lunes, 26 de febrero de 2024
LA ZONA DE INTERES Y POOR THINGS
domingo, 11 de febrero de 2024
LOS GOYA Y EL FINGIMIENTO
Los premios cinematográficos no dejan de ser un espectáculo cuyo principal objetivo es vender una imagen muy concreta de la industria. En los Gaudí se suele apostar por un cine independiente; de ahí que puedan ganar películas como Creatura. En los Goya su mirada desde hace tiempo va encaminada más hacia el cine comercial y dejan los restos y las migajas para otro tipo de cine más personal.
Así que no hubo sorpresa cuando La sociedad de la nieve se llevó casi todos los Goya -menos el de guión, ¡qué casualidad!- y lo que quedó se cedió "generosamente" a ese otro cine que profundiza en emociones, deja poso y permanece en la memoria.
Porque La sociedad de la nieve, aunque algunos intenten darle una pátina de arte y calidad, no es más que un producto para el gran público y no aporta mucho a la versión de los años noventa, Viven. Si acaso que la lengua es española y los efectos especiales son mejores. Y poco más. Los Óscar se acercan y los Goya le dan el espaldarazo para que se lleve el premio tan deseado.
Bayona es un director a la moda. Hace productos que venden, es un chico que no molesta a nadie, sabe moverse en el mundillo. El gran público le aplaudirá. El paso del tiempo le olvidará.
Victor Erice, aunque su película Cerrar los ojos fuera irregular, dice mucho más en sus planos que la nueva estrella cinematográfica. Y no digamos las directoras que buscan nuevas perspectivas -la primera película de Estíbaliz Urresola, 2000 especies de abejas, es interesante, pero aún tiene mucho que mejorar-, con propuestas más íntimas e, incluso, como en O corno o Creatura, atrevidas y experimentales.
Hace mucho que los Goya solo son fuegos de artificio. Ni siquiera la parte reivindicativa es demasiado peligrosa. Almodovar defendiendo las subvenciones al cine frente a los de Vox te recuerda los tiempos del No a la guerra. Sí, se defiende la cultura en Argentina, pero está muy lejos y nadie arriesga mucho, si criticas a Milei. Hubo alguna mención a Gaza o a los agricultores, pero las comparaciones son odiosas; el presente es más acomodaticio y políticamente muy correcto.
No se nombró a Vermut, aunque muchas de las intervenciones condenaran los abusos; sin embargo, nadie se atrevió, excepto José Sacristán, a decir que vetar las obras de Vermut -RTVE las ha quitado de su página web- es una decisión ridícula. Vermut está condenado antes del juicio y será difícil que pueda volver a rodar. Y sus obras serían quemadas, si eso fuera posible y no fueran demócratas y progresistas los que deciden estos nuevos vetos. Me pregunto si eso no nos hace recordar tiempos en los que otros hacían lo mismo con los libros. Habría que distinguir entre las obras de un autor y al hombre. ¿Deberíamos apartar de las librerías y las bibliotecas la obra de Rimbaud, porque fue un esclavista y un asesino durante la mayor parte de su vida? ¿Despreciamos y enterramos la obra de Heidegger, porque colaboró con los nazis? La derecha quita subvenciones a la cultura, alimenta la pobreza, elimina o aparta lo que pone en riesgo sus intereses económicos. Eso lo sabemos todos. ¿Y la izquierda luchando contra la injusticia -el abuso y la violencia contra las mujeres- no acaba asumiendo un discurso hipócrita, puritano, superficial?
El tiempo pondrá a cada uno en su lugar. A Bayona, a las jóvenes directoras que aún tienen mucho que contar y que tomarán un camino u otro en los próximos años -esperemos que elijan el más combativo y arriesgado-, a Vermut -si consigue volver a rodar- y, por supuesto, a Erice, que es, a pesar de no tener un Goya, uno de los mejores directores de la historia del cine. Sí, aunque sea antiguo y haga películas de otra época.
El cine sobrevive, incluso, a la mogijatería y a la falsedad de estos tiempos nuestros.
martes, 30 de enero de 2024
PERFECT DAYS
"La próxima vez será la próxima vez... Hoy es hoy".
¿Qué es la felicidad? ¿Cuándo una vida es plena o no lo es? ¿No son los pequeños detalles los que hacen que una vida tenga sentido? ¿Y esos instantes, como el movimiento de las hojas de un árbol, que solo suceden una única vez, no hemos de vivirlos intensamente?
¿El personaje de Perfect days se refugia en los rituales para superar un trauma o una vida anterior frustrante, como insinúa la relación con su hermana o la mención de un padre al que prefiere no volver a ver? Esto no tiene ninguna importancia. El gran acierto es que este personaje hizo una elección: una vida que le permitiera disfrutar de placeres sencillos, aunque otros le consideren lo más bajo en el escalafón social y le desprecien.
Nos encontramos delante de un ser bondadoso en un mundo clasista, agresivo e infeliz. ¿La bondad emociona? Sí. La sobrina comprueba que limpia urinarios; cuando entiende que él está a gusto, los prejuicios sociales se resquebrajan. La sonrisa los une.
Días perfectos es levantarse todas las mañanas, mirar al cielo y observar el mundo como si fuera nuevo. Días perfectos es sonreír al paso del tiempo, aceptarlo, hacerlo tuyo, como solo Oriente sabe transmitirnos. Días perfectos es lavar urinarios públicos y hacerlo lo mejor posible, porque las cosas bien hechas te hacen sentirte bien. Días perfectos es leer un buen libro, fotografiar un rayo del sol, escuchar una buena canción, beber un café, cuidar de tus plantas, sonreír a un niño, pasear en bici, no tener miedo... Días perfectos es soñar y abrir los ojos por la mañana como si volvieras a nacer...
Siempre queda la opción de vivir otra vida, cambiar el rumbo, arriesgar... pero solo si llega sin forzar, sin desearla demasiado, sin perseguirla desesperadamente. El presente hay que disfrutarlo; el futuro... "la próxima vez será la próxima vez".
Todos queremos ser felices. Todos, aunque a veces no lo parezca, aspiramos a la bondad.
Wenders y Takasaki han creado un personaje que busca esa utopía.
Pensé al ver el final de Perfect days en el último plano de Jackie Brown de Tarantino.
Sí hay parecidos; ambos conducen y escuchan una canción. Sin embargo, hay más tristeza en el personaje de Tarantino, aunque la vida de la protagonista sea a partir de ahora una gran aventura. El capitalismo no deja otra salida: la insatisfacción permanente.
No, en Perfect days, aunque en su plano final haya lágrimas, reconocemos la felicidad; está ahí, en el rostro de este personaje bondadoso, tierno, optimista...
El sol sale; un nuevo día comienza...
domingo, 14 de enero de 2024
EL BOSQUE
¿Por qué llevaban calcetines los bailarines?
¿Por razones prácticas? ¿Para evitar perder el equilibrio en un suelo de linóleo? ¿Si hubieran bailado con los pies desnudos, nos hubiera emocionado más? Esta duda existencial no me deja vivir...
¿Qué hacía en esta obra -que busca la intimidad- una parte tan extensa, donde se impone la música disco y tecno con gestos, ideas o movimientos que me recordaban a Crepúsculo? ¿Querían provocar desagrado? En ese momento deseé tener fiebre y no solo tos; lo hubiera llevado mejor...
Allí estaba Orfeo. Si aparece un músico en un bosque es que es Orfeo, aunque toque con un piano y una guitarra electrónica... Y los tres espíritus se dejaban llevar por esa melodía o la escuchaban extasiados... Hubo un momento en que pensé que el músico sería devorado por los espíritus, pero luego recordé que no, que fueron mujeres, seres humanos, quienes lo descuartizaron.
Nos evitamos ese epílogo tan cruento. Aunque a mí no me hubiera importado... Le hubiera dado muchísima intensidad dramática...
Hay un trabajo y una preparación brutal en esta obra. Notas y observas el sudor de los bailarines y todos los detalles, hasta los más nimios, para expresar a lo largo de una hora ideas o emociones primarias.
A mí me pareció un bosque gallego; pero es mi percepción... en mi opinión solo los bosques gallegos conservan ese hálito de misterio y fantasía.
Así que dicen que el fin del mundo está cerca.
Que en dos meses subirán los precios -más, todavía-; que Gaza y Yemen solo es el comienzo de una conflagración mundial; que hay meteoritos en camino...
Quizá tengamos que recibirlo bailando...
viernes, 5 de enero de 2024
LAS CHICAS ESTÁN BIEN, BARBIE, OPPENHEIMER Y SECRETOS DE UN ESCÁNDALO: FEMINISMO Y EL FIN DEL MUNDO
jueves, 4 de enero de 2024
TODOS MIENTEN... TODOS MENTIMOS
lunes, 1 de enero de 2024
FALLEN LEAVES DE AKI KAURISMAKI
Si mencionas a Kaurismaki siempre se te vienen a la cabeza conceptos muy simples: sobriedad expresiva, sencillez argumental, conflictos sociales desde una perspectiva crítica, humor seco con aroma a cine mudo, cinefilia elegante.
Hay eso y mucho más en un cineasta que hace mucho encontró un estilo propio que le distingue del resto de su generación. Es un creador inclasificable, singular, único; es un director contenido, minimalista.
En Fallen Leaves recoge todo esto para destilarlo, sin dejar de contarnos uno de sus cuentos modernos, no exentos de moraleja.
La cinefilia la encontramos en los carteles de cine: desde Breve encuentro hasta Fat City pasando por Pierrot el loco y Rocco y sus hermanos. Los protagonistas tienen su primera cita en una película de Jim Jarmusch. El plano final es un homenaje, nada velado, a Tiempos modernos de Chaplin; en este caso, con perro, incluido.
Su peculiar humor es uno de esos rasgos que le caracterizan; cada cierto tiempo, de repente, añade un toque, una frase, un gesto que suaviza las aristas de lo que se esté contando. Porque, al final, de lo que se habla es de la historia de dos personas normales que viven al borde del precipicio, con trabajos precarios, obligadas a reinventarse, en una Finlandia gélida, en un otoño frío, y con un mundo en guerra, aunque esta parezca lejana.
La insistencia en la guerra de Ucrania, donde Rusia aparece como el único culpable, tal vez sea su única debilidad. Con el paso del tiempo, ahora uno no piensa en esa guerra, sino en otras, como la de Gaza, cuando escucha en numerosas escenas las noticias de la radio.
Sigue teniendo talento para narrar mucho en un solo plano, sin palabras: por ejemplo, si te llega una factura y no tienes dinero, con que la protagonista apague la radio y la luz, basta para decírnoslo. Las visitas a los bares y las canciones que escuchan -el alcoholismo es otro de los temas-, puede ser una válvula de escape para personas solitarias y tristes y nos lo cuenta, sin necesidad de enfatizarlo en exceso. La escasa expresividad y los silencios de los personajes dicen mucho más que largas parrafadas. O, por citar una frase genial:
-Bebo, porque estoy deprimido; estoy deprimido, porque bebo...
-Parece un círculo...
Lo que vemos es una historia sencilla de dos personajes que quieren ser felices. Y, sí, también se habla de solidaridad, humanidad. Optimismo antropológico: así podríamos definir todo el cine de este finlandés. O una bendita ingenuidad, que, sin duda, uno, escéptico consumado, agradece.
El ser humano merece existir, eso nos dice Kaurismaki.
Al menos, mientras disfrutamos de sus películas, creemos en ello.
FINALES DE CINE Y COMIENZOS (y XI): LA ROSA PÚRPURA DE WOODY ALLEN
Mi gato, Yume, descansa.
El sol le acaricia; lo recibe como un regalo.
Cierra los ojos.
Jano, el dios de las dos caras lo sabía. Somos como el ave fenix; mientras respiremos, mientras nuestro corazón lata y nuestro cerebro imagine palabras y emociones.
Hay finales que son comienzos.
Fue la última película de Clark Gable y Marilyn Monroe: The Misfits; escrita por Arthur Miller como un regalo para ella: un regalo envenenado, porque el personaje que interpreta es, sin duda, la Norma Jean vulnerable y frágil que acabaría suicidándose. Es una historia de perdedores -Gable moriría a la semana de rodaje por un infarto; Clift, alcoholizado; y sus personajes son un reflejo de ese dolor y esa tristeza-. Por eso, tal vez, un final tan esperanzador te emociona tanto.
El sur de Víctor Erice empieza por el final.
¿Qué le espera en el sur a la protagonista después del suicidio de su padre? ¿Un aprendizaje vital? No lo sabemos; Erice hubiera querido contarlo, pero no pudo. Tal vez nos baste con imaginarlo...
El mundo de Apu es la tercera parte de una trilogía de Ray. La vida de Apu comienza con una infancia en la que la figura de la madre es esencial; luego, llega la adolescencia donde se imponen las ansias de libertad. Finalmente, en esta tercera, asistimos a la madurez del personaje.
Sin quererlo, se casa con una mujer a la que acabará amando, pero en el parto ella muere. Apu culpa al niño de la muerte de su amada y lo abandona junto a sus abuelos. Sin embargo, unos años después, vuelve. Quiere cerrar heridas. Sin darse cuenta, ha regresado, para asumir su paternidad, pero, por un lado, él tiene que perdonarse a sí mismo y, por otro, debe ser el niño quien le acepte como padre.
Apu espera, desea que el niño se acerque. El niño duda. El padre lo anima. Se abrazan; ya no volverán a separarse.
Los Dardenne dan a Rosetta una oportunidad. Una vida en la marginalidad ha convertido a nuestra protagonista en un monstruo que solo sobrevive, con escasos medios, tras una coraza insensible, llena de ira. Las lágrimas finales la convierten en un ser humano.
Hay un comienzo en la sonrisa y la mirada de esa joven a la que Marcelo no puede escuchar en La dolce vita de Fellini: la ingenuidad y la inocencia y, al otro lado, una sociedad superficial y corrompida.
No olvido el buen consejo de Nanni Moretti en Caro diario. Un vaso de agua se transforma en un canto a la vida.
En Antes del atardecer dirigido por Linklater y colaboración en el guión de ambos actores, tenemos a Julie Delpy marcándose un baile, seduciendo a su compañero.
Vas a perder el avión -dice ella-.
Lo sé -responde él-...
En Eternal sunshine of the spot de Michel Gondry y Charlie Kaufmann, tras intentar olvidar su fracasada relación -borrando sus recuerdos; ¡qué ilusos!, ¿no sabemos todos que sin memoria no tenemos identidad?-, de nuevo los dos protagonistas, reconociéndose a su pesar, volverán a intentarlo. El Ok final es una apuesta. ¿No es eso siempre amar: arriesgar?
En la calumnia de William Wyler, basada en la obra de teatro de Lillian Hellman, el personaje que interpreta Audrey Hepburn ha perdido a su mejor amiga, que se suicidó: víctima de los rumores de una sociedad pacata e hipócrita, víctima de sí misma, incapaz de aceptar sus emociones y su identidad sexual. ¡Solo dos generaciones nos separan de estas tragedias que eran, no hace tanto tiempo, cotidianas!
La mirada de Audrey Hepburn, su dignidad, despreciando a todos, caminando sola, orgullosa, segura de sí misma, no es un final, sino un comienzo brillante, espléndido.
También me gustan los de Macht point o el de Annie Hall...
O el de Septiembre, con cierto parecido al Tío Vania de Chejov o su adaptación de Malle o el Drive my car...
Pero el que más me emociona termina en una pantalla de cine.
El lugar que, en muchos malos momentos, me permitió, como a la protagonista de La rosa púrpura del Cairo, sonreír, seguir adelante y comenzar de nuevo...
Yume abre los ojos y me mira.






