Como profesor de Valores Éticos estoy aprovechando este trimestre para dejar algunos conceptos políticos y económicos básicos. Cuando nos ponemos a hablar de la situación política y económica -tanto la particular como la general-, enseguida te das cuenta, al menos, en Villaverde, de que casi todos mis alumnos son conscientes de que sus posibilidades laborales son limitadas, que la política tradicional y los políticos son un peso muerto, que la democracia es una palabra vaciada de contenido y que las soluciones no sólo son complicadas; tal vez, no existan...
domingo, 31 de enero de 2021
EL AÑO DEL DESCUBRIMIENTO
Como profesor de Valores Éticos estoy aprovechando este trimestre para dejar algunos conceptos políticos y económicos básicos. Cuando nos ponemos a hablar de la situación política y económica -tanto la particular como la general-, enseguida te das cuenta, al menos, en Villaverde, de que casi todos mis alumnos son conscientes de que sus posibilidades laborales son limitadas, que la política tradicional y los políticos son un peso muerto, que la democracia es una palabra vaciada de contenido y que las soluciones no sólo son complicadas; tal vez, no existan...
sábado, 2 de enero de 2021
KIESLOWSKI VII: DOBLE VIDA DE VERONICA, AZUL, BLANCO Y ROJO
En 1991 rodó La doble vida de Verónica.
La historia se apoya en la tradición del Sosias, esa persona idéntica a nosotros que vive una existencia paralela, sin que sepamos de ella.
Hay mecanismos que el guión explora a lo largo del metraje. ¿Estamos solos o existe alguien en el mundo que podría comprendernos, que sería como nosotros, pero que toma las decisiones contrarias?
Como se muestra en una de las escenas, la de las marionetas, está película es un cuento de hadas metafísico.
La música, como sucede en Azul o en Rojo, tiene una presencia constante, avasalladora.
Uno de los rasgos -aparte del detalle de la anciana encorvada, que aparece ya en el decálogo-, más interesantes es la mirada que, al menos, una vez en cada película, las protagonistas hacen directamente a la cámara.
Nos implican como espectadores. Nos convierten en personajes de una obra en la que un creador desconocido o conocido -el protagonista y pseudodemiurgo de Rojo- tal vez mueve los hilos. Pero lo hace sin saber con seguridad qué ocurrirá. No hay un determinismo férreo en la mirada de Kieslowski, aunque se haga muy difícil cambiar el destino asignado a cada uno.
En Azul el personaje, tras sufrir la pérdida de su marido y su hija, se encierra, se endurece.
Una Juliete Binoche, magnífica, en uno de los mejores personajes que ha tenido. Sólo logrará superar ese dolor, cuando acepte su papel -oculta hasta entonces a la sombra del marido-, y logre superar el pasado.
Visualmente el tratamiento fotográfico es impecable y la música es tan protagonista como los personajes que giran alrededor de ella.
Blanco puede parecer menor y lo busca a sabiendas. Si la pretensión era hablar metafóricamente de la igualdad, hay una sutil ironía en que el capitalismo y la corrupción logren que al final los dos protagonistas sean iguales, a costa de estar separados.
Finalmente, en Rojo, el juego de miradas e interpretaciones metalinguisticas alcanza su expresión más aquilatada.
El demiurgo, un hombre anciano, un juez jubilado -¿tal vez el propio Kieslowski?-, intenta dirigir la vida de sus personajes, alejado del mundo. Se demuestra imposible. El azar nos sitúa a todos, parece decirnos el director, en un lugar y un tiempo, este que vivimos, en el que debemos implicarnos.
Sus personajes sobreviven a un desastre marítimo, en el plano final. Una metáfora de nuestros tiempos.
Es tal vez el final más humanista de una carrera que él terminó por sí mismo antes de que un infarto acabará con su vida.
Por encima de modas, creo que Kieslowski ha superado el paso del tiempo. No amarás y No matarás me emocionan y me destrozan; sus últimas películas me atrapan.
Sólo con este bajage debería ser recordado como uno de los grandes del cine.
Lo es, sin duda.
KIESLOWSKI VI: DECÁLOGO VII-X
En el séptimo episodio del decálogo asistimos a un conflicto en el que la maternidad es la clave; una maternidad entendida erróneamente como posesión y carencia.
Una mujer joven, adolescente, tiene una hija; la madre -la abuela de la niña- decide mover los hilos para tener la patria potestad, pero no sólo eso, incluso le quita a su propia hija la posibilidad de ser madre, la sustituye en ese papel. Pasados los años, la joven decide llevársela. En medio dos hombres -uno, el abuelo, sometido; el otro, el padre, obligado a alejarse- son la personificación de la impotencia.
El final nos deja la sensación de que la víctima principal de esta historia será una niña -con pesadillas frecuentes- que crecerá escindida, rota. El amor materno puede ser terrible, si no viene acompañado de madurez y generosidad. Emociona ese último plano: la mirada perdida, confusa de una niña con un futuro incierto...
En el octavo, partiendo del conflicto moral del episodio segundo -una mentira, a veces, es necesaria para salvar una vida-, volvemos al pasado. Una niña judía en 1943 recordó toda su vida que fue rechazada por una familia; la decisión la tomó una mujer a la que ella admira. Necesita saber el porqué en 1988.
Se construye una relación de amistad, poco a poco, apoyándose en mínimos detalles. Hay quien quiere volver al pasado, pero también quien -como ocurre con el hombre que pudo ser el padre adoptivo de esa niña- prefiere olvidar...
En el noveno hay una relación de pareja con el engaño, los celos y el amor; a pesar de las dificultades que surgen y el dolor que supone; al final, eso les hará más fuertes.
Como curiosidad mencionar que, en una trama secundaria aparece un personaje, el de una cantante con problemas de corazón, un precedente evidente de la protagonista de La doble vida de Verónica y el nombre de un músico ficticio, Van den Budenmayer, que será clave en las películas posteriores.
El décimo es una farsa en la que dos hermanos hacen causa común tras recibir la herencia paterna: unos sellos de gran valor.
Serán engañados y se quedarán sin nada, pero la risa final de ambos les descubre lo verdaderamente importante: ellos mismos y una pasión que desde ese momento van a compartir.
Kieslowski, Piesewicz y Preisner ya estaban preparados para dar el salto a Europa. La caída del muro, un año después, les abrió las puertas de un cine francés que les recibió con los brazos abiertos. Y ellos aprovecharían, sin duda, los cuantiosos medios y la distribución que les ofrecerá su industria.
La doble vida de Verónica y la trilogía de los colores culminarán en un solo lustro y a gran altura la trayectoria de Kieslowski.
jueves, 31 de diciembre de 2020
KIESLOWSKI V: NO AMARÁS
No amarás.
La vi siendo todavía un adolescente. El tema de la película era evidente: el amor existe.
"El amor no existe", dice la protagonista. Se equivoca...
Como en No matarás hubo un capítulo y una película paralelas. Y las diferencias son más notables.
No aparece tanto en la estructura -una idea genial- que no cambia en líneas generales; pasa del punto de vista de él, Tomek, un joven ingenuo de 19 años, un voyeur enamorado, al de ella, Magda, mujer escéptica, al borde de los cuarenta; que toma conciencia de su soledad, en una parte final, contada de manera maravillosa por Kieslowski, con gran talento y delicadeza.
Las interpretaciones son ligeramente diferentes; los detalles, recortados en la versión reducida para televisión, tienen más importancia en el tono y desarrollo de lo que parece en un principio, y te conducen, sobre todo, a otro final. Más optimista o esperanzador. O, por decirlo con otras palabras, abre la puerta al sueño.
Termina no, como en la serie, con una sonrisa triste que certifica el final de una historia y la constatación de una realidad cruel y desoladora, sino con una caricia tierna y sutil que enlaza pasado y futuro.
Ha transcurrido el tiempo. He amado. He vivido. Como todos. Ha habido más dolor que felicidad, más tristezas que alegrías en esos amores. Aún sigue habiendo más dolor que felicidad, hoy mismo, echándola muchísimo de menos, sin certezas de que ella sienta lo mismo.
Y aún así, seguiré amando, tal vez, sin esperanza. Aunque duela... y mucho. Aunque el riesgo te haga sufrir. No puedo evitarlo.
Creo en el amor... aunque me mate. Porque sin él, la vida no tiene sentido.
¡Feliz 2021!
KIESLOWSKI IV: DECALOGO I-V
Siempre he pensado, desde la primera vez que los vi, que Kieslowski alcanza su madurez en los capítulos del Decálogo, serie rodada para la televisión polaca en 1988, una revisión moderna de los diez mandamientos. Incluso me emocionan más que sus películas francesas. Es cierto que estas son perfectas y deslumbran por su brillantez, pero me gusta esa "aparente" rudeza estética del Decálogo; me permite sentir y acercarme mejor a las historias que cuenta.
En el primer mandamiento, la reflexión gira alrededor de la muerte y Dios. Un niño morirá. Es, tal vez, la más religiosa. Parecería una crítica a la ciencia y a su fiabilidad frente a la grandeza de Dios. No logra interesarme como otras, tal vez, por esta razón. Sin embargo, sus imágenes son tan poderosas como en el resto y la reflexión -minuto 5 del enlace- sobre la muerte es una perfecta síntesis de la mirada de Kieslowski.
En realidad, nada, ni siquiera la ciencia puede salvarnos del azar, del destino, de la fragilidad de la existencia humana, tan frágil como la capa de hielo en un lago.
En el segundo la historia gira en torno a dos personajes: un médico y una mujer que debe decidir si aborta o no. De nuevo la ciencia, como algo falible y la vida, imprevisible. Y la mentira, a veces, muy necesaria.
En el tercero, una mujer, a lo largo del día de Nochebuena, consigue estar con el hombre que amó, ya casado y con hijos. Es un recorrido por la oscuridad de nuestros deseos y el dolor de los recuerdos.
El cuarto te atrapa desde el principio. Lo que parece ser una relación convencional entre padre e hija va mucho más allá, cuando ella descubre una carta escrita por la madre, antes de morir. Es una película sencilla, con dos personajes que se aman y deben decidir cómo lo harán a partir de entonces.
Y finalmente, una maravilla. La quinta fue también estrenada como película. No matarás. ¿Qué decir de uno de los mejores alegatos contra la pena de muerte? Un guión medido, equilibrado, con tres personajes que se cruzan una mañana de invierno. El asesinato será el final de esa primera parte; después, elipsis. No vemos el juicio, pero sí las consecuencias. Y, sobre todo, la ejecución.
Si al principio la historia se mueve entre los tres personajes: el joven -un chico obsesionado, perdido, sensible-, el taxista -una víctima con la que no congeniamos, porque es un tipo desagradable, pero, en cambio, creíble y humano- y el abogado idealista, al final el punto de vista será el de este último.
Su mirada será la nuestra; su rabia, su desesperación ante dos muertes sin sentido también es la nuestra. Nos emociona y nos deja heridos. Sin remedio.
sábado, 26 de diciembre de 2020
KIESLOWSKI III: PELICULAS DE TRANSICION, El AZAR Y SIN FIN.
En primer lugar, dos películas de transición, reflejos de la situación política e histórica: la Polonia de los años setenta y ochenta.
Paz y tranquilidad, título irónico. Un conflicto laboral en medio de los sueños de un tipo normal, salido de la cárcel, imposibles de reconciliar con el egoísmo de un jefe corrupto y la actitud inflexible de unos compañeros que no admiten medias tintas y exigen derechos en tiempos convulsos.
El otro, Una corta jornada laboral, la descripción detallada de unos acontecimientos reales: protestas ocurridas en 1975 y 1981 por la inflaccion y la subida de precios. Y la represión posterior. El protagonista, en voz en off, cuenta sus dudas; es un mando intermedio que busca, sobre todo, salir del embrollo.
En ambas, aparece una mirada sobre el principio del fin del comunismo. Externa. La mirada interior y sus consecuencias emocionales en la vida de la gente común llegará en obras posteriores.
El azar se rodó en ese mismo año, 1981, pero la censura impidió que se estrenará hasta 1987.
Una situación como la de subir o no a un tren le sirve a Kieslowski para que el personaje principal tenga tres vidas muy diferentes. La política tiene un papel fundamental -en una de esas vidas es comunista, en otra, opositor, en la tercera, equidistante-, pero ya encontramos ideas claves en su filmografia -la casualidad o el destino, personajes que se cruzan o no, decisiones que marcan nuestra vida sin que lo sepamos, metáforas, como aquí, los malabaristas; el amor como motor, salvación o decepción-.
La planificación es la de una obra de ficción, incluido el papel de la música, que, por primera vez, nos ayuda a profundizar en las emociones de los personajes, aunque todavía no llegue a alcanzar la altura y calidad de obras posteriores.
Sin fin es un cambio de lenguaje profundo y definitivo. Han pasado 4 años. Se incorporan a su equipo el músico Preisner y el guionista Piesiewicz. La estética es, por tanto, mucho más cuidada.
El tema de la película -una mujer, Ulla, que descubre tras la muerte de su marido algunos de sus secretos- y otros detalles te recuerdan enseguida a Azul. Hay una parte política -entre medias está el toque de queda de los años 81-83-, pero es solo la tramoya. Los cambios y transformaciones de los personajes y de la protagonista son ya interiores.
La sexualidad y sensibilidad femenina aparece por primera vez en el cine de Kieslowski y lo hace, a veces, de manera descarnada. La tenemos en el plano sexual -la relación puntual con un extraño y una masturbación-, pero, sobre todo, en el terreno emocional.
Tres planos.
Ulla -una maravillosa Grazyna Szapolowska-, con una vela, en un cementerio iluminado, de noche, mira a cámara. Se dirige a su marido muerto, al que puede ver; ella ya está fuera de nuestra realidad, más cerca de su marido que de su hijo: "Te quiero".
El gas, encendido; interior del horno, negro, infinito.
Ulla, de espaldas, llora. La cámara se aleja. Música de Preisner.
Algunos de estos personajes - la mujer, el marido muerto que continúa presente físicamente, el niño, el abogado-, volverán a aparecer en los capítulos del Decálogo.
Ya tenemos al director y a sus personajes. Y el dolor y la soledad y la tristeza y la desesperación y la muerte: su humanismo, en esencia, espiritual, poético y filosófico.
viernes, 25 de diciembre de 2020
KIESLOWSKI II: PRIMEROS LARGOMETRAJES
El primero sería, más bien, un mediometraje, El personal.
Un joven entra como ayudante de vestuario en las bambalinas de un teatro. Aún reconocemos al Kieslowski documentalista, cuando vemos una asamblea de trabajadores en plena acción o elige un formato visual, con la cámara en mano, captando los entresijos de ese microcosmos.
Pero es una obra de ficción y tenemos un conflicto ético. El personaje deberá tomar una decisión: integrarse en el sistema, aceptar las reglas de juego, que suponen, en su caso, traicionar a un amigo, -aunque eso le dará oportunidad de ofrecer y aportar su pasión y su talento a otras personas, haciendo realidad su sueño- o ser apartado como un paria.
El último plano, fijo, con una luz tenue, sutil, cuidada, al más puro estilo Kieslowski, es un final abierto. Habrá un antes y un después de esa decisión...
En su primer largometraje, La cicatriz, no desaparece tampoco el tono documental. La vemos en las reuniones y en el formato sobrio, al que nos tiene acostumbrados.
Esta es la historia de un arquitecto y de los intereses urbanísticos que rondan alrededor de un proyecto controvertido, el cual defiende, a pesar de las concesiones que debe hacer para que salga adelante.
Nos cuentan también de manera muy tangencial una historia del pasado. Dejó una huella profunda en su familia; en su esposa o en su hija, obligada a abortar.
Y, claro, la corrupción de las instituciones está ahí.
Quizá el mensaje está resumido en la última conversación con el periodista, un tipo íntegro, que quiere dar a conocer esa realidad ocultada por los burucratas de turno. "¿Cuándo dejó de hacer lo que quería?", le pregunta. El protagonista no tiene respuesta.
Al final, es defenestrado y encuentra en su nieto, en el entorno familiar, la libertad; quizá, la única posible en ese entorno podrido...
En El aficionado, el carácter documental aparece reflejado en el mismo protagonista. Un hombre normal, con una vida tranquila, que acaba transformada por una pasión: la del cine.
Empieza a rodar documentales; se decide por contar lo que le rodea: primero, graba a su familia y amigos. Después, la fábrica donde trabaja. Al final, cuando otros comienzan a interesarse por su trabajo, el entorno, el barrio, la ciudad. Pierde a su familia en el camino, pero lo acepta a cambio de la pasión que ocupa toda su vida.
La corrupción sale a la luz, y empieza a sentirse como un artista, dispuesto a denunciar las carencias que contempla, con una mirada personal; pero nada es tan simple. El director de la fábrica no es un explotador ni un censor de la creatividad del protagonista; en realidad, es un tipo muy consciente de los engranajes del sistema: si quieres conseguir algo en este mundo, debes sacrificar tu libertad. No hay absolutos. No hay buenos ni malos.
El último plano es el giro final que sólo un talento como el de Kieslowski haría. Si no puedes contar lo que hay a tu alrededor con absoluta libertad creativa -de eso seguramente él mismo era muy consciente-, porque todo tiene sus consecuencias y hay gente que es sacrificada o a la que decepcionas, quizá lo único que queda es girar la cámara y contar tu propia historia.
Hay mucho más, sin duda, en una obra con múltiples interpretaciones, que nos recuerda ya sus obras de madurez.
Cuando un amigo, que acaba de perder a su madre, le pide a nuestro protagonista ver lo que rodó unos días antes, de manera mágica se da cuenta, toma conciencia de qué es el cine.
Ha recuperado a su madre; la ha vuelto a ver, viva... Y le dice, emocionado.
"Lo que haces es hermoso"...
jueves, 24 de diciembre de 2020
UN PÁJARO EXTRAÑO
Hace seis años la Navidad dejó de existir.
Quedan algunos rituales, huecos, vacíos; huellas inútiles que dejamos en la tierra húmeda. Se niegan a desaparecer: poemas imaginados, sueños de un niño. Alguna felicitación, cenas sobrias, la visita a su tumba el día de Navidad, las uvas; el miedo de Yume, nuestro gato, a los petardos, el roscón...
Una nueva familia le daría sentido; una pareja, un hijo... Improbable; más bien, parece imposible. ¿Pensará ella en mí?...
"Sé feliz", me dicen. La felicidad es un pájaro extraño, ajeno, distante... La encuentras en una rama, al borde del precipicio.
Vuelvo a leer La vergüenza de Annie Ernaux. También sentí vergüenza, hace mucho tiempo. Me refugié entonces en la cultura, en el cine, en los libros...
Mi madre, en cambio, se negaba a desaparecer; recreaba un mundo, lo hacía suyo, lo compartía con nosotros. En ese tiempo la observaba escéptico, muy lejos... Los excesos, la comida y bebida a granel, las espumas y el ruido; letras absurdas de villancicos, conversaciones ridículas, chistes tontos; decoración navideña, el belén, espacios teatrales.
Sí, se representaba una obra...
Escenas de entonces, tristezas del porvenir...
Rituales, recuerdos que se difuminan, se pierden... Palabras y cuerpos desenfocados...
Quedan el olvido, el paso del tiempo, la muerte...
Los echo de menos...







