viernes, 21 de octubre de 2016

JAPÓN: EL ÁRBOL Y EL RUIDO




Japón. Un árbol.
Lo vi en Hakone, cerca del Monte Fuji. Al borde del lago Ashi. La vía sagrada de un santuario sintoista, Hakone Shrine, nace en una puerta, anclada en el agua y se eleva hacia la montaña.




Y allí, junto al templo, está el árbol que vuela hacia el cielo.



El espacio sagrado. La naturaleza es sagrada, está viva. Volvemos a ella.
Despierta y recupera lo que ocultamos. Lo que echamos de menos.


La tierra nos devuelve a aquellos a los que no veremos.
Soñé con mi madre. La noté muy cerca de mí, protegiéndome. En Japón siempre ha estado conmigo.
Sin raíces profundas no podemos elevarnos hacia las estrellas...

Tokio. Shibuya.
Ruido. Imágenes que marean y atraen. Espacios repletos de gente libre, en movimiento, atrapada...


Kyoto. El jardín de Murin-An. La casa del té. Espacios sencillos, simples, líneas rectas. Visión que se extiende en el vacío.


En un palacio o un templo de Kyoto. El artista en sus habitaciones busca definir, reflejar el espíritu de la naturaleza. Trazos sencillos, naturalistas. Lo ideal, lo soñado.




O describe en un anuncio que puedes ver en el metro de Tokio un mundo moderno, juvenil, palpable, agresivo...


La naturaleza, a su vez, juega con la luz, pinta con la luz. Los reflejos en un espacio que el hombre ha recreado, idealizándola.


Los ritos se respetan. Purifiquemos nuestro cuerpo, limpiemos nuestras almas de los pecados... Pidamos deseos a los dioses. Tal vez nos escuchen...










Los rascacielos de Tokio se alzan entre la niebla. ¿Monstruos o maravillas? Los admiramos y los tememos.


Hiroshima. Recordamos a los muertos y nuestra historia. Generaciones que no deberían olvidar las pesadillas que hemos engendrado.


El tiempo se detuvo. A veces. Hubo momentos en que comprendí que la vida sigue, continúa, fluye... Que debemos aceptar lo que llegue sin más. Y eso está bien.


Tal vez la muerte y la vida sea eso.
Volvemos a la tierra de donde venimos. Seremos de nuevo raíces y savia y aire y agua...

Mientras tanto, vivimos...

YOUR NAME



Una noche en Tokio. Llevaba varias en Japón. 
En Tokio se pone el sol a las cinco y media. Miro el Facebook al volver al alojamiento antes de buscar un sitio donde cenar. Me fijo que en un instituto donde trabajé, el IES Rosa Chacel de Colmenar Viejo, empezaban un ciclo de cine con Miyazaki, la princesa Mononoke. Esa misma tarde había visto el cartel de Your name, de Makato Shinkai, en el cine de un gran centro comercial, uno de los más conocidos de Tokio. Es un gran éxito de público desde que se ha estrenado en Japón. 
La prensa decía que es el heredero de Miyazaki... La prensa siempre busca un titular. Y es poco de fiar, como todos sabemos. Se comentaba la sensibilidad menos clasicista, más moderna de una nueva generación. No había visto otras películas del tal Shinkai. 


Entonces se me ocurrió. ¿Por qué no verla aquí en Japón? Otra experiencia más. No entendería ni papa, pero si es buena, seguro que las imágenes hablarían por sí solas. Compré la entrada, comí algo por los alrededores, cerca de Shibuya y entré en la sala. Tenían cojines que ofrecían al que quisiera y los chicos acomodadores te saludaban al entrar a la manera japonesa con una leve inclinación de cabeza y deseándote una buena velada. El espacio entre los asientos se agradecía. Comprobé que la sala estaba llena... Tuve que verla en la primera fila.
Azcona dijo una vez que el mejor guión es aquel que no necesita de diálogos. O dicho de otra manera que las imágenes por sí mismas hacen comprensible el argumento. Sin tener ni idea de japonés eso es lo que buscaba. Eso demuestra que el cine puede llegar a ser un lenguaje universal.
Aquí hay mucho diálogo. Cómico, dramático e, imagino, por el trailer que he visto, sentimental. Sin embargo, las imágenes por sí solas dicen mucho.
Los temas de esta película de animación me recuerdan a tantas películas clásicas: El fantasma y la Sra Muir, La carta final, Líneas de teléfono... El amor más allá del tiempo y de la muerte. 
En el cortometraje argentino Líneas de teléfono en un mismo espacio y en tiempos diferentes nace un amor, condenado a la tragedia, con el teléfono como línea de comunicación que rompe de manera mágica la imposibilidad del encuentro en un contexto político muy definido, nada menos que en plena dictadura argentina... Vale la pena verlo... Aquí os lo pongo en dos partes.



en el de Hollywood, entre un fantasma y una mujer de carne y hueso llevada al romanticismo más lírico... ¡Esa música de Bernard Hermann!


o en otra de la misma época, Jennie, en la que un pintor acababa enamorándose de una mujer que ya había muerto y que se le aparecía en momentos claves de su vida... y a la que tiene la oportunidad de salvar... Una obra maestra del surrealismo y el romanticismo más radical.

 en La carta final, en una narración -esta vez- realista, que no descarta la sensibilidad, sino que la convierte en una suave caricia del papel y las palabras, aunque ambos estén alejados miles de kilómetros. 

Todas esas referencias me vienen a la mente al hablar de Your name. De todas bebe Shinkai de manera directa o indirecta. 
También, por supuesto, hay toda una tradición de animación manga detrás. Y la sombra acogedora de Miyazaki que es un árbol bueno con raíces profundas. 
Aquí en Your name son dos espacios -parecen mundos ajenos: el rural y la gran ciudad, Tokio- y dos tiempos paralelos, que alejan y acercan a los personajes sin proponérselo. Y además ciencia ficción y cine de animación de calidad. 
Noté el realismo de la propuesta también cuando reconocía -y eso lo disfruté- los pequeños detalles de la vida cotidiana de Tokio que había vivido los días anteriores.
Volvamos a la idea motriz: amor que juega con el tiempo y el espacio, imposible y, al mismo tiempo, real. No cae en la sensiblería, aunque intuyo que en algún momento está al borde.
Intercambio de cuerpos y mentes, - comicidad inicial, comedia adolescente- supone al final comprensión del otro, madurez. 
Tradición y modernidad, clasicismo e innovación. Imágenes de cómic con sobriedad visual y firmeza en el montaje, que sabe ser intenso o contemplativo, cuando conviene a la narración. Un paralelismo con la dicotomía en la que se mueve el Japón actual. Y tal vez nosotros mismos...
Y un romanticismo muy cuidado. E imágenes y escenas con una poderosa fuerza visual.  
El final es abierto y sugerente...

Es una gran película. A la altura de Miyazaki. No es su heredero. Es otra cosa y eso también me parece bien.
Tenemos a un autor a tener muy en cuenta. Estaré pendiente de su estreno en España. 







miércoles, 14 de septiembre de 2016

LA VOZ DE MI MADRE


1.

            Era ella. La reconocí. Era su voz.

            -¡Santi!

            Sólo pronunció mi nombre. No recuerdo otra cosa del sueño. Acabo de despertar…

            Las voces de otros. Se mezclan. Se definen. Nos atrapan. Nos rodean…


2.

            Voy al dentista. De camino tarareo Al alba. Aute está en coma.

            Una pareja de ancianos sale de un centro comercial; ella se cruza conmigo. No sé porqué pienso en mi madre.

            Ella murió al alba. El alba de un día de verano. Frío y cortante…


3.


            La imagen que se repite. Ella está a punto de caerse. Anda a duras penas: como una anciana. Pulmonía. Neumonía. Embolia.

            Podía haberla salvado. No lo hice. La culpabilidad. Vuelvo a esa tarde una y otra vez…


4.

            -No deberías verlo –me dice Marcos.

            No puedo evitarlo; miro al interior de la habitación. Dos enfermeros colocan su cuerpo en la camilla: ese cuerpo cubierto por un plástico. Esa mano que cae a un lado: la que cogía la mía cuando paseábamos por la playa, la que me acariciaba de niño, la suya…
         
5.

            Un libro: Muerte de un silencio de Clemence Boulouque.

            Un documental: La hija del juez de William Karel.




            "...La última vez que estábamos a su lado. Una proximidad inútil..."

            Cuenta la muerte de su padre.

            No puedo seguir leyendo. Cierro el libro. Lloro.

            Las muertes de los padres no se parecen; el dolor de los hijos, sí.


6.

            "...en las fechas resuenan desgracias pasadas… Las vidas de los muertos es un collage…"

            He soñado con ella.

            He escuchado la voz de mi madre. He visto su rostro. He recordado su última mirada, la fragilidad de su cuerpo.

            No puedo dejar de soñar con ella. No quiero que desaparezca del todo.

No. ¡No quiero!


7.

            Un niño juega con su madre. Las risas de un niño que no respeta las reglas de juego. Me imagino como un padre: el que nunca seré…

            Los ojos se abren al mundo. Los míos.


            Dedos que escriben palabras. Muchas imágenes. Algunas voces. Viajes. Movimiento…

jueves, 16 de junio de 2016

CITES Y BARCELONA.


Cites/Citas es una serie muy interesante. En TV3, la televisión catalana, la ponen los lunes, creo. Va por su segunda temporada.

Es en catalán. El doblaje en castellano es un desastre-como siempre cuando doblan algo del catalán; ¿lo harán a propósito?-. Si se puede ver con subtítulos en castellano, mejor. En esta página web están todos los capítulos hasta la fecha.

CAPITOLS CITES

El punto de partida es sencillo: las primeras citas de varios personajes por internet en la ciudad de Barcelona. Nos encontramos ante una obra coral.


No todas las historias salen bien. Algunas, sí. Otras, quedan a medias, esperando una segunda cita...

Los personajes -unos más que otros, por supuesto- son cercanos, creíbles. Los diálogos están bien construidos. Los actores -algunos muy conocidos; otros, no tanto- tienen talento. La directora, Patricia Font cuida el material y nos lo ofrece con naturalidad...


Lo único que necesita una buena serie.

Es sencilla. Y lo agradezco. Ha tenido la oportunidad de una segunda temporada.


Una serie necesita tiempo para que su forma de mirar se quede en nuestra retina, para que los guionistas afiancen un estilo, un mundo propio... para que arriesguen y vayan más lejos del punto de partida inicial. Como sucede con las series americanas. El tiempo dirá...


Les deseo suerte. Y estaré atento...

El autor de la idea y productor ejecutivo, Pau Freixas, ama Barcelona. Y quiere a sus personajes, que a su vez, buscan el amor o el sexo o, simplemente, dejar de estar solos...


Viendo esta serie echo de menos Barcelona... Y a ella... La echo de menos...

Pero la vida continúa, ¿no?

Nos quedará el cine, la escritura o el arte para que lo que fue bello no muera del todo... O para seguir buscando la belleza a nuestro alrededor ... O para escribir un final feliz...

Siempre me han gustado los finales felices, aunque sólo sean posibles en nuestra imaginación...



viernes, 10 de junio de 2016

RE-FLEXIONES* SOBRE “SI FUESES PÁJARO, LO ENTENDERÍAS” DE DAVID TESTAL


RE-FLEXIONES* SOBRE “SI FUESES PÁJARO, LO ENTENDERÍAS” DE DAVID TESTAL

PARTE 1:

Acabo de leer tu libro, que ahora ya es mío.

            Yo seguía al libro, lo perseguía. No, me equivoco; es el libro el que me seguía, el que me perseguía.

            Hay libros que te llegan tras un tortuoso camino. Los rechazas, al principio; luego, aceptas su existencia. Finalmente, los lees y los haces tuyos…


PARTE 2:

            Mi padre murió hace cinco años. No besé ni abracé a mi padre tanto como deseaba. Ahora lo beso y abrazo, al acariciar la corteza de un árbol.

Hace dos años descubrí a Cristina. Por miedo a sufrir, ella sufre tanto. No pude ayudarla. No lo necesitaba. Ya no estoy con ella. Ahora está lejos, muy cerca...

            Mi madre dejó de respirar hace año y medio. He escrito palabras y palabras para calmar el dolor, he rodado imágenes en movimiento para recobrar su sonrisa, he hecho preguntas para recuperar su memoria.

Su final fue un principio.

            Hace un año pedí una excedencia. Yo era profesor de latín y griego con unas oposiciones aprobadas. La llama me quemaba; veía mis alas al otro lado, a través de la ventana del aula. Las flexiones me desviaban del camino…

Ellos, la administración, los equipos directivos, las normas me decían lo que tenía que hacer. Yo también les decía a mis alumnos lo que debían hacer. Y ellos obedecían a regañadientes; la mayoría lo hacen, aceptan las leyes escritas. Se convierten en adultos. Sobreviven. Se queman, se quedan sin alas… Otros, algunos, se hunden, caen, despreciados por el sistema, cegados, heridos…

Hastiado, me he retirado a un espacio íntimo donde escribir o leer historias imaginadas. Agotado, he viajado por mundos conocidos que nunca inventaré, porque están en mí… Mis alas ven al otro lado del espejo lo que deseo, lo que soy; aún les falta abrirse del todo…

PARTE 3:

            Me pregunto si la templanza –temperance- me define o no. Ninguna palabra puede hacerlo. Las palabras no contienen lo que somos. Las palabras nos alejan de lo que tenemos más cerca. Y nos acercan a lo que tenemos más lejos…

            Saber que todo falta hasta que tú se lo das. Saber que todo lo das cuando ella te falte.

            Gracias por tu libro, que ahora es el mío…

           

*flexio, onis: “desvío, curva, vuelta”

domingo, 8 de mayo de 2016

A TODOS LOS DIOSES. NUEVE DÍAS EN ROMA. DÍAS 8 Y 9. EL FINAL DE UN VIAJE




          I.

...Hay una inscripción en latín. Afirma que Agripa, hijo de Lucio, en su tercer consulado construyó el monumento. Agripa fue el principal lugarteniente de Octavio Augusto, el primer emperador...

Ciento cuarenta años después, Adriano lo reconstruyó. El templo había sido arrasado por uno de esos frecuentes incendios que destruían barrios enteros de Roma. Y Adriano tomó la decisión de levantar uno nuevo. Tenía, tal vez, al mejor arquitecto de su tiempo, Apolodoro de Damasco. No está claro quién elaboró el plan constructivo. ¿Fue Apolodoro? ¿Adriano, que tenía aficiones en este campo, propuso ideas?...

...Flavio Nicéforo Focas Augusto, emperador bizantino, gobernó durante ocho años desde 602 al 610. Llegó al poder con un levantamiento militar y fue depuesto por otro golpe de Estado. Su sucesor lo asesinó, decapitó, mutiló y quemó su cuerpo. Nadie recordaría a este emperador, si no fuera por dos decisiones que tomó a lo largo de su breve mandato.

La primera consistió en alzar el último monumento del foro Romano: la llamada Columna de Focas... La otra fue un regalo. Focas donó al papá Bonifacio IV el Panteón para que lo transformara en un templo cristiano. El lugar sagrado dedicado a Júpiter, Venus y Marte se consagró a la Virgen María y a todos los santos en mayo del 609. 

Gracias a ese gesto, el Panteón ha sobrevivido a la ruina, el abandono o la destrucción...

II.

26 de abril de 2016.

Los vagones del metro atraviesan un puente. El Tíber está a mis pies. Al otro lado del río se encuentra el Vaticano.

Espero sólo media hora en la cola. Supero el control de seguridad, asciendo por las escaleras de caracol; pasillos infinitos se abren ante mí.

Hay dos caminos.

Uno de ellos te lleva a las pinturas de Rafael y a la Capilla Sixtina y los frescos de Miguel Ángel. Encontrarás cientos, miles de personas, sentirás el agobio, la opresión, el fastidio. 


Desearás volver al punto de salida y que termine la carrera de obstáculos. Si, tras atravesar los cientos de salas, llegas a tu objetivo, tal vez tengas suerte y en un momento, muy breve, puedas disfrutar de las pinturas sin el ruido de fondo: palabras que explican e interpretan las figuras imaginadas en el silencio de un taller hace más de cinco siglos. No necesitan esas palabras...

¿Merece la pena?

Otro te lleva a lugares menos transitados. Cientos de antigüedades, colección adquirida o saqueada por decenas de papas, salas concebidas para que los pontífices alcanzaran la eternidad en la Tierra. 

                                           

La escultura romana, el arte egipcio, la cultura etrusca, la cerámica griega, el relieve, el mosaico...


Los Museos Vaticanos te debilitan, queman tus energías, si no buscas un refugio en el que tu espíritu descanse del ruido.

Subes al Duomo; bajas a las catacumbas. San Pedro. Estás arriba, en el cielo; estás abajo con los restos mortales de los pontífices, hacedores de puentes. Este no es mi centro del mundo. Siento vacío en el estómago.

El Gianícolo.
Rodeo los muros alzados por los representantes del Dios cristiano en la Tierra. Garibaldi contempla Roma a lomos de su caballo. Dos chicas jóvenes hacen bocetos de la vista que tienen a sus pies como hace unos días en las Termas de Diocleciano otros dos desconocidos. Un deja vu.
Mientras bajo las escaleras hacia el Tíber, me parece estar en Oporto, hace un par de años. 
Ella estaba viva entonces...

Los viajes se confunden. Me desoriento. Mezclo, revuelvo, combino los tiempos y los espacios. El Tiempo es flexible.

Noto en la boca el bacon crujiente. Pasta a la carbonara. 

Los placeres se enredan en la memoria...


III.

El óculo. El ojo. Miras a través de él.

Las nubes pasan. El tiempo se desliza, resbala, fluye. Los ojos fijan su mirada en un punto. Blanco y azul. Gris y negro. Nada se detiene. Todo continúa moviéndose al ritmo del universo.

Descubres con tu mirada. Lo minúsculo y lo titánico. La célula y las estrellas.

Entra la luz. Las sombras te protegen o te persiguen. Depende de ti.


IV.


Me encuentro en un patio. No hay techo que me cubra. A mi alrededor los muros están derruídos; se alzan entre cascotes, algunos; de otros, sólo queda el esqueleto: ladrillos, piedras unidas entre sí por argamasa. Salgo del patio y entro en otro. El mismo panorama. Y en el siguiente. Y también en el siguiente.

No puedo salir del laberinto.


V.

27 de abril de 2016.

Una mañana en Roma. La última.
Los que van al trabajo tienen prisa. Atasco. El tráfico está congestionado.
Los primeros turistas se dirigen al lugar de encuentro. Los vendedores ambulantes ocupan sus puestos. Todo vuelve al comienzo de nuevo.

En el Panteón contemplo el óculo. Pasan las nubes. Un trozo de cielo. Su ritmo, el de la Naturaleza, es diferente al nuestro.
Estoy casi a solas durante quince minutos. Luego llega un grupo de turistas. 
La magia se ha roto.
Me marcho, pero ahí sigue y seguirá cuando ya no estén los seres a los que ha amado o a los que amé, cuando ya no estemos, cuando ya no esté...

En el Campo de Fiori sólo hay tres puestos de flores. El resto vende verdura, frutas o ropa.
Franqueo la entrada de dos iglesias menores. En una de ellas, veo a un hombre solitario, que reza a sus dioses; en la otra, oculta, en una capilla, a oscuras, un belén que espera su oportunidad.
En San Stefano, un sacerdote ortodoxo serio, hosco, silencioso.

No podré ver a Caravaggio o a Bernini en el Museo Borghese. Hay que reservar con mucha antelación. A cambio, paseo por el parque. El tiempo es agradable. La primavera está aquí. Disfruto de ese momento perfecto en el que ni el frío ni el calor molestan al cuerpo.

Los silencios entre dos puntos explican las junturas, rellenan los huecos...


En Villa Farnesina el Renacimiento te acoge. Rafael y otros artistas te insuflan de optimismo. Tienen fe en el hombre; todavía no la habían perdido.


En Augusto, un restaurante popular, degusto unos ravioli y una tarta de cerezas. El vino de la casa me resulta agradable. 

El hijo de la propietaria es un adolescente pegado a un móvil.

- ¡Deja el móvil! ¡Guárdalo! ¡No comas con el móvil! -le repite una y otra vez su madre.

Una mujer de cuarenta años acaba de llegar. Está hablando con la camarera y otra de las propietarias. Se conocen. ¿Un familiar, otra camarera que hoy tiene día libre? Viene del juzgado, por lo que parece. ¿Un divorcio? ¿Asuntos de herencias? Los gestos son de preocupación. Sus interlocutoras la comprenden y apoyan.

Una pareja de españoles quiere carne; intenta hacerse comprender. Una pareja de italianos se decide por pasta con salsa de tomate.

Dos horas después en la colina del Celio.

En Santa Sabina, columnas romanas. Estuvieron en un templo pagano; ahora sostienen otro católico. A la salida, una figura labrada en el tronco muerto de un árbol. Mi cuerpo tiembla.

 


A través de la cerradura contemplo una catedral de San Pedro, lejana. En otra iglesia exponen a fotógrafos y pintores desconocidos.

Me separo del Panteón.

Pasta alla amatriciana.
Concierto de un coro. Cantan un Stabat Mater. El autor es del siglo pasado. Identifico en uno de los espectadores un gesto similar al de mi madre. Me acuerdo de ella.

¡Quién sabe lo que está haciendo, en qué está pensando!
Como el río que fluye, nada tiene fin.

                                  

El eco de mis pisadas. Los últimos pasos que me despiden de Roma...


VI.

El Panteón estuvo dedicado a todos los Dioses.
El Dios cristiano cree que acabó con ellos; se equivoca.
Allí están todavía.
Nos protegen o se ríen de nosotros.
Así son los dioses.
Así es Roma.






  

sábado, 7 de mayo de 2016

A TODOS LOS DIOSES. NUEVE DÍAS EN ROMA. DÍA 7




I.

25 de abril de 2016.

Me despierto. He tenido un mal sueño. Noto mis músculos tensos. Me voy relajando a lo largo de la mañana.

No ayuda que el cielo esté cubierto. Amenaza lluvia. El ambiente está cargado.

Voy a dedicar esta mañana a los foros y el Palatino.

                                                


Se ha ampliado el paseo, la zona abierta al público en estos últimos años. Han cerrado la basilica de Majencio -precursora de las basílicas cristinas constantineas- por culpa de las obras del metro en la línea C, y bajo el arco de Septimio Severo -aunque aquí parece sólo que pretenden restaurar una parte de la Vía Sacra.



Santa María Antigua está abierta y sus pinturas parietales, restauradas. Una parte de la entrada al Palatino, concebida por Tiberio, también. Se especula que pudo ser en alguno de estos pasillos donde Calígula fue asesinado.

Han llevado a cabo excavaciones cerca de la basílica Julia. Hace unos meses abrieron la Casa de las Vestales.

Al subir al Palatino puedes contemplar una zona que desconocía: bajo la iglesia de San Sebastián, han encontrado las ruinas del templo que levantó Heliogábalo al dios Sol. ¿Hubo sacrificios de niños como aseguraban algunas fuentes antiguas? La Historia Augusta no siempre es muy fiable, pero este emperador era demasiado oriental para que Roma lo aceptara.

Más conservadores fueron Augusto y Livia. Y respetuosos con la tradición. Tanto que cerca del Templo de la Magna Mater y de la cabaña de Rómulo -se han descubierto recientemente cabañas que nos devuelven a la época y al lugar donde se fundó Roma-, decidieron levantar sus casas privadas. Augusto compró la casa de Hortensio Hortalo y las de otros senadores y ese fue el arranque de una labor constructiva que convertiría la colina del Palatino en el alojamiento de los futuros emperadores. El término palacio tiene aquí su origen. Y sí, fueron palacios los que pusieron en pie. Restos de los de Augusto, reformas de Tiberio o Claudio -encontramos el Aqua Claudia a pie de calle-, el criptopórtico de Nerón, el Ninfeo de época Flavia, el circo de Domiciano, las aportaciones de la dinastía de los Severo.



No olvido las sorpresas que los arqueólogos aún descubrirán en el futuro. Hay una visita que tengo pendiente; la de una domus de época republicana con pinturas del primer o segundo estilo pompeyano.

El Coliseo. El tiempo y los Barberini, entre otros, lo saquearon. Y resiste. A las hordas de bárbaros y a las de turistas. Roma no sería Roma sin el Coliseo. Tal vez...



II.

En San Clemente estuve en una visita anterior. Está más organizado, pero ha perdido parte de su encanto. Y han subido los precios. Con todo, sigo apreciando esa mezcla de tiempos y tradiciones en un mismo espacio. Tenemos una domus, un templo a Isis y una iglesia cristiana. 


Sólo Roma te puede ofrecer tanto en tan reducido espacio.

En la de los San Cuatro Coronati hay un claustro, al que se accede con cierta dificultad. Bloquean la puerta con un cerrojo para controlar la entrada de turistas. 


El juego de luces -sobre todo en un día como éste en el que las nubes ocultan el sol y se apartan un instante después, tiene algo de mágico. Lo agradezco.

Dedico la tarde a pasear por la colina del Celio. Dulces placeres entre el sol y la sombra de una tarde primaveral. Un niño gatea ante la mirada de sus padres hacia una fuente que lanza un chorro de agua y de luz.

St. María Domnica. Otro mosaico del siglo VIII que representa a la Virgen entronizada.

En la Villa Celimontana, en su entrada, hay una plaza; el nombre recuerda a todas las víctimas de la inmigración, sobre todo a las de Lampedusa.
.
La iglesia de San Giovanni y Paolo me recuerda a la del Laterano o al Gesú. No me agrada. Prefiero la intimidad al espectáculo.

A la salida, a mano derecha los restos de Aqua Claudia. A la izquierda, la base del templo de Claudio. A unos pasos, viviendas medievales y restos de una domus.

Ceno lasaña en la Vaca embriagada... Delante de mí comen una pareja de ingleses. Están enamorados. Ella lleva el pelo recogido en un moño. Mira al chico con ternura; tiene alrededor del cuello un pañuelo verde y sus pendientes están a juego. Cejas estilizadas, cuello largo. Me fijo ahora en él. Tiene el pelo rizado, barba de una semana, camiseta floreada y gafas a la moda.
Los dos tienen la barbilla marcada. Sus hijos herederán esta peculiaridad.
Se cogen de la mano. Se retan a aguantarse la mirada, sin reírse. Ella enseguida rompe a reír. Ha ganado él.
Me los vuelvo a encontrar a la salida. A unos metros, nuestros caminos se separan. 

Abrazados, se pierden entre las piedras de Roma.

Paseo por el antiguo barrio de la Suburra. Casas elegantes, fachadas restauradas, jardines colgantes.



III.

El barrio del Panteón.


Un hombre, tendrá treinta años, con un potente chorro de voz, impresionante, canta Oh, sole mio acompañado por su guitarra entre las mesas de un restaurante.
Una camioneta ha aparcado a un lado del Panteón. Parecen rumanos. Dos hombres; uno, apoyado en la camioneta. El otro exige dinero a un grupo de chicas. Una jovencita se ha apartado de sus compañeras; discute con él.
Un vendedor callejero -le he visto varias veces por la zona- huye de un policía. El agente de la ley le obliga a marcharse de la plaza.

-Es un maleducado. Es mala persona. Lo conozco. El mismo de siempre...


Hay muchas historias por contar. Y todas, a la sombra del Panteón...

A TODOS LOS DIOSES. NUEVE DIÁS EN ROMA. DÍA 6.



I.

24 de abril de 2016.

Es domingo, el día del Señor, el de Júpiter...

Por supuesto, el mejor día para visitar las iglesias es este. Comienzo por la que tengo más cerca del alojamiento.

A dos calles tengo la de Santa Praesede. Destaca un mosaico de época bizantina: Santa Praesede y Pudenciana, mártires, son recibidas en el Cielo. La imagen del cordero sobre el trono es una constante en esta imaginería religiosa: representa el regreso de Cristo en el Juicio Final.

Las muertes de estas dos mártires me resultan familiares. Fueron asesinadas por proporcionar un entierro cristiano a otros. Me viene a la mente un mito griego, el de Antígona, que es condenada por querer enterrar a su hermano, aunque se lo habían prohibido. ¿Casualidad? Desconfío de esa palabra, sobre todo, si hablamos de la capacidad que tuvo el cristianismo de asimilar todas las tradiciones religiosas que le precedieron.

En San Pietro in Vincoli el ábside es mucho más descafeinado. Responde a otra época, el neoclásico. Falta vigor; yo iría más allá, carece de fe.

A su lado, el Moisés de Miguel Ángel se yerge como un titán. 


Tengo un pequeño privilegio: lo contemplo en soledad. Antes de que vengan cientos de grupos con sus guías y cámaras de fotos, puedo disfrutar de esta obra. ¿En qué te fijas? En los músculos de su cuerpo, en el rostro, la mirada terrible, digna. ¿Y qué decir de la barba? Y el manto, colocado sobre la pierna. Esta estatua despierta en quien lo ve un solo sentimiento: respeto.

Llegan cientos de turistas. Huyo.

Hago una excepción por mi ruta religiosa. Me interesa visitar la domus Áurea de Nerón. Tengo suerte; hay plazas para una visita guiada en unos minutos.

La Domus Áurea cubría un espacio inmenso en el centro de Roma.


Nerón quiso construir su villa privada en un lugar privilegiado. Aprovechó las consecuencias del incendio del 64 d.C. para levantar un entramado arquitectónico original y moderno. Tuvo a los mejores diseñadores y arquitectos a su disposición.



Nerón ha sido el gran vilipendiado de la historia. Los cristianos no le perdonaron que los acusara del incendio y las fuentes senatoriales le crucificaron acusándole de todo tipo de crímenes. La culpabilidad por el incendio ha sido puesta en duda desde hace decenios. Y sus crímenes están más ligados a las intrigas por el poder -asesinato de su madre y de sus esposas, conspiración de Pisón- que a una mente enferma o psicótica. No fue un buen gobernante, aunque hay que situarle en su justo término. Amó el arte y la cultura griega y se ganó el favor del pueblo; eso sí, dejando las arcas del Estado vacías.

Su gran obra de arte sería la Domus Áurea. Los emperadores que le siguieron enterraron el recinto. Los Flavios construyendo sobre el estanque el Coliseo. Trajano levantando unas termas y saqueando todo el mármol que pudo. Adriano con su templo de Venus y Roma.

Sin embargo, influyó y mucho en la arquitectura y pintura posterior.
Se piensa que Apolodoro de Damasco, el gran arquitecto de Trajano, pudo ver mucho de la Domus y que lo aprovechara en sus propias obras. 

Hay muchos lugares de la Domus Áurea que te recuerdan a los Mercados de Trajano o al mismo Panteón.

Tras su redescubrimiento, en el siglo XV, las pinturas parietales que se encontraron en las excavaciones influyeron en los artistas del Renacimiento, creando, incluso un nuevo término: grotesco, ya que se podían contemplar en grutas, excavadas en la tierra.

Trajano, que quiso hacerlo desaparecer, con la damnatio memoriae, curiosamente, facilitó su conservación. Enterrado durante siglos, la Domus Áurea ha sido excavada en los últimos años de manera sistemática y los tesoros que alberga son incontables.

                                                   


Notas la magia en el recorrido por esta antigua residencia. La zona que se encuentra bajo el parque de la colina Oppia, debió corresponder a un espacio o pabellón para recibir a autoridades o invitados. Caminas entre salas, salones, pasillos, antiguos pórticos, enterrados bajo metros y metros de tierra.

Sólo puedes intuir, muy de lejos, lo que sus contemporáneos debieron sentir al ver una obra de tal envergadura.

Parece que su conservación está en peligro por un extraño conflicto de intereses. Los árboles del parque con su peso aplastan la estructura.


Una solución sería reducir el espacio del parque, eliminando gran parte del humus acumulado a lo largo de los siglos, pero eso supondría cerrarlo y acometer obras. Y el parque tiene un valor histórico -aquí chocamos con la Administración- y, además, los vecinos perderían un pulmón verde del que disfrutan. A la espera de qué medidas se tomen, cada sábado y domingo se puede visitar en grupos de 25 personas una de las grandes maravillas de la Antiguedad, enterrada durante siglos, y ahora, recuperada, aunque sólo sea pálidamente, para nosotros.

En el salón central que tenía la peculiaridad de moverse y cambiar de posición, afirma Suetonio que Nerón lanzaba pétalos de rosa a sus invitados desde el óculo, ese precursor del Panteón.


Nerón era un artista... incomprendido.

Al salir la luz del sol te ciega. Te acostumbras poco a poco a ella. 

Las paredes y los puentes de Roma te hablan. Graffitis, frases de protesta, corazones enamorados...

                                             

Caminando con tranquilidad llegas hasta el Circo Máximo. Asisto a una procesión laica. Hombres y mujeres, vestidos y vestidas como romanos. Los antiguos Dioses vuelven a las calles de Roma. 

                                                

Al otro lado, en el Vaticano, jóvenes católicos de todo el mundo celebran junto a Francisco I unas jornadas de la Juventud. Hoy es el día de los Dioses, sin duda.

Me refugio en la cercana Basílica de Santa María en Cosmedin. Mientras los turistas se hacen fotografías, poniendo la mano en la antigua tapa de cloaca, imitando a Audrey Hepburn y Gregory Peck, entro en la iglesia. Asisto a una celebración ortodoxa. Escucho los cantos. La música, monocorde me lleva a unos ritos profundos, misteriosos. El espacio se llena de extraños silencios. Te adentras, como ante la contemplación de la Naturaleza, en el interior de ti mismo.

Y así es también en la cercana isla Tiberina, junto al puente Roto. Cierras los ojos y escuchas a tu lado el fluir del río Tíber. Tranquilidad, serenidad. A lo lejos, los ruidos de la ciudad; el tráfico en domingo. El agua cae, fluye. Los ritmos del cuerpo y del mundo se asemejan. La sangre y el agua. Son sólo uno. La melodía de la vida que se desliza por nuestras venas.

Paso al otro lado del Tíber, el Trastévere.

Al llegar a Santa Cecilia llego a tiempo para una misa. Esta vez, católica. El coro canta el Aleluya de Haendel. De nuevo la música, el vehículo para acercarse a la Divinidad o al interior de uno mismo.

En San Crisognono miras hacia arriba, ¡cómo no! El artesonado del techo es una maravilla. Y el baldaquino, a semejanza del de San Pietro del Vaticano, es de Bernini.

Otra vez, Bernini, en San Francesco a Ripa. Y otra mujer, en éxtasis. El cristianismo convirtió el sexo en un tabú, pero el sexo no se puede ocultar; nos acompaña siempre. Bernini demuestra cierta experiencia en esta materia. 


Sus mujeres, en estado de trance, nos recuerdan que el éxtasis religioso y el corporal tal vez tienen demasiadas similitudes...

Es hora de comer. El restaurante de Augusto tiene una larga lista de espera. Me decido por L'Antico Moro, a dos calles. Disfruto de unas vongole y un tiramisú.

Para bajar el vino de la casa, continúo por el Renacimiento y el Barroco. Visito dos espacios en los que Bramante y Borromini brillaron con luz propia.

En San Pietro en Montorio, con ayuda económica de la Academia de España, anexa al edificio, han restaurado el templete de Bramante. Sencillez, perfección sin alardes.

Al otro lado del río, en el Palacio Spada, Borromini, añade un juego de perspectivas. Un gato, asiste, tranquilo, relajado, a las visitas de los turistas.


Cruzo la plaza del Panteón. Un grupo de armenios están celebrando una fiesta. Bailes tradicionales y alguna reivindicación, recordando la masacre de los turcos hace un siglo.

Nunca había entrado en el Castillo de Sant Angelo. Residencia y fortaleza de papas. Mausoleo que acogió las cenizas de Adriano. Las pinturas de las salas que los Papas prepararon y adecentaron, me recuerdan a las que he visto esta mañana en la Domus Áurea. Los artistas bebieron de esas fuentes, aunque fueran paganas.
Y pagano fue el lugar, una tumba para Sabina, el hijo adoptivo de Adriano, Lucio Vero y las cenizas del propio Adriano.

Una rampa helicoidal -imaginamos la procesión que Antonino Pío, su sucesor, celebraría, llevando las cenizas de Adriano-, nos acerca al centro del recinto, el lugar donde se depositaron los restos del emperador.

                                       

Una placa recuerda sus últimos versos...
Animula vagula, blandula, hospes, comesque corporis...

En Santa María del Popolo, Caravaggio brilla, como siempre, entre la mediocridad. Hoy, domingo, hay una larga cola para ver sus cuadros. Prefiero volver otro día.

Termino las visitas con la iglesia de Gesú. Es el Barroco en su estado puro. Te aplasta.


II. 

El periodo de Adriano coincide con un florecimiento de la cultura griega en
todos sus ámbitos. La labor constructiva de Adriano en todo el imperio se apoyó en la fundación de ciudades y su modernización.

En Roma levantó entre otros, el Panteón, un auditorio, su propio Mausoleo, donde reposarían sus restos, los de su esposa y Lucio Vero, su primer hijo adoptivo y, finalmente, el templo de Venus y Roma, sobre algunas de las ruinas de la Domus Áurea neroniana.

En Grecia, concretamente, en Atenas, concluyó el templo de Zeus, abrió auditorios y centros culturales, reformó el foro romano, intensificó y apoyó a escuelas filosóficas y literarias. Construyó bibliotecas, acueductos, termas y teatros.

No olvido la Villa Adriana. Esta no hubiera sido posible sin Antinoo.

Adriano estaba casado con Sabina por obligación, ya que como muchos, los matrimonios políticos eran de conveniencia. Sus relaciones nunca fueron buenas, pero la respetó siempre, aunque según parece, participara, apoyando indirectamente, algún complot contra él.

Conoció a Antinoo en uno de sus viajes, en Bitinia. Tendría unos catorce años. Adriano vio en Antinoo a un efebo: la relación que mantenían un adolescente y un hombre maduro, relación que no era tanto sexual, sino de conocimiento y aprendizaje intelectual en la búsqueda de la perfección y la belleza. Bueno, en teoría. Fueron siete años que terminaron bruscamente con la muerte de Antinoo. Un gran misterio la envuelve. ¿Fue un suicidio ritual, un sacrificio? ¿Un accidente? ¿Un asesinato orquestado por grupos de presión en Roma que veían en peligro su influencia? Nunca lo sabremos.

Sí sabemos lo que hizo después Adriano. Convirtió a Antinoo en un dios. Construyó ciudades en su honor -Antinoopolis-, recreó su figura en estatuas y relieves que podemos encontrar a lo largo de todo el imperio. Templos que lo veneraban, sacerdotes que cuidaran de su culto. Y Villa Adriana.

Villa Adriana recuerda el lugar donde murió Antinoo. Egipto y su cultura, en la que lo griego se mezcla sin solución de continuidad. El último estertor de una época que se acababa...

Los últimos años de Adriano no fueron felices.

El levantamiento judío rompió con ese periodo de paz y concordia que parecía extenderse al resto del Imperio. Ninguno de sus sucesores podría disfrutar de la tranquilidad que tuvo durante su mandato.

Nombrar un heredero adecuado. Lucio Vero fue el primer elegido. Su muerte prematura obligó a Adriano a variar sus preferencias. Acertó. Antonino Pío y, a continuación, Marco Aurelio y el hijo de Lucio Vero.

La enfermedad lo abrumaba. El dolor era intenso. Vivir, un suplicio. El suicidio, una salida.

Recluido en Villa Adriana, despreciando Roma y sus oropeles, consciente de que su vida se acababa, tal vez escribiera entonces una autobiografía, parecida a la que Yourcenar, siglos después, publicó.

No sabremos qué pensamientos tendría Adriano en sus últimos meses. ¿Sentiría orgullo por la obra de su vida? ¿Se arrepentiría de decisiones que según parece tuvo que justificar en la mencionada biografía? ¿Notaría la soledad del poder, esa que acompaña a todo aquel que lo detenta?

Escribió unos versos antes de morir. Son los de un hombre que amó la vida, la cultura y todo lo que nos ofrece y que se despide con cierta melancolía y nostalgía...

Animula vagula, blandula, hospes, comesque corporis, quae nunc abibis in loca pallidula, rigida, nudula nec, ut soles, dabis iocos...

Pequeña alma, errante, suave, huésped y compañera del cuerpo, que irás ahora a un lugar pálido, helado, privado de todo; ya no disfrutarás, como acostumbrabas...