes infinitas, extrañas y complejas, reflejos distorsionados de los palacios minoicos, es muy difícil explicar un mundo en el que la realidad se describía con imágenes fijas o con palabras, signos y símbolos, un universo cuyos fundamentos eran los mitos y las leyendas, los dioses y sus rituales. 

Es un mundo que ya no entendemos. El tiempo es la única frontera inalcanzable, imposible, irrevocable. Nos separa definitivamente. 


sábado, 20 de diciembre de 2025

EXPERIMENTACIÓN, NAVIDADES, CONVENCIONAL, HUIDA

 


Filosofía mundana. Javier Gomá y sus reflexiones sobre el amor, la vida, la muerte no son más que huecas y convencionales frases hechas. Si no hay experimentación en teatro, literatura o cine, ya no me interesa. ¿Pido demasiado? Admito todavía los clásicos tal vez porque ellos han resistido el paso del tiempo o porque experimentaban a su manera, buscaban otros caminos, caminos recorridos por ellos hace décadas, siglos, milenios y que nosotros deberíamos reinterpretar de una forma diferente: la mejor imitación, el mejor homenaje es proponer otra manera de mirar o, mucho mejor, dinamitarla. 

No soporto un teatro con ideas hueras y repetidas, que pretende ser alternativo y, sin embargo, a su pesar o a propósito -¡quién sabe!- repite ideas ya vistas; formalmente es pusilánime, cobarde. No soporto una literatura que no busque otra manera de contarme la realidad o la imaginación que nos atormenta. No hay muchos Fosse, Kang, Gospodínov, Krasznahorkai... No soporto un cine adocenado, convencional, previsible. A mi alrededor no veo otra cosa. Mi mirada ha cambiado, ha envejecido: escéptica, inconformista, agotada...

Enciendo el televisor y en los informativos identifico las mentiras y la propaganda: el héroe Zelinski, el malvado Putin, los valores europeos que ahora son el petróleo, el consumismo compulsivo, la guerra y la ultraderecha triunfante. Trump, Papá Noel, Maduro, juicios, Netanyahu, los reyes Magos, familia, corrupción, elecciones, regalos... Este documental sobre el metro de Londres me aburre: esperaba que me sorprendieran. Luces de Navidad. Me ciegan, me deslumbran, me ensordecen. Necesito silencio, oscuridad, penumbra... Decepcionado, apago el televisor.

Agnés Varda experimentó. Godard también. Todavía hay quien se aleja de las convenciones para plantear otras formas de ver el mundo: excepciones. 

Las Navidades murieron hace once años. Estoy lejos. Observo distante a compañeros decorando puertas y aulas con los alumnos, sintiéndose arrebatados por un sentimiento colectivo de "filantropía", alejando los malos espíritus, aceptando y asumiendo lo convencional: luces de Navidad, amor, buenrollismo... ¿Será verdad, como me confiesa un profesor, que mis compañeros no tienen esa curiosidad que te obliga a preguntarte si el mundo en que vives es real o imaginado, que te obliga a leer y a devorar libros, películas, porque, si no lo haces, la vida sería baldía?

Huyo, porque las Navidades para mí se terminaron hace once años. No soporto esta alegría. No soporto cientos de mensajes en wasaps de grupo. Mucha gente me abruma. Misantropía al cubo, soledad deseada; me cobijo entre mis gatos y mi hermano. Viajaré a Creta y Nápoles. 

Preparo un taller de papiros, mientras termina la carrera solidaria. Se abren las puertas. Son pocos los que entran y se sientan y dedican un rato a escribir con tinta china letras griegas y jeroglíficos egipcios. 

Un adolescente, uno de estos que se ha apartado de su grupo de amigos "hinchapelotas" -¿es valentía o aburrimiento existencial lo que le impulsa a una soledad suicida?- entra tímido y me pregunta, curioso, qué es esto. Se lo explico. Se sienta y se concentra unos minutos intentando escribir su nombre en griego. Se marcha; le entrego el papiro que había dejado encima de la mesa. Es tuyo, te lo regalo. Gracias... 

Una joven ha traído su cuaderno de dibujo; se ha entretenido hora y media dibujando jeroglíficos. Ojos, variantes de ojos, obsesiones personales... 

Otra, concentrada, mientras su amiga le pedía marcharse de allí e ir a otro taller para colocarse las gafas de realidad virtual, se ha negado con una convicción y firmeza admirables y, fuera del tiempo y el espacio, ha escrito durante una larga hora, ensimismada, en una hoja de papel las letras mayúsculas, las minúsculas griegas, una a una α β γ δ Ε Η Θ: así aprendían a escribir los niños hace miles de años. 

He despertado al gato Kenji. Araña la puerta. Le dejo entrar. Escribir me ha relajado: en papiro, en pergamino, en papel, en una pantalla pixelada. No importa si es leído, aunque mi vanidad deseé compartir estas palabras. La escritura libera el dolor por sí misma. 

Experimentación. Navidades. Convencional. Huída.