domingo, 31 de julio de 2022

VILACAIZ (I)

 

Un amigo se ha comprado un terreno en Vilacaiz, a una hora de Lugo y Orense. Me invita a pasar unos días. Acepto de inmediato. Me aburro aquí, aplatanado, con temperaturas que no bajan de los cuarenta. 

El lunes, el día de mi onomástica, me subo al bus. Como no he salido de casa en una semana, me crece de inmediato una ligera irritación, fruto obligado de un contacto humano no deseado. Se me pasará, es una primera reacción alérgica que no me dura demasiado tiempo. Cuesta adaptarse al ajetreo de una estación, a los ruidos, los olores, a las maletas que van de un lado a otro, a las mochilas y sus espaldas. Uno huiría de lugares así, a no ser que no tenga más remedio que viajar; la asfixia podría con uno y te aplastaría inmisericorde, pero aún conservo resistencia física suficiente para sobrellevar la antítesis de lo que busco: soledad, tranquilidad, un clima suave y amable. 

Por las ventanillas pasa a toda velocidad el paisaje de Castilla y sus colores: el amarillo ceniciento y el verde apagado. Llanuras amplias, diminutas colinas. Trigo y algún campo de girasoles puntúan una línea recta y definida de un horizonte ilimitado. Cuando las colinas se transforman en montes o bosquecillos, los tejados de pizarra cubren las casas y el verde brillante sustituye a los colores apagados, ya sabemos que nos encontramos en Galicia o muy cerca. Los contornos se definen mucho mejor. Molinos de viento en las cimas de las colinas; paneles solares a la entrada de los caserones. 

Desde Lugo el camino a Vilacaiz es una sucesión regular de valles y colinas boscosas. Las poblaciones diseminadas, terrenos de pasto, bosques de eucaliptos y pinos o, más autóctonos, de castaños y tejos. Algún erizo muerto en la carretera; no conocía el lenguaje de los hombres. Los gatos, asilvestrados, rehuyen el contacto humano. Los perros ladran o ahuyan; muchos de ellos, atados, pierden la cabeza, prisioneros, anhelando la libertad. Las ovejas devoran la hierba en un gesto repetido y obsesivo; los terneros y sus madres, vigilan al paseante, cuando este se detiene a observarlas. 

Mi amigo y yo, entre las historias que nos han contado los vecinos y algunos documentos, descubiertos en el cajón de un armario, hemos ido desentrañando la vida del antiguo propietario de esta finca. 

Un tal Camilo, que nació en el mismo Vilacaiz, muy pronto, joven, se marchó a trabajar a Madrid. Allí consiguió un puesto de guardia de asalto, como mi abuelo; pero tuvo más suerte o más contactos, porque enseguida obtuvo un puesto entre los guardaespaldas de Franco y, cuando este murió, de Juan Carlos I: la Transición en estado puro. Rebuscando entre los objetos que no se tiraron, encontramos una revista fechada en noviembre de 1975. El titular dice: "Franco se despide de España". En la fotografía el dictador, como un padre amoroso, sonriente, mueve las manos, como si se alejara de nosotros, con tristeza. 

Mientras pasaba el tiempo, echando de menos su pueblo, imagino, se acostó con una chica toledana; sería una de tantas, debió pensar. Pero está se quedó embarazada y le dijo que iba a tenerlo y que se tenía que casar con él, sí o sí. Fue un mal comienzo para el matrimonio. Tuvieron otra hija y la relación se consolidó de cara a la galería -entre engaños por una parte y recriminaciones por la otra-, pero él, seamos sinceros, nunca la amó. 

En los años ochenta se compró la parcela y construyó la casa. La cocina y el baño son de esa época; se nota que debió de haber alguna reforma posterior, pero no se cambió casi nada. La familia, más o menos avenida, venía en verano al pueblo; en invierno se quedaban en Madrid.

A mediados de los noventa a la madre le diagnosticaron cáncer. Camilo no tuvo ningún reparo en apartarse de ella en sus últimos meses de vida. No fue a verla al hospital; tal vez ni siquiera asistió al entierro. Sus hijas no se lo perdonaron. Nunca volvieron a pisar este sitio. Así que Camilo vivió sus últimos años solo, entre su casa de Madrid, en Aluche, y su terreno de Vilacaiz. Su carácter seco y distante se agrió más; tuvo algún conflicto con algún vecino del pueblo que llegó hasta los juzgados. 

Un día de otoño en Madrid notaron el olor de su cadáver en descomposición. Había muerto tres días antes. 

Este hombre compró años atrás una tumba familiar en el cementerio del pueblo; es un lugar pequeño, sencillo. Las sepulturas, modernas, de granito pulido, están bien cuidadas; no hay caminos asfaltados, a no ser uno que rodea el cementerio por su parte interna. En el centro, han dejado crecer las hierbas y algunas flores: margaritas, sobre todo. 

No enterró allí a su mujer. Tampoco él está enterrado. Su tumba es una tumba vacía, sin letras, sin fechas. 

En la franja superior aparece desleído, como si el tiempo se hubiera encargado de borrarlo, el nombre y apellidos de nuestro personaje y el del pueblo que le vio nacer, cincelados tímidamente en el granito.

La finca que ha comprado mi amigo es grande: tiene espacio, si así lo quiere, para un huerto, un invernadero, para que pasten ovejas o terneros; hay plantados árboles frutales: manzanos, perales...  picoteados por los pájaros. Algún castaño. La casa, en el centro de la finca, necesita de algunas reformas. A la parte habitable se llega por una escalera. Debajo hay un establo que guarda decenas de aparejos para el campo; incluso hay un carro de madera, carcomido; tal vez un recuerdo familiar de Camilo. 

Se pone el sol. Los atardeceres aquí se me hacen tardíos y trágicos, sanguinolentos. El cielo se cubre de un rojo brillante y espléndido. 



martes, 12 de julio de 2022

OMNIA VINCIT AMOR: WEST SIDE STORY Y VIVIR EN SEVILLA

 


Las cosas irán encajando poco a poco en su sitio, R. Es posible que ahora no lo veas así, pero tienes que confiar en la vida... Llegarán dos días de felicidad que valdrán por años enteros de dolor y llegarán, R., créeme que siempre llegan... Como dice el poeta cubano Silvio Rodríguez, lo más terrible se aprende enseguida y lo hermoso nos cuesta la vida. 

Creo conocer tu preocupación como conozco tu silencio. No lamentes nunca el amor que das. Aunque creas que nadie lo recibe, no se pierde, no se pierde... Lo importante es amar mucho. Hay que ser capaz de amar sin medida. Y también hay que estar preparado para recibir amor, que puede venir por cualquier lado, y a veces, incluso, por donde queremos que venga. Al final el amor que recibes es siempre igual al que has dado. A veces creemos que no nos dan lo que pensamos que nos merecemos o que no merecemos lo que nos dan, pero hay momentos en que recibimos cosas muy importantes y, si llegan a nosotros, debemos aceptarlas. 

Muchas cosas que nos rodean no tienen para ti sentido ahora, pero llegará el día que un olor, una luz, una voz, un poema, una palabra, una imagen te asombrará. Verás que cuatro horas con la persona a la que se ama valen cuatro meses o cuatro años de espera. 

Solo el amor importa, R.


"-No creí en tu amor lo suficiente... 

-Con amar basta..."



OMNIA VINCIT AMOR?





viernes, 8 de julio de 2022

BARDEM: CALLE MAYOR Y MUERTE DE UN CICLISTA

 

Volviendo a ver las dos películas de Bardem, sólo separadas por un año, es fácil descubrir que estamos ante dos hermanos gemelos, dos miradas críticas a la sociedad de su tiempo y perspectivas paralelas.

Admito mi preferencia por Calle Mayor. 

Como ejemplo, pongo la secuencia previa al final. El personaje, Isabel Osorio, feliz, ingenuo hasta ese momento, descubre la verdad -se han reído de ella, una solterona, mientras se enamoraba, aferrándose desesperadamente a su última oportunidad, de un pobre tipo compinchado con los bromistas, que nunca la ha querido-. El dolor es terrible. ¡Y cuánta dignidad! Me sigue emocionando, aunque ya la haya visto decenas de veces.

Es cierto que en ambas, como ya hemos visto en la escena anterior y apreciaremos en la siguiente, encontramos una planificación cuidada, exquisita: profundidad de campo, juego de luces y sombras y un montaje hilado a la perfección. 

Aquí tenemos, como rima, el comienzo de Muerte de un ciclista; funciona como un mecanismo de relojería, sobrio y sin elementos accesorios. No necesitamos más para saber por qué actúan así los personajes.

En las dos, también es cierto que el discurso moral -la moraleja de la historia- chirría, resulta superflua con el paso de los años; pero no se nota tanto en Calle Mayor. Tal vez porque el personaje que interpreta Betsy Blair -una gran actriz y muy desconocida, con una historia personal de compromiso político que la obligó a dejar Hollywood- nos atrapa y emociona desde el primer momento. 

En Muerte de un ciclista -no dejo de pensar que estamos ante una película de cine negro; está el héroe, Alberto Closas, que desea purificarse; la mujer malvada y egoísta, interpretada magistralmente por Lucía Bosé, que le lleva a la perdición- la crítica va dirigida a la élite franquista y su hipocresía social; 

en Calle Mayor los dardos van dirigidos a la vida provinciana, a su hastío y aburrimiento. Sin embargo, el tema de la primera podría ser también la toma de conciencia, la asunción de responsabilidades. En Calle Mayor es, sobre todo, en mi opinión, la crueldad. Y el papel de la mujer en una sociedad que no la permite más libertad que la que encaje con el modelo imperante. 

De los defectos que no podemos evitar como seres humanos tal vez el que me parece más detestable es este, el de la crueldad. Y todavía más, si es innecesaria. Pongo dos ejemplos.

En una guardia de recreo en la que estuve hace un mes, unos cuantos adolescentes -los típicos "malotes"-, aburridos, empezaron a molestar a sus compañeros. Al final -como les "reprimía" sus intentos de "montarla"-, acabaron imitándome, haciendo los mismos gestos que yo. Ningún problema: un parte a uno de ellos y al día siguiente, no les pasé ni una. Me fije en uno espigado, el más retorcido, el que marcaba el ritmo del grupo. Una semana más tarde, antes de entrar al cine a ver la película de Jonás Trueba, hablé con una compañera, S. de él. Me dijo que, al menos, si lo comparaba con el que había recibido el parte, este tenía un espíritu rebelde. El otro no era más que un "armario". Sin embargo, en el "rebelde" hubo algo que no podía soportar; detrás de esa careta de provocación a la autoridad, lo que encontrabas era solo crueldad. 

La misma que en esa historia, al principio de la guerra de Ucrania, en la que dos viejecitos, pensando que llegan las tropas rusas, los reciben con una bandera comunista. Los militares, en realidad, son ucranianos; los graban con un móvil, se ríen de ellos y, finalmente, los humillan. Tal vez con esa grabación -difundida por ellos mismos- pensaban que ridiculizaban al enemigo; sin embargo, lo que hicieron fue mostrar una crueldad prescindible que luego intentaron ocultar con propaganda y entrevistas a la protagonista, controladas -no olvidemos que en una guerra nada es inocente-, respondiendo a la rusa, que ya la había convertido en un símbolo interesado. Es curioso que de todas las crueldades de esta guerra, las que se han visto y las que nunca conoceremos, esta me parezca la peor, la más despreciable. 

¿Por qué me sigue emocionando una y otra vez Calle Mayor? 

El débil siempre me merecerá más respeto y afecto, más cercanía. Suele ser así, si no convertimos al otro en un "enemigo" o un títere que merezca ser humillado. Eso también forma parte de la naturaleza humana. 

Blanche, la protagonista de Un tranvia llamado deseo, como Isabel, un personaje frágil, necesitado de afecto y de un mundo ilusorio, despreciaba también la crueldad sin motivo. Y siempre agradecía, como dice al final, quebrada psicológicamente para siempre, "la amabilidad de un desconocido". 


Al final preferiré siempre esa ingenuidad al sarcasmo. Uno también tiene sus defectos y no los puede evitar.



jueves, 7 de julio de 2022

NADAL, FERLOSIO, EL CAPITALISMO Y LA LIBERTAD

 


En un artículo de opinión publicado en El País el 31 de mayo de 1997, Ferlosio, el escritor del Jarama, el testimonio de Yarfoz o Non olet decía lo siguiente:

"...Creo que hay otro factor más profundo y relevante para que los Estados democráticos fomenten el culto y el cultivo del deporte agónico de masas: su valor pedagógico para la educación moral y para las exigencias de adaptación social que mejor se adecuan al liberalismo y a la economía de mercado..."

Y más adelante:

"...y (esa mentalidad agonista) que el deporte enseña y alimenta ocupa un lugar central entre las capacidades que hacen triunfar al individuo en el mercado de libre competencia..."

las cuales enumera ampliamente al final de ese mismo párrafo:

"retahíla de virtudes: la voluntad de autoafirmación y autorrealización, el afán de superación, la aspiración a la excelencia, el ardor competitivo, el amor por el trabajo, el espíritu de sacrificio, la impavidez y resistencia ante el esfuerzo y el dolor... todas ellas, en fin, simples perversiones funcionales comunes a las culturas helénica y cristiana o tomadas la una de la otra..."

A estas se ha añadido de manera tangencial -en el caso que nos ocupa, el de Nadal-, un sentimiento de identidad nacional, el de un españolismo simplista y popular, más artificial de lo que aparenta, que encaja perfectamente con la necesidad de un Estado, cualquiera que sea, de encontrar referentes para consolidar su ideología e intereses. 

Cualquiera se preguntaría cuáles pueden ser esos intereses. Algunos podemos contemplarlos en la imagen que encabeza esta entrada. Nadal es un producto que vende en una economía de mercado; es difícil saber si, cuando deje el tenis -las lesiones tarde o temprano, a pesar de su calidad y resistencia, le obligarán a hacerlo y como bien dice un amigo "el autosacrificio demencial al que además se está sometiendo es un estupendo símbolo del neoliberalismo actual: se acelera la marcha, aunque nos lleve al desastre por no saber parar"-, elegirá los negocios o la política, pero su futuro parece llevarle, elija el camino que elija, hacia una élite de poder que no sólo ahora le proporciona cuantiosos beneficios, sino que, además, incrementa los de sus empresas patrocinadoras. El nacionalismo español no deja de ser un añadido, una motivación emocional que atrae a posibles compradores y clientes. 

Vuelvo a Ferlosio, al escritor, no al cantautor, aunque en este último también podíamos encontrar reflexiones parecidas, más ingenuas, líricas o combativas. ¿No podemos interpretar así -es mi interpretación, no la que el propio Chicho tuviera en principio al escribirla, aunque no creo que estuviera en desacuerdo con ella, si estuviera vivo- su conocido Gallo negro, gallo rojo? 

"El gallo negro era grande, pero el rojo era valiente"


Decía Rafael, su hermano, en uno de sus pecios:

"Llenando el lugar vacío de la impotencia, el hastío y el nihilismo, el deporte es desde siempre lo que más cabalmente cumple la función primaria de toda cultura como instrumento de control social".

Y esto me lleva a la libertad. ¿Somos libres? Dicen que hay libertad de elección: está el liberalismo económico -podemos comprar y vender sin límites- y las democracias -podemos votar y elegir a nuestros representantes- o la educación y la sanidad -podemos ir a la escuela o a la sanidad pública o, mejor, si tienes dinero, a la concertada o la privada-. Eso nos aseguran en los grandes medios.

"Suelo decir que no sé lo que es la libertad, pero como en muchas otras cosas el argumento más sólido que tengo no es más que una alegoría: la de las cuerdas de la marioneta: cuantas más, más libertad". 

Apariencia de libertad, deberíamos decir. Y ambos Ferlosios eran muy conscientes. 

lunes, 4 de julio de 2022

EL CAPITALISMO Y LA GUERRA: EL CONTROL DE LOS RECURSOS



Estoy leyendo los ensayos de Rafael Sánchez Ferlosio; él pensaba que era lo mejor que había escrito.

"El capitalismo lo destruye todo; por dentro y por fuera. El final no vendrá por una guerra, sino por una catástrofe económico-ecológica. El mundo no va a sobrevivir..."

Sin embargo, el capitalismo necesita de las guerras; es su forma de regenerarse. O tal vez sea una característica del ser humano. El control de los recursos -agua, petróleo, gas- se convierte en el motivo principal de todas. Sí, también puede haber otras razones: étnicas, sociales, geoestratégicas, políticas, emocionales, pero no dejan de ser justificaciones que los bandos enfrentados han propagado a diestro y siniestro desde el principio de los tiempos.

Hay quien compara la situación actual con la primera guerra mundial; es decir, hay un aumento del gasto armamentístico y ese excedente debe ser utilizado. ¿Serán guerras locales -India contra Pakistán, Taiwan contra China, Latinoamérica contra Estados Unidos, Corea del Sur contra el Norte, Ucrania contra Rusia-, como sucedió durante la guerra fría? ¿O decidirán que África y Oriente Medio se conviertan en los principales teatros de operaciones? ¿Habrá un enfrentamiento directo entre las grandes potencias? 

"La guerra es el momento de plenitud, de exaltación y euforia de los pueblos, de su autoafirmación y cumplimiento, pues es el antagonismo la raíz de toda identidad..."

¿Es una de las causas de estos preparativos el alto endeudamiento de algunos países -sobre todo, Europa- y los esbozos de una nueva crisis económica que ya se veía venir? ¿Es una forma de control social -ya se sabe, mientras tengamos un enemigo exterior o interior nadie se rebelará contra las medidas que tomemos, sean recortes de libertades, represión policial, subida de impuestos o la escalada de los precios de productos de primera necesidad o de la electricidad, el gas o el petróleo-? ¿Por eso Europa ha decidido someterse al "amigo americano"? ¿Las empresas de armamento y las de construcción -porque, ya se sabe, después de destruir hay que "reconstruir"- tienen intereses en esta escalada? ¿También las empresas tecnológicas desean esta guerra porque necesitan materiales como el litio?

Las dos grandes potencias -China y Estados Unidos- saben que el control de los recursos será decisivo para su supervivencia y desarrollo. ¿Dónde pondrán el límite? 

"... aquel en el que el bueno y el malo aparecen absolutizados y encarnados en figuras ontológicas..."

No importa el ecologismo ni la sostenibilidad. Son solo palabras que el capitalismo sabe usar, cuando le conviene. El capitalismo necesita el crecimiento indefinido, la explotación de los recursos ilimitada. Solo así sobrevive. Le queda bien hablar de consumo responsable; pero es voraz e insaciable. El ecologismo es una farsa que solo retrasará lo inevitable. 

No importa la Verdad; los medios de comunicación, controlados, decidirán qué es o no la realidad. La palabra se oculta, se deforma. Es difícil reconocer la mentira. La mayor parte de la población acepta la información que recibe; no la pone en duda.

"...las guerras no como conflictos de intereses, sino por su poder catártico, purificador y santificador..."

Por supuesto, los países pobres no importan. Nunca han importado. Seguirán siendo esquilmados, explotados. Y los que se acerquen a nuestros "paraísos" morirán ahogados, aplastados en las vallas, disparados en las fronteras... O serán explotados, si logran alcanzar las costas...

¿Somos seres inteligentes? 

El poder se viene concentrando cada vez más en otra parte, cada vez más lejos de ellos, y ellos -a semejanza de los grafistas que van embadurnando de infinitos letreros, tan consentidos como despreciados, las infinitas paredes marginales de los márgenes del mundo- no tienen ya nada que hacer ni que decir, como no sea anticipar con su estrépito inútil y vacío el fragor de la catástrofe". 

Antes del final, sin embargo, aún nos quedan refugios. 

Licet iacere modo sub antiqua ilice, modo in tenaci gramine.

¿Y después? 

"A la Humanidad, a la especie, que la den por saco"

La Tierra sobrevivirá sin nosotros; no nos echará de menos.

domingo, 26 de junio de 2022

AMOR FATI: HERZBERG Y "BIEN RESUELTO"

 


"Recuerdo un barracón del Altersheim desalojado a las bravas no por los nazis, sino por los prisioneros políticos, que arrojaban violentamente a ancianas moribundas desde lo alto de literas de tres alturas -no sin antes robarles su último trozo de pan-, sin prestar atención a una viejecita desnuda de cintura para abajo que agonizaba en medio de un caos de cazuelas, platos, tazas de metal, esquirlas, ropa sucia, zapatos medio raídos, trapos rotos, maletas mohosas, mochilas destrozadas y pilas de todo tipo de porquerías pestilentes. 

Dos oficiales de las SS se acercaron a ver cómo iba la cosa. 

Die sache hat geklappt, sonrieron satisfechos. 

"Asunto resuelto".

Amor fati, Abel J. Herzberg. 


Herzberg escribió estas líneas en septiembre de 1945. Meses antes había escapado vivo del campo de concentración de Bergen Belsen. En unos artículos, que hasta 1999 solo se habían publicado en holandés, nos dejó su testimonio. Intentaba comprender cómo fue posible que los seres humanos fueran capaces de tamaña atrocidad. 

Hay quien dice -un político mediocre y trepa, como tantos otros, sean de derechas o de pseudoizquierdas- que en Melilla el asunto fue "bien resuelto". Políticos elegidos por ciudadanos en democracias consolidadas; ciudadanos que lo justifican en terrazas y en barras de bar, porque "hay que impedir que nos invadan" o que "la ultraderecha llegue al poder".

Los pobres, explotados y rechazados por un capitalismo salvaje, mueren junto a las vallas. Nosotros, los ricos -la OTAN y el BRICS-, nos preparamos para una larga guerra económica y militar de resultado incierto. 

Homo homini lupus... 

Hay palabras dichas hace tiempo que a veces riman en el presente. 

Y la rima es de un sarcasmo doloroso. 

sábado, 18 de junio de 2022

VIDAS PARALELAS: JONAS TRUEBA Y J. G. PERIOT (TENÉIS QUE VENIR A VERLA Y RETOUR A REIMS)

 

Jonas Trueba:

Me gusta su sencillez, sus deseos de experimentar, de jugar, de observar y contemplar la realidad. Evita juzgar a sus personajes. Los deja libres. 

Me gusta cómo nos muestra un espejo de nosotros mismos, o, al menos, de la generación a la que pertenezco -o de una parte de esa generación, la cultivada y leída-; y lo hace sin pretensiones. Mantiene un diálogo fluido y divertido con el espectador minoritario que encuentra en las salas de cine... 

El trailer o pseudo-trailer es un buen ejemplo de lo dicho hasta ahora...


pero... Sí, hay un pero. 

Querría que Jonás Trueba fuera más lejos. No lo hizo en su anterior experimento, el documental Quien lo impide. No quiere ni le interesa, me temo. Y es una pena, porque tiene mucho talento... 

A veces podemos pensar que hemos apostado por la sencillez, siempre digna de alabanza y poco transitada en general, y no darnos cuenta de que en cualquier momento puede transformarse en conformismo. Si no llevamos el experimento y el juego más allá, hasta el límite, nos traicionamos, nos acomodamos a unas reglas, asumimos precisamente aquello que queríamos evitar. No rompemos la baraja, sólo hacemos la vida más amable. Aunque tal vez ese sea el propósito de Jonás. 

¿O es el de no molestar? ¿O quizá el de tener libertad para hacer lo que quiera, disfrutando de la vida y de sus amigos, sin aspiraciones de gran altura? Pero ese espacio de libertad le puede llevar a la nada. O tal vez, precisamente, es eso lo que busque: la felicidad, la ataraxia, el nirvana... Que, sin duda, puede ser un objetivo muy encomiable y difícil de alcanzar en estos tiempos... 

Me gustan sus actores; sobre todo, Itsaso Arana. Su personaje es el más definido y completo. El resto, no tanto...

Como todo experimento, hallamos fragmentos, esbozos, ideas pergeñadas. Al principio, cuando sostiene cuatro planos de actores que, simplemente, escuchan una composición de jazz no puedes decir otra cosa que: ¡¡¡Bravo!!! Es interesante lo que se insinúa en los silencios y diálogos, más que lo que muestra. El corte final, rompiendo la tercera pared, cierra muy bien la historia. Y sin embargo... 

Sí, es un esbozo de película. Y tal vez por eso tiene su encanto... Pero...

J. G. Periot:

Me gusta de Periot su mirada al pasado como ya hizo en su anterior película Nuestras derrotas. El sí fue más lejos que Trueba en su Quien lo impide; mostró el lado oscuro de la juventud actual, su ignorancia y apoliticismo, el callejón sin salida en el que se encuentran. Trueba ahí, seamos sinceros, se quedó en la superficie... 

https://www.rtve.es/play/videos/dias-de-cine/nuestras-derrotas/5630932/

No es la mirada de Periot sobre el pasado condescendiente ni acrítica; no hay idealización, sino una reflexión, a veces dura y seca, sobre aquello que nos ha traído al presente. Me gusta su visión del documental como algo vivo, que juega con el tiempo y el espacio, con la imagen y los recuerdos, en el que la palabra y la rima visual se convierten en un espejo en el que mirarnos. Pero no basta con contemplar nuestro reflejo; debemos romperlo en mil pedazos. Y Periot lo hace. 

La primera parte es una reflexión sobre nuestros abuelos y padres, condenados a formar parte de los explotados, que fueron obligados a trabajar, a abandonar la educación a edad temprana, a morir jóvenes, a ser humillados. Te emociona y te obliga a pensar sobre lo que significó para esas generaciones el trabajo y la, hoy perdida, conciencia de clase.

La segunda parte quizá sea difícil de asimilar; se nos hace más árida. Me recuerda a un ensayo -no olvidemos que es una adaptación de una obra de Dedier Eribon-. Periot construye un discurso político bastante coherente: una reflexión sobre el auge de la extrema derecha entre los desfavorecidos. Tal vez hubiera necesitado más tiempo para desarrollar todas las ideas que aparecen.

A Periot le gustaría que el epílogo fuera un aldabonazo de esperanza: es posible que la izquierda retome el rumbo y el discurso y a sus votantes, si se hace más radical, si recupera sus raíces. 

Puedes ser escéptico ante esa ingenua reflexión final, -sobre todo, cuando observamos la  fragmentación de luchas y objetivos, tan claramente visible en los planos finales, frente al discurso simple y eficaz de la derecha-, pero eso no disminuye el valor de esta película combativa y radical, en su sentido más digno.

Jonás Trueba y J. G. Periot.

Si hay algo que ambos autores comparten, sin duda, es una mirada particular. Les gusta experimentar, buscan un espacio propio, que saben minoritario, y una libertad que les aleje de los grandes engranajes de poder en la industria.

Investigan en el fragmento y lo caótico la verdad del mundo. Lo construyen con esos fragmentos, conscientes de que ya no podemos confiar ni creer en Verdades absolutas. 

Son sencillos y directos; su discurso es claro y preciso, aunque sus objetivos y estilos difieran. Si Trueba prefiere insinuar, Periot se decanta por el puñetazo en la cara. 

Trueba no deja de ser un burgués, un intelectual de clase media. Y sus historias bucean en los sentimientos de las relaciones de pareja. Nunca profundizará en los grandes dramas colectivos, porque su búsqueda es individual; yo diría, incluso, que íntima, fuera del tiempo... Me gustaría que alguna vez rompiera el espejo... pero no sé si podrá o querrá hacerlo.

Periot, en cambio, es hijo de obreros. Su conciencia es colectiva; su mirada es hegeliana. La Historia familiar es un fragmento de la Historia de un país o de todos los países, de la Humanidad. Seguirá rompiendo espejos. El único riesgo es que pierda el vínculo con las emociones vitales y construya un discurso alejado de ellas. 

Vidas paralelas.

Me pregunto si algún día volverán a contemplarse... 


domingo, 22 de mayo de 2022

LE EVENEMENT

 


Descubrí a Annie Ernaux hace unos años. Si la escritura o el arte, en su mayor parte, es la investigación y el descubrimiento de uno mismo y saber comunicarlo a los demás, ella lo ha convertido, sin lugar a dudas, en su quehacer diario. Incluso en su primera novela Los armarios vacíos, reeditada este mes, es fácil distinguirla en su personaje central.

Los temas de Ernaux giran alrededor de su infancia y adolescencia, vivida en un pueblo francés, en plena posguerra. Toma conciencia de la clase social a la que pertenecía, de la vergüenza que sentía hacia sus padres y que ellos asumían como parte de las normas no escritas de una sociedad en plena transformación, de la libertad sexual, de la relación con su madre, compleja, entre el amor y el odio. 

Hubo un momento que marcó su vida más que ningún otro. Se quedó embarazada; no quería tener ese hijo. Pero el aborto estaba prohibido. Si colaborabas o abortabas, la cárcel. Si no querías convertirte en un ama de casa con un hijo no deseado, la única opción que quedaba era hacerlo ilegalmente, con los riesgos que eso suponía. 

De eso va Le evenement. 

Hay algunas diferencias con la novela original. La presencia de los padres se diluye en la película. Hay referencias puntuales en la obra literaria a películas u obras de teatro a las que asistió, mientras intentaba buscar una salida, que desaparecen en la adaptación, pero, en líneas generales, la trama principal es la misma. Y, sobre todo, es fiel a las emociones primarias, al tema central: la evolución psicológica de una mujer, su toma de conciencia. 

Aparece el miedo del entorno, las normas y leyes que someten a la mujer y todos a una injusticia y brutalidad de la que la gran mayoría no quieren tener nada que ver. Está la cobardía y la costumbre, dos de las claves que nos someten, sin que nos demos cuenta, a una servidumbre voluntaria. 

Es la historia de una mujer que sobrevive a un aborto. Y en ese proceso, se transforma; ya no será la misma. Es libre. Y contará esa historia para que otros sepamos que hubo un tiempo en Francia, en Europa, y que hay un tiempo ahora, en otros lugares del mundo, en que abortar te puede costar la vida. 

Sí, se habla de libertad.