lunes, 9 de febrero de 2026

DOS PELÍCULAS DIGNAS Y STRANY RIU

 


Los domingos de Alauda Ruiz de Azúa y Un simple accidente de Panahi han conseguido muchos y merecidos premios. Nada que objetar. Son películas bien hechas y que cuentan con corrección la historia que quieren narrar. 

Pondría peros, claro. La primera intenta situarse, al principio, en una posición equidistante: todos tienen sus razones, diríamos. Sin embargo, es fácil darse cuenta de cuál es la posición que prefiere la directora. En las escenas finales la frialdad no solo de determinados personajes, sino de la propia joven nos aleja de una intransigencia y una manipulación disfrazada de fe y respeto. 

Nos sentimos más cerca de otro personaje, la tía, humana, incluso, en sus contradicciones. Hay sutileza y se agradece, pero también Alauda busca contentar a todo el mundo y cosechar premios y ampliar su público.

Panahi tiene un discurso claro y no esconde sus cartas. 

Para mí es una adaptación libre de La muerte y la doncella.

El tema es el mismo: una persona reconoce a su torturador por la voz. ¿Qué hacer con él? ¿Matarlo, vengarse? ¿Estás seguro de que es la misma persona? Todo esto le sirve a Panahi para hablar de un entorno, el de Irán, mucho más complejo del que aparece en los medios de comunicación y lo hace de manera digna y sencilla acompañado de un ligero sentido del humor.

Strany riu merece una reflexión aparte. 

Es una obra extraña y sorprendente para ser la de un autor novel. Arriesgada y experimental. Tiene la apariencia de una narrativa convencional, pero es solo eso: apariencia. Hay mucho más. Es capaz de construir escenas donde intuimos lo imaginado por los personajes y, entonces, asistimos a dos tiempos, a dos mundos paralelos: el que otros perciben y el interior, el del protagonista. Este esfuerzo por recrear esa otra realidad que creamos en nuestra mente, también aparecía en su cortometraje: La nostra habitació. Y si transformar nuestra percepción es y debería ser el objetivo del arte, este nuevo autor, Jaume Claret ha dado un primer paso muy interesante. 


jueves, 29 de enero de 2026

HAMNET

 


Hamnet es una película que conmueve, mientras la estás viendo, y decepciona, cuando te alejas de ella y empiezas a comprender el diseño, el cálculo, la cuidadosa manipulación que se ha levantado para conseguir que te emociones. Tela de araña, si estás delante de la pantalla: te atrapa. Se diluye y se deshace, al recordarla. 

El personaje central no deja de ser una creación, más o menos convencional, muy al gusto de nuestros tiempos, de una mujer feminista, independiente y libre a finales del siglo XVI. Solo el talento de una actriz impresionante, Óscar asegurado a la mejor interpretación femenina, Jessy Buckley, salva una primera parte que, cuando empiezas a escarbar, no es más que una sucesión de tópicos y metáforas bucólicos y panteístas -mujeres conectadas intensamente con una Naturaleza benefactora, oscura e inquietante, el vuelo de un halcón que nos libera del dolor y la muerte- y románticos -el amor correspondido de dos almas libres y rebeldes, padre violento, madrastra distante-, bien engarzados para conseguir enganchar al espectador. Los personajes secundarios que acompañan emocionalmente a los protagonistas -el hermano de ella; la madre de él- no logran cuajar ni desarrollarse plenamente. Los niños son estereotipos, imágenes, patrones, elementos necesarios para alcanzar el objetivo principal. No tienen entidad propia; ni siquiera el niño: Hamnet.

La muerte del hijo quiebra la relación de la pareja; solo cuando sales del cine y reflexionas sobre las bases de esta relación, adviertes que, mientras todo iba bien, ella no echaba en falta al marido, el gran William Shakespeare; solo tras la tragedia el personaje femenino decide lanzar todas sus invectivas sobre el que poco antes era un maravilloso padre y excelente marido. Podemos admitir estas contradicciones -¿quién no es injusto a veces en estas circunstancias?-, pero el tratamiento y la narración de estos acontecimientos te hace sospechar que te están manejando, engañando, removiendo tus emociones como harían con un títere y, sí, haces bien en desconfiar. 

El final -insinuada con más sutileza y brillantez en la obra de O´Farrell- que levanta un decorado y transforma Hamlet en un espacio donde los personajes puedan redimirse y recuperar al hijo perdido a través del arte, se recrea en gestos teatrales, mal teatro, no el bueno, alguien los llamaría pretenciosos, y reiterativos: la imagen del niño que se aleja entre las sombras sonriendo, las manos de los espectadores buscando la del actor que interpreta a Hamlet, las miradas cómplices de los dos protagonistas, muchas, demasiadas, se alargan eternamente, y el uso, ¡cómo no!, de la música como elemento invasivo; y, sí, nos arrastran. Así que, si no has sabido mantener la distancia, acaba, como bien supo hacer su productor, Spielberg, en algunas de sus creaciones más reconocidas, por emocionarte, pero sin que, pasado el tiempo, las horas, los días, quede mucho más que una cáscara vacía.

¿Hay verdad en esta película? 

Hay momentos que sí permanecen. Uno en especial. 

El niño ha muerto. Ella lo sostiene entre los brazos. Pronuncia unas palabras. Sobre todo, grita. Grita, salvajemente, grita. Es un grito, un aullido, un alarido terrible, brutal. 

En esta película tan dirigida, tan artificiosa en la mayor parte del metraje, esto es lo único real: el grito impotente y desesperado de una madre. 

El resto es ruido; no es silencio.

sábado, 24 de enero de 2026

VALOR SENTIMENTAL

 


Sentimental value o cómo explicar las carencias de una relación paterno-filial 

o cómo el arte, el teatro, el cine, puede ayudar a intentar explicar el mundo o cómo curar heridas familiares y personales o cómo envejecemos y nos rebelamos inútilmente, de que estamos al borde de la locura y sorprende que todos no hayamos caído ya al fondo del precipicio, es también Persona de Bergman y la historia de una casa, metáfora sencilla para contar la historia de una familia 

y, sí, también habla de la soledad. Trier es un cineasta que sabe situar a un personaje en un plano y, esté donde esté, sentimos su aislamiento. No es fácil conseguirlo: en un archivo, en una fiesta, en un jardín, la soledad nos aplasta. 

Me gustan las actrices, las dos hermanas, actriz desquiciada y equilibrada profesora de historia, y el actor, el padre, director de prestigio, manipulador y envejecido, me gusta la manera de conseguir atraernos al nudo de la película, los planos vacíos de la casa, sin que nos demos cuenta, me disgusta la música, innecesaria, un gesto a la galería, al gran público, sentimentalismo, un poco de patetismo, falta, entonces, la sobriedad, la sequedad, la firmeza del contenido, ¿por qué añadir elementos superfluos que dañan el conjunto? 

El final de la película podría ser un buen ejemplo de los valores y defectos, escasos, pero evidentes, de esta película.


Los silencios, los silencios, los silencios. 


¿Dónde están los silencios en el cine, en el teatro, en la escritura, en la vida?


domingo, 18 de enero de 2026

COMIDA Y TEATRO CON AMIGOS

 


Los huesos crujen. Ha llegado el momento. Cuesta sostener el stilum entre los dedos agarrotados por el frío y los años, escribe letras, las acaricia...

La Zaranda, los ángeles caídos, el dolor, bofetadas en la cara, Caronte y Shakespeare, nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto, nada de sentimentalismo pequeño burgués, La buena estrella, Ricardo Franco, Joaquin Jorda, a la mierda las cursiladas para el gran público, desaparecen en las sombras, nos dan la espalda, perdónanos, señor, desprecian los aplausos, no les gusta a la salida a los pequeño burgueses, lejos del teatro el sabor se intensifica, es más consistente, La distancia, el padre en la Tierra, la hija en Marte, queremos borrar los recuerdos de lo que hicisteis con el fuego, hemos carbonizado el mundo, hemos llevado el planeta al infierno, hemos alimentado nuestra propia destrucción, padre e hija comparten una melodía, los dedos se mueven en su cadencia, rítmicamente, 

una cena en Roma, Viestad, Sofía Loren, adolescente, cuelga la ropa en el tendedero y hace pizza, un napolitano en mangas de camisa les busca un aperol en las esquinas, los jóvenes se besan y abrazan a la sombra del Vesuvio y el mar, en Sevilla también llueve, los hermafroditas no tenían futuro, roer una chuleta de cordero, quitarle la cáscara al langostino, tocar los alimentos, manipularlos, recuperar la relación que tenemos con ellos desde que los cocinamos, lavamos, cortamos, ponemos en la sartén, cocemos, separamos, mezclamos sabores y olores, comida mexicana, comida italiana, raviolis con calabaza, quiches de pollo, empanada, interminable, a la milanesa, cervezas, vermú, agua, picantes, la pimienta, despierta nuestras papilas gustativas, el sabor se multiplica, se expande, la curiosidad de algo diferente, aunque nos cueste la vida, no bebas agua tras tomar chile, leche y vino, si quieres contarlo, filosofía mundana, Madrid, interior, Madrid, exterior, exterior del susurro del tiempo, Aro berria, nunca hemos estado en Grecia, ciento diez entre seis, calculadora, dieciocho, me pasa, por favor, los platos, los cubiertos, los vasos...

No queda tiempo, a oscuras se levanta, este hombre, un anciano, Marco Tulio Tirón, las sombras ocupan todo el tablinium, solo un hueco de luz, alrededor de la mesa de mármol, el pergamino desenrollado, qué hay al otro lado, más allá de las letras que bailan y sobreviven al paso del tiempo...

Almodóvar y Trueba y el joven hijo de Trueba van al teatro, minoría selecta, mayoría silenciosa e iletrada, compraré plantas, ¿y si se las comen los gatos?, puedes aprender unos pasos de baile, toca la banda de música, si no os movéis no vais a ningún sitio, y sin embargo, se mueven, ¿tienes frío?, si estuvieras en León, ya verías lo que es el frío, un eclipse solar en agosto, las estrellas se mueven, giran, se abrazan, se besan, recuerdos, pensamientos, sensaciones, mescolanza de ideas, emociones, caóticas, irregulares, el orden de las palabras no cabe, ¿es esa una biografía? ¿su biografía?, imágenes, olores, sabores, sonidos, atonales, arrítmicos, ¿cómo explicar la vida de este anciano de manos temblorosas?, Bach nos salvará, se escucha un preludio y una fuga del Clave bien temperado, matemáticas, números, equilibrio pitagórico, exactos, si cierras los ojos, Krasnorharkai, La melancolía de la resistencia, notarás el sabor del chile más intenso, el caos desaparece, las lágrimas de la hija y del padre, de las prostitutas, del chulo, del convicto, del profeta fluyen, las de Eszter y Valuska, las de Bela Tarr, 

la muerte se acerca, mientras los pensamientos se atropellan y vas al teatro y cenas en un restaurante y, sí, escuchas a Bach y ahora, solo ahora, aunque no lo creas... estás salvado. 

miércoles, 7 de enero de 2026

TARANTELA

 

Un implante baila la tarantela en mi boca: derecha, izquierda, arriba y abajo. Una motocicleta me avisa de su presencia; y otra y otra y otra. Cientos, miles encuentran su espacio, se escabullen, son las amas, señoras, diosas de Nápoles, más flexibles que los gatos, saben encontrar el sitio perfecto por donde han de pasar. Nadie les pone límites; ¿quién se atrevería? Los dioses paganos se imponen al cristiano: Totó, San Genaro, Maradona... Solo Totó era napolitano. El Vesuvio es otra divinidad; lo sería, si los cristianos no hubieran impuesto el suyo hace dos mil años. Los dioses castigan, castigan los excesos, ahí está Caravaggio, talento inmenso, ladrón, asesino, acabó sus días en Nápoles, una reyerta, herida mal curada, infección, muere Caravaggio, en las faldas del Vesuvio terminó su vida. Si estás delante de un cuadro suyo, estás perdido; todo lo que veas después será mediocre, mediano, innecesario, redundante, banal, si acaso se salve Artemisa y solo como digna compañera. ¿Y las iglesias barrocas bombardeadas por los americanos? ¿Y la pizza? ¿Y los belenes napolitanos, recargados de detalles, minucias, vida cotidiana? Aquí, el borracho, allá, la prostituta, acá, el viejo, en la mano el bacín, ¿dónde la tiro?, cae sobre un vecino, grita, las calles, las cabezas cubiertas de orín y excrementos, Juvenal vuelve a la vida, la ciudad es una tortura, no puedo dormir, la tarantela en mi boca, ruido de las carretas, de los coches, de las motos. Cientos, cientos, miles de turistas y napolitanos e inmigrantes comen, beben, compran, venden, gritan, hablan, aúllan, se desesperan. El implante baila, salta más rápido, uno, dos, tres, cuatro, unodos, trescuatro... Otra motocicleta que anuncia su existencia con habitual discreción; ¡son tan elegantes en su movimiento pélvico! y otra más y otra y otra. Los turistas visitan catatumbas, los restos de Parthenope, Neapoli, los bizantinos, los borbones, los muertos ya no están, ni siquiera San Genaro, bien enterrados sus huesos bajo la cúpula del Duomo, bien guardados en un frasco su sangre, la que protege a la ciudad hasta el fin de los tiempos. Los turistas recorren ciudades sepultadas por el lodo, el fango, las cenizas, el flujo de gases, Pompeya, Herculano, villas y gatos, sí, y gatos que esperan, pacientes, acechan ¿qué aguardan? Las pinturas se descortezan, las columnas se cuartean, se desprenden los paneles, el tiempo es implacable, obreros intentan, subidos en sus andamios, retenerlo, apresarlo: ese escriba con un pergamino en las manos, esos amantes desnudos, esos dioses escépticos, esos pájaros volando en el vacío, esas flores, creciendo en el muro. ¡Qué carajo de frío hace en Madrid! Secuestran a Maduro, Trump baila la tarantela con Putin y Xi Jinping, uno, dos, tres, cuatro, unodos, trescuatro... Arriba, abajo, izquierda, derecha. Petroleo por aquí, gas por allá, hace cincuenta años mataron a Pasolini, ¿quién lo recuerda? ¡Profeta Pasolini, va a llegar, sí, tenías razón, pronto llegará! En Nápoles el aire del mar suaviza, suaviza la crueldad y la herida, profunda. Cuatro jóvenes titiriteros hacen acrobacias en la plaza bicentenaria: una vuelta y dos y tres y cuatro, caen de pie, perfecto, gatos sonrientes, brazos en alto, drones volando, aviones bombardeando. 

Me siento, descanso, agotado, en el paseo marítimo. Una pareja de jóvenes se besa al borde de la baranda; cierro los ojos. Vuelvo a abrirlos: hay otra y otra y otra, ¿de dónde salieron?, decenas de parejas enamoradas se besan y abrazan a la orilla del mar: el amor crece sin medida, ¡disfrutad de su crecimiento!, el amor morirá, llegarán las facturas, las hipotecas, las riñas, el silencio, el desprecio, el odio, la distancia, el recuerdo de su piel, pero, mientras tanto... Che cazzo fai, dice la ragazzina, ti faccio l'amore, te diría, ragazza, si fuera joven, si te tuviera entre mis brazos, si... Unodostrescuatro... Unodostrescuatro...

Se delinea al fondo, oscuro, inflexible, indiferente el Vesuvio, volcán dormido. Despertarás, lo sé. Es inevitable, pero, te lo pido, ¡deja que los jóvenes amantes se besen, se abracen, bailen, dios cruel! ¡Espera, divinidad napolitana! Llegará tu momento. Y, entonces, quitarás la vida que diste, generosa. Ahora, mientras tanto, permite, por favor, te lo ruego, que te adoren, que se besen y abracen y bailen la tarantela estas decenas y cientos y miles de jóvenes amantes.